Antes que nada, quiero disculparme. Estuve de viaje, festejando el oktoberfest y el fic quedó pausado. Creo que tardando un poco más me arrepiento menos de lo que termino publicando, así que, a menos que traiga inconvenientes, mis actualizaciones van a ser un poco más esporádicas.
Gracias al último capítulo tuve la mayor cantidad de views que jamás he tenido, y no saben cuán feliz me hizo ver eso. A todos los lectores (anónimos también), les agradezco muchísimo. Esta clase de cosas me hacen muy bien. Como siempre, espero que disfruten.
DISCLAIMER: Los personajes, criaturas, escenarios, hechizos, etc. pertenecen a J. K. Rowling
CAPÍTULO 11: LA FANTASMA
Hermione corrió como si su vida dependiera de ello. No iba a demostrar la impotencia y el dolor que le había hecho sentir porque en ese momento, pensaba que Malfoy no lo merecía. Con los ojos llenos de lágrimas, llegó al primer piso del castillo y entró al baño en el que solía buscar refugio.
- ¿Qué te pasa esta vez? –preguntó una voz desde adentro de los cubículos, burlándose.
- Nada, Myrtle –dijo enjugando sus lágrimas al ver que la otra chica salía de su escondite sin que tuviera que abrir la puerta.
- Eso no parece "nada" ¡Hasta estás más desaliñada de lo normal! –se rió de ella
- Por favor, no estoy de humor para bromas. Necesito privacidad.
- Si quisieras estar sola hubieras ido a la torre de astronomía, sin embargo, estás acá. Hagamos esto más fácil y decime de una vez qué pasó. Prometo no burlarme mucho.
Largando un sonoro suspiro, Hermione se acercó a una pared y se dejó caer hasta el piso. No podía hablar con sus amigas, pero necesitaba sacarse de encima la angustia que la atormentaba. Tal y como estaban las cosas, el fantasma del baño del primer piso era su mejor opción. Nunca sabía cómo iba a reaccionar, pero prefería arriesgarse antes que enfrentar al cuestionamiento seguro de Ginny.
- Es un chico. Las cosas no están bien con él –empezó, sorprendiéndose a sí misma por la manera en que lo expresaba-. Es decir, no es que tendrían por qué estarlo, pero pensé que lo estaban. Supongo que… Es una historia difícil de entender si evito entrar en detalles, pero tampoco hay mucho para decir: nunca fuimos amigos, de hecho, sentíamos odio mutuo. No odio real, si no la clase de odio que sienten los chicos –sonrió con tristeza.
- Ese odio de chicos es lo que me dejó acá, pero creo que entiendo de qué hablás. –largó Myrtle un poco triste, asombrando a Hermione con su sensibilidad y franqueza.
- ¡Oh! Myrtle, no quise… Yo no…
- No importa –la cortó, no queriendo entrar en ese tema-. Seguí con la historia.
- Él estuvo en graves problemas –continuó-, y lo ayudé sin pensarlo. Lo hubiera hecho por cualquiera, pero esperaba algo distinto de su parte, incluso si nuestros intercambios siempre fueron poco amables. Sé que para él sólo soy una sangre sucia que no merece estar en su presencia –ironizó-, pero creí que las cosas estaban cambiando. Antes de ayer me provocó –confesó un poco sonrojada- sólo para humillarme y ganar una discusión. Anoche me agradeció y hasta me trató como a un par, como si estuviera a su nivel. Y no es que no lo esté –se apuró a aclarar, tanto a Myrtle como a ella misma-... Pero hoy, como si fuera otra persona, me humilló e insultó sin razón. No logro entender qué le pasa ni por qué se empeña en alejarme de él cuando no hice nada más que ayudarlo y cuidarlo.
Myrtle se acomodó frente a Hermione, sentada con las piernas cruzadas, pero flotando en el aire. Parecía que analizaba las palabras de Hermione y con cuidado, elegía las propias antes de contestarle.
- No podés esperar que te trate distinto de repente, confío en que sabés eso –afirmó con desinterés, enrollando un mechón de pelo entre sus dedos-. Lo que no entiendo muy bien, es cuál es tu problema.
- No lo sé… ¿A caso importa? Me siento atada a él porque sé que me necesita. Hubiera muerto dos veces esta semana si no fuera por mí. Está desprotegido, y es muy engreído o estúpido como para admitírselo a él mismo.
- ¿Los vivos siempre son así de dramáticos y aburridos? –preguntó hastiada, paseando por el baño.
- No espero que lo entiendas. De hecho, sabía que no era buena idea hablarlo con vos –dijo Hermione, parándose ofendida y acercándose a la puerta.
- Es que pensé que era obvio –dijo, para detenerla. Cuando tuvo de vuelta su atención, giró los ojos y suspiró, expresando arrepentimiento-. Llorás por él en el baño, te ilusiona que te trate bien y te duele que no lo haga… Creo que tendrías que ser capaz de sacar esa conclusión sin mi ayuda.
Hermione se congeló. Por unos segundos miró a la usualmente altanera fantasma y deseó con todas sus fuerzas estar malinterpretando lo que ella le sugería. No sabía cómo explicarle que no tenía razón. Abrió y cerró la boca repetidas veces, intentando buscar las palabras correctas.
- No, no es eso –se excusó- Es que nunca es suficiente, nada de lo que haga ¡Desde que entré en este colegio intento demostrar que merezco estar acá al igual que cualquier otro mago, pero él se esmera en hacerme sentir que no lo valgo! Le salvé la vida, Myrtle. Vos sabés cuánto vale eso. Aun así no soy más que una simple sangre sucia. ¿Es tan difícil ver que no soy solo eso…?
- No tenés que darme ninguna explicación a mí –le aclaró con fingida indiferencia-, después de todo, solo soy "Myrtle, La Llorona". Entiendo que te importe su opinión acerca de vos y te moleste que no te agradezca o trate como crees que corresponde, pero algunos necesitan más tiempo que otros para poder asimilar que algunas presencias no son malas. De hecho, en este baño conocí a un alumno, hace unos años. Si su soberbia pudiera materializarse, no entraría en el castillo. En ése momento no entendía cómo alguien podía llegar a tener tantos problemas siendo tan atractivo y sofisticado. Obviamente, no llegaba ni a los talones de mi Harry –concluyó con una risita vergonzosa-. Al principio me aborrecía e intentaba echarme gritándome que mi sangre no pertenecía a éste colegio y no sé cuántas cosas más. Me recordaba demasiado a la época en la que Olive Hornby me molestaba. Por un tiempo no quise aparecer por acá, pero entendí que no lograba nada escapándome. Con el tiempo, y después de presenciar muchos llantos, insultos y desprecios, entendí que yo no era el problema, sino él. Cuando dejé de preocuparme por lo que yo sentía y me mantuve al margen, pude concentrarme en lo importante. Supe que era un chico angustiado y presionado detrás del abusivo que me atormentaba aun estando muerta. A pesar de eso, me demostró que su ira tenía razones. No las justifico, pero las entiendo. No era un mal chico, pero se había criado con valores antiguos. Estaba constantemente controlado por sus mentores, y bajo las órdenes de magos del peor tipo. Pero él no era malo, sólo necesitaba tiempo. Quizás deberías dejar de darle tanta importancia a cómo te trata y ver que lo importante es que ahora, está en una situación difícil. Al menos, eso fue lo que hice con Draco, y funcionó.
- ¿… Draco? ¿Draco Malfoy? –preguntó pasmada
- ¡Sí, él! No sabía que lo conocías. ¿No tiene unos ojos para morirse?
- Para matarlo, seguro –dijo sintiéndose peor. Saludando muy superficialmente, logrando sorprender a Myrtle, se fue del baño tan rápido como pudo.
¿Draco podía abrirse y hablar amablemente con un fantasma pero a ella la alejaba e insultaba? Eso sí que era información inesperada. Caminando hacia la biblioteca, todo empezó a tener sentido. No había otra opción: la odiaba, y no de una manera inocente o por la rivalidad de sus casas. Era un desprecio que superaba sus expectativas. No había más nada que pensar. Contra todo pronóstico, Draco Malfoy había estado demostrando su agradecimiento, pero ella era muy ingenua para verlo. Si seguía salvándose de una imperdonable era sólo porque lo había ayudado en estos últimos días. Ella, en su afán de buscar un trato cordial, había obviado el punto más importante: tal y como había dicho en segundo año, prefería verla muerta. Idiota, idiota, idiota. Se castigó mentalmente por no verlo antes. No podía hacer mucho más que hacerle caso, él quería alejarla y eso iba a hacer.
