Gracias por los reviews, son lo que me impulsa a seguir ¡Espero que este capítulo les guste tanto como a mí!


DISCLAIMER: Los personajes, criaturas, escenarios, hechizos, etc. pertenecen a J. K. Rowling

CAPÍTULO 13: ¿POR QUÉ?

- Ya escuché bastante la última vez que hablamos –largó Hermione con resentimiento-. Lamento que te haya quedado algún maltrato pendiente, pero estoy demasiado ocupada como para quedarme a escucharlo.

- Creo que no estás entendiendo, Granger. Nadie te está preguntando, escucharme no es opcional. –dijo separándose de la puerta, pero aun teniendo control sobre ella. Le indicó con la mano un banco largo de madera, típicos de vestuario. Ella ignoró el gesto y se mantuvo a una distancia prudente de él.- Y sobre el maltrato, temo que tampoco tendrías decisión al respecto. –le aclaró, sin explicar que no estaba dentro de sus intenciones molestarla.

- Si no tengo otra alternativa, es mejor que empieces a hablar. Preferiría estar haciendo otras cosas en este momento.

- Ah, ¡por favor! Como si tus libros fueran tan interesantes –rio, asumiendo que ese era su único pasatiempo.

- Al menos es mejor que seguir gente por los pasillos, ¿no? –contestó en una falsa entonación angelical.

- ¿Qué estás insinuando? Yo no… - Atrapado, pensó Draco. Ahí estaba, si le quedaba alguna duda al respecto, ahora podía confirmar que ella lo sabía.

- Ni siquiera te esfuerces en negarlo–lo desafió con la mirada, pero él se había quedado mudo. Odiaba la valentía de los Gryffindor. Después de unos cuantos segundos, Hermione decidió continuar-. ¿Sabes qué? No tengo tiempo ni ganas de estar encerrada con vos, menos, si ni siquiera vas a ser sincero. Abrí la puerta.

- No –insistió, volviendo en sí y enderezando su postura -.

-¿Por qué siempre encontrás la manera de molestarme? –le reprochó angustiada- ¿Qué fue lo que te hice?

- Es inútil que te pongas en el papel de víctima conmigo, no soy McGonagall.

- ¿Y qué papel se supone que tengo que actuar? –preguntó pasando por alto la acusación- ¿A caso me tengo que encerrar en el baño del primer piso como Myrtle para que me trates como una persona?

- ¿De qué mierd…? ¿Qué tiene que ver Myrtle en todo esto?

- Me contó lo bueno que sos con ella, cuánto te abriste y le contaste de tus problemas -gesticuló exageradamente con las manos-. Tu conflicto con los sangre sucia termina cuando mueren, evidentemente –sabía que estaba tomando un tono novelesco, pero no podía evitarlo-. Lamento decirlo Malfoy, pero no pienso hacerlo en mucho tiempo, así que acostumbrate a mi presencia.

- ¿Cómo es que llegaron a hablar de mí? –preguntó sin entender.

- ¡Eso no importa! ¿Tengo razón, no? Querías hacerme algo.

- ¿Estás loca? –expresó exhausto y sorprendido-. ¡Yo no quiero verte muerta!

- Sin embargo, fue lo que dijiste en segundo.

- ¡Tenía 12 años, por Merlín! Estás mezclando todo –dijo con frustración- Es imposible mantener una conversación coherente con vos.

Sin darse cuenta, Hermione había soltado un poco la postura y se dedicaba a seguir con la mirada a Draco que caminaba sin parar. Cada tanto, él la miraba de soslayo. Se dio cuenta que la estaba evaluando, porque la puerta estaba intencionadamente libre de su guardia. No estaba equivocado, ella ya no quería irse, quería respuestas.

- Nada más que un posible ataque explica que me siguieras.

- Para ser la preferida de los profesores, tengo que admitir que sos bastante lenta, Granger. ¿Te parece que si mi intención fuera hacerte daño no hubiera pasado ya? Podría haberlo hecho cuando leías en la Torre de Astronomía, de camino a la lechucería…

Hermione se estremeció ante su confesión. En todas esas ocasiones, no había notado su presencia.

- Quiero saber por qué cada vez que abría un ojo tenía tu maldita cara frente a mí.

- Eso es una lástima, porque no estás acá para preguntar nada, te dije que me ibas a escuchar.

- Estoy esperando –lo desafió, golpeando el pie contra el piso con impaciencia.- ¿Nada? Entonces me voy –dijo acercándose rápidamente a la puerta, logrando abrirla parcialmente.

De repente, se vio encerrada entre dos brazos que empujaban la puerta. Se asustó ante el estruendo que hizo al cerrarse y se quedó quieta, expectante. Antes de poder reaccionar, Draco la giró bruscamente sobre sí misma, dejándola arrinconada. Ella no podía reaccionar. Su respiración estaba agitada y la cercanía del chico la incomodaba. Lentamente, él comenzó a enderezarse, haciendo evidente la diferencia de alturas y generando una sensación de inferioridad en ella.

- Estoy cansado de que todo se tenga que hacer cómo, cuándo y dónde vos querés. Me harta tu desdén y la manera en que hacés parecer que todo lo malo que pasa es mi culpa. ¡Incluso cuando intento hacer las cosas bien! Me enerva la soberbia con la que me mirás, reprochándome algo que todavía no sé qué es –confesó suave y lentamente. Se sentía liberador sacarse todo ese peso de encima. Iba a ir hasta las últimas consecuencias-. No ves que puedo ser un imbécil, sí, pero no soy malo. Es fácil calificar a alguien como el villano cuando uno es tan abiertamente el héroe –acusó-. Nadie se detiene a ver que tuve que volverme mortífago para salvar la vida de mis padres, someterme a las locuras de un mago perverso y convivir con él, cuando lo único que deseaba era que desapareciera él, o… -se detuvo, inspirando profundamente, sabiendo que seguir por ese camino era peligroso- Sólo Merlín sabe cuánto me exaspera tu indiferencia. Es el claro reflejo de cuan inconsciente sos de lo que está pasando.

- ¿Y qué es lo que está pasando? –preguntó con cuidado.

- No lo sé. Y eso es lo que lo hace peligroso –contestó alejándose de ella y peinándose el pelo hacia atrás. Creía que inconscientemente hablaba de más de una cosa, pero la segunda era más difícil de admitir.- Alguien que no tengo ni puta idea de quién es quiere matarme, realmente, y te vio al menos una vez salvándome de él. Sacá tus propias conclusiones.

- Yo… -Hermione estaba perpleja, no sabía qué decir. Draco se abría con ella por primera vez y expresaba toda la frustración que sentía. Tal y como había dicho Myrtle.

- "Yo" nada. Ya no importa. Por favor, dejame solo. –pidió, alejándose y dándole la espalda. Después de unos segundos, escuchó el chirrido de la puerta cerrándose lentamente y le dio una patada al banco más cercano con evidente frustración. Suspiró y se dejó caer sobre dicho banco, tapándose la cara con las manos.

- ¿Nunca vas a ser capaz de hablar civilizadamente? Esa es la única manera en la que podés decir las cosas, y no es una particularmente amable o reconfortante.

- No era mi intención ser amable –confesó con desdén.

- Por supuesto, nunca es tu intención tratarme amablemente, sin embargo, querés que deje de comportarme como… Como una imbécil, y esto claramente no ayuda. Además, -continuó, con una autoridad renovada, como si lo recordara de golpe- no creas que la situación no es frustrante para mí también. ¿Cómo pretendés que no esté a la defensiva con vos? Nunca sé qué va a pasar, primero buscas pelearme, me seguís, me alejás, me agradecés... ¡Incluso me provocás!

- ¿Te provoco? –preguntó manteniendo su tono neutral.

-¡No creas que no sé qué estabas haciendo en la Sala de Menesteres! Usaste eso como excusa para cerrarme la boca. Muy noble de tu parte, por cierto. –ironizó.

- Eso no responde mi pregunta, lo cual es muy hipócrita viniendo de la persona que pidió sinceridad hace un rato.

- ¡Por favor! Por supuesto que no me provoca –dijo con un bufido.

- Oh, ya veo –se lamentó con sarcasmo, chasqueando la lengua con fingida lástima.- Supongo que entonces nada de lo que haga te afecta…

- No –contestó con seguridad. No sabía si podría formular una oración entera manteniéndose en esa postura altiva, por lo que se limitó a terminarlo ahí.

Más rápido de lo que pudo notar, Malfoy se paró, la tomó por la cintura y la mantuvo cerca de él con firmeza. Se puso derecho, obligándola a elevar la cara para mantener el contacto visual. A Hermione ya se le aceleraba el pulso, pensaba que se iba a morir. Él levantó una ceja, expresando cuan seguro estaba haciendo lo que hacía.

- ¿Nada de lo que haga…?

- Nada -mantuvo ella, tragando con fuerza.

Draco sonrió y la miró a la boca, mientras ella se mordía nerviosa. No dejaba de preguntarse qué le haría después. Contestando su pregunta, él se acercó a su cuello, entreabriendo la boca y acariciándola con el labio inferior lentamente. Hermione sentía como su cuerpo se contraía desde su interior y su respiración se volvía irregular. Draco liberó una mano de su cintura y la subió hasta su nuca para evitar que ella se moviera.

- ¿Nada, segura? –susurró en su oído, acariciándolo con su nariz.

- Ahá –contestó tan bajo que él no hubiera podido escucharla de haber estado un centímetro más lejos.

La mano que quedaba en su cintura se situó sobre el borde superior de su pollera. Introduciendo solamente un dedo, tiró de la camisa y comenzó a sacarla de lugar. Hermione estaba volviéndose loca. En un pobre intento de alejarlo, apoyó sus manos en los hombros de Draco. Fue evidente que él lo interpretó como una carta blanca y una vez terminada la tarea de liberar la camisa de ella, introdujo su mano por debajo de la misma y la posó en su espalda, mientras seguía acariciando su cuello. Tuvo que cerrar los ojos por unos segundos, y agradeció que él no pudiera verla, porque su estado hubiera sido más que evidente.

Sorprendiéndola, sacó la mano de su nuca y recorrió todo su costado, lentamente, hasta llegar a sus piernas. Tranquila, se decía ella mentalmente. La respiración caliente de él sobre su cuello húmedo por las caricias no la dejaban pensar. Tuvo que concentrarse para mantener su postura cuando él exhaló fuertemente cerca de su oído. El sonido fue seguido de un movimiento en la mano más atrevida, que le levantó la pierna obligándola a que rodeara la suya. No era suficiente.

Sacando la mano que tenía sobre su espalda, mantuvo el agarre con la que controlaba su pierna. La miró a los ojos, buscando alguna clase de reacción y exasperado ante su frialdad, posó su mano sobre la cadera de Hermione empujándola hacia su entrepierna. Por un segundo, Hermione cerró los ojos y abrió la boca, largando aire pesadamente. Su situación era innegable, pero no sólo ella era vulnerable ante ese toqueteo, y él se lo estaba demostrando con hechos. Apretándola aún más, acomodó su erección en la entrepierna de Hermione, quien por un pequeñísimo momento y por instinto, rozó su intimidad sugestivamente contra la de él. Durante no más de tres segundos, el vestuario estuvo en completo silencio. Suficiente tiempo como para que Hermione, volviendo en sí, quisiera morirse de vergüenza.

- ¡Por fin, una reacción humana! –festejó Draco, sentándose otra vez.

- Sos un imbécil. ¿Todo para mostrar un punto? Está bien, Draco. Felicitaciones, ni siquiera yo puedo ignorar tus jueguitos. –largó con impotencia, acomodándose la camisa dentro de la pollera.

- Granger, por favor. No te vas a enojar por eso, ¿no? –preguntó incrédulo- Además, creo que estuvo bastante claro que no eras la única afectada.

- ¿Y se supone que eso me tiene que alegrar? ¿Tengo que sentirme orgullosa por haber logrado que el maravilloso Draco Malfoy tenga una erección? Todo esto… Todo esto está jodidamente mal. Y lo mejor va a ser que olvidemos todo lo que pasó desde el tren.

- Como quieras –dijo adoptando otra vez el tono neutral.

- No, no es como yo quiera. Es como me obligás a querer. No puedo vivir siempre con cuidado, sin saber que va a pasar la próxima vez que te cruce. ¿Qué tendrá pensado Draco para mí hoy? preguntó con sarcasmo-¿Me va a manosear o me va a gritar sangre sucia frente a todo el colegio? Quizás tenga suerte y me ignore o se limite a seguirme por los pasillos para poder echarme un Avada Kedavra cuando menos lo espere…

- ¡Te dije que no quería lastimarte, maldición! ¿Cuándo hice algo más que agrandar tus dientes o decirte… cosas?-preguntó furioso- Esto es lo que me molesta. Este… Este… Prejuicio que no puedo sacarme de encima. Nunca vas a poder dejar de lado que te dije sangre sucia, pero tampoco vas a ser capaz de reconocer que les salvé la vida a Potter, a Weasley y a vos, ni más ni menos, y evité que llamaran al Señor Tenebroso cuando estuvieron en Malfoy Manor. ¿Sabés qué? Tenías razón. No tiene sentido que hablemos, es una pérdida de tiempo. Nunca vamos a llegar a un acuerdo. –suspiró con frustración. Las cosas no salían como lo había planeado. Quería irse, necesitaba irse de ahí.

- Malfoy ¿por qué me seguías? – preguntó suave pero seriamente, poniéndose delante de él y siendo ella esta vez, quien tomaba ventaja de la altura.

- No me jodas, Granger. –dijo parándose lentamente.

- ¿Por qué lo hiciste? –insistió marcando cada palabra, empujándolo y forzándolo a sentarse otra vez.

- ¿Qué carajo…?

- No me voy a ir hasta que contestes.

- ¿Quién te creés que sos para tratarme así? –contestó enojado – Si no te vas vos, me voy a ir yo. –dijo encaminándose a la puerta, pero siendo bloqueado por ella, que la tapaba de espaldas.

- Dame una buena razón para que alguien como vos me siga y no sea para echarme una imperdonable y te dejo en paz.

- No tengo por qué deci…

- ¡Malfoy!

-¡Porque estaba preocupado, está bien? Estuve tratando de cuidarte el culo durante días, sospechando que cualquier imbécil que nos rodea podría ser quien me atacó y que puede estar planeando algo contra vos. –tomó aire, apabullado por el tornado de sentimientos por los que estaba pasando. Todavía no se había repuesto de su erección y ya estaban discutiendo- ¿Necesitás que lo diga más claramente, Granger? Te seguía porque estaba preocupado, necesitaba saber que no estabas en peligro y creí que conmigo ahí iba a ser mejor. ¿Contenta? Ahora, tengo que irme.

La empujó sin esfuerzo, liberando la puerta y saliendo a través de ella. La había dejado sola. Hermione Granger, por primera vez, se sentía como una completa idiota.