Me da hasta miedo presentarme aquí... tarde muchísimo en continuar, pero tuve unos cuantos problemas, mi abuelita tiene alzheimer y me cogió muy fuerte que no supiera quien era, y estuve un tanto deprimida después de eso, ahora ya me voy de vacaciones y me parecía mal no haceros saber el porque de mi ausencia, bueno pues lo de mi abuela y mucha falta de inspiración en este fic.
Así que les dejo el capítulo ocho, bastante corto, con muchas disculpas y promesas de que continuaré el fic, aunque me tardaré un poquito en la continuación. Lo continuaré, ¡Es una promesa!
— Yo también decidí algo, chibikitsu-chan. Pase lo que pase, me aseguraré de estar a tu lado siempre que me sea posible, y ocurra lo que ocurra, protegeré esa sonrisa.
Capítulo 8
Esperar lo inesperado
Todavía se oían los pequeños sollozos del rubio, resonaban adentro de la casita de madera. Sakura ya no sabía qué hacer, estaba increíblemente nerviosa e inquieta, pensaba en cómo se tomaría Byakuya-sama la intromisión del niño dentro de los dominios del Eien no Haru, de cómo reaccionaría su madre, aunque sabía que no se enfadaría, lo más predecible era que hiciera alguna locura, eso era peligroso. Dirigió una mirada al pequeño chico. Tenía el pelo desaliñado, rebelde. Ojos de un profundo azul zafiro. Tres líneas que rajaban sus sonrojadas mejillas y una roja y moqueada nariz. Rió.
Sin duda se parecía a un pequeño zorro.
El rubio subió su mirada hacia el pequeño rostro de Sakura. Se sonrojó. Esa niña era muy linda, pensó. Tenía el pelo corto y con el mismo color que los pétalos de los cerezos que rodeaban la pequeña cabaña. Sus ojos eran verdes, de un tono jade, pero se había fijado que con mucha facilidad cambiaban al color de la hierba y después se volvían de un color verde profundo, como el de las hojas de los árboles de Konoha. Le había parecido una niña increíble. Y, aunque no supiera mucho del tema. Sabía que su corazón era enorme, era sincera y no contaba medias verdades como el viejo Hokage. Sabía que todo lo que había salido de sus labios ella lo sentía en lo más profundo de su corazón. El también rió.
Sabía que ella nunca le mentiría.
La niña sintió un escalofrío en su nuca. Algo malo iba a pasar, por lo menos, a ella.
El niño también lo sintió, pero no por un mal presentimiento. Giró su cabeza terriblemente despacio. Ojos esmeraldas lanzaron rayos a sus ojos zafiro, y una enorme sombra cubrió su rostro. Pelaje blanco con tatuajes en tonos plata, orejas puntiagudas ligeramente curvadas—a la espera de cualquier movimiento— una hocico color carbón, y lo más destacable, unos dientes filosos y blancos, peligrosos y capaces de reducir una roca a miles de piedrecitas—o en su caso, su cabeza— Un lobo, un lobo terriblemente grande en la pequeña cabaña de Sakura, un lobo que se los comería.
Estaba preparándose para coger del brazo a Sakura para emprender la carrera más grande de su vida.
Pero en momentos así, siempre tiende a pasar algo inesperado…
— ¡Oh! Akira buenos días. —saludó amistosamente a su amigo lobo.
Akira levantó la vista y fijó su mirada en Sakura. Se sentó sobre sus patas traseras y en su hocico se formó una especie de sonrisa, dándole de vuelta su saludo.
Por otro lado, el rubio miraba con el rostro desencajado al enorme lobo sentado y a la diminuta Sakura saludándole con una sonrisa.
…buenos días, sabia frase.
Después Sakura, todavía sonriendo, presentó al lobo como Akira, y al niño como chibikitsu-chan. A lo que el lobo bufó. Y a "chibikitsu-chan" no le gustó mucho, ni el bufido, ni la forma burlona en que le observaba.
—Ya verá ese chucho con pulgas, cuando sea mayor seré todavía más enorme…
—Este crío se ha dejado poner un mote como pequeño zorrito.
—Estos dos serán grandes amigos.
Y eso, es lo que tres mentes totalmente diferentes pensaban en el mismo momento, pensamientos que no se adherían a la situación, y totalmente ajenos a una cuarta persona con un pésimo humor y tolerancia cero.
—Y puedo preguntar… ¿Qué hace un mocoso del exterior dentro de terrenos sagrados?
Y ahí va el presentimiento.
—Uhm… ¿Se cayó al río?
Los ojos severos de Byakuya-sama se estrecharon creando un efecto paralizante. Taladraban todo el ser de Sakura, mientras que esta misma lo más que deseaba en ese instante era convertirse en una motita de polvo a la que ella no pudiese pulverizar.
— ¿Al río dices?—Pregunto desconfiadamente dirigiendo su aterradora mirada al chiquillo paralizado por esa anciana.
El rubio estaba tan blanco como una hoja de papel, y al caer la mirada de Byakuya encima de él se irguió y se puso tenso. Pocos segundos después giró su mirada hacia otra parte, cualquier lado menos en esos ojos cenizos de esa vieja bruja.
Si, por qué estaba seguro de que en cualquier momento le echaría sal y un papel con garabatos indescifrables mientras cantara con desafino algunas tonterías y estupideces sobre un espíritu maligno, y una vez estuviera fuera de esos territorios tan sagrados, ella se pasearía por todas partes tirando cenizas bendecidas por Kami diciendo "ohm" repetitivamente. Estaba seguro pero…
…siempre suceden las cosas menos esperadas.
—Ya veo… ¡Sakura! Prepárate que nos vamos con el Hokage. —El grito fue tan fuerte como desconcertante—Y tú… — ahora la atención recayó sobre el niño de ojos zafiros— tú prepárate para una clase de geografía y del significado de terrenos pri-va-dos. —El rubio tragó grueso y suspiró tranquilo después que los pies de la bruja cruzarán el umbral de la casa de Sakura-chan.
Una vez afuera una mujer con kimono empezó a reírse de Sakura mientras ella se ponía roja. La mujer se presentó como Ume Haruno, dijo que era la madre de Sakura-chan y le dijo que no me preocupara por nada, de aquí nada estaría con el abuelo Hokage.
—Demo, hasta entonces nosotras te cuidaremos, Chibikitsu-chan. —Esta vez fue el turno del chico sonrojarse a causa de su nuevo nombre, el no quería decir su nombre por miedo a que el trato de su primera amiga cambiara, pero lo que no sabía es que Sakura, al decir el lema de su clan, lo decía en serio y no por decir, que ese lema era como su religión, que ella no creía nada hasta que ella misma lo comprobaba, que nunca hacía caso a los demás ni a sus reglas ni dictaduras, ella solo respondía ante la igualdad, la tolerancia y libertad de todos y todas. Aunque eso, él, no lo sabía todavía.
Porque, como ya sabéis, se tiene que esperar lo inesperado.
Gracias por su lectura, comentarios y agregaciones a favoritos o a alertas! les pido que me tengan paciencia y no al abandono!
Nos leemos!
