Título: Es una promesa

Autora: Tiny lizzard (Aki-chan en otro lugar ^·^)

Resumen hasta ahora:

Después de esta noche seré Sakura, una Haruno que merece su apellido.

El tapiz cuenta la historia del origen del clan Haruno. La oscuridad representa al demonio, la rama de cerezo la guardiana y el lazo blanco el lazo que los une a su promesa.

Las Haruno que tengan el cabello rosado son entrenadas para ser la mujer del demonio de la aldea. El demonio llamado soledad.

Eres la protegida de la guardiana, Sakura, puedes verlo todo, el tiempo y los distintos mundos.

Oye, ¿ayer había un perro aquí?... Pues hoy hay un chucho aquí... No es un perro es un lobo... Que no cunda el pánico...-¿A quién quiero engañar?- Tu nombre será Akira. Has nombrado a un Inukami, te has convertido en su ama.

Oye, Hinata, Neji. Seamos amigos... Gánate mi amistad, enana. Ya he ganado. No es... Sabes que tiene razón, si no la consideraras amiga, no te atreverías a llevarle la contraria, chiquillo. No me eches mucho de menos, Neji-nii.

Esta visita será de locos...

"¡Suelta eso Chouji todavía no puedes coger! ¡Y tú y tu hijo vago sacad la zarpa de la parrillada!"

"Por los viejos tiempos." "Por una visita al botiquín." "Shikamaru, creo que le acabas de salvar la vida a tu padre."

¿Por qué te gustan las nubes?... Ah, es porque son libres.

"Te sigo ganando, Frente." "Seguro, cerda" Esta será una larga y prospera amistad.

"Kiba-chan, Shino-chi... Aka-chan" "Tu onii-san está orgulloso de ti Saku-chan"

¿Como te llamas? ¿No me lo quieres decir? ¡Chibikitsu-chan! Te quiero mucho, mucho.

Pase lo que pase, me aseguraré de estar a tu lado siempre que me sea posible, y ocurra lo que ocurra, protegeré esa sonrisa.

Siempre suceden cosas inesperadas, y esta, era la menos esperada...


Capítulo 9

¡Soy amiga de Naruto Uzumaki!

Siguiendo el camino por la calle principal, a pasos cortos y apresurados, Sakura avanzaba junto a su fiel amigo Akira, su hermosa madre Ume y su nuevo amigo chibikitsu-chan. Todavía se reía al recordar el tierno sonrojo que adornó las mejillas del pequeño rubio cuando menciono las dulces letras ordenadas gentilmente en un gracioso nombre.

Pero había algo que no le gustaba. El rumor de una muchedumbre rencorosa. ¿Sería por el aspecto atemorizante que daba Akira?

Vio como la cabeza del pequeño rubio se inclinaba hacia delante, como si estuviera cargando un enorme peso en sus hombros. Un peso que nadie debería soportar, para su gusto. Así que agarró el pequeño dedo índice del rubio y aceleró el paso. No le gustaba nada esa atmosfera.

Al llegar a la torre Hokage Sakura sintió como sus mejillas se sonrosaban. Era hermosa. Con sus piedras rojas para el techo y el enorme símbolo del fuego grabadas en ellas. Siempre se había preguntado que se sentiría el ver toda Konoha desde la cima de esa torre. Vio como el gesto de chibikitsu-chan se volvía cada vez más molesto. A medida que iban subiendo la torre los diferentes shinobis se iban apartando, abriéndole paso al extraño séquito.

Sakura se empezó a sentir extraña, y no fue por las extrañas e incomodas miradas que les echaban, no, era algo más. Pero no tuvo tiempo de preguntar. La grande y vigorosa puerta que conducía a la sala del Hokage rechinó y abrió para Sakura, y para su sorpresa, no estaban solos.

El Hokage era viejo, tenía ese aire de persona mayor y sabia pero a la vez tierna y dulce que te hacía recordar a un trozo de mazapán. Cosa que Sakura no entendió. Después de todo, el Hokage tiene que representar la parte temible de la aldea. O eso pensaba. Pero eso no fue lo que más hizo sorprenderla, enfrente de la amplia mesa del Hokage había cuatro personas. Una de ellas vestida como un ANBU.

La sensación de desagrado persiguió de nuevo a Sakura y su pecho se comprimió. Le recordó levemente a la sensación que tuvo con Neji-nii el otro día. Aunque por algún motivo que aun no sabía esta era mucho más intensa. Con expresión sofocada, pero intentando disimular. La pequeña niña se agarró el pecho por encima de la tela del kimono. Tenía miedo. Miedo de lo que no entendía.

La mirada dulce del viejo Hokage cambió con un giro drástico a una severa, una mirada furiosa hacia su espalda, no la estaba mirando a ella. Sino a su nuevo amigo.

—Naruto, te he dicho muchas veces que no deberías salir. Estaba a punto de enviar a los Uchiha a buscarte.

Sarutobi en ningún momento elevó el tono de voz. Y eso lo hacía ser escalofriante. Por otro lado, pensó Sakura, acababa de decir que…

—¿Tú eres Naruto? ¿Uzumaki Naruto?—Sakura se lo quedó mirando.

La expresión del rubio se había tornado fría. Frunciendo el ceño y apretando los puños Chibikitsu-chan había dejado de ser el lindo niño que había acompañado su estadía la noche pasada para tornarse en Naruto, el frío muchacho que veía enfrente, aquel que su madre le había dado la tarea de proteger.

Por otro lado el rubio se enojó, mucho, el viejo Hokage no tenía derecho en reclamarle nada. Y por su culpa su única amiga le iba a odiar también, igual que todos, lo miraría con asco y olvidaría todo contacto que hubiera tenido con él. Pero la reacción de Sakura no fue esperada por nadie. Bueno, nadie salvo su madre.

—Kami-sama, soy amiga de Uzumaki Naruto. ¡Genial! Ne, hay una cosa que siempre he querido preguntarte, ¿Cómo haces para llegar a lugares tan altos? —Dijo refiriéndose a los garabatos que hacía en los rostros de los Kages.

Sakura siempre había admirado las afueras de Konoha desde su jaula, el templo y mansión donde siempre había vivido. Lo único que siempre había podido apreciar habían sido los monótonos rostros serios de los cuatro hombres que dirigieron Konoha en su momento. Pero eso se le hizo aburrido, al punto de no saber qué hacer una vez terminaba las clases. Pero un día de repente se encontró con el rostro del tercero con los labios morados y distintos colores que le hacían tener mechas en los cabellos tallados en la roca. Poco después eran borrados, pero casi con la misma rapidez estos volvían a aparecer. Eso sin duda, le había alegrado más de un par de días tristes. Y cuando preguntó y le respondieron el nombre de Naruto ella lo empezó a ver como a un ídolo.

Naruto estaba sorprendido, ¿y quién no? Naruto era odiado y repudiado por la gente, desde niños hasta ancianos. Y una niña le acababa de tratar como si fuera una deidad.

Sakura ilusionada, se olvidó de que había cuatro pares de ojos negros que la observaban con extrañeza. Y dio pie a un monólogo lleno de preguntas destinado al chico de ojos zafiro. El monologo se rompió con la interrupción del Hokage.

—Naruto, ve a casa. Ahora.

El niño giró con mala cara al hombre que veía severamente la escena. Sarutobi no tenía planeado que Naruto escuchara o tuviera relación alguna con la niña Haruno, al menos no ahora. Las consecuencias podrían ser contraproducentes para todos.

—Ahora—volvió a repetir.

Sakura se quedó viendo fijamente al viejo. No le parecía tan bueno ahora. Decidió ignorar las miradas de las cinco personas que la miraban, puesto que había empezado a fruncir el ceño. Bufó, en desacuerdo a la orden dada por el Hokage. Pero como vio que las cosas se pondrían complicadas si la orden no se obedecía, se acercó a su pequeño amigo y le dijo:

—No te preocupes, Akira te acompañará. —Sakura alzó su mano, abriéndola, y agarró la muñeca del rubio. Que ahora miraba desconcertado las acciones de la niña, como casi todos en esa sala.

Ume era la única que sabía que iba a hacer. Después de todo ella misma le había sugerido lo que tenía que hacer.

Sakura ató una cinta de color blanco a Naruto, haciendo casi tres vueltas y atándola con un nudo.

—Recuerda esta promesa, Naruto. Definitivamente volveremos a vernos. —Le susurró sin que nadie la escuchase.

Por otro lado el rubio la miró. Su mirada clara y sin rencor no mentía. Sakura-chan le estaba diciendo la verdad y él la creería. Creería en su promesa.

Movió su cabeza en respuesta afirmativa y sonrió. Sonrió como nunca había sonreído.

El viejo Hokage dejó asomar una pequeña sonrisa. Era la primera vez que veía reír de verdad a ese mocoso. Esa niña definitivamente sería su salvación. Pero todo a su tiempo.

Vio marchar al enorme lobo y al pequeño. Y cuando la puerta se cerró se preparó para lo que venía.

La rueda del destino había empezado a girar. Solo quedaba ver si el futuro sería oscuro o se salvaría.