Título: Es una promesa

Autora: Tiny lizzard (Aki-chan en otro lugar ^·^)

¡AVISO!

Antes de continuar leyendo este capítulo, me gustaría advertirles que a partir de aquí el fic se oscurecerá un poco para darle suspense y misterio. No creo que haya nada perturbador ni muy detallado, solo hago referencia a sangre describiendo la escena. Aviso de esto porque probablemente la historia se vuelva un tanto menos "dulce" en algunos aspectos. Puesto que empecé a escribirla ya hace mucho y he crecido y cambiado tanto la forma que tengo de narrar como la de ver esta historia. Ya sabrán a lo que me refiero. Más que nada lo comentaba, ya que esta historia empezó siendo de rango "T", y aunque creo que todavía es así, va a endurecerse un poco la trama.

Sin más demora, disfruten del capítulo


Resumen hasta ahora:

Después de esta noche seré Sakura, una Haruno que merece su apellido.

El tapiz cuenta la historia del origen del clan Haruno. La oscuridad representa al demonio, la rama de cerezo la guardiana y el lazo blanco el lazo que los une a su promesa.

Las Haruno que tengan el cabello rosado son entrenadas para ser la mujer del demonio de la aldea. El demonio llamado soledad.

Eres la protegida de la guardiana, Sakura, puedes verlo todo, el tiempo y los distintos mundos.

Oye, ¿ayer había un perro aquí?... Pues hoy hay un chucho aquí... No es un perro es un lobo... Que no cunda el pánico...-¿A quién quiero engañar?- Tu nombre será Akira. Has nombrado a un Inukami, te has convertido en su ama.

Oye, Hinata, Neji. Seamos amigos... Gánate mi amistad, enana. Ya he ganado. No es... Sabes que tiene razón, si no la consideraras amiga, no te atreverías a llevarle la contraria, chiquillo. No me eches mucho de menos, Neji-nii.

Esta visita será de locos...

"¡Suelta eso Chouji todavía no puedes coger! ¡Y tú y tu hijo vago sacad la zarpa de la parrillada!"

"Por los viejos tiempos." "Por una visita al botiquín." "Shikamaru, creo que le acabas de salvar la vida a tu padre."

¿Por qué te gustan las nubes?... Ah, es porque son libres.

"Te sigo ganando, Frente." "Seguro, cerda" Esta será una larga y prospera amistad.

"Kiba-chan, Shino-chi... Aka-chan" "Tu onii-san está orgulloso de ti Saku-chan"

¿Como te llamas? ¿No me lo quieres decir? ¡Chibikitsu-chan! Te quiero mucho, mucho.

Pase lo que pase, me aseguraré de estar a tu lado siempre que me sea posible, y ocurra lo que ocurra, protegeré esa sonrisa.

Siempre suceden cosas inesperadas, y esta, era la menos esperada...

Haruno Sakura, ha muerto.


Capítulo 11

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Exámenes Chuunin y el reconocimiento de Harusame

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—El objetivo está un par de metros más a la derecha.

—Lo tengo. Permiso para realizar la acción.

—Concedido.

—A la de tres.

—¡Ya!

Un par de sombras humanoides se abalanzaron encima de un gato rayado con un lazo rojo en una de sus orejar. El felino, aterrado, intentó escapar arañando partes del cuerpo de sus captores, incluida las caras.

El Uchiha gruñó mientras el rubio aulló de dolor. El gato se les había vuelto a escapar, y además, de la manera más ridícula e incómoda para un par de shinobi que habían logrado salir con vida después de enfrentarse a Zabuza Momochi, el demonio sangriento de la niebla, en una misión de rango C que acabó siendo una rango A.

Naruto se resignó dejándose caer con una mueca de fastidio. Ese gato le daba pena, lo admitía, había tenido la desgracia de conocer a la dueña. Una anciana con unos cuantos quilos de más, pomposa y terriblemente empalagosa con el gato. Pero esa razón no era lo suficientemente buena para no hacerle desear que el dichoso gato fuera atado con las mejores esposas del mundo junto a su dueña y encerrarlos juntos. Aunque se regañó mentalmente por un pensamiento tan sádico, la idea aun se le hacía un poco tentadora.

El rubio salió de sus ensoñaciones para fijarse en su compañero de equipo, Sasuke, que parecía algo más furioso que él con ese gato.

—En el libro que me compré me decían que los gatos eran perfectos para viejas faltas de amor, y que los dos se compensaban la ausencia de éste… Pero estoy empezando a dudar de su certeza. —Comentó un muchacho pálido.

Sai, el único genin que tenía nivel chuunin pero que se negaba a avanzar, era el tercer miembro de su equipo. Sai era algo imbécil a veces. Pero a Naruto no le acababa de desagradar. Él era honesto, o más bien, no tenía sentido de la delicadeza y por eso soltaba lo primero que se le venía a la cabeza.

Por otro lado, Sasuke era algo tenebroso. Desde el asesinato de su clan a manos de su hermano mayor, se había vuelto sombrío y frío. Entrenaba y entrenaba, y solo la idea de vengarse lo hacía seguir entrenando.

Y él, él se había vuelto desconfiado con las personas. Arisco con cualquiera que no fuera parte de su equipo, a veces hasta con ellos. No soportaba que las mirabas incriminatorias de los aldeanos, y mucho menos las que lo subestimaban como persona y ninja de casi todo el resto que no lo veía de esa forma. Lo odiaba, quizás fuera una de las cosas que realmente llegara a odiar en toda su vida. La soledad…

—¿Tenéis al gato? —preguntó Kakashi, el sensei del equipo, mientras pasaba una de las hojas de su libro.

—No entraba dentro de la estrategia que el libro fuera poco fiable…—murmuró Sai.

Kakashi puso cara de no saber lo que estaba pasando, pero viendo la mirada resignada de Naruto y Sasuke, supuso que era mejor no preguntar. Kakashi suspiró y puso cara de fingida preocupación.

—Qué pena… Solo les hacía falta otra misión para poder entrar a los exámenes chuunin de este año pero, por lo que veo, tendremos que esperar otro poco más.

Naruto y Sasuke se congelaron. Ni de broma se pasarían otro año haciendo misiones de rango D. Necesitaban pasar el examen para deshacerse de ellas.

—Tú derecha y yo izquierda, Sasuke.

El mencionado asintió desapareciendo poco después que Naruto. Kakashi, por otro lado se quedó mirando a Sai. —¿No irás?

Sai fingió una sonrisa. —Nuestro cupo de misiones terminó hará un par de semanas, y una desde que la inscripción a los exámenes, finalizó. Ya estamos dentro.

—Supongo que a ti no puedo engañarte, Sai.

—¿Eso era un engaño? A la próxima no me equivocaré. —Murmuró algo confundido Sai.

Kakashi suspiró con resignación. Le había tocado un buen equipo, de forma física, pero probablemente el peor si se tratara de personalidad y mente.

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—Naruto-kun, fue tu culpa por no darte cuenta del error—repitió Sai mientras leía un libro sobre "Cómo animar a un amigo".

—Sai, no ayudas, me estás llamando tonto. —Naruto casi rugió al pelinegro, causándole una mueca de interrogación.

—No, Naruto-kun, no lo he dicho, lo he pensado. —Contestó fingiendo una sonrisa.

Si Sasuke no lo hubiera arrastrado hasta el interior del edificio, ahora mismo el rubio se encontraría enfrascado en una encarnizada pelea con Sai.

—Suéltame, Teme.

—No me llames Teme, Dobe. Y no, no te soltaré hasta estar delante de un examinador. Quiero ser chuunin y os necesito a ti y al baka.

Naruto gruñó en respuesta. Sacudió el agarré que mantenía el Uchiha y echó a andar encontrándose con un chico con un traje verde peleando con un chuunin disfrazado. Así que la prueba ya había empezado. Sasuke se adelantó y, colándose entre la gente, llegó a las escaleras que subían hasta el siguiente piso. Naruto lo siguió. Pero tuvo que detenerse porqué el tonto de Sai, sin filtro alguno, descubrió el farol.

—¡Sai! Déjalos y vámonos. No necesitamos pararnos, y Sasuke ya ha subido.

Sai asintió mientras se despedía del grupo al que acababa de ayudar sin darse cuenta.

Uno de los otros genin los detuvo. —Tu nombre. —Le impuso.

—He leído en un libro que pedir información sin haberla dado antes no es educado. —Comentó Sai al castaño.

—Hyuga Neji. Ahora los vuestros.

—Uzumaki Naruto.

—Sai.

—Ya veo…—Entonces el castaño ayudó a levantarse a su compañero, que tenía un extraño traje verde y le dijo a su compañera que fuera ella adelante.

Naruto se encogió de hombros mientras empezaba a subir los escalones hasta encontrarse en frente de una puerta en donde Sasuke, con una mueca irritada, los esperaba. Sin hacer ningún comentario, el trío de ninja entró en la sala, dónde se encontraban numerosos shinobi que les echaron miradas entre furiosas e irritadas. Entre el grupo de ninja también se encontraban sus compañeros de academia. El primero en saludar fue Kiba, quien, entre mosqueado y divertido, les dijo que estaban todos los novatos allí. Hinata lo siguió mientras tartamudeaba y le decía que no molestase a los demás.

Una pequeña discusión se formó ante esos nueve novatos. Poco después fueron interrumpidos por un sujeto que tenía el pelo de un tono grisáceo y que llevaba puestos unos anteojos redondos.

—No deberíais hacer tanto alboroto. Os convertirán en su blanco. —Les recomendó el hombre.

—¿Y tu quién eres? —frunció el ceño Kiba.

—Soy Kabuto Yakushi. Y se podría que soy un veterano en los exámenes chuunin. Esta es mi séptima vez.

—Uh, siento decírtelo… ¡Pero realmente apestas! —Le gruñó con burla Kiba.

—Ah, quizás sea cierto. Pero eso me permite reunir cierta información.

—¿Qué información sería esa? —preguntó con curiosidad Naruto.

Kabuto le devolvió la mirada. Y por alguna razón, al Uzumaki no le gustó algo en ella. —Técnicas, estilos de luchas, estadísticas… Cuando mejor conoces al enemigo más fácil es ganarle.

—Entonces podrías decirme algo de ese de allí—dijo Naruto señalando a Neji.

—A ver… Su nombre es Neji Hyuga, es conocido como un genio. Es un Hyuga y posee el doujutsu de su clan, el Byakugan. Altas habilidades en taijutsu, kenjutsu, y en el control de chakra. Es el primo mayor de Hinata y Hanabi Hyuga, y odia con intensidad al Souke. Es su primera vez en los exámenes y su equipo está formado por Rock Lee, Tenten Ama y Maito Gai, su maestro.

Poco después Ino saltó delante suyo y le pidió que le dijera los datos de Sai mientras ésta se sonrojaba un poco. Mientras, Shikamaru y Chouji suspiraron, al igual que casi todos los novatos. No era un secreto el que Ino estuviera locamente, en todo el sentido de la palabra, enamorada del pelinegro.

Kabuto tosió torpemente mientras desviaba la mirada, nervioso, Ino tenía una mirada algo loca en ese momento.

—Bueno… No hay mucho. Lo más destacable es que se graduó un par de años antes de ustedes, a los once, sus jutsu se basan en la tinta, larga y media distancia. Bueno en gejutsu. No es muy bueno con sus relaciones sociales… Y sustituyó a la que iba a ser la kunoichi del equipo siete, que murió hace unos siete años… Sakura Haruno.

Los antes curiosos genin, se quedaron callados y con una mueca dolorosa en sus caras. Kabuto se preguntó qué pasaba con esa niña.

—¿Cómo sabes acerca de Sakura? —preguntó Hyuga Neji, que se acercó por detrás del shinobi que decía saber casi todo de los presentes en aquella sala, al escuchar el nombre que hacía tanto que nadie osaba mencionar.

—Eh, me pareció raro que hubiera un equipo con tres hombres en Konoha. Es inusual, y me hizo investigar. Poco después descubrí unos archivos en los que mencionaban que la niña iría en el equipo de Uzumaki y Uchiha… descubrí su nombre por curiosidad.

Naruto enfocó su mirada, furiosa, hacia el genin veterano. — No vuelvas a mencionar su nombre.

Decir que el grupo de chicos se sorprendió fue poco. ¿Acaso Naruto conoció a la chica?

—¿La conociste? —preguntó curioso Shikamaru.

El rubio solo se limitó a asentir, maldiciendo su poca paciencia. No soportaba escuchar su nombre. Le recordaba a ella, que no estaba, que se había ido para siempre. —Fue mi única amiga.

Las palabras de Naruto se clavaron en las mentes de los presentes. Cuándo Sai estuvo a punto de preguntar quién era esa chica. El Jounin examinador los interrumpió haciéndoles entrar en un aula.

Sentándose conforme les ordenaron, Naruto se encontró pensando en Sakura, su única amiga y probablemente también fue su primer y único amor.

Haruno Sakura está muerta.

Odiaba esto. Era doloroso y lo hacía rugir por dentro. Sus entrañas ardían y notaba al Zorro intentar apoderarse de su cuerpo y tomar venganza de los ladrones que habían acabado con la vida de Sakura.

La voz del examinador, Ibiki Morino, lo sacó de sus pensamientos enfurecidos y lo hizo concentrarse en el examen escrito enfrente de él.

Las preguntas eran difíciles. Muy, muy, complicadas. Y él estuvo cerca de dejar salir un gruñido de irritación. Era terrible en los exámenes y en la teoría. Posiblemente el peor.

Empezó a ponerse algo nervioso. Había decidido pasar la primera pregunta para ir después a la segunda, y a la tercera… No sabía cómo hacer ninguna de todas ellas.

Naruto cruzó los dedos y, como siempre, acarició y acunó entre sus dedos la preciada cinta blanca que Sakura-chan le había atado en la muñeca, tratando de encontrar algo de fuerza. Intranquilo, esperó a que mencionaran la décima pregunta.

—Los que no estén seguros que se marchen, podrán volver a intentarlo. Pero los que fallen esta vez nunca se convertirán en chuunin, es más, volverán a ser civiles y se les será negada la entrada al mundo ninja. ¿Qué harán?

La voz del mismo examinador lo hizo ponerse recto. Debía pasar el examen. Pasara lo que pasara. Siendo un chuunin sería capaz de hacer más misiones que no fueran rango D. Kami lo librase de más gatos ariscos y con traumas, de niños llenos de mocos y de abuelas que no saben lo que es un pintor.

Él nunca, jamás en su vida, se rendiría. Lo había prometido a Sakura, el mismo día en que no le permitieron asistir al funeral ni visitar su tumba en el interior del Eien no Haru por el solo hecho de que era un "demonio". Haría de él un Hokage y la aldea lo reconocería y, por fin, podría visitar la tumba de la pelirrosa sin tener que temer que una horda de abuelos y abuelas con un bote de sal y talismanes se le lanzaran encima.

Cumpliría con su promesa'ttebayo.

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El bosque de la muerte era enorme, al menos unos veinte quilómetros de diámetro, abarcaba al menos un área de trescientos veinte quilómetros cuadrados. Un río lo cruzaba, casi partiéndolo por la mitad, y en el centro se encontraba una torre muy alta, que no se llegaba a ver, a no ser que subieras a las copas de algún árbol, debido a que el bosque era muy frondoso.

Era el escenario perfecto para un asesinato. Numerosas criaturas que se alimentaban de algo más que hierbas, como sangre y carne entre otras cosas, se encontraban en ese bosque viviendo pacíficamente.

Un lobo de ojos esmeraldas se encontraba observando el último paso de su dueña para alcanzar el final de su entrenamiento. Harían ya siete años desde que lo inició. Y ahora, ya era prácticamente una maestra en el arte de su adiestramiento.

Ella vestía algo menos que ropas. No había podido conseguirle nada más apropiado. Puesto que no quería arriesgarse a ser detectado. Ella había usado su antiguo kimono color rosa pálido para hacer unas vendas que enrollaban parte de su busto, caderas y muslos por separado. Además de que el nemaki blanco que usaba debajo del kimono, había servido para vendarse los pies, las manos y parte de los antebrazos. Finalmente, el Obi color escarlata, lo usaba como una bufanda que ayudaba a ocultar y a cubrir de cualquier incidente el lazo blanco que ella misma se había atado alrededor del cuello para no perderlo.

Vio como su ama hacía una serie de movimientos con las manos y los brazos mientras daba saltos y se agachaba por encima del agua del río.

Estaba luchando. Él no podía ver al espíritu, pero si lo percibía. El espíritu de la protectora de los cerezos y que residía en el interior de su dueña, la había estado adiestrando desde que llegaron a ese bosque. Aunque al principio su presencia había sido casi malvada, al pasar el tiempo se había vuelto pura. Y eso era debido a que su patrona absorbía sus malos sentimientos. Y ahora, finalmente había llegado el momento. La batalla que decidiría si era merecedora de la Harusame, el arma divina que le permitiría convertirse en la verdadera heredera del legado Haruno.

Akira observó asustado, pero aun sin moverse, como se había formado una herida en el abdomen de la chica. Poco después su mejilla tuvo dos arañazos en forma de cruz. Sin moverse, Akira enterraba sus garras en la tierra reprimiendo las ganas de tirarse sobre su dueña y apartarla del peligro, como hacia cuando ella era pequeña.

Percibió a lo lejos una masa de chakra que se estaban acercando. Eran al menos una treintena de personas, quizás alguno más. Los exámenes empezarían, solo esperaba no encontrarse con nadie, y que ninguno de los ninja los reconociese si llegara a darse algún encuentro.

Sakura peleaba cada vez más rápido, esquivando a la Harusame. Esa arma podía tanto ser una Naginata, como una Katana o una Tantou además de las Katanas gemelas, también había la había visto convertida en un Fuuma shuriken, en un Tessen, una Kusarigama, un Yumi, un par de hachas encadenadas y una guadaña.

El espíritu tampoco era débil. Era muy poderosa, rápida y lista. Pero estaba empezando a perder rapidez, y ella a ganarla. Vio prepararse al espíritu para cambiar la Harusame y aprovechó el momento para impulsarse con chakra hacia adelante. Al extender la mano consiguió agarrar uno de los pétalos de la transformación del arma divina. Finalmente, ante la sonrisa de satisfacción de la mujer que la había estado entrenando por esos siete años, le anunció que la Harusame la había reconocido como maestra.

Sakura miró con gran ilusión al Fuuma Shuriken que se encontraba en sus manos. Se concentró. Imaginando la funda negra carbón de la Katana de Harusame, con el ornamento de un dragón dorado envolviendo la punta de ésta, aprisionando la hoja afilada en si interior junto a unas brillantes cuerdas trenzadas alrededor de toda la Katana. Sintió mecerse en su interior el cálido chakra que ardió en el arma, descomponiéndola en una lluvia de pétalos que volvieron a reagruparse en forma de katana. Ella la abrazó. Sintiéndose orgullosa de ser reconocida por el arma.

Mientras ataba la katana en su espalda, haciendo un lazo que unía dos de las cuerdas rojas de ésta. Era demasiado larga para poder llevar la katana con comodidad en la cintura. Además, en el bosque la movilidad era primordial y no podría llevar con facilidad a Harusame.

Vio la brillante luz que desprendió la mujer espíritu mientras se despedía sonriente de ella. Ella reposaría en el interior de Harusame hasta que fuera necesaria.

Sakura se giró para mirar a Akira, quien la miraba aliviado. El lobo se acercó a ella y le lamió las heridas. Ella sonrió y le dijo que le hacía cosquillas.

Poco después, Sakura se encontraba profundamente dormida abrazando al enorme lobo con plateados tatuajes. El lobo la acurrucó junto a él adentro de una caverna escondida detrás de un gran árbol con un agujero hueco como conducto de entrada que habían descubierto mucho tiempo atrás. Tenían muchos escondites y refugios en ése bosque, pero ese era el mejor.

—Kaa-chan… Aniki…—Murmuraba Sakura entre sueños. Una lágrima descendió siguiendo la línea que formaba su nariz, depositándose finalmente entre los labios de la pelirrosa.

Akira gimió lastimosamente. Le dolía que su maestra hubiera perdido su familia y él, aunque en ése entonces era un cachorro, no había podido hacer nada para salvarlos.

—Chibikitsu-chan…

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Continuará...


Vocabulario:

Naginata: es un arma de asta usada por los samurais del Japón feudal, compuesta por una hoja curva al final de un asta largo. Se asemeja a una alabarda.

Katana: Sable japonés. Se refiere a un tipo particular de sable de filo único, curvado, tradicionalmente utilizado por los samurais. Su tamaño más frecuente ronda el metro de longitud y el kilo de peso.

Katanas gemelas: dos katanas idénticas.

Tantou: El Tantō es una pequeña katana. Varios Chunin llevan los tantō en la parte posterior de la cintura, a pesar de que rara vez se utiliza.

Fuuma shuriken: un shuriken

Tessen: es un abanico plegable de hierro, el cual normalmente tiene 8 o 10 costillas. Y aunque no lo parezca, tiene un arte de lucha, el llamado "Tessenjutsu".

Kusarigama: es un arma originaria de Japon compuesta por una hoz unida a una cadena con una longitud entr metros y que tenía un peso de hierro o piedra (omori) en su extremo (el omori solía ser una esfera o un cono, a veces de forma puntiaguda, de uno cm de diámetro).

Yumi: es el término japonés para referirse a los arcos.