Capítulo 12

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La desesperación antes de la esperanza

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—Muy bien, gusanos, esta es la zona cuarentaicuatro, también llamada el bosque de la muerte.

Delante de ellos se extendía un alambrado de más de cinco metros de altura. Y altos árboles con siniestros tonos verdes. Una mujer, Anko Mitarashi, les estaba chillando con una expresión algo sádica todo lo que necesitaban saber acerca de este segundo examen.

— Esto será sencillo. Solo necesitan conseguir el pergamino que les falta. Si tenéis Tierra buscad Cielo. ¿Entendéis el concepto, estúpidos? Bien, quien no tenga los dos rollos no pasará. Todo está permitido, por eso mismo debéis firmar esto—mostró un papel—eso me deja libre de cargos por vuestras heridas, tanto leves como letales, y por supuesto también me absuelve de tener que rellenar el absurdo papeleo de vuestro funeral.

Naruto vio como esa mujer empezaba a reír de manera maniática. Lo admitía, era escalofriante, de la peor manera que una mujer u hombre podría llegar a ser.

Un tipo algo atrás de los shinobi, preguntó acerca de la destrucción de pergaminos ajenos.

—Por su puesto. Hasta te lo agradeceríamos, cuanta menos gente pase mejor nos irá a nosotros. —Detrás de ella, un par de chuunin rieron burlones. —Entonces, pasen por allí, firmarán y se les será dado el pergamino.

Naruto observó cómo los equipos se reunían nerviosos, otros, los más experimentados, fueron los primeros en dirigirse al puesto de autorización. Poco después salieron y se desplazaron—más bien desaparecieron— dejando a los observadores algo perturbados.

—¿Vamos? —Sai empezó a avanzar mientras Sasuke y Naruto lo seguían un par de pasos por detrás.

Al estar dentro, un par de examinadores les pidieron los papeles y los miraron con mirada grave. —Suerte. —Dijo el más joven.

Un par de mesas más adelante, se encontraba otro Jounin con un par de cajas.

—Elijan, les dejaré tomar un pergamino. —El hombre les extendió una caja con una apertura circular y esperó a que Sai sacara uno de los pergaminos.

Sai sonrió como siempre hacía y guardó el pergamino. —¿Vamos?

Avanzó y aceleró delante de su par de compañeros, haciéndolos gruñir. Dentro del equipo había mucha rivalidad. Sasuke no soportaba que Sai diera las órdenes, Sai no soportaba cuando Naruto desobedecía las órdenes y estropeaba el plan que le había costado tanto crear y Naruto no soportaba que Sasuke siempre le llevara la delantera en los entrenamientos.

Sai paró de golpe, indicándoles que la puerta en la que se encontraba era la que les correspondía.

—Esta es.

—¿Estás listo, dobe? Más te vale no hacernos reprobar…

— Eso debería preguntar yo, teme.

—Naruto, Sasuke no peleen.

Sasuke y Naruto callaron pero no dejaron de pelearse con la mirada. Sai sólo puso su fingida cara de póker.

Esperaron cerca de un par de horas antes de escuchar un fuerte rugido por parte de una bocina. La puerta se abrió fuertemente y un seguido de sonidos metálicos retumbó entre los árboles. La segunda parte de los exámenes chuunin habían empezado.


—¿Qué ha sido eso?

Akira gruñó frustrado mientras veía como su dueña se despertaba soñolienta.

—Nada, Sakura-sama.

—Akira, te he dicho que no me llames así.

Sakura regañó al lobo por su tendencia al llamarla tan respetuosamente. El lobo le lamió cariñosamente la mejilla.

—Usted es Sakura-sama ahora. Digna portadora de Harusame.

—¿No voy a convencerte de que me llames como antes?

—No. Seré firme esta vez. —El animal sacudió su pelaje y se levantó mientras se dirigía a la salida de la cueva.

—¿A dónde vas? —Sakura había empezado a ponerse de pie y lo seguía.

—A cerciorar los alrededores…

Sakura se sentó nuevamente. —Así que ya es esa época del año…

—Así es.

—¿No crees que ya es hora de volver?

El pelaje de Akira se erizó en respuesta—No puede estar diciendo esto en serio, Sakura-sama.

—Sí, sí voy en serio Akira. No te lo había mencionado, pero planeaba volver una vez fuera oficialmente la portadora de Harusame. Haré justicia contra el hombre que planeó el asesinato del Clan Haruno, aquel que mató a Hahaue y a Aniki.

—¡Pondrás tu vida en peligro por la venganza! —le rujió.

—No voy a vengarme, Akira. Voy a descubrirlo ante toda Konoha, y haré a su alma disculparse ante la tumba del clan Haruno. Voy a hacer que se revuelva en su agujero mostrando al mundo que sigo viva, y que puedo destruir sus planes.

—Sakura-sama…

—Lo decidí ya hace tiempo, Akira, no vas a hacerme cambiar de opinión ahora.

—Por favor…

—Además, debo cumplir con una promesa… Prometí que siempre estaría a su lado, ya he roto esa promesa demasiado tiempo.


—Odio esto. —Naruto se cruzó de brazos mientras estaba parado en la rama de un árbol.

El equipo siete se caracterizaba por su poder ofensivo, Naruto y Sasuke, y sus fuertes miembros especializados en rastreo, como lo era Sai o Sasuke, otra vez. En cambio, su orientación no era mala, sino pésima. Tanto que habían perdido por completo el rumbo que tenían planeado tomar.

—Naruto, no chilles. —Sai, tranquilo como siempre empezó a dibujar ratones y pájaros con su tinta. —Ellos nos advertirán de los enemigos, y las aves nos indicarán hacia dónde ir.

—Busquemos un lugar para acampar. De aquí unas horas oscurecerá. —Sasuke apretó un poco sus zapatos y se puso de pie.

—Me encargo de las trampas. — Afirmó Naruto.

—Yo aseguraré el perímetro.

—Bien. —Sai desapareció junto con los otros integrantes del equipo.

En una zona un poco más alejada unos ojos amarillos brillaban maliciosos al contemplar la escena.

Un siseo se escuchó a su lado. Una escamosa serpiente se enroscaba y deslizaba alrededor de un árbol. Su lengua bífida tembló produciendo un silbido ansioso.

—Calma, amiga, pronto atacaremos.


—Sakura-sama, por favor, reconsidere lo que está a punto de hacer.

Akira había seguido a su señora hasta las afueras del bosque, desde allí se podía ver perfectamente la alambrada.

—Akira, ya te lo he dicho. Voy a ir al templo. Necesito finalizar todo esto. Para eso debo ir y recoger lo que se me fue confiado.

—Yo puedo hacerlo. Usted quédese aquí y escóndase.

Sakura entrecerró los ojos, exasperada. Akira era tozudo, tanto como ella lo era. Ninguno de los dos se rendiría y ella no podía ir con él. Serían demasiado visibles.

—No. Yo iré y tú te quedas.

Ante la tozudez de su ama, Akira no pudo hacer nada más que tirar sus orejas hacia atrás mientras retrocedía aceptando su deseo con un gruñido de frustración.

—Por favor, mantén un ojo en chibikitsu-chan, puedo notar su chakra desde aquí. —Sakura miró fijamente un punto que se adentraba en el bosque. —Este bosque siempre me ha dado una mala sensación, pero estos últimos días ha incrementado. Te lo encargo.

Sakura le mandó un guiñó y desapareció en un remolino de hojas. Cinco minutos después, la heredera del legado de los Haruno se encontraba ante las ruinas del Eien no Haru, calcinado y posteriormente cubierto con multitudes de plantas, arbustos y jóvenes árboles que emprendían la aventura de crecer, altos e imponentes.

Ahogando un suspiro Sakura procedió a escarbar debajo del templo principal. Lo habían dejado intacto, las vigas chamuscadas y las paredes se cernían unas contra las otras haciendo difícil quitarlas sin hacer que todo se derrumbara.

Cuando al fin alcanzo el suelo buscó el punto exacto donde se había escondido la trampilla que la conduciría al verdadero templo Eien no Haru. Solo la familia principal sabía dónde se encontraba. Su madre se lo había dicho una vez. Antes, en la antigüedad, el templo había sido público y había estado a la vista de todos, pero ante las repentinas fechorías de los enemigos, se decidió hacer una réplica y esconder el verdadero.

Cerca de una hora después, Sakura se encontraba en las penumbras de un pasadizo que la llevaría hasta el templo.

Cuando llegó, Sakura solo pudo abrir la boca sorprendida. Había una única palabra para describir ese lugar… Mágico.

Sakura observó como una hilera de Ginkos se erguían en paralelo unos frente de los otros, intercalándose con torii rojos indicando el paso a tierra sagrada, señalando el camino de los dioses.

Movió la cabeza hacia arriba admirando las suaves ondas del agua y la luz del sol filtrándose entre ellas.… Kami-sama, justo encima de él parecía haber un lago. El Eien no Haru estaba debajo de un lago y no estaba hundido en el agua. Y eso era algo inimaginable.

Todavía impresionada, Sakura procedió a seguir el camino para entrar en el templo que los Haruno habían protegido celosamente. Una vez dentro, fue directamente al altar situado en el centro del edificio sagrado. Allí, un enorme y viejo pergamino se extendía desenrollado sobre el monumento.

—Aquí empieza todo para ti, pequeña niña.

El espíritu se materializó a su lado. Ella era hermosa, no importaba cuantas veces la miraba Sakura. Vestida con un kimono blanco recubierto de todo tipo de accesorios en diferentes tonos de azul, dejando libres sus hebras rosas enredarse entre sí y bailar en frente de sus ojos celestes, la que había sido guardiana de unos cerezos milenarios lucía una corona plateada digna de alguien de la realeza.

Nunca había mantenido una conversación con ella, nunca. El espíritu la guiaba, no podía hacer nada más. Por eso había mantenido algo en secreto de Akira, su entrenamiento no terminaba al obtener el consentimiento de Harusame. Al contrario, al obtener a Harusame había desatado el verdadero poder en su interior, por consiguiente, el verdadero entrenamiento empezaba ahora, con la obtención de ese pergamino. El pergamino del génesis.


Naruto observaba fijamente una enorme serpiente. Poco después, fue engullido por la misma serpiente. ¡Pero qué diablos!

Las paredes internas de la serpiente lo asfixiaban, eso era malo, si no conseguía salir de allí adentro moriría como un simple ratón.

Frustrado, Naruto probó nuevamente una serie de golpes que no funcionaron para nada.

—¡Maldición! ¡Escúpeme jodida serpiente!

Parpadeó. ¿Escupir? Se le escapó una risa arrogante. Los sellos más sencillos que había conocido alguna vez en su vida le vinieron a la mente y los realizó.

—¡Kagebunshin no jutsu!

Copias y copias de sí mismo presionaron la serpiente y finalmente consiguió escapar. Muerta la serpiente y él fuera solo quedaba regresar con su equipo.

Pero cuando llegó allí no se esperaba lo que encontró.

—¡Jódete, Sasuke!

Naruto se abalanzó y atrapó el pergamino que el Uchiha había lanzado hacia el extraño sujeto que se veía como una serpiente.

—¡No lo entiendes, idiota, es la única manera de…

Furibundo, Naruto le dio un puñetazo a Sasuke haciéndolo callar.

—Tú no eres Sasuke, él también es un bastardo y un imbécil… ¡pero no es un cobarde!

Naruto dirigió su atención a Sai, quien permanecía malherido un poco por detrás de Sasuke ¿Qué habría sucedido en su ausencia? Miró el ninja enemigo.

—No sé, ni me importa quién eres, pero este examen es el paso que debo seguir para cumplir con mi promesa. Así que voy a luchar contigo y a ganarte.

Se desató una batalla que no estaba al alcance de ninguno de esos chicos, el hombre que era una mezcla de serpiente no era alguien a quién pudieran ganar.

Sai intentaba defender a sus compañeros también como podía, pero no podía defenderse a sí mismo si también lo hacía con Naruto y Sasuke. Naruto, en sus últimos momentos de lucidez alcanzó a ver como una espada le cortaba en diagonal.

Sasuke acababa de derrumbarse con una marca oscureciendo su alma.

No pudo hacer nada, aun queriendo, aun poniendo sus esfuerzos en un solo paso, Naruto sintió como si fuera a morir estallando, sintió como si le hubieran clavado cinco hierros ardiendo en el estómago...

Todo se oscurecía, ¿así terminaba? Toda su vida había sido una mierda, y ¿así moriría? ¿Sin hacer nada? Él, él solo se dejaría engullir por la espesa oscuridad sin pelear… ¿Qué podría ser peor?

Pero seguía negándose. Aun cuando sus ojos se cerraron en su mente apareció una cálida luz que se convertía poco a poco en una silueta. Una silueta que casi le quita las ganas de vivir para ir a su encuentro.

—Ya estoy aquí, chibikitsu-chan. Y no voy a dejarte.