"Bola De Demolición"
Los pasos y sollozos se podían escuchar por el solitario pasillo, el pelinegro se sentía pisoteado, humillado, usado; Kevin lo había dañado en lo más profundo, sabía que si aceptaba esa relación saldría lastimado, y sin embargo… había aceptado.
— ¡Edd! ¡Edd! ¡Bombón! —al girarse siente como un cuerpo choca con el suyo, como unos brazos lo aprisionan, sintiendo el apoyo de esa persona —. Lo lamento tanto, sabes que no quería decirlo.
—Pero… lo hizo —esconde su rostro en el pecho de ese alguien, haciendo que sus lágrimas mojen la pulcra camisa blanca.
—Lo sé, todo estará bien ¿de acuerdo? —el apresado asiente apretándose más al peli aqua, con una de sus manos levanta su barbilla y limpia esas finas lágrimas, sus ojos se conectan una milésima de segundo (o eso parece), poco a poco Nat se acerca a su rostro, solo tiene un objetivo, esos labios delicados, rosas, brillosos; a lo lejos se escucha la bulla de muchas personas, Doble D gira la cabeza antes de que sus labios colisionen con los contrarios, las voces se apagan, el beso termina en una de sus majillas.
Dos miradas se encuentran, una verde y una miel, acosadores, molestos, Nathan sonríe arrogante, en los labios del pelirrojo se divisa un "Vámonos"; el equipo de futbol desaparece dejando solos al de gorro y al beisbolista.
—Muchas gracias Nathan, me sirvió mucho tu apoyo, aunque… esto afectará tu amistad con Kevin.
—No te preocupes, esa amistad se fue por el inodoro desde hace unos días, no te aflijas —sonríe con ternura acariciando esa suave mejilla, un pequeño rojo aparece en su rostro sonriendo con dificultad.
—Bueno, tengo que ir a reclamarle al bobo de Kevin por hacerte llorar —entre cierra los ojos golpeando el bate contra su mano, una gotita de nerviosismo resbala por la sien del pelinegro —. Pero primero tengo que ir a entrenar —rueda los ojos con una sonrisa, se despide de Eddward yendo directo al entrenamiento.
— ¿No has visto a tu amigo más decaído de lo normal?
—Sí, se ve más deprimido, ya una semana y cada vez… se ve peor —suspira con melancolía, su amigo ya no era el mismo, nunca hablaba por más que sus amigos Ed's y Nat tratarán —. Ese estúpido de Kevin me las tiene que pagar.
—Qué bueno que no escuchaste lo que le rompió el corazón.
—Se nota que para nada eres su amigo…
— ¿Qué?
—Si yo hubiera sido tú y escuchará esas palabras hirientes hacia mi amigo no pensaría ni una sola vez y le partiría la cara a ese idiota.
—Oye, oye, oye, Eddward si es mi amigo pero Kevin también.
—Pero en eso él no tenía la razón, ¡le rompió el corazón a mi amigo!
— ¡Pues sí, pero el shock del momento no me dejó! Ver al bombón destruido de esa manera… no me dejó actuar.
—Eres un cobarde e inútil.
— ¿Qué? —ambos se miran con odio pero a la vez sienten un calorcito en su interior, Nat es el primero en ir suavizando sus facciones, ver a ese enano "de frente" lo hacía sentir cosas, no podía enojarse con él; como un metal atraído por el imán se va acercando poco a poco al "pelos necios", sus miel miran su rostro, parece un demonio con ese ceño fruncido, pero a la vez se ve hermoso, estando tan cercas sus respiraciones son solo una, Nat no puede detenerse, Eddy no puede alejarse –el no poder es pariente del no querer- aún más cercas y… sus labios se juntan en una simple unión.
— ¡Que diminuto se ve!
— ¡Jajaja! —las voces los hacen separarse, ambos rojos –Eddy más que Nat-. La bulla e escucha cerca.
—Kevin —susurra el peli aqua corriendo en dirección al ruido; entre la bolita se encuentra Jimmy, temblando y casi al borde del llanto, el equipo de fut bol lo tienen contra los casilleros, jugando con sus frenillos con la ayuda de un imán.
Las risas se terminan en seco, todas las miradas están sobre un pelinegro y un chico de gorra, el más bajo se ve furioso mientras el otro mira a un lado con una de sus mejillas sonrosada, tatuada por culpa de esa delicada mano que la azoto con fuerza.
—Esta si la pagas —escupió entre dientes uno de los futbolistas.
—No… lo toquen —susurro Kevin con enfado y desilusión —. Larguémonos de aquí —como perros tras su dueño lo siguen, el capitán, con la mirada baja, pasa rosando el brazo de su ex amigo, casi empujándolo.
—Me agradabas más cuando estaba con Eddward. No entiendo como cambió tanto —esas palabras calaron su corazón con un terrible frío, sintiéndolo congelar y agrietar dolorosamente —. Iré a ayudar a Jimmy, tú trata de tranquilizar al bombón —Eddy asiente sin despegar la mirada de su afligido amigo, su rostro era escondido bajo la sombra de su gorro, se encontraba cabizbajo, un dolor en su pecho lo hacía entristecer, jamás le había levantado la mano a su ex pelirrojo, pero al ver al indefenso rubiecillo su mano tomo mente propia y actuó por si sola.
—Cabeza de calcetín —se acerca con sigilo como si de un siervo pequeño se tratase.
—Estoy bien Eddy —con el rostro levantado se nota la tristeza, sus ojos se ponen rojos y acuosos, su pequeña sonrisa es falsa, su frente esta arrugada por la aflicción.
—Eso fue algo difícil pero al fin pude controlar su llanto —sonríe de medio lado siendo interrumpido por una exclamación de sorpresa salida de sus labios.
Los puños de Eddy se ciñen con fuerza entre sí, esa escena lo hacía sentir molesto pero… ¿por qué? ¿Será por qué su amigo de toda la vida no le tiene esa confianza para correr a sus brazos y llorar en su pecho –o en este caso su hombro-? O ¿por aquél insignificante beso entre él y el peli aqua?
Sacude su cabeza, simplemente no podía permitir que aquellos absurdos pensamientos inundarán su cabeza.
—Todo estará bien Bombón.
—No es justo que se comporte de esa manera una vez más —murmura ahogadamente aún apoyado en el pecho del de ojos miel.
—Lo sé Edd, lo sé —acaricia su gorro con benevolencia, Eddy trata de fruncir el ceño sin éxito, Nathan lo mira con preocupación, le sonríe de medio lado y le guiña el ojo, el más bajo se ruboriza, desvía la mirada sintiendo su corazón latir rápidamente.
Kevin llega a su casa algo cansado, el día fue agotador, si entrenador los puso a correr por toda la cancha, practicaron hasta ponerse rojos, en sus otras clases lo pusieron a trabajar sin descanso, sacándole toda la inteligencia que le quedaba, su horrible día fue como una venganza por tratar mal a Doble D.
Doble D…
Ese nombre lo hizo sentir mal, como una patada en las bolas, se había comportado como un verdadero patán, lo hizo llorar mucho en esa corta semana, se convirtió en el anterior Kevin, un bravucón sin sentimientos, enemigo de medio mundo, sin amante, con amigos por conveniencia. En tan poco tiempo se encontraba sin nadie, sin su amigo Nat, sin su novio Edd… simplemente sin nada, había perdido absolutamente todo.
Su mochila es lanzada sin cuidado a su escritorio, no tenía ganas de nada, el suspiro de melancolía escapa de sus labios, de pronto, una imagen llena su mente:
"—Deberías de tener más cuidado en donde dejas tus cosas —". Es Doble D entrando a su habitación, se acerca a su mochila tirada, acomodándola pulcramente en el escritorio junto a su bolso, ese era su fino Eddward, siempre ordenado, siempre limpio, siempre admirable.
Y ese golpe de realidad fue como una envestida de sus compañeros futbolistas, su Doble D ya no estaba a su lado, y eso era tan doloroso, se arrepentía profundamente pero no podía regresar la página, todo estaba hecho y si quería remediarlo… tardaría tiempo, como la construcción de una ciudad después de sobrevivir a un terremoto, y no sabía si su Doble D había sobrevivido.
Su persona se acerca a la ventana de su pieza, sus ojos miran el exterior con melancolía, esa casa de enfrente lo hace sentir mal, en estos momentos Doble D debe estar solo, tomando un rico almuerzo, en esa casa inmensa aunque… tiene a sus amigos, ahora uniéndose su ex mejor amigo.
Arrepentido, arrepentido, arrepentido pero… ya no había nada más que hacer, un simple "perdón" no bastaría para todo ese horrible daño que causó, como una "Bola De Demolición", tenía que acostumbrase a la soledad y el dolor, no puede simplemente girarse y hacer como si nada hubiera pasado, porque el panorama no lo dejaría, el paisaje sería como el de una película de zombis.
Otro suspiro, se encontraba triste, no podía evitarlo. Poco a poco el sol se oculta, creando un perfecto crepúsculo, ese atardecer era casi tan perfecto como aquella hermosa vez que profano el interior de su novio, fue una velada perfecta, la recordaba como si hubiera sido hace poco:
Flash Back:
Su cuarta cita después de un mes fue perfecta, a excepción de una cosa, el estúpido puercoespín encontrado en el parque, su sorpresa se convirtió en dolor al tratar de darle un hermoso regalo a su chico, el tronco hueco era el escondite perfecto para el regalo, no contando con que el inquilino lo atacaría más de una vez al querer recuperar el pequeño presente.
—¡Eso duele! No estoy listo, ¡espera!
—Kevin, esto tiene que ser rápido y preciso, por favor no te muevas —con unas pinzas saca una a una las últimas púas, posicionadas en su trasero.
—¡Duele!
—Es la última, te pido no grites, es un horrible escándalo —esa solitaria púa se encontraba más que enterrada, traspasaba ambas prendas inferiores.
Doble D trata de sacarla, logrando solo romperla y quedando el otro pedazo enterrado en el trasero del pelirrojo.
—Dime que la sacaste, ¡aún la siento! ¡Dime porque!
—S-se partió y… n-necesito que… —la boca de repente se le seco, ¿cómo se lo decía? Trago la gruesa bosa de saliva, tratando de calmar sus nervios, seca un poco el sudor de su frente y tartamudeando musita —. Ti-ti-tie-tienes q-q-que…que qui-quitarte l-lo-los… pantalones.
Ambos se ponen rojos de vergüenza, esto era un pesa importante y algo peligroso, Edd jamás lo había visto sin sus prendas inferiores, ese acto era tan vergonzoso que no sabían cómo actuar.
—L-la… la púa está… está en-enterrada e-en tus… glúteos —su corazón da un vuelco, ¿cómo se atrevía a decirle ese tipo de cosas?
—E-está bien —se irgue, lentamente coloca sus manos en el botón de su pantalón, torpemente fue deslizando el cierre, vacilo un poco al bajárselos, Doble D se sonrojo aún más, antes de que Kevin dejará al descubierto su trasero esté se tapo los ojos, bajando su gorro hasta la altura de su nariz.
—Li-l-listo —no podía mirarlo a la cara, tenía tanta vergüenza, dejar sus glúteos al aire libre no era algo de todos los días (o al menos desde que salía con Doble D). El pelinegro destapa su vista, lo que se encontró lo puso aún más nervioso y rojo, el blanco trasero de Kevin apuntaba en su dirección, redondo, firme y rojo por culpa de las púas de ese puercoespín, sintió estremecerse y algo caliente recorrerlo, no podía apartar sus cyan de la "excitante" vista.
—¡D-deja de verme y s-saca esa co-cosa de mi trasero! —con los nervios crispados y algo creciendo bajo su calzoncillo se acerca con lentitud al pelirrojo, abre y cierra un par de veces las pequeñas pinzas antes de tomar la mitad del objeto —. ¡Espera! Hazlo lento.
—Si lo efectuó de esa manera c-cre-creará u-un… dolor mucho mayor —de nuevo tragó grueso, tenía la boca seca, ver esa imagen era… tan extraña, lo hacía sentir raro, sus pantalones apretaban su entrepierna, transpiraba por todas partes, sentía una corriente recorrer todo su cuerpo, ¿qué era esa extraña sensación? ¿Qué era ese calor que lo inundaba poco a poco y lo hacía quedar sin aire?
—D-Do-Doble-Doble D, e-estás… sangrando —sus orejas se pusieron rojas quedando totalmente estático.
—P-pe-pero… Qué pena —con su pulcra camisa tapa hasta su nariz, limpiando el liquido rojo que salía de está —. E-esto, de verdad l-lo lamento, que sucio.
—-D-Doble… Escucha —el pelinegro seguía maldiciendo y limando el fluido con su camisa, no dejando espacio para que el pelirrojo hablase —. ¡Escúchame por el amor de Dios! —le tapa la boca con ambas manos, ahogando el inútil palabrerío —. Yo solo quiero que saques esa estúpida espina de mi adolorido trasero.
—Es una púa Kevin.
—¡Lo que sea! Solo… sácala —de nuevo se giró, colocando ambas manos sobre el escritorio, de la nariz de Doble D aún brotaba el liquido, siendo recogido por su camisa verde. La pinza toma con mucho cuidado el extremo expuesto con mano temblorosa jalándolo sin titubeo, escuchando la sarta de maldiciones soltadas al aire por Kevin.
Kevin suspira sobando su trasero por sobre la ropa.
—Edd, muchas gracias, perdón por la desastrosa cita.
—No fue desastrosa Kevin, fue entretenida, de verdad te lo agradezco —sonríe limpiando el resto de sangre con su mano.
—N-ne-necesitas algo de ropa, iré a buscarte algo —el pelinegro musita un simple "Gracias" viendo desaparecer a su pareja tras el closet, se sentía avergonzado y sucio, nunca, ni siquiera en ese primer beso que se dio con el pelirrojo le había ocurrido eso.
Espero que haya sido de su agrado :3 ¡Los Reviews son muy bien recibidos! :D
