-Malos augurios.
El soldado se sentó cansado en una vieja silla de madera dentro de la solitaria tienda de campaña en medio del desolado y árido desierto del Mojave. El calor sofocante del día había dejado su huella en su rostro curtido y agotado. Con el sonido de la brisa que golpeaba las paredes de lona, se quitó el pesado casco y dejó escapar un suspiro de alivio.
La penumbra de la noche comenzaba a extenderse por el horizonte, y una débil luz de lámpara colgante iluminaba el interior de la tienda. Sintiendo el peso de sus preocupaciones y las batallas que había enfrentado, el soldado buscó una forma de escape momentáneo. Alcancé una botella de licor en su mochila y la colocó sobre una pequeña mesa improvisada.
El cristal tintineó suavemente mientras servía un trago generoso de ese líquido ámbar en un vaso desgastado. Observó cómo la luz se filtraba a través del líquido, revelando tonalidades doradas y ambarinas que bailaban en su interior. Aquel licor se convirtió en su confidente en noches interminables y susurros del pasado que lo perseguían.
Con un susurro de la botella, los recuerdos de batallas sangrientas y camaradas perdidos se entrelazaron en su mente. La guerra había dejado cicatrices invisibles, pero profundas, en su ser. Cada trago era un intento de calmar esos demonios internos, aunque solo fuera por un breve instante.
El sabor áspero y ardiente llenó su boca, y una sensación cálida y reconfortante se extendió por su cuerpo. Cerró los ojos y dejó que el alcohol le envolviera, sintiendo cómo la tensión se disipaba poco a poco. La tienda de campaña se convirtió en su santuario personal, donde las penurias del mundo exterior quedaban temporalmente olvidadas.
Aferrando el vaso con firmeza, miró al desierto a través de la abertura de la tienda. Las estrellas comenzaron a aparecer en el oscuro lienzo del cielo, recordándole la vastedad del universo y su lugar diminuto en él. Las sombras danzantes de cactus y arbustos se alzaban como guardianes silenciosos en la noche, mientras el viento susurraba secretos ancestrales en el silencio del desierto.
El soldado sabía que al amanecer, se enfrentaría a nuevos desafíos y peligros en el inhóspito y despiadado Mojave. Pero por ahora, en aquel refugio temporal, en compañía del licor y sus pensamientos, encontró un breve instante de paz en medio de la incesante tormenta de la guerra.
Con cada sorbo, el soldado se permitió un respiro, un momento para encontrar la fuerza y seguir adelante. En ese pequeño oasis de tranquilidad, en medio del desierto abrasador, descubrió la capacidad de encontrar consuelo en las pequeñas cosas y la determinación de sobrevivir una vez más.
Hasta que sintió pasos, era a las afueras de su pequeño refugio, rápidamente guardo su licor y tomo su pistola. Cada vez se escuchaban mas y mas cerca saliendo al desierto busco la fuente del sonido, la arena no le ayudo para enfocar bien su vista, pero a lo lejos pudo verlo.
"Un soldado" dijo.
En la lejanía podía ver aun soldado con el tipo uniforme básico de túnica caqui con bolsillos traseros acampanados y calzones caqui, usado con una máscara de desierto y hombreras de cuero endurecido, guantes sin dedos de cuero negro, brazaletes, botas marrones y polainas caqui. Salvo por un gran detalle.
El soldado estaba destrozado por decirlo menos. La túnica rasgada del uniforme revelaba una herida profunda, sangrante y mal cicatrizada. Cada movimiento le recordaba la batalla en la que había sido alcanzado por un proyectil enemigo. La herida, llena de costras y rodeada de contusiones moradas, era una prueba tangible de su valentía y resistencia.
Además de la herida en el costado, su uniforme estaba desgarrado en varios lugares. La tela chamuscada y manchada con barro y sangre era testigo de encuentros cercanos con explosiones y escombros. Las manchas de sudor y polvo formaban una pátina en su uniforme, mientras que los parches cosidos con prisas denotaban las múltiples veces que había sido reparado en el campo de batalla.
El casco que una vez había sido un símbolo de protección y autoridad estaba abollado y desfigurado, las marcas de impacto atestiguaban los momentos en que había sido golpeado y salvado su vida. La visera estaba rajada, y el forro interno mostraba signos de desgaste y desgarro.
Sus manos, cubiertas por guantes negros, también estaban magulladas y marcadas por cicatrices. Los dedos desgastados y ásperos mostraban los rigores de cargar armas y equipos pesados durante horas interminables. Un vendaje improvisado cubría una de sus muñecas, donde una herida de arma blanca había dejado su marca.
A pesar de las heridas y los daños en su uniforme, el soldado se mantuvo erguido y firme. Cada rasguño y cicatriz contaba una historia de coraje y determinación en medio de la adversidad. Cada pieza de su uniforme desgastado era un recordatorio de los sacrificios que había hecho y las batallas que había enfrentado.
El soldado fue a recibir a su compañero en armas de la RNC.
Corriendo a toda velocidad y con el arma en la mano y dedo en el gatillo se encontró de frente con el, ayudándolo a mantenerlo en pie y llevándolo a su pequeño refugio pregunto.
"¡¿Quién te hizo esto?! ¿La Legión? ¿Ladrones? ¿Alguna tribu o banda?" pregunto rápidamente mientras lo recostaba y sacaba estimulantes con vendas y agua.
"La… el… fue" murmuro entrecortadamente el hombre herido.
"¿Quién?" volvió a preguntar el hombre.
"El imperio… de la cruz verde… se hacen llamar el imperio…. Mountruos y ejércitos sin fin… en el sur" dijo antes de caer inconsciente.
Las palabras rápidamente resonaron en la cabeza del soldado.
No era la Legión.
La hermandad del acero.
O alguna tribu.
Esto era algo nuevo, mirando afuera de su tienda, el soldado mira hacia el sur.
"¿Cómo fue que lo ignoramos por tanto tiempo?" se dijo así mismo.
El sol del mediodía ardía implacablemente en el cielo despejado mientras una columna de soldados avanzaba hacia el norte a través de un paisaje desolado y árido. El ruido ensordecedor de motores rugientes, el chirriar de las cadenas de los vehículos y el tintineo de las armas creaban una sinfonía discordante que resonaba en el aire.
La columna estaba compuesta por una amalgama de soldados de diferentes orígenes, unidos por una causa común en este mundo postapocalíptico. Vestían una mezcla de uniformes improvisados y de distintos diseños, algunos portando insignias descoloridas de su antigua afiliación, salvo por una diferencia que los unificaba a todos, ya sea en medallas, símbolos o telas, todos tenían la imagen de dos pilares con una cinta roja que envolvía a estos y estrellas sobre estos.
Codo con codo los humanos caminaban junto a necrófagos, seres deformes producto de la radiación. Sus cuerpos pálidos y descompuestos contrastaban con los humanos.
A lo largo del camino, animales gigantes mutados se erguían como monumentos grotescos de la radiación y la modificación genética. Algunos tenían múltiples cabezas, otros mostraban garras y colmillos enormes.
Los vehículos que acompañaban a los soldados eran una mezcla de chatarra y tecnología improvisada. Camionetas blindadas con jaulas de acero reforzado, motocicletas ensambladas a partir de piezas de diferentes modelos y camiones con cañones montados en estos. Eran máquinas de guerra cuyas cicatrices y modificaciones reflejaban el duro entorno en el que habían sido forjadas.
A medida que avanzaban, levantaban nubes de polvo que se extendían por el horizonte, dejando una estela de destrucción a su paso. El rugido de los motores y el estruendo de las armas de fuego llenaban el aire, mezclándose con los gritos de guerra y los rugidos de los animales mutados.
Muy adelante de esta caravana extraña, múltiples hombres con túnicas rojas van en caballos enormes de color negro.
Bueno, es solo una idea que estoy pensando ¿opiniones?
