"Fase 2 Citas 1ª Parte: Desastroso"
—No, no Kevin, esa camisa no, prueba esta —Nat le extiende una camisa negra con rayas amarillas de manga larga, el pelirrojo se mira al espejo, el atuendo no lo convence.
—No me gusta cómo me veo. M-mejor no voy —se quita la camisa sentándose en la cama cabizbajo.
—¡¿Qué es lo que te pasa?! ¿Queme mi cerebro para este plan de tres pasos por nada?
—N-no, pe-pero…
—¡Basta! Se hará tarde, ponte esto, y listo —grita exasperado Eddy arrojándole un par de prendar a la cara, toma a su novio de la mano y salen de la pieza. Kevin suspira, sus nervios son como los de la primera cita, la historia era algo parecida, solo que con Eddy. Kev se coloca las prendas que el de estatura baja le había entregado, al verse en el espejo se sorprende, "Pelos Necios" si que tiene buen gusto para la ropa.
—¡Oh Dios mío! Si me gustara que me dieran tú serías mi activo —Eddy le golpea el brazo molesto, las mejillas del dueño de casa se encienden, su mirada esta posada en el barandal de las escaleras —. Es juego pichoncito —Nat besa la mejilla de su novio tratando de "contentarlo".
—Y-yo… m-me voy. Gracias por el consejo… Eddy —escupe el nombre entre dientes, su mirada se posa en el redondo reloj de pared colocado sobre la puerta de entrada.
—Se te hará tarde Romeo —Kevin se muerde el labio inferior, toma su chaqueta y corriendo se dirige con su vecino de frente —. Ufff, creí que jamás se iría, al fin algo de privacidad —pronuncia coqueto mirando a Eddy con las cejas levantadas, casi tocando el nacimiento de su cabello.
—¿Qué? Espera… ¡Nat no, suéltame, quiero ir a casa! ¡NAAAAT!
XXX
Kevin revisa su aliento por milésima vez, un ramo de claveles descansa en su brazo derecho el cual Nat lo había obligado a comprar. Después de carraspear su garganta pulsa el botón del timbre, su transpiración aumenta, no escucha nada dentro, sus verdes buscan algo con que distraerse, pero nada llama su atención, al fin, dentro de la casa escucha unos pasos presurosos, la puerta se abre dejando ver a un Edd bien vestido con unos pantalones caqui, una camisa blanca, una corbata negra y un suéter de lana color verde con extraños rombos.
—Mi-mis disculpas Kevin.
—Ah, sí. N-no hay problema —Edd mira el ramo de claveles, Kevin aún nervioso se lo extiende —-. S-soy para ti.
—T-te lo agradezco —toma el rapo poniéndolo contra su cara, aspirando el suave aroma de las flores —. Las colocaré en un jarrón si me lo permites —Kevin asiente, Edd lo invita a esperarlo dentro y así lo hace. Observa la casa curioso, todo sigue igual de inmaculado, cortos Flash Backs pasan por su cabeza haciendo que se acaloré más.
—Estoy listo Kevin —sonríe tierno, el pelirrojo balbucea algunas cosas, golpeándose la frente pronuncia un simple «Vámonos» comenzando a andar fuera de la vivienda, donde un taxi los espera.
—N-Nat reservo una mesa, n-no te preocupes por el dinero, juntamos nuestros ahorros así que… comeremos bien —sonríe nervioso sintiendo una gotita de sudor resbalando por su sien. El restaurante es pequeño pero elegante, las mesas son redondas para más intimidad, las paredes son de un azul relajante, en el techo cuelgan tres arañas, siendo las únicas que iluminan el lugar.
La mesa reservada es una a mitad del restaurante, desde allí se escuchan los murmullos de todas las personas, no teniendo nada de intimidad. Kevin pide una extraña pasta con champiñones, chicharos y otras verduras, Edd pide algo simple, un filete de pollo termino medio con una salsa dulce y unos fideos verdes.
—Es costoso, hubiera preferido un picnic en el parque del barrio.
—Fu-fue culpa de Nat, yo le dije que algo más simple pero me dijo "Es su súper mega unicornia reconciliación, no puedes llevarlo a un sucio parque porque…"
Edd ríe internamente, cree la mitad de la historia de Kevin porque su pareja es perfeccionista, adora que Doble D se la pase bien en lugares donde le agradan, siempre fue sobreprotector y detallista, haciéndolo sentir importante.
—¡Kevin! —el pelinaranja guarda silencio teniendo las manos al aire —. Está bien, no te preocupes, me siento cómodo, pero me preocupa que gastes tanto dinero en una comida que no durará mucho en nuestros estómagos.
—Je-je, eso es demasiada información —trata de ahogar una risa, Edd se sonroja sonriendo con la mirada gacha —.. Te extrañé bastante —los orbes cyan se posan en el rostro de Kevin, notando un nacimiento rojo en sus mejillas —; me arrepiento de haber hecho todo lo que hice, te lastime, lloraste… perdóname Edd.
—Kevin —toma la mano de su pareja mirándolo comprensivo —, no tengo nada que perdonarte, s-se que me hiciste mucho daño pero… yo te amo, y mucho.
—Oh, Edd —posa medio cuerpo encima de la mesa, estira su cuello para poder sentir esos labios rosas y suaves, es un simple beso con simples movimientos lentos.
—Disculpen jóvenes pero…están incomodando a los otros clientes.
—¡¿QUÉ?! —el pelirrojo se levanta estrepitoso golpeando la mesa y tirando la silla.
—Kevin, por favor —trata de calmarlo.
—¡No Edd! ¡No permitiré que repriman mi amor por ti! ¡Yo amo a este chico, y no dejaré que cohíban mis sentimientos, no me importa que sean unos homofóbicos, yo lo amo y no me importara besarlo y demostrárselo en donde se me plazca! —toma al pelinegro de los hombros y lo besa más apasionado ante las miradas sorprendidas y asqueadas de las personas.
—¡Así se habla compañero! —un chico castaño levanta su puño emocionado, dos personas algo mayores lo reprenden pero su mirada sigue emocionada.
—¡Que hermoso! —grita una chica mientras aplaude, otros adolecentes los ovacionan, el hombre de hace unos minutos los mira con el ceño fruncido. Al fin termina el beso, ambos jadeando.
—Y… por este asqueroso lugar… ¡No pago ni un centavo! —toma a su chico de la mano guiándolo a la salida.
—¡Eso fue muy valiente!
—Felicidades —una señora de cuarenta y tantos años les sonríe tiernamente, sus ojos brillan, trasmitiéndoles un calorcito de regocijo, ambas miradas observan como varias personas abandonan el restaurante dándoles palabras que los hacen sentir bien, que hace que sientan que demostrarse su amor en público sea correcto, ¿qué va? Demostrarse amor es correcto, porque el amor es bueno, y no está bien ocultarlo.
—Creo… que dimos un buen espectáculo —Kevin soba su cuello, su mirada está en el piso, observando por el rabillo del ojo, siente sus mejillas calientes, apostando a que están rosas.
—Je-je, tienes mucha razón —con su rostro rojo se acerca al contrario, todo su cuerpo tiembla, avergonzado, besa tiernamente los labios de Kevin, quien se queda tontamente sorprendido, era extraño que su novio lo besara, y aún más, ¡en público!
—Ammm, ¿t-te parece un picnic?
—Me encantaría —sonríe dejando ver ese huequito entre sus dientes, el pelirrojo le regala un casto beso, tomados de la mano se dirigen a algún puesto de comida rápida.
XXX
—M-muchas gracias Kevin, f-fue una cita… increíble.
—Todo por ti Doble D, te bajaría la Luna, las Estrellas, ¡incluso el Sol! Solo para que me perdones, para demostrarte todo mi amor, eso y más haría por ti acaricia su mejilla con una mano mientras que la otra sostiene una de las contrarias.
Ambos se miran intensamente, diciéndose sin palabras lo mucho que se aman, lo mucho que se extrañan.
—Q-que tengas buenas noches Kevin.
—Tú también, descansa y… Te Amo —un intenso rojo se apodera de las mejillas del pelinegro, ambos se dedican una tierna sonrisa, se despiden con un casto beso en los labios. Edd entra a su vivienda, echándole un último vistazo a el pelirrojo cerrando la puerta tras de si.
Kevin suspira antes de irse a su propia casa, buscando las llaves repasa su cita, primero había sido un desastre por esas personas homofóbicas, pero al final, todo había resultado encantador, Edd reía, se sonrojaba, le dedicaba miradas llenas de cariño… todo había salido de maravilla.
—Pero… ¿qué?... ¡Naaa…! —antes de terminar por gritar ese nombre una mano lo silencia, arrastrándolo hasta entrar en una puerta del primer piso —. ¡¿Tuviste sexo en MI sofá?!
—P-perdóname Kev p-pero fue inevitable, s-su cuerpecito me lo pedía a gritos.
—¡Eres un imbécil, lo ensuciaste!
—Ay… ay… pfff, como si tú no lo hubieras hecho antes con el biscocho —se justifica cruzándose de brazos.
—¡Eres un grandísimo idiota!
—A ver, a ver, ¡cálmate! Mejor dime, ¿qué tal tu cita? —sube y baja las cejas, mirando a su amigo con curiosidad.
—¡Todo un maldito desastre! ¡Gracias por "aconsejarme" llevarlo a comer a ese estúpido lugar de gente estúpida y larguirucha homofóbica…! —el pelirrojo sigue lanzando todos los insultos que conoce y otro más que son inventados ante la atenta y divertida mirada de su amigo.
