"Fase 2 Citas 2ª Parte: Cita En El Zoológico"

—¡Kevin! ¡Kevin! ¡Kevin! ¡Kevin! —un agitado y excitado peliaqua corre por los pasillos de la escuela, con un solo objetivo, encontrar a su amigo pelirrojo —. ¡KEVIIIN!

—¡AHHH! —se escuchan los gritos de unas chicas.

—Uy, perdón —sale corriendo del vestidor de chicas, echado por un par de toallas y malas palabras.

—Que buenas tetas —ríe estúpidamente volviendo a retomar su carrera para buscar a cierto chico de ojos verdes —. ¡Oh, Kevin! Por fin te encuentro, ¡mierda! ¿Por qué huyes de mí! —hace un puchero mirándolo igual que un cachorrito regañado.

—¿De qué demonios hablas? Me ENCANTARÍA escapar de ti.

—¡Oye! Eres un grandisi…

—¿Qué querías decirme? —pregunta indiferente mirándolo exasperado.

—¡Oh! Cierto. ¡Miraaa…! —extiende una hoja antes enrollada, Kevin entrecierra los ojos para mirar con mayor claridad las letras plasmadas en el papel.

—Esto es…

—¡SIII! Convencí a la directora, ¡mi seducción funcionó! —Nathan ríe como demente mientras el pelirrojo se queda estático, una cinta en el zoo ¿eh?


Es jueves, el día en el que irán al zoológico, después de una semana el día había llegado, todo todos los alumnos se encontraban entusiasmados, cada quien con una pareja, reconociéndose gracias a un gafete abrochado en su camisa a la altura del pecho, la pareja se distingue por la imagen de un animal impresa en el carnet.

—¿Un colibrí? ¡¿Un maldito colibrí?! —se escucha el grito frustrado de un chico de baja estatura.

—Te queda muy bien, es pequeño pero adorable, con un enorme atributo —susurra en su oído haciéndolo estremecer, una de las manos del peiaqua pasa indecorosa por la entrepierna del más bajo. Nath levanta la mirada topándose con un par de orbes cafés, el dueño de esos ojos desvía la mirada rápidamente, posándola al frente.

Por fin los autobuses llegan, cada clase toma dos camiones, los alumnos no dejando por ningún motivo a su pareja.

—¡Esto va a ser sensacional! —farfulla cierto chico de ojos miel levantando los brazos, otros lo corean también gritando, su pareja se esconde, hundiéndose todo lo posible en el asiento y la pared de la ventanilla.

—¿Te sientes cómodo con esto? —pregunta un preocupado chico de gorra roja, mirando dudoso a su compañero, ambos tenían impreso un lobo para definirlos como pareja de viaje, Kevin lo había definido como muchas cosas, quedándose solo con una de ellas, que los lobos son de los pocos mamíferos monógamos, y es que él sentía que lo era, porque solo es de la propiedad de cierto muchacho de ojos cyan.

—Si Kevin, tranquilízate por favor.

—Concuerdo con Edd amigo Kev, pareces esposo preocupado por su esposa embarazada —Kevin se pone de todos los colores.

—E-eso no es verdad —Nat sigue riendo un poco escandaloso por la reacción de su amigo, provocando que barías miradas se posen en él.

—Nat, ya basta, te estás convirtiendo en una molestia.

—¡Oh, lo siento tanto Eddy! ¡Cualquier castigo menos el de dejarme! —lloriquea el peliaqua tirándose al regazo del de ojos menta.

—¡Ya basta! ¡Cállate!

—¡Yo adoro tu trasero! —Kevin y Doble D tratan de reprimir sus risas, siendo una tarea casi titánica.


Alumnos y profesores se reúnen en la entrada del zoológico, mientras los mayores ponen orden los estudiantes festejan su día libre de clases.

—Aaah, no podremos escaparnos por estos estúpidos uniformes y estos gafetes —Nat se queja exagerado —. Lo bueno es que tengo un par de nalgas con las cuales entretenerme~ Canturrea pasando sus manos por el trasero de Eddy.

—¡No hagas eso en público idiota, es vergonzoso!

—Aaah, ¿por qué no puedes ser un uke tiernito como Edd? —cuestiona haciendo un pequeño puchero; su pelea sigue ante la atenta mirada de Kevin y Ess.

—Esos dos se demuestran su amor de una manera muy extraña.

—Jeje. No todo en las parejas es color rosa —sonríe Edd, Kevin solo da un pequeño asentimiento. Uno de los profesores grita algo, todos los alumnos que le corresponden comienzan a avanzar, una vez dentro Nat le sonríe a Kevin, ambos toman por los hombros a sus respectivas parejas, tapándoles la boca evitar gritos u objeciones. Ambos Ed´s son arrastrados hasta estar dentro del acuario.

—Puaj, pero… ¡¿qué les sucede?!

—Esto está mal, debemos volver. ¡Kevin! —juega con sus manos preocupado y nervioso, ¿cómo el estudiante estrella se aleja del grupo?

—Jajaja —Nat trata de ahogar su rosa sin éxito alguno.

—Ay, vamos, solo nos divertiremos un poco, y antes de que se den cuenta de que desaparecimos estaremos de vuelta —sonríe encantador extendiéndole una camisa cualquiera a Edd, que según su criterio, le quedaría de maravilla.

—Si bombón, solo será un momento, saldremos al árcade que no está muy lejos de aquí, regresamos, damos unas vueltas por nuestra cuenta y volvemos a nuestro grupo —explica haciendo ademanes con una gran sonrisa plasmada en sus labios. Edd sigue dudando un poco, no le gustaba desobedecer ni romper las reglas, era demasiado peligroso para su blanco historial.

Kevin mira preocupado a Eddward, solo esperaba que no se arrepintiera, él quería estar con su pareja y recuperar el tiempo perdido.

—¡Yo puedo vestirme solo Nathan! —Eddy se queja removiéndose con los brazos alzados y la camisa a medio camino.

—¡Eres muy sexy! —besa su espalda repetidas veces haciéndolo sonrojar.

—¡Nat, deja de hacer eso!...

—Vamos Edd, solo un momento, te juro nadie se dará cuenta —su sonrisa lo derrite por ver esa sonrisa haría cualquier cosa, inconsciente toma la camisa roja con una dibujo al azar.

—¡Miren! A que Eddy es sexy, awwws, a que sí, a que si.

—¡Deja de tocarme el trasero Nathan1 —Edd ríe quedito, sus cyan se posan en la ancha espalda de Kevin, reconociendo al instante las pequeñas pecas que la adornan, 237 había contado la última vez que estuvieron juntos.

—¡A vestirse Eddward!

—¡Con que lo toques te rompo la cara! —le amenaza con el dedo, su rostro demuestra todos esos celos contenidos —. ¡Gírense si no quieren que les remodele el rostro!.

—Uy, que extremista —a regañadientes Nat se voltea —. Eddy hazme un favor y ponte de espaldas frente a mi.

—Deja tu pervertidez a un lado Nathan.

—Tu fetiche Eddy —lo corrige Doble D.

—¡Da igual! —gruñe el de estatura baja cruzándose de brazos, en dos rápidos movimientos Edd ya había sustituido la camisa con el logo de la escuela por la prestada.

Ambas parejas salen de incognitos, toman un taxi y entre chistes y risas llegan al árcade.

—¡Waaah! Vamos a bailar Eddy —lo toma de la muñeca arrastrándolo hasta la consola, Edd y Kevin los miran atentos, Nat jugaba como todo un profesional, pisando los cuadros de colores, mientras Eddy parecía más que mataba cucarachas que bailar.

—Jaja, ¡el cara de rata tiene dos pies izquierdos! —Kevin se burla recibiendo una mirada fulminante por parte de Nathan, sus oídos captan unas risillas adorables.

—¡¿Ah sí?! ¡Pues te reto! —Kevin alza una ceja incrédulo, pero la mirada retadora de su amigo lo motiva.

—Bueno, pero tenemos que apostar algo.

—¡Ya estas! Si tu pierdes, debes dejar que Edd se coloque de nuevo ese traje de porrista.

—Pero… —su objeción es interrumpida.

—Está bien, está bien, pero si tú pierdes, tendras que dejar que las tarantulas del zoológico caminen por todo tu cuerpo. ¿Trato?

—¡Trato! —ambos se escupen en sus manos para posteriormente estrecharlas.

—Wagh, que asco.

—Esto está mal, muy mal —Eddward se estremece, sus manos juegan entre sí a la altura del pecho, rezando porque el pervertido de Nathan pierda..


—¡AAAH! ¡NO, ya quítala! ¡YA QUÍTALAAA…! —Kevin ríe escandaloso mientras se limpia unas cuantas lágrimas, por respeto Eddy aguanta las carcajadas que se a galopan en su garganta, queriendo ser liberadas —. ¡Otra no Kevin! ¡YA, YA! —el pelirrojo se dobla de la risa, envolviendo su estomago con sus brazos por el dolor que ya siente.

—E… jaja… es suficiente Erick, jaja —el muchacho –trabajador del lugar-, retira con suavidad las tres tarantulas que caminan libres por el cuerpo del de ojos miel.

—Uugh —se estremece Nat, tratando de quitar las sensaciones de las patas de los insectos sobre su cuerpo —. Está me la pagas Kevin —el amenazado enjuga con su índice una traviesa lágrimas que se asoma por el rabillo de su ojo.

—Por Dios Nat, no seas marica

—¡Veras lo que te diré el sábado! —molesto toma fuertemente de la muñeca de su novio, arrastrándolo a la salida de la sección de insectos.

—Luego se le pasa —le sonríe tranquilizador a su pelinegro, tomándolo de la mano, siguiendo los mismos pasos de la primera pareja.


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