"Dificultades"

Tres semanas escapando de la realidad, no quería ver a Eddy, no pretendía hablar con sus amigos, aún mantenía la leve esperanza de que todo es un sueño, pero no era así. Faltaba solo un mes para que la escuela terminase y la realidad lo golpee, lo sabe, pero no lo acepta.

—Ey, idiota. Todos estamos preocupados, estás a punto de reprobar —Kevin se sienta al lado de su amigo, mirándolo preocupado.

—No e interesa —se queja, recostándose en el regazo de su amigo.

—¿Sabes? —rompe el silencio, acariciando los cabellos de Nat —; Eddy está muy triste. No es justo que desperdicies su mes juntos estando así. Si yo fuera tú, aprovecharía el tiempo al máximo.

Nathan sopesa aquellas palabras, el de ojos verdes tenia tanta razón, debía usar ese tiempo para que fuera el más feliz de toda su vida, tal vez el único momento.

—Tienes razón. Soy un idiota —se frota los ojos, húmedos por la tristeza que lo invade. Kevin le sonríe acariciando su cabello, tal vez no sepa como se siente, pero se lo imagina, y de verdad que duele.

XXX

—T-tengo miedo. ¿Y si no voy?

—Vamos Kev, no seas gallina, sólo te quedan diez minutos, la impuntualidad no es aprobatoria para los padres de Doble D, eso habla mal de ti —explica con el dedo levantado y los ojos cerrados, en un aire de sabelotodo.

—Por Dios, lo practicaste miles de veces —se queja Eddy recostándose en el escritorio del pelirrojo. Nat sonríe nostálgico con los ojos entristecidos, pronto su pequeño se iría de su lado, aún no se hacía a la idea, eso hacía que el dolor aumentará.

—Bueno, creo que ya es hora —suspira tratando de tragarse los nervios, todo el cuerpo le tiembla y transpira aún más que en las prácticas de futbol. Los tres bajan las escaleras, Nata a la par de Eddy.

—Bien, ¿flores?... ¿aliento?... ¿ropa? —el dueño de casa de sa una vuelta, dejando ver sus ropas; una camisa blanca formal acompañada de un chaleco de traje con un moño negro, unos pantalones de tela fina y unas zapatillas también negras.

Nat chifla, su amigo se veía increíble, aquella gorra roja ha desaparecido de esa cabellera bien peinada, Edd lo dijo Las gorras son de muy mala educación para una cena tan importante.

—¡Hermano, estas más que listo! Lo vuelvo a repetir, si me gustará que invadieran mi interior y me den por el culo saldría contigo bombón —le guiña el ojo dándole una palmada en el trasero.

—Muy bien, muy bien, déjame ¿quieres? Es hora de irme. Por cierto, diviértanse todo lo que quieran —ríe Kevin pícaro saliendo de la casa.

Nat y Eddy se quedan sumidos en un incomodo silencio, ambos con la mirada pegada en el piso.

—Oye Eddy, ¿quieres jugar? —el más bajo se sonroja, sabía lo que esas palabras significaban, y aún no se acostumbraba. Eddy se sonroja al sentir las manos de su novio rodearle por la cintura. Pronto su cuello se llena de besos y gemidos acompañados de palabras inentendibles.

—N…Nat —pronuncia echando la cabeza hacia atrás.

Kevin se limpia las manos sudorosas en su pantalón, tomando fuertemente el rapo de flores coloridas, toma aire y reteniéndolo toca el timbre; moviendo impasiente sus piernas espera a que la puerta sea abierta.

—Kevin, justo a tiempo, mis padres están comenzando a cuestionarme.

—Lo siento. Vivo demasiado lejos —ambos ríen en voz baja ante la absurda broma.

—Pasa —se hace a un lado, al entrar el pelirrojo observa el pequeño pasillo, deteniendo su mirada en todos los cuadros que adornan las paredes —. Sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad?

—¡Claro! Tengo que hablar del pie de atleta de Nat.

—Kevin, por favor —se queja acomodando el moño de una manera "decente".

—Vamos cariño, lo tengo todo bajo control, ¿confías en mi? —acaricia su mejilla con ternura, antes de cualquier otra palabra le da un pequeño beso en los labios.

—Modales Kevin —le advierte peinando un rebelde mechón, se toman de la mano y entran a la sala de estar; el pelirrojo se queda de una pieza, aquellos ojos cafés calaban su alma, tenían un poder impresionante para intimidar.

Traga saliva estremeciéndose, nervioso Edd le golpea suavemente en las costillas para hacerlo despertar.

—L-lo siento —carraspea la garganta no solo para aclararla sino también para hacerlo con su mente —. Buenas noches, lamento tanto la demora —el padre de Edd, un hombre alto e intimidante, de ojos café oscuro y helados que se notan a través del cristal de sus anteojos, su cabello corto a cepillo de un tono grisáceo y una barba de tres días. Su madre, una mujer de baja estatura, cabello hasta los hombros recogido en un moño a la mitad de su cabeza, sus ojos son claros, como los de Doble D, sus labios son pequeños brillosos por el color carmín que portan, su rostro muestra un par de lentes de armadura fina; Kevin se extraña ante esto, ¿por qué Doble D no portaba gafas? Las usaba, lo sabía, pero no parecían necesarias.

El pelirrojo entrega el ramo de tulipanes –las favoritas de la dueña de casa-, y un par de mancuernas en forma de herraduras para el señor.

—Pasemos al comedor —ofrece la mujer haciendo un ademán, indicando el camino, los hombres se dirigen al lugar indicado y toman asiento en la mesa de seis sillas, Kevin al lado de Edd y esté al lado de su padre quien, sentado a la cabeza, sigue con la misma expresión fría y serena. La madre de Edd llega después de unos incómodos minutos de silencio con un refractario entre sus manos y una radiante sonrisa; el de ojos verdes nota una abertura entre la dentadura, casi imperceptible, ahora sabía de dónde ha heredado eso su chico. Es una réplica casi exacta de su madre.

Ya todos sentados la mujer sirve los alimentos en un perfecto orden, los verdes miran atento el pollo al jardín, el puré de papas y las verduras humeantes, su estomago rige pidiendo alimento, como un monstruo exigiendo ser enterrado, los nervios le abrieron el apetito. Con la mano toma una mini zanahoria; el mayor frunce el ceño molesto, Edd se da cuenta y golpea levemente con su rodilla la de su novio.

—Modales Kevin —susurra entre dientes, el otro se da cuenta de su error, tomando con rapidez los cubiertos.

—L-lamento mucho m-mi…

—Es increíble que Eddward traiga amigos a casa —la gruesa voz del padre de Edd lo interrumpe, su rostro se torna rojo, internamente se dice "idiota" una y otra vez, lo había arruinado.

—Pa…padre yo… t-tenemos que… yo —ahora es turno de él tornarse rojo, Kevin sonríe enternecido, toma la mano del otro para darse –a ambos- confianza.

—Yo no soy amigo de Edd, señor… soy su novio —la sala entera se hunde en un silencio tenebroso y oscuro, como el de una película antes de que el suspenso de la historia se haga presente y todos salten del susto.

XXX

—Aaah, N-Nat…

—Sí~ Oh Eddy, eres delicioso —su lengua sale y se pasea por el cuello del otro provocando jadeos, temblores y gemidos. Antes de poder adentrarse en la cavidad de su chico el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose violentamente acompañado de cosas rompiéndose los sobresalta —- ¿Qué demonios…? —extrañdo se levanta, coloca sus pantalones y sale de la habitación.

Eddy hace casi lo mismo, solo vistiendo unos calzoncillos y la holgada camisa del de ojos miel; ambos bajan las escaleras aún escuchando el desastre de quien-sabe-quien junto con algunas maldiciones.

—¡Kevin! Por el amor de… Basta, deja eso —le quita la figura de porcelana chica, lo toma de los hombros y lo empuja para que quede sentado en el sofá individual.

—Cabeza de calcetín, ¿qué sucedió? —El aludido levanta la vista –que antes se hallaba escondida entre sus manos- dejando a la vista su mejilla roja y su pomulo hinchado.

—E…Eddy —gimotea cubriendo de nuevo su rostro para llorar amargamente. Preocupado, el de estatura baja se sienta al lado de su amigo para abrasarle y prestar atención a los gritos del pelirrojo.

—¡Es un maldito hijo de…!

—¡Kevin! Aún es tu suegro, no hables de esa forma —corta sus palabras poniendo su mano en la boca del otro —. Estas horrible hermano.

—Hubieras visto como deje a ese imbécil —maldice entre dientes colocando una mano en su labio que sangra casi a chorros.

—Entonces… no resulto nada bien, ¿cierto?

—¿Tú qué crees? —pronuncia enojado, Nat hace un gesto molesto, Kevin suspira —. En cuanto le confesamos nuestra relación el tipo se puso loco, nos insulto, arrojo la comida, se levanto y le gritó a Edd en la cara. Después lo golpeo, yo me metí, me empujo lo empuje, nos gritamos, maldijimos y… él lanzo el primer golpe; lo demás es historia.

El trió se queda en silencio, escuchando los sollozos del pelinegro.

—Y… ¿qué paso con…? —Nathan señala a Edd con un gesto.

—Lo corrieron de su casa, mañana iremos por unas cuantas cosas —responde limpiando su boca y nariz con la manga de su camisa. Eddy mira preocupado a su amigo, le acaricia la espalda tratando de reconfortarlo.

—Edd —el de ojos miel se acerca a él, rodeando sus hombros con un brazo —, ten el consuelo que te quedarás con ese idiota —apunta con la cabeza a Kevin riendo levemente.

Todos saben a lo que se refiere, con expresión afligida Eddy toma la mano de su novio, ve unas cuantas lagrimas surcar sus mejillas; el pecho se le comprime, sentía tanta culpa, ese no era el Nat del que se había enamorado sino todo lo contrario, y eso a causa de él. Los tres tratan de consolarse entre sí mientras Kevin piensa en cómo matar a su querido y adorado "suegro"; se soba las sienes escuchando los sollozos. Ser gay era una mierda.

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¡Hola gente bonita! Lamento muchísimo el ausentarme pero no eh tenido mucho tiempo disponible. Well, equis. Gracias por llegar hasta aquí y seguir leyendo. Ustedes me ayudan a seguir escribiendo con cada review que recibo. Gracias por leer y todo ese largo protocolo que me encanta agregar.

¡EL FINAL SE ACERCA YA! No recuerdo si ya lo dije pero después del final eh escrito dos one-shots super sexosos que espero pronto puedan leerlos.

Por cierto la respuesta de los sesenta y cuatro pesos del "usuario" »Alguien«. ¡SI! Mi segundo OTP favorito es RinHaru.