Volvió a abrir sus ojos y vio un extenso campo verde a través de una ventana, el viento soplaba y movía el pasto dando la ilusión de moverse en olas.
El paisaje le era familiar, lo había visto muchas veces en diferentes situaciones. Era una pista improvisada. En fila, aparecieron varios aeroplanos, junto con ellos, ingenieros, ayudantes y pilotos se manifestaron como si dios los hubiera creado.
Confundido intento abrir la ventana y salir pero está estaba firmemente cerrada. La golpeó y pateó con toda su fuerza, fue inútil, no le causó ningún rasguño, grito intentando llamar la atención de los que estaban afuera pero no lo escuchaban. Mientras su mente intentaba encontrar la lógica de lo que estaba pasando, una puerta, que no estaba allí antes, se abrió.
Volteo a ver a la persona que entró a la habitación, era casi de su misma estatura, de ojos azules y cabello rubio cortado al estilo militar. Llevaba una gorra de capitán y uniforme, en este se distinguía una medalla, la Pour le Mérite.
Lothar no pudo evitar abrir la boca anonadado, sus ojos luchaban para no llorar pues aunque no entendía lo que pasaba, sabía que a su hermano no le gustaba verlo llorar y por instinto y costumbre, se puso firme y saludo.
Manfred dio una fuerte risotada y avanzo hasta llegar al lado de su hermano. Puso una mano en su hombro y lo miro por unos segundos, ya sabía lo que había pasado, pero volver a ver y tocar a su hermano le causaba la sensación de que estaba viendo un espejismo.
Se recompuso y saludo a su hermano, no era un espejismo, aquí estaba, después de años lo volvía a ver.
-Descansa- dijo suavemente con una sonrisa.
Lothar no reaccionó de inmediato. Su mente estaba despejando la neblina de la confusión y le daba ideas de lo que pasó. Bajo su mano y relajo su postura. Tomo una gran bocanada de aire
-Manfred- su voz se quebró -estoy muerto, ¿Verdad?
Su hermano mayor volvió a poner su mano en su hombro.
-Así es Lothar- respondió con un suspiro -Un accidente. No fue tu culpa, un motor falló.
Lothar soltó la bocanada de aire que había tomado, sintió sus pulmones vacíos. Era lo más obvio, siempre era lo más obvio. Tomo aire de nuevo y miro a su hermano a los ojos.
-Al final, compartimos un destino similar- una débil sonrió apareció en su rostro -Creo es que lo más apropiado para un piloto.
Regreso su mirada la ventana, varios aeroplanos habían despegado y ahora podía ver los aeroplanos de cada esquina, uno totalmente rojo y el otro solo con las alas pintadas.
-Ya tendrás tiempo de enterarte de todo y pensar después- Manfred se alejó y volvió a la puerta -¿Quieres dar un paseó?
Ambos rieron y Lothar asintió, salieron al campo y fueron saludados por los ingenieros. Subieron a sus aeroplanos, los ayudantes terminaron los últimos preparativos e dieron marcha a las hélices al mismo tiempo.
El cálido viento golpeaba su rostro con suavidad, la tierra se alejaba poco a poco hasta convertirse en un mar verde. Al mirar a su derecha vio a su hermano, la alegría infantil con la que pilotaba era la misma que había visto el día en que lo vio por última vez. Ahora entendía esa alegría que tanto le desconcertaba en sus días en la Jasta 11, volar le daba libertad.
Después de tantos años, los hermanos Richthofen volvían a volar juntos.
