Disclaimer: No soy dueña de Potter, ni de Voldemort, ni del pollo al horno. Sólo gano plata trabajando, así que no molesten. Y a los que leen: ¡a divertirse!
Junio 30, 1995.
Odiado y repodrido Diario:
Hoy el mundo podría volar por los aires y a mí no me importa. La vida es injusta, el universo entero se ha complotado contra mí. La-
MALDICIÓN Y RE-CONTRAMALDICIÓN, MALDITO PENDEJO POTTER!!!
POR QUÉ NO SE MUERE DE UNA VEEEEEEEEZ!!!???
Debería estar feliz. Debería tener al mundo mágico muerto de terror, y la cabeza de Potter de apoya-pies. Pero no. El maldito 'niño que vivió dos veces y ya me harta la paciencia' se me ha desaparecido frente a mis ojos. Literalmente.
Ah, esa noche sería la noche. Tenía mis discursos preparados (floridos y ricos en imágenes sensoriales y otros recursos literarios), tenía todo planeado. Excepto lo del polizón que llegó con Potter. Pero eso salió bien. Para mí, claro. Esa noche volvería a ver a mis mortífagos, esa noche sería testigo de mi regreso triunfal.
Supongo que deberé contarte algo, así comprenderás por qué, a pesar de estar escribiendo con mis nuevas manos, me siento tan molesto.
Estábamos esperando con Colagusano cerca de la tumba de Riddle Senior. El roedor me llevaba en brazos, imagen enternecedora, ¿no? De repente, vimos la fluorescencia que precede a una aparición con traslador. La Copa de Júnior había funcionado. Allí estaba Potter y otro estudiante. Parece que habían empatado. Colagusano lo despachó rápidamente y enseguida amarró a Potter.
Esto me sorprendió mucho de él, temía que la estupidez de mi peor mortífago arruinara algo, que Potter se le escapara, que volcara el caldero, o que arruinara mis planes con alguna de sus habituales estupideces. Sin embargo lo hizo bien. Por eso, por supuesto, es que decidí que Nagini no se lo comerá. Nagini está muy ofendida. Porque además tampoco se pudo comer a Potter.
Ah, qué hermosa sensación, volver a sentir mis largos brazos, poder caminar por mí mismo. Ver el mundo desde arriba, en todo sentido.
Durante casi una hora fue la felicidad absoluta. Estaba vivo, tenía a Potter a mi merced, Colagusano lloraba, mis mortífagos estaban aterrados y embelesados, ¿qué más podía pedir?
Pero no, tuve que comportarme de manera honorable. Es la última vez que lo hago.
Dime, estúpido cuaderno muggle, ¿por qué le di a Potter la oportunidad de defenderse?
¿Por qué no lo maté allí nomás? ¿Acaso tenía miedo de que alguien me llamara cobarde por matar a alguien desarmado y amarrado? Primero, ninguno de mis mortífagos tendría el valor para hacerlo. Y segundo, ya lo he hecho antes.
El momento más emocionante fue cuando regresaron ellos. Se arrastraron ante mí como debían. Lo mejor fue cuando les dije que 'olía culpa'. Ja, lo único que se olía era el sudor de Colagusano. Y un penetrante olor a muertos descomponiéndose. Pero ¿a culpa? ¿A qué olerá? Sin embargo surtió efecto, al instante estaban todos temblando como postrecitos de gelatina. Luego les reproché su ausencia, su falta de respeto, su temor al Viejo caramelómano. Ya no sabía cómo seguir, hasta que:
¡Amo! (claro, ahora te acuerdas) ¡Perdóneme, señor! ¡Perdónenos a todos!
Craso error
¡Crucio!
Nunca deben pedirme clemencia. Es como pedirle a Potter que se muera.
Y así seguí, reprochando sus ausencias en el pasado, felicitando por su crueldad a algunos. Mirando amenazadoramente a otros. Por supuesto, no perdí la oportunidad de decirles que los Lestrange eran los mejores, junto con 'mi fiel vasallo que está en Hogwarts'. No les dije quién era, que piensen un poco, para variar. Y aproveché para recordarles qué ocurre con los traidores y cobardes. No les di nombres, pero seguro que muchos se habrán sentido aliviados de no llamarse 'Karkaroff' o 'Snape'. Dije que el cobarde me las pagaría. Y pagó. Y no con pollo al horno.
Luego les conté cómo volví, y no me explayaré en esos detalles, ya que todo lo escribí aquí durante el último año. Todavía me pregunto lo mismo que les dije a ellos. ¿Cómo me creyeron muerto? Saben que he ido más lejos que nadie buscando la inmortalidad. Obviamente, no tienen idea de cómo lo hice, lo cual prueba lo idiotas que son. ¿Acaso no se imaginan que he investigado las más negras profundidades del las Artes Oscuras?
Y luego el peor error. Dejar que Potter se defendiera. Las varitas se conectaron de forma extraña, eso no me lo esperaba. Aparecieron figuras de idiotas que maté, y se me acercaban a insultarme en voz baja. Incluso la sangre-sucia tuvo el valor de decirme 'Pronto te nos unirás'. Y el viejo muggle dijo algo de un infierno. Y la conexión se deshizo, y Potter corrió, y Potter desapareció. Y yo me enojé. Mucho. Así que repartí unas cuantas maldiciones. Y seguí enojado. Sacadísimo. Me encerré en la habitación principal de la Mansión. Que mis 'fieles vasallos' se recalentaran la cabeza pensando qué debían hacer. Júnior no volvió. Parece que un dementor se sobre entusiasmó tanto al verlo que lo besó. Era una noche para la gloria. Y Potter la arruinó. Nada podía mejorarla excepto…
¡Mi Lord! ¡Señor! (ése era Lucius)
Qué.
Es Snape, Señor, vino Snape.
Al menos esa noche pude divertirme un poco. Mañana te contaré.
Tuyo, Lord Voldemort.
Notita para los no-argentinos: 'sacado' es terriblemente furioso, muy, pero muy enojado.
