Julio 2, 1995.
Querido Diario:
Sí, tal como verás, nuevamente te estoy llamando 'querido'. No es porque te quiera, yo no quiero a nadie. Yo sólo quiero poder, inmortalidad, y esclavos que me apantallen. Sin embargo, ya que deberé seguir escribiendo tus páginas, creo que será mejor que volvamos a estar en buenos términos.
Te preguntarás, querido Diario, por qué deberé escribir en tus páginas si hace poco más de una semana me despedí de ti. De hecho, me resulta extraño que no me lo hayas preguntado antes. Aunque, en realidad, nunca me preguntaste nada. ¿Qué clase de Diario Íntimo no se preocupa por su dueño? Ah, claro, un sucio cuaderno muggle. Bien, aclarados estos términos, procederé a explicar por qué he seguido escribiendo aquí luego de mi despedida.
Yo planeaba volver a utilizar mi primer Diario, que también era un sucio cuaderno muggle pero que luego de diversos maleficios se convirtió en un excelente receptáculo para mi memoria y mi alma. No hablo metafóricamente ni estoy siendo poético ni romántico. Lo había 'escrito' a los 16 años. En él sólo puse el recuerdo de cómo abrí la cámara de los secretos. Es decir, eché allí mi memoria como si se tratara de un Pensadero, sin el inconveniente de tener que quitar el recuerdo de mi cabeza. Y luego encerré una parte de mi alma. Así, sería inmortal. Supongo que, sucio cuaderno muggle como eres, no sabes lo que es un horcrux. Bien, no te lo explicaré. Con lo que te he dicho tienes suficiente para razonarlo por tu cuenta. Mi precioso Diario era un horcrux. ¿Por qué 'era'? Por el estúpido de Lucius.
Hace una semana Lucius estaba muy feliz por mi regreso. Hoy no podría decir lo mismo. Snape estaba en la cocina preparando la cena. Lucius estaba con mala cara, él esperaba que yo no perdonara a Severus, y que se los entregara para que se divirtieran y practicaran algunos imperdonables. Sin embargo, simplemente no me podía enojar con el maestrito de pociones. No cuando pone esa cara de perro apaleado y lloriquea diciendo que es alérgico… en fin, Lucius pronto se encontró picando cebollas. Yo lo oía quejándose de que la cebolla lo hace llorar, y que por qué no la picaba Snape mismo si tanto le importaba que quedara cortada en tiritas. Pobre Lucius… de haber sabido que pronto lloraría por otra causa, se habría callado la boca.
Mafoy, dije en tiras, no cuadraditos.
No son cuadraditos, Snape, son tiras cortitas.
Con razón a tu hijo lo supera Granger, corta los ingredientes al igual que su padre…
¡No compares a mi hijo con la sangre sucia!
La sangre sucia al menos distingue tiras de cuadraditos.
Y aquí Malfoy dijo lo que no debía:
Ah, Snape, ni que se te fuera el alma en este estúpido pollo…
Alma… eso me recordaba a algo.
Lucius. Debemos hablar.
¡Crash, plink, bonk!
Se cayó la tabla para cortar, el cuchillo y el bol con las cebollas. Snape maldecía y se lamentaba al mismo tiempo: ¡Malfoy, estúpido, el Señor tenebroso ahora se las agarrará conmigo! ¡Fuera de mi cocina! Las cebollas en el suelo, no, ¡ahora me bañará en Veritaserum!
Pero Snape estaba fuera de peligro. Aunque en ese momento ni yo lo sabía.
Dime, Lucius, ¿todavía tienes mi Diario?
¿S-su Diario, Señor?
Sí, Lucius, un montón de hojas de papel entre dos tapas. Se usa para escribir memorias. Quiero que me lo devuelvas, no puedo seguir escribiendo en este cuadernillo muggle. No es digno de mí.
Pero ese cuadernillo le queda bien, mi Señor, hace juego con sus ojos…
Quiero. Mi. Diario. Ahora. (Mirada de 'prepárate para un crucio')
Eeeh… es que no sabía q-que vendría a-aquí, mi Señor, eeeeh, y lo dejé en casa-
Quiero. Mi. Diario. Ahora. (Mirada de 'pronto desearás que fuera crucio')
¿A—hora? Narcisa estará durmiendo, S-señor, y-
¡Nagini! Cómete a Lusssssiussss.
¡Ssssssí!
Malfoy no distingue tiras de cuadraditos, pero cuando una serpiente gigante repta en dirección a él con la boca abierta es capaz de atar cabos.
¡S-señor! ¡Su serpiente me quiere comer!
Excelente deducción, Lucius. Nagini, espera un sssegundo, ¿ssssí?
Sssssiempre esperar. Algo me dice que no sssssssenaré Malfoy esssssta noche.
Y no, Nagini no se cenó a Malfoy, pero creo que Lucius hubiera preferido ser comido por ella antes que vérselas conmigo. Quise que Snape me preparara algo de Veritaserum para hacer confesar a Lucius, pero luego recordé que arruinaría la poción con sus estornudos, o lo que le pase. Además desatendería la cena. De todas maneras, a falta de Veritaserum, nunca vienen mal los cruciatus o la legilimensia. Y Lucius confesó. Estúpido Lucius. Imbécil, estúpido, bueno para nada Lucius. Aunque el insulto que más le dolió fue:
¡¡¡Eres peor que Colagusano, Malfoy!!! ¡¡¡Te quedas sin cenar!!!
Y ahí se dio cuenta de que estaba perdido. Sin embargo (esto no se lo dije) no podía matarlo. Si matara a todos los que me traicionaron, no me quedaría ninguno. Así que sólo envié a Lucius a su casa 'a esperar mi veredicto'. No pensaré nada, pero dejaré que tiemble unas semanas. Ahora debo dejar el pasado atrás y pensar en mis nuevos planes, que me entregarán a Harry 'la tercera es la vencida' Potter.
Ni que el Diario fuera mi único Horcrux.
Tuyo, Lord Voldemort.
Notitas: ya saben que yo sé que 'cenar' va con 'c'.
Ahora les pediré su atención para algo que me parece sumamente importante.
La palabra 'legilimensia'. ¿Por qué la cambié? Sé que Salamandra la tradujo del inglés 'legilimens' al castellano 'legeremancia'. Cambiar legili por legere no cambia demasiado, sólo que legere es en latín 'leer', y ya nuestro querido Snape explicó que 'leer' es un error muggle, ya que la mente no es un libro que uno pueda abrir y leer a gusto. Sin embargo, y aunque pequeña, la diferencia es importante. La mente no es legible. Pero sí 'inteligible'. Por eso Rowling llama 'legilimens' y no 'legeremens' a quien practica esta rama de la magia. Y si en el original está en latín, ¿por qué traducirlo?
La segunda parte de la palabra es la que verdaderamente tiene un error. Entre legili y legere hay una diferencia muy sutil. Pero entre 'mens' y 'mancia' no hay parecido. 'Mens' significa, en latín, mente. Y 'mancia' viene del griego, y significa lectura. Así que, mis queridos lectores, Salamandra cometió la estupidez de crear una palabra que significa 'lectura de la lectura': legeremancia. Yo escribí 'mensia' para mantener la raíz latina que significa mente. Por lo tanto al tener 'legilimensia', tenemos entendimiento de la mente. Lo que explicó Snape.
Si leyeron esto, los felicito y les agradezco, saben que amo el lenguaje. Y si encima lo entendieron, les dedicaré el próximo capítulo.
Besos.
