Diciembre 15, 1995.
Querido Diario:
Snape vino a traer noticias. A decir verdad, no tenía ninguna noticia que me importara. Si hubiera sido otro mortífago, o si hubiera sido un día nublado, le habría respondido con mi varita (ésa es mi respuesta favorita). Pero como el día estaba lindo (a pesar de estar en diciembre y con dos metros de nieve) y era Snape, lo dejé pasar.
Te preguntarás por qué le dejé pasar una a Snape cuando suelo tener que soportar sus quejas. Es que ya desde hace semanas que no lo hace. ¿Acaso Dumbledore le habrá dicho que ya no me moleste a mí? ¿Creerá ese Viejo ridículo que poniéndome de mejor humor terminará la guerra? Iluso. Cuanto mejor es mi humor, mejor irá esta guerra. Para mí, claro. ¿El día es bello y me levanté alegre? Celebrémoslo matando sangresucias.
Lo que puso de excelente humor a mi maestro de pociones favorito fue una decisión de esa tal Umbridge. Snape no la soporta, pero desde que echó a Potter del equipo de quidditch, se ha transformado en su preferida.
¡Crucio! Yo soy tu único preferido.
Para que aprenda. Y en el último partido (no recuerdo contra qué Casa, cuando está entusiasmado habla demasiado rápido) ganó Slytherin. Como Lord malvado que soy, hubiese quedado mal que saltara de regocijo, así que me limité a una media sonrisa inclinando mi cabeza. Siempre me alegra que Slytherin demuestre la superioridad de su sangre. Aunque sea con un tonto partido de quidditch. Y aunque los dos slytherins más talentosos seamos mestizos. Y Snape toda vía cree que no lo sé. Pero al menos estaba contento y no tuve que oírlo quejarse. Así que decidí premiarlo y le permití que me preparara el almuerzo.
¿Pollo al horno, mi Señor?
No, Severus, hoy quiero varénikes.
No conozco eso, mi Señor, quizás le agrade-
Pues averígualo, Snape. Recoger información es tu especialidad. Y ya que no averiguas datos importantes de la Orden, al menos averigua una nueva receta.
Una sutil forma de advertirle que la próxima vez que no traiga información, haré que se arrepienta. Ahora salió corriendo a averiguar sobre los misteriosos varénikes. Tendrá que correr hasta Polonia.
Tuyo, Lord Voldemort.
Diciembre 20, 1995.
Querido Diario:
Mis mortífagos me decepcionan. Ya no los hacen como antes. No comprendo a los pacifistas. Años de paz han vuelto a mis fieles seguidores en un grupo de gordinflones perezosos. Hasta Lucius tiene panza. Evidentemente se ha dado a la gran vida. Avery también tiene sobrepeso. Crabbe y Goyle piensan más lento que antes. Son un caso perdido. Mcnair es el único que se mantuvo en forma. Ya he hablado antes del bajo peso de Snape, pero de él me importa su talento para las pociones, la cocina y el espionaje. Aunque no le vendría mal mantenerse en forma, nunca se sabe cuándo se deberá salir corriendo. Cuando vuelva de Polonia (si es que el imbécil decide llegar hasta ese extremo) le ordenaré que comience a alimentarse como es debido. Y mis mortífagos que están en Azkaban… catorce años de encierro. No creo que los hayan dejado ejercitarse. Pero la locura acumulada en prisión servirá. Sé que desean servirme nuevamente. Ah, si Bella estuviera aquí. Ya hubiera conseguido la estúpida profecía. Hasta ahora lo único que he logrado es que un idiota de la Orden termine en Azkaban. Y por apenas unos meses. Y ni siquiera uno talentoso. Si al menos fuera Lupin, o el mismísimo Dumbledore. ¿Por qué no va él a montar guardia? ¿Los subalternos son prescindibles? ¿Qué clase de líder se queda a salvo en sus cuarteles y envía a otros a la muerte?
…
Yo, claro.
Ah, debería ir yo mismo. Creo que enviaré a Nagini. Es como si fuera yo. Así además me la saco un poco de encima. Ahora se le metió en la cabeza que quiere comerse a Snape.
Ésssse ussssa pielessss de sssserpiente en ssssusss possssscionesssss. Y sssse quejjjja de todo. Y no trae infffformasssción. Y-
Sssssufffissssciente. Sssssnape esssss muy valiosssso. Pero te podrásssss comer al que esssssté de guardia. Desssspuéssss de que consssigassss lo que busssscasssss.
Ssssiempre desssspuésssss.
Sé que Nagini lo logrará. Ésta será una feliz Navidad.
Tuyo, Lord Voldemort.
