Febrero 8, 1996. Las ideas extremistas de Bella.
Febrero 8, 1996.
Querido Diario:
Las cosas comienzan a ponerse pesadas. Snape se está comportando bien en lo que respecta a las lecciones de Oclumensia, eso es cierto. Sé que Potter visita todas las noches el departamento de misterios. Y sé que está casi todo el día en mi cabeza. Ahora comprendo a Nagini. Sé que le reproché que no completara su misión el día en que la mandé al ministerio. Pero ahora que sé lo que se siente tener a Potter en la cabeza, la compadezco.
Yo he dicho que fui un adolescente complejo, pero mis problemas pasaban por cuestiones simples como el poder, la muerte y la dominación. Potter piensa en chicas, en Sirius 'no puedo salir ni a comprar matapulgas' Black, en no hacer sus deberes, en no practicar cosas útiles y en su estúpida e inútil revolución. Le he dicho a Snape que haga la vista gorda con esa sociedad secreta… Que esos niños crean que están ayudando, que crean que están haciendo algo valioso. Y luego será más divertido vencerlos. Eso lo aprendí del jueguito de Bella. Que el enemigo crea que está a salvo, que está preparado, ¡y le dolerá más la derrota! Además, lo interesante de dar falsas esperanzas es el intenso placer que se siente al ver al otro perderla. Es como la cara que pone Colagusano cuando le lanzo unos cuantos cruciatus luego de decirle que lo he perdonado. Y el idiota aún me lo cree…
Hablando de Colagusano. La libreta que me regaló en Navidad está cada día más llena. No sólo hice la lista de mis mortífagos y sus reacciones ante mi enojo. Agregué los tres castigos ejemplares y un nuevo ítem: leyes de Lord Voldemort. Ya puse varias…
Si lo digo es Ley.
Si lo pienso es Ley.
Si no se enteraron no es mi problema. Sigue siendo Ley.
La culpa la tiene Colagusano. Él debería encargarse de comunicar la Ley.
Bella vigila la cocina.
Prohibido quejarse.
Ésa la hice especialmente por Snape, ya había comenzado a abrir la boca cuando le comuniqué, el miércoles pasado que de ahí en más Bella vigilaría las actividades de la cocina. Más allá del fuego cruzado, la cena de bienvenida había estado deliciosa, y sé que eso es porque Bella vigilaba. Así que tomé esa decisión. Y Snape no se quejó… ¡Pero se declaró en huelga!
Creo que ya no deberé comparar a mis vasallos con empleados. Huelga… habráse visto. Lo peor es que no pude alcanzarlo con ningún maleficio. Se desapareció diciendo que llegaba tarde a la clase con Potter. Así que me quedé con Bella planeando la represalia. Ya dije que no puedo usar los castigos ejemplares con mis mortífagos, no lo quiero desmembrado ni convertido en hombre lobo. Bella me dio buenas ideas, aunque un poco extremas.
_ Mátalo, milord. Que se lo coma Nagini
_ Ssssí, sssí, shshshshsho aposhshshso esssssa idea. Esssta Bella me cae bien.
_ Descuártizalo, milord, dáselo a Colagusano, eso lo humillará.
_ La idea es que sobreviva para lamentarlo, Bella.
_ ¿Que cocine mañana al mediodía y que Lucius corte la cebolla como quiera?
Tal como dije, Bella se va a los extremos. Matarlo me parece demasiado, aunque declararse en huelga es castigado con la muerte en varios países; y lo de las cebollas me parece muy poco. Creo que me limitaré al cruciatus. Ya he dicho que soy un clásico.
Tuyo, Lord Voldemort.
Febrero 9, 1996.
Querido Diario:
El cruciatus nunca pasa de moda. Ahora Snape está en la cocina muy calladito preparando el almuerzo bajo la estrecha supervisión de Bellatrix. Se disculpó de muchas maneras diciendo que las clases con Potter lo alteran y que no quiso hablarme así, y que lo de la huelga se le escapó porque es algo muy normal en el gremio docente. Y que es lo que desearía decirle a Dumbledore, porque ya no quiere enseñarle más a Potter.
_ ¡Crucio! ¿Si dejas de enseñarle cómo haré para entrar en su hueca cabeza?
Así que ahora prometió no volver a mencionar el asunto, y que se esforzaría por complacerme. Hasta le hice decir que estaba muy complacido con la labor de Bella en la cocina. Por supuesto, estábamos solos. Sé que ni el más fuerte crucio le haría reconocer eso ante Bella. Está celoso de ella porque ya no es más mi mortífago más eficiente. Y porque a Bella sí la escucho cuando me cuenta de sus días en Azkaban, pero ya no lo dejo a él quejarse de Dumbledore.
_ Milord, lo que yo le digo de Dumbledore es útil, ¿de qué le sirve saber lo húmedas que son las paredes de Azkaban?
_ ¡Crucio!
Y se calló y me agradeció por poner a Bella en la cocina a supervisar.
Lo que la tortura logra… y las Naciones Unidas de los Muggles la prohíben.
Tuyo, Lord Voldemort.
