-¿Qué decir?, ¿qué hacer?- Preguntas que continuaban vagando por la mente de la joven tortuga mientras observaba los alrededores sin apreciar la belleza de la habitación que le rodeaba. Un cuarto revestido de historia y cultura con un toque japonés tan particular que probablemente habría admirado si se tratase de algo diferente. Sin embargo, esta vez la razón no sólo invocó su tristeza acompañada de frustración, si no ira por la facilidad de su captura.
Él quien en algún momento de su vida fue un líder, un guardián, un protector. No era más que una falla a sus ojos. Lo que más le dolía era que jamás volvería a ver a su familia. Todo por un mero descubierto generado de un berrinche que simplemente debe ignorar. Los dedos verdosos cubiertos de escamas se derraparon acariciando al superficie que componía su prisión consciente de que eso era lo más que podría hacer en ese momento, mientras su rodilla ahora rota reposaba de manera dolorosa sobre la arena del habitáculo y es que esa era su vida en esos días, relegado a convertirse en una mascota nada más.
-¿Estarán bien todos?, ¿Se habrán dado cuenta de mi ausencia?, ¿Les importará?- Los cuestionamientos inundaron su mente dejándolo especular sobre un sinfín de teorías, mientras se negaba admitir que jamás volvería a casa. Algo que podría ser realidad si no atendía la herida de su pierna adecuadamente, con una rodilla dañada a ese nivel jamás podría volver a caminar lo que lo limitaría completamente. Como pudo arrastro su figura para recargarse contra la superficie del vidrio antes de pasar la mano por su rostro, trazando lentamente el borde de un bozal aparentemente diseñado para reducir por completo su habla.La cerradura electrónica no permitió que sus intentos de retirarlo fructificaran dejándolo con feas alrededor de su cara, la realidad es que el objeto no salía a menos que sucediera alimentarlo, por lo que el resto del tiempo lo llevaba con vergüenza mientrasba una y otra vez las palabras de su captor afirmando que las tortugas no tienen permitido hablar la lengua del hombre. Despojado de todo lo que lo identificaba como un individuo, vendas, protecciones, armas y máscara; se resguardo en un rincón buscando ocultar las lágrimas que se formaban al revivir las palabras de su padre, quien les advertía sobre subir a la superficie. Recordó los relatos sobre los humanos sin conciencia que realizarían experimentos o los mantendrían en jaulas sólo porque eran diferentes.Historias que los aterrorizaban cuando niños impedían que exploraran las zonas superiores sin autorización. Despojado de todo lo que lo identificaba como un individuo, vendas, protecciones, armas y máscara; se resguardo en un rincón buscando ocultar las lágrimas que se formaban al revivir las palabras de su padre, quien les advertía sobre subir a la superficie. Recordó los relatos sobre los humanos sin conciencia que realizarían experimentos o los mantendrían en jaulas sólo porque eran diferentes. Historias que los aterrorizaban cuando niños impedían que exploraran las zonas superiores sin autorización. Despojado de todo lo que lo identificaba como un individuo, vendas, protecciones, armas y máscara;se resguardo en un rincón buscando ocultar las lágrimas que se formaban al revivir las palabras de su padre, quien les advertía sobre subir a la superficie. Recordó los relatos sobre los humanos sin conciencia que realizarían experimentos o los mantendrían en jaulas sólo porque eran diferentes. Historias que los aterrorizaban cuando niños impedían que exploraran las zonas superiores sin autorización. Recordó los relatos sobre los humanos sin conciencia que realizarían experimentos o los mantendrían en jaulas sólo porque eran diferentes. Historias que los aterrorizaban cuando niños impedían que exploraran las zonas superiores sin autorización.Recordó los relatos sobre los humanos sin conciencia que realizarían experimentos o los mantendrían en jaulas sólo porque eran diferentes. Historias que los aterrorizaban cuando niños impedían que exploraran las zonas superiores sin autorización.
-Qué razón tenía su sensei- Pensó extrañando a su familia y su libertad, consciente de que a su escaza edad de 16 años aún era considerado un jovencito; uno que sobrevivió a un encuentro con alienígenas, pero al final acabo en las manos de un humano. La misma raza que busco proteger.
La puerta de la habitación se abrió sacándolo de sus pensamientos, Leonardo levantó la mirada para toparse con el rostro del hombre que ahora reclamaba ser su dueño. La sonrisa en el rostro del humano con descendencia oriental sólo le dejó ver la satisfacción de saberse dueño de un espécimen tan especial según sus palabras; sin embargo lo trato como una criatura sin derechos a pesar de conocer su nivel de inteligencia.
-¿Qué opinas?, ¿Te gusta la decoración?- Cuestión obteniendo un gesto serio de parte del prisionero. Creí que apreciaría el lugar. El arte que te rodea es único y exquisito. Hay materiales de valor inigualable en esta habitación, mismos que enumeran los logros de mi familia por generaciones; su historia se mantiene segura tras estas paredes creando una colección única, una a la que ahora perteneces tortuga.
Leo entre cerro los ojos, quería demostrar que no le tenía miedo; aunque por dentro estaba aterrado. Recordó despertar en una tabla metálica, recostado de lado e imposible de moverse mientras tomaban muestras de todo. Caparazón, piel, escamas, sangre, fluidos. Confundido por lo que sea que lo inmóvil pudo escuchar las palabras del sujeto.
-Es una criatura exquisita; pero al mismo tiempo peligrosa, no puedo permitirme el riesgo de que pueda escapar-Resonó la orden antes de que un dispositivo se aproximará a su pierna asegurando la rodilla para aplicar una cantidad de presión exacta destrozando su extremidad de un modo tan eficiente que según el veterinario jamás sería capaz de volver caminar. El líquido rodo por sus mejillas alcanzando la tabla, no podía gritar para liberar el dolor que le invadió con tal procedimiento, pero las lágrimas cayeron con libertad revelando su sentir.
-Shhhh, todo estará bien; esto sólo es para ayudarte adaptarte- Susurro el hombre finalmente pasando su mano por el caparazón.
-Sigo pensando que este descubrimiento es increíble, debería compartirlo con el mundo- Exclamó el médico a lo que su interlocutor negó.
- Es único en efecto, como todo lo que poseo. No voy a dejar a mi mascota en manos de un grupo de personas con cero consideraciones por los seres vivos- Confirmo. El veterinario negó antes de asentir.
-Es su decisión- Finalizo sacando una jeringa con algún liquido raro, el cual inyecto para hacerlo dormir nuevamente. Su último recuerdo fue ver a su captor analizar sus espadas con un interés real; de ahí no hubo nada hasta despertar en la pecera que ahora ocupaba. Un lugar diseñado para un reptil como él, con arena, piedras, algunas plantas, un estanque de agua, lámparas solares distribuidas de manera estratégica y el adorable bozal.
-No pongas esa cara mi pequeño Kame, tienes donde dormir, que comer e incluso un médico dedicado exclusivamente a tu bienestar. Estoy seguro de que estas mucho mejor de lo que lo hiciste alguna vez, atrapado entre drenaje con agua contaminada y basura - Continuo sonriendo.
Lo odiaba, lo odiaba tanto; después de todo lo que le había hecho se jactaba de que esta era una mejor vida, ¿Cómo podía?, ¿Cómo? Desesperado avanzo arrastrándose hasta donde el hombre le miraba buscando transmitir ese sentimiento a través de su mirada.
-Amo ese azul- Susurro el humano admirándolo y ese verde, eres tan perfecto- Prosiguió para sí, no te preocupes el bozal se ira cuando el médico nos dé cita para la intervención donde retirarán tus cuerdas vocales. Por admirable que seas, no puedo permitir que hables ante nadie; tal vez creas que soy malo al tomar esta clase de medidas, pero créeme sólo es para protegerte- Explico justificándose. Leo al escucharlo sintió como si su mundo terminara de existir.
-No, no, no, por favor no lo hagas- Quiso decir, pero incapaz de expresarlo. La forma del hombre giro marchándose, dejando a un angustiado y traumatizado jovencito a su espalda.
–Sensei, Rafa, Donie, Mikey- Pensó golpeando el cristal con fuerza; desesperado tomo una roca de entre la arena y comenzó a usarla buscando crear alguna marca; sin resultado. Al parecer el material era una especie de plexiglás de alta duración, algo como lo que se fabricaba para submarinos o aeronaves.
-No quiero que siga mutilándome- Lloro después de un rato de seguir intentando sin resultado, su mano dejo escapar la roca que giro hasta hundirse en el estanque.
-Solo quiero a mi papá- Finalizo para sí consiente de que un mero humano podría ser más peligroso y terrorífico que una nave alienígena.
…
Rafael maldijo su suerte, habían pasado 5 días desde la desaparición de su hermano mayor sin tener noticias de su ubicación. La realidad es que se sentía terriblemente culpable, pues fueron sus hirientes palabras las que los impulsaron alejarse para dejarlo atrás. Como siempre las dos tortugas mayores terminaron la noche enfrascados en una batalla campal donde Rafael no pudo evitar decir una y otra vez el horrible apodo que usaba cada que quería molestar al mayor.
-¿Qué pasa Lame o Nardo no aguantas un poco de rudeza?, Se supone que eres un ninja, - Comento Rafael recibiendo una mirada enojada pero con un toque de dolor de parte del otro.
-No es la rudeza, ES EL HECHO DE QUE NO PUEDES SEGUIR UNA SÓLA INSTRUCCIÓN- Exclamo el maestro de la espada con enojo. Para la tortuga de rojo eso genero más ira.
-NO eres mi dueño, no tienes derecho a decirme que hacer- Replico Rafa furioso.
-Hemos pasado infinidad de veces por esto y siempre terminas peleando lo mismo, no es que quiera decirte que hacer; es sólo que tenemos que ser un equipo para las misiones, podríamos salir heridos o lo peor morir de no ser así- Recalco Leo al momento.
-Lo único que quieres es demostrar tu supuesta superioridad- Dijo el menor con un toque mordaz.
-Yo no, ¿De dónde sacaste esa idea? - Le cuestiono la tortuga de azul con frustración, querer razonar con Rafael en ese estado era imposible. La realidad es que todos se burlaron de sus supuestos entrenamientos buscando hacerle sentir inadecuado para el papel de líder, lo que al final resulto en un éxito cuando el mayor los observo marcharse sin seguirlos. No deseaba continuar con eso maldiciendo el día que pidió ser líder de ese equipo, cansado y decepcionado giro para encaminarse en sentido contrario, tenía que despejarse antes de intentar ahorcar a su hermano inmediato.
Por su parte tanto Miguel Ángel como Donatello siguieron a Rafael ignorando los sentimientos del mayor, el grupo sólo quería pasar el rato divirtiéndose y no querían perder tiempo con entrenamiento innecesario; se suponía que para eso estaba el líder, para encargarse de los imprevistos. Los tres volvieron a casa, percatándose de la ausencia del cuarto después de unos minutos de su llegada.
-Chicos, ¿Saben dónde perdimos a Leonardo?- Cuestiono Mikey algo desconcertado sintiendo culpabilidad por sus acciones. Todos dieron por hecho que los seguiría después de haberse burlado abiertamente de él.
-Seguramente se quedó en ese techo haciendo un puchero porque no seguimos su "entrenamiento de equipo"- Gruño el mayor cruzándose de brazos.
Donatello saco su teléfono para buscar la ubicación del mismo notando la falta de señal.
-Hmmm raro- Susurro atrapando la atención del par que le acompañaba.
-¿Qué es raro?- Pregunto el maestro de los chacos preocupado.
-No tengo señal del Shell Cell- Replico el genio con un toque pensativo, visualizando las razones por las cuales su dispositivo podría haber fallado.
-¿Crees que le paso algo?- Continuo el menor.
-No, sólo se está haciendo la reina del drama, ya conoces a lame o nardo- Recalco la tortuga de rojo encaminándose a su habitación. -Volverá después de un rato con algún discurso aburrido sobre porque no somos adecuados para ser un equipo ninja- Prosiguió perdiéndose de vista. Sus hermanos observaron el pasillo inseguros de lo debían decirle a Splinter; ninguno sabía que no volverían a verlo o saber sobre él.
-Lo siento Leo- Exclamo Rafael finalmente. El grupo buscó con ahínco señal alguna de su hermano perdido sin resultado, como si jamás hubiese existido, ni siquiera había noticias de sus enemigos sobre el paradero del reptil desaparecido.
-Por favor vuelve- Prosiguió para sí angustiado, imaginando todas las cosas terribles que podían haberle sucedido, él era un guerrero experimentado pero también un monstro a los ojos de los humanos.
…
La hora de comer se aproximaba, tenía que convencerlo de que no hablaría; de que se comportaría. Rogaría de ser necesario. Sólo quería conservar su voz.
El humano insistía en alimentarlo personalmente, los primeros días trato de atacar a pesar de sus limitaciones; pero ahora buscaría ser la criatura más apacible si eso implicaba salvar sus cuerdas bucales.
-Es hora de comer Kame, te traje estos cuadros nutrimentales especialmente diseñados para ti- Comento felizmente el sujeto abriendo la puerta del habitad. Leonardo se acercó con lentitud arrastrando su pierna mientras bajaba la cabeza en señal de sumisión sorprendiendo al humano.
-Eso es nuevo- Susurro acercando la mano temblorosa posándola no en el caparazón si no en la parte superior de la cabeza, la tortuga no se movió permitiendo que su "supuesto dueño" le acariciara.
-Shhh, todo está bien- Murmuro, -Sé que estas asustado, que aún eres una cría- Continuo en tono bajo sintiendo la frialdad en esa piel reptiliana que a pesar de su forma era tan suave como el terciopelo. Con lentitud desactivo el bozal permitiendo que la criatura respirara con más normalidad. Leo tuvo cuidado de no actuar de un modo agresivo, se dejó acicalar mientras pensaba en cómo se dirigiría al hombre sin que este reaccionara negativamente.
-Por favor no me quites la voz- Susurro tan bajo que era casi imperceptible, el miedo se hizo presente en cada palabra. La mano dejo de acariciarlo, una respiración errática sólo revelaba el nerviosismo de ambos; aun así la tortuga no se movió, manteniéndose tranquila y sumisa.
-No volveré hablar; sólo por favor no me operes- Exclamo en un ruego cerrando la boca para demostrar su punto. La falta de movimiento del hombre lo angustio, al parecer había perdido la oportunidad de conservar otra parte de sí mismo. El silencio se hizo presente, Leonardo respiro lentamente buscando ahogar el dolor que sentía, el miedo que carcomía su ser al recordar la mesa de metal nuevamente. Si tan sólo su hermano inmediato pudiera verlo, se percataría de que "Sin miedo" era una afirmación sin fundamentos, desde que llego a ese lugar el miedo era lo que dictaminaba sus acciones; mientras ese hombre lo mutilaba afirmando que todo era por su seguridad.
-Está bien- Se escuchó la voz del humano con un toque de resignación; - supongo que mereces una oportunidad- Exclamo finalmente a lo que Leo no pudo evitar mirarlo con agradecimiento posando su cabeza sobre la pierna del aludido con suavidad obteniendo una sonrisa de parte del hombre.
-Mi Aoi- Exclamo retornando a los mimos, Leo se abstuvo de reaccionar en mayor grado, había salvado la voz y por el momento eso era suficiente para traerle un leve toque de paz.
-Ahora toma, es hora de alimentarse- Afirmo su dueño dándole de comer en la boca.
Leonardo se sintió terriblemente mal mientras aparentaba una felicidad falsa, soportando el dolor constante de una rodilla destrozada e incapaz de emitir una palabra. Agradecido por permitirle seguir conservando algo que por nacimiento era suyo a cambio de su dignidad.
Quería llorar, deseaba gritar con todas sus fuerzas para liberar su frustración, viéndose obligado a permitir las caricias del ser que lentamente lo estaba destrozando, si no física al menos mentalmente.
-Los extraño tanto- Pensó cerrando sus ojos, imaginando el pastel de algas y gusanos de Mikey, lo que trajo consigo una breve sonrisa que fue interpretada como algo positivo por su captor.
-Sabía que entenderías- Escucho la voz del humano sobre él.
- Por favor chicos no me odien- Pensó masticando los cubos de alimento apenado. Él solo quería volver a casa.
…
Katashi cerró la celda observando a la criatura dormitar, parecía haber algo de avance en esa relación mascota dueño; sin embargo no se dejaría engañar fácilmente. Era obvio que el comportamiento sumiso se debía la búsqueda de un objetivo, aun así era mejor mirarla sin el bozal y le daría un par de días para demostrar que podía ser capaz de guardar silencio; si no…bueno la cirugía podría realizarse en cualquier momento. Por ahora aprovecharía esa oportunidad para trabajar con la tortuga. Aoi era una criatura única que buscaba mantener. Es verdad que la información de su existencia vino de parte de su socio quien quería al espécimen para él. Pero ahora que había sido capaz de apreciarlo, prefería conservarlo.
Un gesto dolido llamo su atención notando como su Kame se despertaba al tratar de mover la pierna destrozada para acomodarse. El procedimiento realizado en su rodilla seguía causando molestias al animal, algo que debían atender.
…
Leonardo viro sintiendo el dolor atravesar su extremidad sacándolo de ese sueño liviano en el que había caído. Como pudo giro buscando encontrar alguna posición más cómoda lo cual le era casi imposible, pues la rodilla continuaba molestándolo. Resignado jalo su forma recargando el caparazón contra el cristal para mantenerse sentado mientras movía la pierna dañada con sus manos para acomodarla. Jamás volvería a correr al lado de sus hermanos saltando las azoteas o jugando, no podría seguir practicando su arte marcial tan apreciado. No podría abandonar la guarida sin poner en riesgo a los demás, lo que lo hizo pensar que tal vez no sería buena idea volver considerando la carga que implicaría para su familia, pero tampoco se visualizaba atrapado en ese lugar por el resto de sus días.
Las luces descendieron levemente indicando el inicio de la noche, suspirando admiro la oscuridad del techo extendiendo su mano. ¿Habría estrellas visibles esa noche?- Una pregunta tonta tal vez, pero tan importante para alguien en su situación.
-No debería, pero quiero regresar, necesito verlos; no me importa que Rafa sea el líder. Yo sólo quiero estar con ellos en nuestro hogar- Se dijo en pensamientos, aproximándose al estanque para tratar de beber apreciando finalmente su reflejo en el agua cristalina, agobiado, demacrado, con ojos azules muertos sin la chispa que reconocía cada mañana en casa.
-No te des por vencido Leo, sólo tienes que pensar en algo- pensó con resignación a sabiendas de que moverse sería sumamente complicado. Él quien fuese sólo un niño estaba cargado con tantas responsabilidades, estrés y por último atrapado en esta horrible realidad donde no era más que una mera mascota. Su puño cayó sobre el líquido salpicando los alrededores.
-Recordó alejarse del grupo, sus hermanos estaban siendo tan amables como siempre y él estaba cansado de escucharlos; sólo se quejaban, hablaban sobre sus errores; desobedecían las instrucciones e ignoraban cada que tenía algún argumento que compartir. Pero cuando algo salía mal era culpa de del líder.
-Honestamente no sé qué estaba pensando- Se dijo caminando con lentitud sobre una de las azoteas para dejarse caer, recostándose buscando evitar ser visto. Por un instante creyó ver alguna estrella, era difícil de discernir con la contaminación generada por la ciudad. No entendía lo que provocaba tanto a sus hermanos, eran malos entre ellos y se arrepentía de haberse unido al grupo de molones en ocasiones. Probablemente era verdad que su torpeza no auguraba nada bueno para el equipo y que el karma devolvía lo que creaban.
-Debo hablar con el sensei- Se dijo escuchando un sonido que lo puso en alerta de inmediato. La tortuga reacciono recuperando posición para realizar una búsqueda visual en los alrededores.
-No sonó como un ruido casual del ambiente- Susurro sacando sus armas. Figuras similares a los ninja del pie saltaron rodeándolo. De inmediato la tortuga se percató de la gran diferencia entre estos guerreros y los que comúnmente enfrentaban. Sus rivales eran seres vivos, humanos no máquinas lo que le hizo re pensar sus acciones. ¿Sería capaz de enfrentarlos? Peor aún ¿Sería capaz de lastimarlos?- El ninja de cromas verdes no tuvo oportunidad de crear una verdadera estrategia cuando el ataque comenzó. Las agresiones que dichos sujetos lanzaron no eran generalizadas si no por secciones, buscando sus puntos débiles mientras lo cansaban. Las katanas gemelas de Leonardo relucieron reflejando las luces de las lámparas artificiales al girar con habilidad deteniendo ataques o buscando desarmar al rival sin asesinar. No se rebajaría a ese nivel a menos que fuera necesario.
-¡Déjenme en paz!- Exclamo finalmente retrocediendo, consciente de que a pesar de las habilidades de estos enemigos cada golpe estaba fríamente planificado, revelando que tampoco buscaban dañarlo de gravedad.
-No quieren asesinarme- Pensó comprendiendo lo que buscaban, el miedo acompañado de las palabras de su padre se hizo presente recordándole la gravedad de la situación. Tenía que salir de ahí, pero no podía llevarlos a la guarida, tenía que alejarlos y escapar.
-Fácil de decir- Se dijo volviéndose para echar a correr. Con velocidad se internó en la oscuridad recorriendo azoteas, saltando de una construcción a otra a toda velocidad; sus agresores le seguían de cerca, él supuso que al ser un mutante contaba con mayor resistencia lo que podría darle ventaja; sin embargo cada que pensaba ganar terreno se encontraba con esas sombras detrás.
-Maldición- Susurro volviéndose en una esquina descendiendo por una escalera de incendios bajando a pie de calle buscando ocultarse entre las construcciones y basura.
Los hombres descendieron separándose para ampliar la búsqueda, la tortuga guardo las armas aprovechando la oscuridad del callejón recorriendo los alrededores en busca de rutas de escape ubicando un par. No podía darse el lujo de permitir que más personas lo vieran, ya había sido demasiado descuidado. Con paciencia se acomodó esperando el momento propicio, debía ser analítico si deseaba salir de ahí. Los humanos continuaron su búsqueda sin detectarlo. Un par de pasos demasiado cercanos resonaron en el área, aun así no reacciono, si lo hacía corría el riesgo de llamar la atención. La búsqueda continuo por al menos una media hora más antes de que los asaltantes se retirarán a revisar otra área. Leonardo sin embargo continuo en el mismo lugar, no saldría hasta que estuviese completamente seguro de que no habría nadie allí buscándolo.
-¿Quiénes eran esos sujetos?- Se preguntó al no reconocer los colores azul con negro que vestían, de igual modo no ubico algún símbolo que le ayudara a identificar el clan. Pero eran realmente hábiles.
-Tal vez debí volver con los chicos- Pensó, -Pero estoy tan cansado de escucharlos burlarse- Prosiguió en su mente inseguro. Esos últimos días habían sido lo más estresantes en esa relación de equipo. Leonardo imagino que al detener el tecnodromo las cosas mejorarían, pero la realidad es que estaban empeorando, antes Donatello y Miguel Ángel no se unían al plan de hagamos miserable al vida de Leo, pero ahora parecía todo lo contrario. Peor aún Rafa estaba imparable en sus reclamos y críticas. Un suspiro logro escapar de los labios del adolescente antes de que el ataque reiniciará, tan rápido que ni siquiera tuvo oportunidad real de reaccionar. Un golpe directo en su boca lo saco de balance mientras otras patadas caían de manera aleatoria, él trato de cubrirse, defenderse; cuando el filo de una aguja fue más que suficiente para derribarlo por completo.
-¿Qué sucedió?- Se preguntó confundido notando un sinfín de pies humanos a su alrededor. Mientras él reposaba sobre su peto con el caparazón hacia arriba e incapaz de moverse.
-Lo tenemos- Escucho a lo lejos; sus extremidades no reaccionaban a sus comandos dejándolo más que aterrado.
-¡No, no, no!- Se dijo incapaz de emitir un sonido, su garganta se sentía fría y la conciencia comenzaba a desvanecerse lentamente.
-Lo siento mucho chicos, lamento no ser el líder que merecen tener- Fue su última idea antes de perderse. De ahí la visita al veterinario y la destrucción de su rodilla fueron solo algunas de las escenas que alcanzaba a recordar antes de terminar en esa celda elegante. Ahora comprendía perfectamente la expresión de ave en jaula de oro.
Deprimido suspiro abrazándose, no podía encoger sus piernas hacia su peto, pero al menos podía buscar ese confort por medio de un abrazo personal, dejando escapar una mirada llena de tristeza. Podría emitir sonidos, pero no se arriesgaría a pronunciar una sola palabra, no con la amenaza latente sobre su cabeza.
-Extraño mi casa- Pensó.
…
Donatello observo el Shell cell de Leonardo, lo habían encontrado poco después de su primera búsqueda, Eso junto con todo su equipo apareció en una azotea que juraba habían visitado con anterioridad, perfectamente acomodado en una caja metálica acompañado de las espadas que tanto amo.
-¿Qué significaba eso?- Se preguntó una y mil veces, la cinta azul de su hermano tenia sangre, -¿Es que acaso Leonardo había muerto? Preguntas que más que respuestas generaron un vacío, el mismo que vio reflejado en los ojos de su padre cuando le entregaron el paquete. Splinter lo tomo con una fuerza única mientras lo habría para al fin derramar lágrimas.
-Honor- Susurro acariciando las armas inmaculadas, al parecer no solo acomodaron cada objeto; también limpiaron las armas, dejando sólo un mensaje con esos hechos.
-Su hermano no volverá- Murmuro la rata con amargura, -Esto es un mensaje, de un clan rival; el cual al parecer enfrento a un guerrero que se ganó su admiración defendiendo su honor y por lo tanto devuelven los objetos del caído en señal de respeto. Dudo que quien haya sido el causante vuelva aparecer- Finalizo tomando una tarjeta que reposaba al fondo de la caja guardándola para sí. Su sensei realizo un ritual con los objetos antes de guardarlos para retirarse a su habitación, estaba de luto al parecer. El resto de las tortugas no supo cómo reaccionar, apenas unos días estaban discutiendo en esa azotea por su falta de habilidades de liderazgo, estaban…burlándose, marchándose…dejándolo atrás.
-Es mi culpa- exclamo RAFAEL, -Yo lo cause- Prosiguió con pena, liberando las lágrimas mientras cubría su boca, su hermano mayor, su amigo. Él lo había matado.
-No, no Rafa, todos tuvimos responsabilidad, no sabíamos, no imaginamos que algo así fuera a suceder- Intervino Donnie buscando consolarlo para recibir un empujón del mayor. -¡Es mentira y lo sabes!, incluso disfrute ver su cara de tristeza, ¿Qué carajos as conmigo?- Grito liberando todos sus sentimientos de manera explosiva corriendo a su habitación.
MIkey en cambio se quedó congelado admirando el lugar donde su padre había colocado las pertenencias de Leo, en señal de respeto, junto con un incienso.
-¿leo no va a volver?- Pregunto inseguro de querer escuchar la respuesta.
Donatello, el último que quedaba con algo de cordura no tenía respuesta, no sabía lo que había pasado realmente, ¿Estaría vivo su hermano en algún lugar? .de ser así ¿volverían a verlo?
-No lo sé- susurro abrazándolo, -Pero no me detendré hasta hallarlo- Prosiguió tomando el Cell Shell del lugar ignorando la mirada atónita del menor encaminándose a su laboratorio.
…
Continuará…
