Capítulo 3
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Leonardo se sintió mareado; por primera desde que visito el consultorio comenzó a dejar de lado esa sensación de lentitud que le hacía tan difícil pensar distinguiendo de nuevo el habitad que ya conocía.
-¿Qué sucedió?- Se dijo recordando los momentos de semi conciencia, colgado en esa extraña cosa e incapaz de moverse, con su pierna inmóvil y perdido para el mundo. La sensación de sentirse violentado le recorrió acompañado de un escalofrío. Reviviendo el sentimiento generado por las caricias constantes que tanto busco en su estado de drogadicción.
-¿Qué diablos?- Continuo realizando un análisis rápido de todo su ser, notando la ausencia del afamado bozal, sustituido por una serie de vendas que rodeaban su cuello.
-No, no, no, no- Se repitió aterrado buscando emitir algún sonido sin resultado alguno.- ¡Lo había hecho! El humano rompió su palabra a pesar de lo que dijo. Furioso golpeo la tierra observando las líneas rojizas en sus muñecas, al parecer lucho en algún momento porque las marcas indicaban algún intento de escape con claridad. Su mirada enfoco la rodilla dañada, recubierta por una extraña capa metálica, la cual seguía conectada a su extremidad, solo que ahora se veía más como una especie de rodillera artificial con cables que descendían hacia su piel perdiéndose en la misma. Sin razonar paso su mano por el instrumento incapaz de sentir nada, pero captando el movimiento del mismo. Aterrado se levantó tropezándose a cada paso para acercarse al agua desde donde pudo apreciar su forma.
Sus ojos azulados seguían igual al menos, aunque había una pieza metálica delgada casi imperceptible que sobresalía en un lado de su cabeza, perdiéndose en su interior similar a las que se denotaban en su extremidad.
-¿Para qué sirve esto?- Se preguntó a sabiendas de que no importaba si hablaba o no, el maldito traidor lo había dejado mudo. Su caparazón también tenía pegados un par de dispositivos, mismos que no lograba alcanzar para arrancarlos.
-Deja eso en paz Aoi, es por tu bien- Escucho la voz del culpable.
La forma se aproximó con un aire de tristeza. –Sé que probablemente te sientas un poco confundido, pero necesito que sepas que todo lo que hemos hecho ha sido por tu bienestar. Las palabras enfurecieron al adolescente de por si traumatizado.
-¿Cómo pudiste?, lo prometiste, yo cumplí- Quiso gritar lanzando una serie de patadas contra el cristal furioso Katashi no lo había visto así de agresivo desde la noche de su captura.
Un mal paso y la falta de equilibrio hicieron que el cautivo cayera de lleno al agua, Leonardo siendo una tortuga no tenía dificultad en mandar la instrucción para nadar. Su cuerpo respondió como debía incluyendo la pierna extraña, la cual a pesar de contar con metal sobre su forma no lo hundió.
-Bueno al menos sabemos que el material en efecto ha cumplido con los estándares de resistencia al agua- Susurro el hombre pasando sus manos por la espalda. Leo ascendió saliendo para analizar la pierna nuevamente. Seguía sin tener sensibilidad en la sección de la rodilla a pesar de estar completamente mojada, y aunque le obedecía, se le dificultaba reaccionar sin sentimiento de su parte; era como si la comunicación dejara de ser de dos vías.
-Supongo que no es tan perfecto como esperábamos pero al menos funciona. Lo que te permitirá recuperar tu movilidad algún día, deberías estar agradecido- Prosiguió el hombre. Leo por su parte se dio vuelta para mostrar el caparazón.
-Agradecido, porque, ¿Por qué estas destrozándome?, ¿Por qué te has aprovechado de mi drogándome y robando cosas que por nacimiento son mías? Dame una espada y te mostrare mi agradecimiento- Gruño furioso.
-No te preocupes Kame, tal vez ahorita no lo veas, pero esto como mencione es por tu bien; por cierto deja en paz los dispositivos del caparazón, podrías dañar tu columna vertebral si los arrancas - Finalizo encaminándose a la salida.
-¡Espera!- Grito recuperando el habla, aunque con un tono más grave de lo acostumbrado.
Katashi detuvo el paso liberando una leve sonrisa.
-¿Qué es todo esto?- Prosiguió el adolescente buscando respuestas, aún desconcertado por el tono raro de su voz. Aunque al menos aún la mantenía.
-Confesaré que nos equivocamos, tu herida se infectó terriblemente; al parecer resultaste alérgico al metal que usamos para la estructura que sostenía tu rodilla causando un verdadero desastre, sufriste de fiebre, problemas respiratorios, dolores insoportables. Los anestésicos no fueron efectivos, ni los antibióticos. No queríamos recurrir a esto, pero nos vimos obligados a cortar pedazos para evitar que la infección se propagara- Explico.
Leonardo observo su extremidad a una nueva luz, aún podía percibir su piel entre los tubos delgados.
-Si bueno dije pedazos, no todo. Queríamos conservar lo mayor posible y tu curación acelerada fue tanto una bendición como una maldición. Aun así el daño fue extenso, Kenji tuvo que recurrir a métodos experimentales que habíamos creado exclusivamente para cuerpos humanos, adaptando lo que pudo con sus conocimientos y el de mis expertos en el área. Las cajitas de tu caparazón son la conexión con el dispositivo que controla la rodilla; debía ir conectado directamente con la columna y bueno el cerebro. La tortuga paso la mano por la pequeña protuberancia metálica de su cabeza.
-En efecto, todo es parte del mismo dispositivo, desafortunadamente y como habrás visto sólo conseguimos comunicación de una vía. Tu cerebro manda la señal, que es interpretada por el chip contenido en ese dispositivo, pero no hay respuesta real de los músculos porque murieron. No existen receptores de dolor ni de nada que pueda ser recíproco. Al principio era caótico; no podías funcionar así por lo que decidimos programar el aparato para compensar, engañando al cerebro indicándole que es normal la falta de respuesta. Sé que todo eso fue en parte mi culpa, me equivoque cuando decidí romper tu rodilla en pequeños fragmentos; nunca imagine que terminaría así.
Leonardo retrocedió levemente al escuchar la explicación. Todo él era un desastre, el recuerdo borroso de la mano humana sobre su frente con una compresa fría mientras le miraban con tristeza volvió, desvaneciéndose poco después.
-Te cuidamos lo mejor que pudimos, pero el desconocimiento de tu cuerpo causo muchos problemas; afortunadamente hemos documentado todo y estamos mejor preparados para cualquier otro incidente.
-¿Por qué no me dejaste morir?- Le cuestiono la tortuga insegura de que pensar, era verdad que todo era su culpa, pero al mismo tiempo busco reparar el daño. Ese humano era tan confuso que lo desconcertaba.
-No podía. Aoi sé que no crees en nada de lo que he dicho sobre que me importa tu bienestar, pero es verdad. No deseo que sufras- Afirmo Katashi. La tortuga desvió la mirada hacia el estanque de nuevo.
-Mi voz- Susurro.
-Destrozaste tus cuerdas bucales en uno de los procedimientos; como dije la anestesia dejo de tener eficacia, así que despertaste en medio de una de las operaciones gritando a todo pulmón.- Respondió el hombre, pero eso se recuperará con el tiempo. No sabemos si mantendrás el tono de antaño.
-No lo recuerdo- Prosiguió el adolescente.
-Probablemente lo bloqueaste, fue algo…sumamente traumático para todos los involucrados.
-Lamento que hayas perdido a tus hermanos- Prosiguió el sujeto irrumpiendo sus pensamientos para ganar su atención. Los llamaste cuando gritaste, probablemente los extrañas pero no hay mucho que pueda hacer. Mi socio va a buscarlos para capturarlos. Quiere usarlos como armas contra aquel que los creo.- Confirmó.
-No somos armas- Exclamo Leo con dificultad, -Por favor, si realmente te importa déjame ir, debo ayudarlos- Exclamo desesperado olvidando sus propios problemas. Su manos recorrieron la superficie transparente buscando mantener el equilibrio mientras caminaba recorriendo el habitad cristalino.
-Ese ya no es tu problema Aoi- Aseguro el humano.
-¡Es mi problema, ellos son mis hermanos menores! , ¡Yo debía protegerlos!, ¡Me alejaste de ellos y no me llamo Aoi!- Grito frustrado.
-No querido Kame, fuiste tú quien se alejó- Recalco el hombre. Leonardo se dejó caer consiente de las palabras del humano y es que era verdad, él marcho en dirección contraria herido por meras palabras cuando debió saber lo que era mejor. Abandono el puesto de líder al dejarlos marchar solos, la situación podría haberse invertido y él jamás se habría percatado. ¿Qué clase de hermano mayor era?
-Chicos- Susurro cerrando sus puños.
-Pude haberme equivocado pero la cosa no debe terminar así, debo protegerlos. Esto no les sucederá a ellos- Contesto volviendo su atención al interlocutor.
-Ni siquiera puedes mantenerte en pie tortuga, ahora solo reforzarías su fracaso- Finalizo el humano. El adolescente estaba furioso, las palabras del sujeto eran verdad pero no era la primera vez que enfrentaban situaciones imposibles. Debía existir alguna forma.
-Y tu nuevo nombre es Aoi, ya no eres el guerrero que capturé. Ahora eres una mera mascota a la que le he permitido hablar por lastima- Susurro su dueño sonriendo, dejando de lado la careta de tristeza, antes de salir de la habitación para dejarlo a solas. Leonardo maldijo en su mente sin emitir respuesta, los ojos azulados enfocaron la anhelada puerta. No podía dejar que el sentimiento de enojo nublará su mente.
-Seria demostrar que tiene razón- Continuo volviendo la atención a las piezas ajenas en su cuerpo con seriedad.
-Lo que no sabes humano es que estas equivocado, pues al final me diste las herramientas para volver a casa- Pensó analizando su celda. Tenía que trabajar rápido si deseaba hacer alguna diferencia, la tortuga soltó el muro cristalino enfocando el frente arenoso buscando avanzar con normalidad.
-No pienses en hacerlo sólo hazlo, como cualquier movimiento tu cuerpo está acostumbrado actuar- Se repitió consiente de sus acciones. Generalmente no pensamos en cada cosa que interviene cuando actuamos, sólo realizamos la acción. Si el cerebro lo dictamina debe ser posible de realizar. Es verdad que se considera imposible sin una respuesta a cada estímulo, pero no tengo otra opción tengo que lograrlo- Confirmo admirando la rodilla extraña.
Un paso…dos pasaron fueron posibles antes de caer de manera estrepitosa contra la arena raspando su forma sin consideración.
-Yo puedo- Repitió reincorporándose para intentarlo nuevamente.
-No soy una mascota- Exclamo logrando dar nuevamente un par de pasos antes de volver a caer.
-Vamos Leo es como cuando entrenas tu cuerpo para responder alguna situación; como cuando realizas una Kata alistándote para reaccionar, como si fuese un reflejo- Susurro.
-No puede ser un reflejo ni no hay sensación- Razono dejando escapar un suspiro. Su mente divago por un instante viéndose de nuevo de pie esa noche en esa azotea a solas mientras sus hermanos se alejaban, las formas borrosas se perdieron en la oscuridad.
-Por ellos, por papá, no puedes quedarte aquí lamentándote por las pérdidas. Toda tu vida se ha tratado de carencias, dolores, pérdidas; pero la constante siempre ha estado ahí. Tienes que hacerlo por ellos- Susurro colocándose de rodillas antes de volver a levantarse. Su mirada se fijó en el cristal del otro lado del habitad, tenía que llegar hasta ese punto para hacer válida su teoría.
Un paso…
–No lo pienses Leonardo, no lo analices, sólo hazlo- Dijo con decisión reiniciando la marcha levantando la extremidad ignorando la falta de sensaciones enfocándose en mantener el equilibrio; fallando nuevamente.
-Es una mera caminata Leonardo tu puedes hacerlo- Se reprendió observando el estanque, en el cual nado antes de siquiera saber lo que sucedía.
-Fallar no es una opción, estás pensando demasiado en esto- Gruño reincorporándose.
A lo lejos en una habitación contigua el médico observo las acciones de la criatura admirado por la insistencia de la misma, de verdad pensaba que podría volver a caminar, pobre cachorro.
-Imposible sin receptores de entrada- Susurro para sí enfocándose en su trabajo, dejarían al Kame entretenerse en ejercicios inútiles, él tenía un reporte más que presentar.
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Donatello observo el kunai con el Kanji Sen que indicaba "Río". Un nombre raro para un Clan, su Sensei les platico sobre los diversos grupos que aún existían en el mundo, ocultos en las sombras tras diversas fachadas como lo fueron los Hamato; sin embargo le era extraño que dicha familia estuviese en Nueva York, tal vez se percataron del evento que se dio con el tecnodromo y eso llamo su atención.
-No importan las razones, esa arma es suya y eso quiere decir que son los causantes de la desaparición de Leo- Intervino Rafael cansado de explicaciones.
-La paciencia es una virtud hijo mío, necesitamos permitir que tu hermano busque alguna referencia que pudiese ayudarnos a localizarlos; esta familia tiene mucha experiencia de por medio, no serán fáciles de combatir; por lo que debemos estar lo mejor preparados.
Donatello volvió su atención a la pantalla de su computadora enfocándose en dicha búsqueda. Tal vez alguna empresa transnacional de reciente ingreso, por las fechas del hundimiento de la nave Krang.
-Eso sería muy obvio, pero ¿Por qué ocultarían algo si no tienen razones para ello?, no es como si estuvieran en medio de una lucha de clanes o algo así- Continuo analizando los listados, buscando algo que pudiese ubicarlos, un logotipo, un nombre, un objeto.
La familia se alejó dejándolo trabajar, necesitaban que se concentrará, por lo que las discusiones innecesarias debían permanecer fuera de escena.
Rafael se encamino hacia el dojo para practicar deteniéndose frente a la habitación de su hermano. La puerta estaba cerrada, pero jamás se mantenía con llave. Sin pensarlo se adentró admirando los posters y demás cosas pegadas en los muros, tan común como la de cualquiera de ellos. Era el cuarto de un adolescente con gustos comunes, sueños y esperanzas a pesar de las limitaciones planteadas por la sociedad. No eran más que un grupo de marginados soñando formar parte de un mundo que no los quería, incluso Abril los vio como monstruos cuando los conoció.
-Si el Krang no hubiese estado en el camino ¿Se habría hecho amiga de ellos?- Se preguntó pasando su mano por las espadas que reposaban en un estante al otro lado del cuarto extrañando a su hermano mayor.
-Tengo que verte de nuevo Leo, necesito que sepas que todas las tonterías que dije eran sólo eso. No algo que piense de verdad- Prosiguió para sí suspirando, a su espalda Miguel Ángel le miraba con ojitos tristes, él también extrañaba a su hermano mayor.
-Lo salvaremos Rafa- Comento llamando la atención de la otra tortuga, la cual sin pensar lo abrazo permitiéndoles reconfortarse ante la culpabilidad que les carcomía el corazón desde esa noche.
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Oroku Saki analizo los dispositivos admirado por la sencillez y al mismo tiempo lleno de enojo, así que Hamato Yoshi estaba ahí en la misma ciudad usando la ingeniería genética para crear guerreros de otro nivel.
-Jamás lo pensé de ti- Comento a la nada admirando el escudo que reposaba en una de las estrellas. –Pero ni siquiera eso será suficiente para detener mi venganza- Prosiguió esperando a que sus asesores localizarán el origen de tales creaciones. Él contaba con personal del bajo mundo que podía optimizar las búsquedas; más de instalaciones que permitieran la creación de algo como el Kame que poseía su Socio.
-Una lástima en verdad por ese daño, la criatura habría sido una excelente adición al Clan del pie, aunque puede que haya más- Pensó, -Ya entrenados sólo necesitan un nuevo dueño y el mismo Yoshi habrá firmado su sentencia.
-Tan confiado como siempre, ¿Verdad hermano?- Finalizo lanzando la estrella contra un muro al azar.
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Para entonces los fracasos constantes le hicieron retroceder un momento. Él adolescente decidió tomarse un momento para enfocarse.
-Leonardo, soy Hamato Leonardo, no Aoi o Kame- La oración resonó en su mente. La tortuga no había logrado avanzar más de 6 pasos; pero era un gran logro considerando su condición, aunque el esfuerzo le estaba cobrando factura, en especial recuperándose de varias intervenciones quirúrgicas, infecciones y mala alimentación.
Katashi observo a su criatura pensativo, escuchando la explicación del veterinario el cual aseguraba que el cuerpo del Kame no había rechazado las modificaciones respondiendo efectivamente a los medicamentos alterados que diseñaron en base a sus observaciones. Las ojeras en los ojos del médico solo revelaban las noches de insomnio buscando una manera de revertir el desastre que habían ocasionado.
-Bien, y en cuanto a los receptores podríamos trabajar en algo, pero al igual que las adaptaciones del caparazón tendrían que ser externos. No sé si la extremidad soporte una nueva apertura- Confirmo notando como Aoi se incorporaba una y otra vez ignorando sus continuos fracasos. Estaba decidido a recuperar su movilidad aunque fuese lo último por hacer en su vida.
-Sabes, me siento mal por él- Intervino el veterinario. – Sé que dije que era un mero espécimen, pero el verlo esforzarse tanto. Creo que lo arruinamos- Aclaro.
-Lo sé- fue la sencilla respuesta de parte de su interlocutor, pero a estas alturas he invertido demasiado en él para dejarlo ir. De hecho creo que ahora que confirmamos la existencia de otros lo mejor sería volver a Japón- Explico. -No es bueno que siga teniendo razones para querer huir, la estrategia adecuada será llevarlo lejos de todo lo que conoce, de ese modo se adaptará más a esta nueva vida- Dijo con frialdad.
-Y yo que pensé que te importaba- Intervino el médico.
-Admito que me he encariñado con el reptil, creo que una vez que lleguemos a Japón las cosas serán claras para él. No debería quejarse. Ni siquiera tiene derechos así que he sido más que magnánimo al aceptar recogerlo de la calle para darle un buen hogar y ver pos su salud- Prosiguió con convicción.
Kenji le miro impactado. –Si lo dices así cualquiera pensaría que le hiciste un favor- Confirmo
-¿Y no fue así?- Escucho la réplica. El veterinario volvió su atención a la tortuga sintiendo un toque de arrepentimiento, de no ser por sus sugerencias tendría la oportunidad de volver a casa. Ahora estaba condenado a vivir en cautiverio por el resto de sus días.
-Yo si me siento culpable- Susurro, pero para entonces su jefe ya estaba fuera de alcance.
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-No puedo- Murmuro Leo de rodillas nuevamente, su cuerpo se negaba a levantarse. Estaba sumamente agotado y el deje de debilidad sólo le recordó lo atrasado que estaba en sus entrenamientos; no podía ser de utilidad si no lograba llegar al otro lado de la celda sin arrastrarse.
-Rafael, Donatello, Miguel Ángel, Papá, no quiero seguir fallando, pero no sé qué hacer; tal vez Donnie comprendería mejor esta situación, probablemente ya habría ideado algo al respecto pero yo sólo tengo mi convicción para seguir adelante- Comento al aire consiente de que nadie realmente le escuchaba.
-No puedo levantarme- Prosiguió decepcionado, le dolía e estomago por la falta de comida, su garganta estaba reseca por la sed.
-¿Vendrán alimentarme?- Se preguntó maldiciendo al notar la naturalidad con la que lo había pensado.
-No está bien, ellos buscan robarte tu personalidad, tu individualidad, destrozándote para armarte a su antojo- Recalco con indiferencia.
Su mano paso por el frio metal de su pierna. Odiaba verlo, de por sí ya era difícil aceptarse; ahora era aún peor.
-Rafa tiene razón, tengo unos serios problemas existenciales- Exclamo aguantándose las ganas de gritar debido a su frustración.
-Supongo que al menos algo bueno ha resultado de esto, ahora puedo ver el porqué de todas las críticas de mi hermano. Pero sabes universo, aprendí la lección ya puedes dejarme ir a casa, prometo escuchar de mejor modo las críticas, no ser tan obsesivo y comer todo lo que prepare Mikey… Pensándolo bien, no se sobre lo de la comida de Mikey, pero por el resto de verdad lo haré- Comento recostándose finalmente, sufriendo esa horrible sensación de hambre que le aquejo durante todo el día.
-Hasta su batido de Pizza suena bien- Prosiguió girándose sobre sí mismo para admirar los arreglos orientales que le acompañaban, esculturas, cuadros y armas resaltaban en sus debidos estantes a su alrededor. Todo al otro lado del cristal.
-Ese sujeto está realmente loco, es tan contradictorio que me desconcierta, lo peor creo que en parte sus tácticas están funcionando y eso me asusta- Dijo para sí dibujando círculos en la arena.
-No quiero dejar de ser quien soy- Murmuro, -Y es por eso que necesito salir de aquí. Con renovada convicción e ignorando el hambre se levantó observando el muro contrario, la luz de las lámparas se reflejaba sobre la superficie cristalina creando efectos de color en las curvaturas del elemento indicando la meta.
-Siempre hemos ido contra corriente, nuestra mera existencia es algo sin precedentes; ¿porque no elaborar otro milagro?- Razono caminando hacia su destino pensando en su familia, nunca en el cómo solo en el porqué. Con pasos firmes atravesó el habitad logrando el objetivo finalmente. La sonrisa que embargo su rostro fue única, lo había logrado, había caminado hasta el otro lado sin romperse nada en el intento o derrumbarse por la desesperación. Su cabeza reposo en la superficie fría del cristal, ahora tenía esperanza y eso sería suficiente para no volver a flaquear.
-Humano crees que has ganado, piensas menos de criaturas como yo porque somos diferentes; pero te demostrare que estas equivocado- Se dijo cerrando el puño enfocando una espada que reposaba al fondo de la habitación.
-Voy a salir de aquí- Declaro con decisión y ni siquiera tú podrás detenerme
Continuará…
…
