Capítulo 4

La ubicación se redujo a 2 puntos, dos compañías extranjeras de recién ingreso y cuyas instalaciones eran lo suficientemente impactantes como para ser parte de una pantalla que pudiese ocultar a todo un clan. La familia acordó hacer una visita de reconocimiento a las dos direcciones; sin embargo debido a la escases de tiempo se dividieron en dos equipos, dejando al Sensei Splinter en compañía de su hijo más joven, sintiendo que era su responsabilidad cuidar del menor; más después de la pérdida del mayor. Donatello y Rafael formarían el grupo dos. La misión era de reconocimiento, analizarían la estructura, vías de escape, entradas, salidas, siempre con el objetivo de confirmar la presencia de su hermano desaparecido.

-Les recuerdo que no deben actuar de manera irracional, es imperativo conocer todas las posibilidades; si su hermano esta en alguna de las instalaciones deberán confirmar y retirarse para poder planear una estrategia de extracción adecuada. Ellos ya tienen a uno de nosotros, no podemos arriesgarnos a perder alguien más- Recalco su padre.

-Hai Sensei- Fue la réplica antes de que comenzarán su misión. Los grupos marcharon cada uno a su ritmo dandi inicio al primer acercamiento de la noche. Rafael sin embargo sabía que si confirmaba la presencia de Leo sería complicado no tratar de sacarlo.

-El maestro tiene razón-Escucho la voz de su hermano más racional, el cual le seguía de cerca a través de los techos comprendiendo el gesto en conflicto del mayor.

-Lo sé; pero si nuestro hermano está mal herido o en peligro de muerte voy a intervenir- Advirtió la tortuga de los Saiz.

-Si nuestro hermano está en una situación como la que mencionas, creo que cualquiera lo haría- recalco Donnie en un tono serio.

-Lo sé, es sólo que estoy preocupado por lo que podamos encontrar, ha sido mucho tiempo y los humanos son tan impredecibles, sé que no les importará lastimar a Leo si con eso obtienen alguna ganancia- Exclamo deteniendo el paso para observar el edificio a lo lejos.

-No niego que tus palabras sean una gran posibilidad- Respondió Donatello sin revelar su sentir. La tortuga de colores purpúreos conocía a la perfección el alcance de las pruebas que cualquier científico sin escrúpulos usaría para determinar lo que era su hermano.

-También me preocupa ese hecho. Honestamente Rafa, estoy aterrado por el concepto; así que estoy de acuerdo en sacarlo de ahí lo antes posible- Confirmo admirando el lugar desde su posición.

-Hemos llegado, avancemos de manera silenciosa; recuerda que ellos conocen las artes del ninjitsu así que no poseemos ventaja en esa área- Advirtió.

-Comencemos- Recalco el mayor descendiendo para acercarse desde otro ángulo, a su lado su hermano le siguió corriendo en las alturas, buscando algún punto clave desde donde analizar el objetivo. Esta vez no había tiempo para juegos, la vida de su hermano estaba en riesgo. En perfecta sincronía cada uno adopto una posición buscando algún enemigo antes de continuar con el acercamiento.

Kenji sostuvo la charola con el alimento procesado que desarrollaron para el Kame. Su jefe había salido a una junta de suma importancia dejando el cuidado de la tortuga a él.

-Aoi- Exclamo aproximándose a la celda, la criatura le observo desde su posición reposando al lado del estanque de manera perezosa. Una de sus manos se encontraba sumergida en el agua mientras el resto de su forma se veía relajada, recostado en la arena disfrutando de la iluminación.

-Raro- Se dijo el médico inseguro, la tortuga suspiro al notar su nerviosismo.

-¿Vas a dejar eso pronto o esperaras a que muera de hambre?- Pregunto el adolescente, había pasado más de un día sin probar alimento por lo que cualquier cosa era buena para consumir.

-¿Vas a morderme o algo si me acercó?- Le cuestiono el veterinario. Leo sonrió levemente.

-Eres un especialista, ya que soy un mero animal irracional deberías saber cómo voy a reaccionar conforme a mi instinto- Confirmo con ironía.

-Ambos sabemos que eso es un eufemismo- Aclaro Kenji

-Pensé que buscaban mi bienestar, no creo que matarme de hambre sea un método efectivo de mantenerme en buena forma; aunque considerando sus atenciones tal vez prefiera seguir arriesgándome con la basura- Recalco el Kame sin moverse de su posición.

-Ahora estas siendo sarcástico- Dijo el humano con un deje de exasperación.

-De nuevo sus afirmaciones deben estar erróneas Dr. Yo soy un mero animal que no puede diferenciar entre el sarcasmo y una oración normal, es un milagro que posea la habilidad del habla- Exclamo.

-Sabes, puedes ser muy infantil cuando quieres- Reclamo el hombre.

-Intenta vivir lo que yo y ya veremos cómo reaccionas; además si su investigación no lo ha confirmado, creo que tengo derecho a serlo considerando que para tu sociedad ni siquiera tengo la mayoría de edad.

-Ya, de acuerdo Aoi lo siento he sido insensible al respecto, mis disculpas- Confirmo el humano levantando una mano de la charola en son de paz, abriendo una puertecilla inferior para empujar el objeto en cuestión cerrando detrás del mismo.

-¿Hoy no hay comida en la boca?- Pregunto el espadachín

-Eso es algo exclusivo del jefe- Respondió su interlocutor sin obtener respuesta del cautivo, el cual volvió su atención al estanque.

-Supongo que me lo merezco- Se dijo el médico virando para marcharse antes de percatarse de la mirada penetrante de la tortuga. Los ojos azules le observaron con una inteligencia única, del mismo modo transmitían tanto de su sentir; como ventanas abiertas al alma. Todo el terror, dolor, frustración, desesperación.

-Si sirve de algo quiero que sepas que lo siento mucho Ao…- Comenzó el humano antes de ser interrumpido por su prisionero.

-Leonardo- Susurro sentándose.

-Leonardo… Es un bonito nombre-contesto el hombre sin volverse.

-Lo sé; lo eligió mi padre- Escucho la voz dañada, - Pero supongo que incluso eso debe ser olvidado para satisfacer las necesidades de un individuo- Afirmo liberando un suspiro antes de volver acostarse sobre la arena ignorando sus alrededores. Kenji no dijo más marchándose lo antes posible de ahí, recargándose en la puerta en cuanto se cerró para sentir la lágrima caer por su mejilla. Él no estudio tanto para estar torturando animales inocentes, mucho menos niños.

-Soy un tonto- Se dijo alejándose. No podía hacer nada al respecto, no ahora.

Leo se levantó caminando con una leve cojera hacia la famosa charola tomando el alimento para analizarlo, tenía hambre pero temía que estuviera drogado. Un presentimiento le hizo ser más cauteloso; sobre todo considerando la última conversación con el "dueño". Resignado se recostó de nuevo sosteniendo los cubos en su manos haciendo como si los ingiriera disolviéndolos en el agua lentamente. El proceso fue pausado, no quería verse demasiado ansioso. Con paciencia espero recordando las lecciones de su padre sobre los efectos de los diversos venenos y los tiempos de acción.

-Espero no equivocarme- Se dijo contando en su mente los tiempos más comunes entre los somníferos antes de hacerse el dormido, aprovechando el entrenamiento para disminuir la velocidad de sus respiraciones y latidos aparentando la inconciencia. Ellos también tienen expertos en artes marciales, sólo espero que se dejen engañar por la imagen del animal indefenso- Continuo.

Poco después un equipo se hombres, todos vestidos con uniformes médicos se acercaron abriendo el habitad, a su espalda una especie de caja metálica con agujeros para transporte reposaba esperando a la tortuga. Leo sabía que no podía esperar mucho tiempo, ese era el momento crucial; si fallaba era seguro que jamás volvería a ver a su familia. Con paciencia esperó mientras le tomaban los signos vitales asintiendo. Dos de los médicos lo cargaron sacándolo del lugar preparando la transportadora. Jamás se imaginaron lo que sucedió después. La criatura abrió los ojos de golpe aprovechando su confusión liberándose, virando en el aire para caer hincado, levantándose tan rápido como pudo lanzando una patada al hombre más cercano, sus habilidades estaban oxidadas después de tanto y la fuerza dejo que desear; aún así al usar la pierna dañada no tuvo problemas de sensibilidad reiniciando su ataque con otro movimiento, golpeando el pecho de otro de los médicos para abrirse paso por el pasillo principal. Por un segundo su mirada se encontró con la de Kenji, el veterinario en jefe estaba impresionado. Aoi, no Leo lo había hecho, estaba de pie combatiendo como cuando lo vieron la primera vez.

-Increíble- Murmuro sintiendo el peso de la criatura sobre él al ser derribado, el gesto aterrado que el adolescente le dirijo a la caja no pasó desapercibido por el hombre antes de que se borrara reemplazado por un gesto serio que lo hacía ver más grande en edad. El guerrero estaba dispuesto a todo para obtener su libertad.

-Corre- Exclamo el humano.

-Busca a los tuyos- Prosiguió distinguiendo la figura verde alejándose del grupo buscando la salida del complejo. En sus manos sostenía una de las Katanas que reposaban en la habitación.

-Fue un honor Aoi- Susurro para sí.

Leonardo no escucho la última parte buscando un lugar para ocultarse, pues sabía que estaba en desventaja numérica y quería evitar el evento que lo llevo a despertar en ese habitad para tortugas gigante. La conmoción se hizo evidente para los hermanos que observaban el movimiento con paciencia hasta que las alarmas se activaron. No se necesitó más para confirmar lo que pensaban.

-Leo- Exclamaron al unísono, usando el escaso conocimiento que reunieron en la última hora para adentrarse al lugar. No tenían idea de donde estaba su hermano, pero si lograban tener acceso al sistema de seguridad podrían localizarlo. Las dos tortugas se adentraron por uno de los sistemas de ventilación ascendiendo con lentitud hasta una de las estaciones que pudieron localizar.

-Vamos Donnie haz tu magia, que Leo no tiene tiempo; si es él no tenemos idea de en qué condiciones este- Susurro el mayor montando guardia.

Donatello accedió al sistema, ya que no los buscaban a ellos, localizando a su hermano el cual se enfrentó a un par de hombres fuertemente armados; su pierna se veía rara y su caparazón, así como sus movimientos los cuales fueron torpes para su estilo particular de ataque.

-Está en el piso 11 voy a darle algo de ventaja. Ve a buscarlo y en cuanto tenga todo asegurado saldré para encontrarnos en el sótano - Comento la tortuga de cintas moradas. Rafael asintió saliendo a toda velocidad hacia la posición de su hermano, Donatello le dio la ventaja al aislar un ascensor el cual lo llevo directamente al nivel indicado.

-Cuando se abran las puertas encontrarais un caos; Leo esta combatiendo y armado, pero sus movimientos son más lentos de lo normal, creo que está herido así que ten cuidado- Explico el menor preparándose.

-Descuida, me encargare de compensar, vamos a volver a casa con él o no volvemos- Aseguro la tortuga de rojo sacando sus armas para adoptar posición de ataque. Las compuertas se abrieron, Rafael lanzo algunas bombas de humo creando un caos generalizado; los aspersores y alarmas contra incendio se activaron haciendo que el personal administrativo saliera buscando evacuar el edificio.

-Buena idea- Escucho a su hermano menor por la línea.

-Ahora ubícame Don- Recalco Rafa.

-Avanza de frente 5 metros, encontrarás una intersección. Ten cuidado hay un par de enemigos en esa área, toma hacia la derecha ahí hay 3 objetivos más que están combatiendo con Leonardo.- Advirtió.

Por su parte la tortuga espadachín no sabía el porqué de la alarma, pero agradeció algo a su favor sacando la katana para cortar el brazo y pierna de dos de los agresores, el tercero fue más hábil evitándolo para contrarrestar el movimiento lanzando su propio ataque. Las espadas se encontraron a la mitad del camino, aunque la fuerza del adolescente flaqueo; el trato definitivamente le cobro factura cuando un empujón lo derribo deslizándolo para topar con el muro. Rafael siguió las instrucciones llegando de manera furtiva a los dos guerreros, quienes no se esperaban el encuentro con una segunda tortuga.

Leo trato de levantarse sintiendo algo raro en su espalda, el dispositivo del caparazón se había perforado lo que lo petrifico. Al parecer los dispositivos no estaban diseñados para el combate, después de todo él era una mera mascota no un guerrero.

-No, no, yo puedo caminar, vamos- Pensó distinguiendo algo que jamás pensó volver a ver. La patada voladora de su hermano inmediato derribo al enemigo restante dejándolo inconsciente.

-Es bueno tener el elemento sorpresa de mi lado para variar- Exclamo volviéndose para enfrentarlo. La figura verde acompañada de esos tintes rojos jamás se vio más perfecta, ese era Rafael en toda su gloria. El cual perdió la compostura segundos después para correr al lado de su hermano mayor.

-¡Leonardo!- Exclamo agachándose.

-¿Puedes caminar?- Pregunto ignorando la ligereza de peso, las horribles ojeras y los aditamentos raros en su forma, Este era Leo su hermano mayor, su líder; vivo. Para Rafa ese instante fue único, quería llorar, reír, disculparse pero tendrían tiempo para eso más tarde.

-Eso creo, aunque no muy bien, mi pierna no está respondiendo adecuadamente- Susurro el aludido tomando la espada nuevamente.

-Con eso es suficiente para mí- Confirmo Rafael auxiliándolo para llegar al ascensor. Donatello activo el dispositivo mandándolos al sótano desde donde tendrían mayor oportunidad para huir; saliendo en cuanto pudo para buscarlos. Rafa abrazo con fuerza al mayor en esos breves instantes de paz aspirando su esencia, sintiendo finalmente un leve toque de tranquilidad al sentir las escamas en sus manos; era verdad que su hermano no se denotaba del todo bien, estaba herido, cansado, enfermo; pero estaba con él y juntos volverían a casa.

-Lo siento tanto hermano- Susurro obteniendo un gesto de similar de parte de su líder.

-Yo también lo siento, he sido tan arrogante y tonto – Comento el mayor.

-Somos dos Sin miedo, somos dos- Replico el menor, a lo que Leo sonrió limpiando las lágrimas.

-Querido hermano no tienes idea de lo que hablas- Dijo recargándose en el peto de la tortuga de menor tamaño, el cual se preparó para el segundo encuentro. Los ojos verdes brillaron con la determinación de su dueño. El elevador estaba a punto de abrirse nuevamente.

-Tenemos que llegar a la zona de desechos, hay una entrada al alcantarillado justo al lado- Explico Rafa.

-De acuerdo- Fue la respuesta de su hermano, luchando por mantenerse despierto y activo. Su manos apretaron la espada que llevaba decidido a matar de ser necesario, no habría más pretensiones amables para quienes lo desquebrajaron sin piedad. Rafael reconoció la mirada fría sintiendo un leve escalofrió al ver a su amable hermano tan lleno de ira.

La puerta se abrió revelando la figura de Donatello con su Bo listo para el combate.

-La evacuación y llegada de los servicios de emergencia han evitado la aparición de tropas del clan en la superficie, sin embargo aún no tenemos el camino libre, hay enemigos ocultos que seguramente buscarán evitar nuestro avance.

-Donnie, tal vez el problema sea yo- Comento el mayor señalando su rodilla y caparazón. La tortuga de mayor estatura se acercó observando los dispositivos.

-Leo, ¿Qué diablos?- Susurro el maestro de los Saiz angustiado.

-Es una larga historia, pero si los desactivan no podré caminar- Murmuro.

-Bueno es un hecho que no dejarán perder esta tecnología con facilidad- Explico la tortuga de menor edad pensativo y el hecho de que nuestro hermano no pueda caminar sin esto me preocupa más que incluso el localizador; porque por lo que alcanzo a ver esto está atravesando tu caparazón, el gesto dolido del segundo mayor se hizo presente sintiéndose mal nuevamente.

-Lo cargaré- Confirmo Rafa finalmente.

-Sin embargo eso quiere decir que dependeremos casi por completo de tus habilidades Donatello, ¿Crees poder hacerlo?- Recalco la tortuga de rojo al menor.

-Márchense- Dijo su líder derrotado, él era una carga; pondría en peligro a sus hermanos, a toda su familia. No podía permitirlo.

-¿Estas demente?, ¿No aprendiste nada?, no dejamos a nadie atrás Leo. Menos después del tecnodromo. Somos una familia, un equipo, un clan- Recalco su hermano inmediato con furia.

-Es verdad, además a pesar de lo que ambos crean puedo cubrir la salida- Intervino Donnie ofendido.

-No comprenden, ellos no se detendrán y si los capturan no quiero imaginar lo que serían capaces de hacer.

-Si sabemos que son ninjas- Gruño Rafael y no tenemos miedo. Además tu puedes cubrirnos con tu espada; después de todo somos parte de uno y yo seré las piernas- Intervino la tortuga de rojo levantándolo en su caparazón.

-¿Listo Don?- Pregunto, a lo que su hermano asintió sosteniendo con fuerza su Bo antes de apretar un dispositivo que dejo inerte los aditamentos de Leo, la tortuga de ojos azules sintió con claridad la debilidad de la pierna dañada, la cual ni siquiera pudo doblar para sostenerse adecuadamente del caparazón de su hermano. Rafael se percató sosteniéndolo con mayor fuerza sin expresarse al respecto.

-¡Vamos!- Comando finalmente. Donnie corrió al frente lanzando ataques hacia aquellos que aparecían, algunos de los hombres se sorprendieron al ver tres criaturas en lugar de una lo que les dio la ventaja por un instante; sin embargo no tardaron mucho en recuperarse retomando formación buscando pasar la defensa del reptil de mayor tamaño, Donatello hizo uso de sus habilidades demostrando que a pesar de quejarse aun así era un guerrero hábil. Leo no dudo en atacar a todo aquel que osaba aproximarse a ambos, lo que les permitió avanzar lentamente.

-Estamos cerca- Confirmo Rafa cuando un golpe bien ubicado derribo a su hermano menor.

-¡Donatello!- Exclamo Leonardo, el más joven reboto contra ellos llevando al trio al piso.

Rafael fue el primero en recuperarse colocándose frente a los otros dos con sus armas listas.

-No vamos a retroceder- Confirmo antes de lanzarse al combate. Sus armas a pesar de ser de corto alcance hicieron suficiente daño, no mortal pero igual de efectivo.

-Lo siento, estoy bien, estoy bien- Susurro Don incorporándose para seguir su ejemplo. El mayor maldijo su suerte levantándose en una pierna, usando el muro de apoyo mientras usaba la katana robada contra uno que otro de los que atravesaban la barrera formada por las otras dos tortugas.

-No podemos mantener el ritmo- Se quejó el maestro del Bo notando la aparición de más hombres rodeándolos, abriendo paso a uno en particular; el cual se encamino hasta detenerse frente al grupo. Al parecer el líder del clan volvió en cuanto escucho sobre la conmoción del aparente incendio de sus instalaciones.

Katashi los observo analizándolos.

-Debí imaginar que serían ustedes quienes se atreverían crear ese caos - Comento analizando a los otros dos.

-Es interesante lo distintos y similares que son, ¿me pregunto qué tantas diferencias existirán entre ustedes?, aunque es gracioso porque creo que mi Socio va a perder, pues lo que yo tomo es mío por derecho y yo reclamo el derecho de investigarlos a fondo- Continuo su argumento.

-Deja a mis hermanos en paz- Gruño el de menor tamaño enfocando sus ojos verdes en el enemigo desconocido, el causante de todo eso.

-Lindo color, me gusta- Confirmo levantando una mano con un kunai en él.

-¡Chicos!- Grito Leo al ver la reacción de aquellos que los rodeaban preparándose para atacar. Sin más él mayor revivió parte de sus experiencias negándose a permitir que sus hermanos terminaran como animales de exhibición en un zoológico o laboratorio. Lanzándose contra el humano movió la espada con una increíble velocidad; y como si las cosas se dieran en cámara lenta, el filo de la Katana brilló reflejando las luces del sótano mientras alcanzaba el objetivo atravesándolo. Él. Hamato Leonardo lo hizo, sesgo la existencia de un ser vivo. Un hombre, un humano.

El cuerpo cayó al piso enmarcando sus alrededores con tonalidades carmesí que escurrían por la herida de arma blanca.

-Yo, yo- Leonardo dejo caer la espada impactado, jamás había tomado la vida de alguien y menos con tanta saña.

Los hombres le miraron sin saber cómo reaccionar, El líder del clan y familia Shimisu Katashi estaba muerto; asesinado por las manos de una tortuga guerrera. Como si se tratase de un cuento fantástico proveniente de sus tierras.

-Kappa- Resonó la expresión entre las filas de hombres que continuaban impresionados por la situación. Rafael en cambio no perdió más el tiempo aprovechando la confusión. Tomo un par de bombas de humo lanzándolas para jalar a su hermano mayor y correr desapareciendo de vista junto con Donatello. Los hombres no siguieron a la criatura, era obvio que su desesperación en busca de la libertad lo había llevado a ese punto. Nadie sintió deseos de enfrentarse a un demonio legendario.

Rafael corrió hasta que sus piernas no pudieron más, con la figura silenciosa de Leo sobre él se dejó caer volviéndose hacia el aludido.

-Lo mate, lo mate- Susurro el espadachín viendo sus manos.

-Lo hiciste para salvarnos- Intervino Donatello tomándolo de los hombros aproximando para abrazarlo.

-Él te torturo, habría hecho eso o algo peor con nosotros si no lo hubieses detenido- Prosiguió Rafa sosteniendo su rostro para juntar sus frentes.

-Nos salvaste, a pesar de todo lo que sucedió lo hiciste- Continuo el aludido enfocando la figura delgaducha y temblorosa.

-Soy un monstro- Murmuro Leonardo consternado.

-No, tu eres un hermano que protegió a los tuyos a pesar de todo- Recalco Rafael mirándolo de frente. –Jamás podrías ser un monstro- Aclaro notando los parpados que comenzaban a bajar con la perdida de la adrenalina.

-Descansa Leo, estamos contigo- Intervino Don al percatarse de la situación real de su hermano. La marca de ataduras, heridas, mala alimentación entre otros resalto a la vista con total claridad. Al parecer el cansancio y la enfermedad finalmente reclamaron hasta la última pisca de energía del mayor dejándolo claramente exhausto.

-Nos vamos a casa- Escucho la voz de Rafael antes de perderse en la oscuridad nuevamente.

Continuará…