HIPOCRESÍA
—…Soy demasiado consciente de las dificultades que representan las enormes diferencias entre su posición social y la mía y de los numerosos obstáculos que supone la inferioridad de su familia. Son tan grandes que realmente ningún hombre cabal podría pasarlos por alto. He luchado contra todos ellos desde el comienzo, oponiendo la fuerza de mi inclinación a mi buen juicio y la certeza de que toda la sociedad y mi familia más cercana pensarán que nuestra unión es una degradación. Esos terribles impedimentos son los que me han obligado a guardar silencio hasta ahora acerca de mis sentimientos por usted. Son obstáculos inevitables, pero mi sincero afecto por usted también es inevitable, a pesar de que he hecho todo lo que estaba en mi poder para vencerlo. —Darcy se detuvo un momento y trató de serenarse, antes de hacer la propuesta que aseguraría su futuro—. Estoy convencido de que usted es y siempre será la dueña de mi corazón, que nuestro futuro está tan íntimamente entrelazado como los hilos de una madeja y que, al igual que ellos, seremos más fuertes si estamos unidos como si fuéramos uno solo. Con ese fin, espero y deseo que usted recompense mi larga y ardua lucha con la aceptación de mi mano en matrimonio y la promesa de convertirse en mi esposa.
Elizabeth lo miraba con su cabeza ladeada, estuvo unos agonizantes minutos en silencio…
—Me temo que estoy realmente confundida Sr. Darcy —dijo con un profundo suspiro. —Usted encuentra objetable el hecho de que mi hermana pudiera casarse con el Sr. Bingley, pero aun así desea casarse conmigo aunque este matrimonio tendría menos fundamento que uno de Jane y el Sr. Bingley, ¿por qué? ¿Acaso no poseo yo las mismas objeciones que mi hermana?
—Observé a su hermana en el baile de Netherfield, y no advertí en ella ningún signo de especial afecto. Esto me convenció de que, aunque disfrutaba con sus atenciones, ella no le correspondía. Y no fueron los únicos motivos, la situación de su familia materna, aunque condenable, no era nada en comparación con la total falta de decoro que tan a menudo, y de un modo casi uniforme, mostraban su madre y sus tres hermanas menos, incluso a veces su padre. Le ruego me disculpe…
—No lo disculpo señor, sé como se comporta mi familia —interrumpió Elizabeth —, pero ciertamente no creo que usted tenga derecho a expresarse así de ellos, por mucha razón que tenga. Sé que mi madre puede ser bulliciosa, pero ¿Qué haría usted si lo único que pudiera hacer por su hermana fuera conseguirle un buen matrimonio ya que no tiene otros medios para defenderla? Estoy segura de que la dote de su hermana es muy jugosa y aún así, usted quiere que tenga un matrimonio ventajoso en riqueza y posición. ¿Cómo no puede mi madre querer lo mismo para sus cinco hijas si debido a la vinculación y al hecho que no somos ricos, nos podemos quedar en la calle en el momento en que mi padre pase a mejor vida? Usted hasta trabajaría, estoy segura, para proteger a su hermana. En cambio, mi madre hace lo único que le permite la sociedad, buscar matrimonios para sus hijas.
¿Cuál es el defecto de mi hermana? —prosiguió —¿Ser toda una dama que no muestra sus sentimientos, como le exige la sociedad? ¿Qué hubiera pensado usted si mi hermana hubiera hecho algo diferente? ¿Encuentra a mi familia materna condenable? Le aseguro que no cambiaría a mis tíos comerciantes y a mi tío el abogado rural, ni siquiera por una tía que sea hija de un conde, mis tíos Gardiner son todo lo que es educado y caballeroso, usted no reconocería que son comerciantes a menos que alguien se lo diga, y mis tíos Philips son personas amables y agradables, ansiosos por complacer y que jamás maltratan a sus invitados ni a nadie que creen están por debajo de ellos. —
Aquí Elizabeth ya estaba casi al borde de las lágrimas y se agarró al borde de la mesa, tratando de mantener la compostura. —Por último, me parece hipócrita de su parte quejarse de la falta de sentimientos de mi hermana por Bingley cuando dudo mucho que usted piense que yo tengo afecto por usted ya que en ningún momento le he dado razones para pensar eso y ciertamente usted no ha hecho nada por alentarlo, así que haré lo mismo que usted hizo por su amigo el Sr. Bingley y lo salvaré de un matrimonio imprudente, señor. —
Darcy estaba boquiabierto, aunque se apresuró a cerrar la boca en cuanto se dio cuenta, estaba humillado, aunque no por los motivos correctos.
—Ha dicho usted bastante, señorita —logró responder—. Comprendo perfectamente sus sentimientos y sólo me resta avergonzarme de los míos. —Hizo una reverencia y retrocedió hasta la puerta. Tras apoyar la mano contra el picaporte, se detuvo, con la cabeza inclinada, y la miró a los ojos por última vez—. Perdóneme por haberle hecho perder tanto tiempo —dijo con voz ahogada— y acepte mis buenos deseos de salud y felicidad. —Sin esperar a que ella respondiera o le hiciera una reverencia, Darcy empujó el pomo y salió rápidamente del salón. Bajó las escaleras casi corriendo y en unos segundos estuvo fuera, mientras la puerta se cerraba tras él, de manera sólida e irrevocable.
Hola! Tenía mucho tiempo sin publicar nada. Lo que está en cursiva es texto tomado directamente del libro SOLO QUEDAN ESTAS TRES de Pamela Aidan.
Espero que lo hayan disfrutado.
