«Hay dos tipos de personas: Los que son capaces de abrir su corazón y los que no. Tú cuentas entre los primeros. Puedes abrir tu corazón siempre y cuando quieras hacerlo.»

—Norwegian Wood (Tokyo Blues).

Jon no solía pensar demasiado en cómo fue que conoció a Soi Fong. Pero sí que por mucho tiempo no dejó de pensar en la impresión que ella le había dejado. Era pequeña y a primera vista apenas unos años mayor que él, pero el aura que la rodeaba era tan fuerte y su mirada era tan intensa que dejaba a entrever que tenía más experiencia de lo que tendría cualquier otra persona que conocía, incluso su propio padre de alguna manera. Jon a menudo le decía que ella tenía una presencia bastante magnética que hacía difícil no girarse a verla cuando entraba a una habitación y Shaoling solía negarlo o decirle que exageraba. Pero seguía siendo así, aunque ella misma no se diese cuenta, tanto Jon como su amigo Damian y los que habían conocido a la joven estaban de acuerdo. Ella era difícil de ignorar.

Suponía que era algo natural cuando eres el líder de un escuadrón, destacas de una manera u otra.

En un principio ella actuaba de manera bastante apática con él, incluso a veces sentía que no lo quería cerca. Pero lo que alegraba al muchacho era que a pesar de todo ella evidentemente se esforzaba por hablar con él. Al principio, la oía soltar con timidez frases en inglés y esforzándose por entender lo que él le decía cuando a veces se le escapaba algo en inglés aunque tuviese que usar el traductor para ello, cosa que claramente sucedió más de cinco veces. Llegó entonces un punto en el que ambos podían sin problemas mantener una conversación en ambos idiomas puesto que ni el uno ni el otro dejaban de practicar aunque estuviesen separados. Algo extraño para cualquier otra persona. Ella misma dijo que normalmente no hacía algo así por nadie y que en verdad no comprendía por qué sentía la necesidad de estar con él sin importar nada, y Jon la mayoría de las veces tampoco estaba seguro de qué contestarle.

«Algo en mi pecho me impide ignorarte. Es lo único que puedo decirte.» Le había dicho ella, en su idioma materno para dejarlo claro. Él no lo entendió en ese momento y aún ahora no lo comprendía, pero de todas formas le sonrió y le agradeció su interés. Ella por su parte no pareció entender por qué le agradecía.

No lo negaría, cuando Soi Fong eventualmente le terminó confesando quién era en verdad, le costó muchísimo creerlo ¿En verdad ella era una especie de comandante de asesinos dedicada exclusivamente a ejecutar enemigos del mundo espiritual en el que vivía? Si él mismo hubiese sido una persona normal y no el hijo del hombre de hierro y un héroe, seguro habría pensado que Soi Fong estaba gastándole una exagerada broma o que había perdido la cabeza en el peor de los casos. Pero la manera en la que ella lo dijo, la manera en la que su mirada permaneció clavada en él en todo momento con total seriedad, le dejó claro a Jon que no era en lo absoluto una mentira y que la iba a herir muchísimo si no le creía. Y considerando los orígenes de Raven, la compañera y novia de Damian, no resultaba tan descabellado como le pareció al inicio.

—¿Así que en verdad eres un fantasma? —le había dicho él.
—No soy un fantasma, Jon. Sólo vengo del siguiente mundo.
—¡Así es como les decimos a los fantasmas! ¿Te has ocultado bajo la cama de alguien, Soi Fong? ¿O en el closet o en la caja de juguetes?
—¿Por qué debería hacerlo? Tampoco soy el Coco, Jon.
—Quizá tú no pero otros puede ser.

Jon pudo jurar que vio como una vena se marcaba en la sien de Soi Fong.

—Mejor no te hubiera dicho nada si ahora vas a verme como una especie de asustadora de niños.
—¡No no no! ¡No quise decir eso! ¡Es que quiero saber más sobre tu mundo! —replicó él.

Jon jamás entendería de dónde salió el despilfarro de confianza que Soi Fong le había expresado al contarle de su verdadero orígen. Pero no había podido evitar sentirse tan conmovido que él mismo decidió comentarle su identidad y poderes como un héroe, y la mejor manera de probarlo que se le ocurrió fue pedirle cargarla, a lo que ella si bien dijo que llevarla sin esfuerzo no significaba nada, puesto que se sabía demasiado ligera, de todas formas aceptó.

—No tengas miedo —le dijo antes.
—No tengo miedo —contestó inexpresiva ella.

Pero la expresión cambió por completo cuando el joven de ojos celestes de repente saltó por la ventana y lejos de caer empezó a subir, cada vez más. Al punto de que los edificios abajo de ellos se hicieron diminutos. Ella por puro instinto se aferró al cuello de Jon y se esforzó al máximo para no mirar hacia abajo, aunque la velocidad repentina y la altura hacían que la cabeza le diese vueltas.

—¡Ahora sí tengo miedo! —gritó. A lo que Jon sonrió apenado.
—Lo siento.

Luego de eso un agudo grito por parte de la muchacha cuando Jon bajó de vuelta a la ventana, tan rápido como había subido para empezar. El repentino cambio de atmósfera le tapó los oídos a Soi Fong y estaba incluso más mareada que antes cuando Jon la posó con cuidado en el sillón.

—Sí... Te creo —musitó la joven aún algo pálida—. Y más te vale que me expliques de cabo a rabo todo.

Aunque las palabras eran un burdo intento de amenaza arruinadas por el malestar de la capitana. La sonrisa que se le escapó a Jon fue de oreja a oreja y al instante le contó a Soi Fong todo lo que le pareció prudente decirle: Sobre sus padres, sobre el legado de su padre al que esperaba poder llegar, sobre sus amigos y también algo sobre los problemas con los que terminó lidiando debido a su ser antinatural y a ser el hijo de Superman. Cuando terminó lo último Jon no pudo evitar desanimarse bastante. Trataba de no pensar demasiado en aquello, pero en verdad le preocupaba no poder ser un héroe tan bueno como su padre.

Soi Fong no dijo nada por un momento, pero sintió su mano pequeña y algo áspera por la espada sobre su rodilla.

—No creo que debas pensar que debes llenar el lugar de tu padre. Porque nunca lo harás.

Jon alzó la cabeza con los ojos muy abiertos, y cuando quiso replicar ella alzó un dedo pidiéndole silencio.

—Déjame terminar. Nunca llenarás el lugar de tu padre porque eso no debería ser tu prioridad. Tú no eres el reemplazo de nadie, no eres tu padre —ella soltó su rodilla, se enderezó y se movió para sentarse más cerca de él—. Mira. Yo he estado en el lugar en el que tú estás ahora y sólo te lastimas pensando que debes llenar unas expectativas ajenas. Sólo... Sé tú y ya —terminó apartando la mirada con vergüenza.

Jon sentía un nudo en su garganta. Su madre, su padre y hasta Damian le habían dicho cosas parecidas, pero viniendo de ella se sentían muy distinto por alguna razón. Le hacían sentir que un enorme peso se le iba de los hombros. Podría ser el hecho de que ella decía entender cómo se sentía por experiencia propia, podría ser porque la calidez que ella le inspiraba no tenía nada que ver con la fachada fría que solía mantener. No lo sabía, pero se sintió tan bien sentirse escuchado y apoyado por ella que hasta se le humedecieron los ojos.

—Gracias, Soi Fong.
—Shaoling, mi nombre es Shaoling.

Ella le sonrió, y en opinión de Jon fue como si una dulce lamparita se le hubiese instalado en el rostro. Él también sonrió.

—Gracias, Shaoling.
—No se lo he dicho a nadie. Así que más te vale ser discreto.
—¡Claro! —exclamó mientras la alegría regresaba a su voz.


Shaoling desde ahí pareció mostrar cada vez más confianza con él para su alegría. Eventualmente ella le comenzó a hablar más de su vida como Shinigami. Su pasado con su mentora e indicios de lo que sufrió con la partida de esta, incluso algunas locuras que hizo en la Asociación de mujeres Shinigami que le hizo pensar a Jon que, con todo respeto, esperaba no tener que encontrarse con la teniente Matsumoto o verse enredado en sus ocurrencias. No deseaba que le tomasen fotos desnudo, muchas gracias.

Y con cada palabra que Shaoling le decía la admiración de Jon hacia ella crecía. A pesar de que intentaron callarla y relegarla a nada más que una sirvienta ella jamás se rindió, cuando se quedó sola con dos grandes títulos heredados para los que no estaba preparada, en lugar de quedarse llorando en las cenizas se puso de pie y aprendió por sí misma. La impasibilidad y valentía de esa mujer nunca la había visto ni siquiera en su amigo Damian, y eso mismo fue lo que él le dijo.

—Espero algún día ser tan genial como tú, Shao.

Ella se sonrojó, como solía suceder desde que él inventó ese apodo para ella. Carraspeó.

—No tienes que hacerlo —contestó—. Tú ya eres un héroe genial. Salvas ciudades enteras ¿Crees que es poco?

Esa respuesta le sacó una amplia sonrisa a Jon. Ella siempre lo hacía sentir mejor con esas torpes respuestas. Le decía que no tenía que ser el héroe perfecto, que ya siendo él mismo era increíble. Le quitaba algo de la inmensa presión en los hombros y lo hacía sentir menos solo. Y con el tiempo empezaron a acelerarle el corazón esas frases tan lindas por el simple hecho de venir de ella, su por lo general fría amiga.

Requirió mucha insistencia, quejas e incluso súplicas de parte de Jon. Pero se las arregló para que Soi Fong accediese a entrenarlo en combate cuerpo a cuerpo, con la condición de que no debía utilizar sus poderes. Shaoling le había preguntado por qué no se lo pedía a Damian, a Dick o a alguna persona conocedora de artes marciales que conociese de antemano, a lo que Jon se había ruborizado y se había excusado diciendo que ellos estaban demasiado ocupados. Ella lo miró con duda, pero no le preguntó más y acordaron las fechas del entrenamiento.

Fue una tortura; Jon no iba a mentir. No tenía idea de cómo lograba sobrevivir a las carreras de obstáculos ni cómo se las arreglaba con tantos miembros del escuadrón que se le lanzaban todos juntos en emboscada. Había veces en las que incluso con su invulnerabilidad —que agradecía más que nunca puesto que no recordaba que le hubiesen lanzado tantas estrellas y cuchillos en su vida— sentía que se moriría en cualquier momento antes de terminar el entrenamiento, pero la mirada complacida y la media sonrisa que Soi Fong le mandaba cuando lograba completar un circuito aunque fuese casi inconsciente hacían que valiese la pena. El mismo Jon comenzaba a sentir como el entrenamiento lo iba fortaleciendo cada vez más al grado de que llegó a batir su propio record completando el circuito y dejando inconscientes a los hombres de Soi Fong sólo con sus manos, sin poderes. Sus reflejos eran irreconocibles y ni qué decir de su resistencia a estas alturas. La sonrisa de Soi Fong, satisfecha como siempre pero irradiando una gota de otra cosa hinchó de calidez el pecho de Jon. Pero la sensación desapareció de repente cuando Soi Fong le dijo lo siguiente.

—Nada mal, novato... Pero ahora tendrás que enfrentarme.

La información le cayó a Jon como un yunque en la cabeza.

—¿Qué? —fue lo único que dijo.

Si el hijo de Superman se quejaba del entrenamiento por ser demasiado duro, en nada se comparaba con las breves batallas que comenzó a tener cada dos días con Soi Fong. La joven no le tenía ningún tipo de consideración por más que fuesen amigos, y también lo reprochaba a menudo por ser "amable" con ella durante estos pequeños enfrentamientos: «Los enemigos no se detendrán porque tú no quieras lastimarlos», «Si no das lo máximo para vencerme a mí menos lo harás para vencer a alguien que de verdad quiera hacer daño», «En el campo de batalla cualquier lazo que tengamos se corta». Esa y más frases eran las que Shaoling constantemente le repetía.

No obstante, por más que Soi Fong no fuese amable con él durante el entrenamiento. Antes y después del mismo ella cambiaba dramáticamente. Ella misma le curaba los rasguños y pequeños hematomas que le hubiese provocado en silencio, un silencio a veces cortado cuando a él se le ocurría empezar conversación y a veces le daba un pequeño comentario con un elogio oculto.

—Gracias, Shao. Gracias a ti siento que me he vuelto más fuerte sin mis poderes —le dijo en una ocasión Jon, con una sonrisa mientras ella le curaba un golpe encima de la ceja—. Damian se pondrá tan celoso cuando le muestre mis nuevos y geniales movimientos —terminó con una risita divertida.

Ella no respondió, pero la sonrisa ladina que mostró fue más que suficiente para Jon.

Pasaron dos meses y medio en los que Jon seguía recibiendo palizas por parte de Shaoling, pero de a poco adquiría más capacidad para seguirle el ritmo, bloquear y esquivar sus golpes e incluso llegó a aturdirla sin poderes en alguna ocasión. Hasta que llegó un momento en que finalmente pudo moverse antes que ella, hacerla tropezar y aprovechar la ocasión para inmovilizarla contra el suelo con el brazo en la garganta y la otra mano sujetándole las muñecas.

Pensó que se molestaría porque había sido demasiado brusco. Pero la mirada sorprendida de la muchacha había pasado a una sonrisa, una de puro orgullo pero que nuevamente, parecía esconder otra cosa que apenas estaba comenzando a surgir. Pero antes de que Jon pudiese observarla mejor para descifrarlo ella habló.

—Ganaste.

Sólo era eso. Pero una vez Jon procesó esa simple palabra sintió que todo su ser se alzaba de pura alegría, orgullo de sí mismo, ansias por una felicitación más concreta. Se levantó de un salto del suelo y asió a Soi Fong de la muñeca para ayudarla a pararse. Pero no calculó su fuerza y la muchacha no sólo se levantó casi de un salto, sino que la brusquedad del movimiento hizo que chocara con el pecho duro de Jon, desconcertado Jon soltó su muñeca, ella apoyó ambas manos en su pecho y alzó la cabeza para encontrarse con sus ojos. Ambos se quedaron parados ahí un momento sólo mirándose hasta que la capitana volvió a sonreír, mucho más suavemente que antes.

—¿Lo ves? —dijo ella— Eres un héroe con o sin tus poderes.

Jon sonrió con una dulzura que ni él sabía que podía poseer. Al mismo tiempo un cosquilleo de lo más agradable nació en su estómago y de un momento a otro se hizo más consciente de la calidez del cuerpo de Shaoling y la ternura poco común en su profunda voz.

—Gracias.


Las cosas empezaron a cambiar entre ambos desde que el entrenamiento de Jon terminó. Como si en el muchacho la necesidad de estar al lado de la joven aunque fuese por unos pocos segundos hubiese aumentado. Ya no era mera curiosidad o deseo de aprender más de su estilo de lucha, sino que tan sólo le gustaba tenerla cerca puesto que lo hacía sentirse libre de alguna manera, sentirse comprendido por una persona que se sentía o al menos se había sentido como él. Su admiración hacia ella había incrementado cada vez que ella lo aconsejaba, y le alegraba que también lo encontrase digno de la misma admiración.

La conocía lo suficiente como para saber que sus palabras de aliento no eran condescendencias sin valor.

Se acostumbraron a pasársela juntos cada vez que podían. Iban de vez en cuando a festivales japoneses en los que ella le explicaba casi todo lo que veía, algo que Jon valoraba mucho dado su poca predilección por esta clase de eventos concurridos. Varias veces fueron a tomar un simple helado en el que Jon se reía a carcajadas cuando ella tenía helado en la nariz o Shaoling ponía cara de desconcierto al ver los enormes helados que Jon se devoraba en segundos. Una vez incluso la convenció de ir juntos a acampar y durmieron en la misma tienda. No se tocaron, pero el perfume de la muchacha se sintió más cargado y su profunda voz femenina sonaba tan íntima en aquella tienda, a la luz de la linterna, que el joven héroe sintió cosas removerse en él. Cosas que nunca había sentido ni siquiera cuando perdió el control de sus poderes, cosas que si bien eran desconocidas, no le provocaban miedo. Con ella rara vez sentía miedo, y aunque lo sintiese, sabía que estaría completamente bien. Que Shao no lo juzgaría.

Jon había visto en los libros y películas que cuando la gente se enamoraba era una ráfaga. Algo intenso como pocas veces ocurre en la vida. Oía que cuando te enamoras descubres en seguida lo que te pasa y no puedes hacer nada para controlarte. Que amar se siente básicamente como una adicción de la que difícilmente te curarás y que cuando no estás cerca de tu objeto de afecto, el vacío es agónico.

Pero con él no ocurrió tal cosa. En su caso fue silencioso, tanto que no se molestó en resistirse, en lugar de una llamarada encendiéndole el pecho se había sentido como si una mariquita hubiese aleteado suavemente hasta su corazón, sin provocarle molestias, pero aún así notándose su presencia. Era extraño, sí, pero no había sido ni de cerca la intensa sensación que él esperaba percibir algún día.

A veces pensaba en ella cuando se encontraba solo meditando en la luna. Shaoling era una chica baja, su coronilla solamente tocaba el pecho de él, y también delgada con las clavículas rectas y marcadas, la cintura estrecha y muslos poco redondeados. En conjunto con su tez blanquecina casi parecía delicada. Sin embargo dicha impresión se destruía cuando veías sus pálidos abdominales y los músculos en sus brazos y piernas, cuando sentías la aspereza de sus delgados dedos habituados al combate. Sus caderas alineadas con sus hombros, en cuanto a sus... Bueno, sus senos y glúteos, quizá no fueran tan prominentes como a ella le hubiese gustado, pero eran redondos y firmes. Luego estaba su rostro, demasiado suave para tratarse de alguien tan seria según muchos: Pequeño, en perfecta forma de V que se veía más pequeño incluso enmarcado por su lacio y corto cabello oscuro, los labios pequeños y rojizos, el flequillo negro azulado cubriéndole la frente y añadiendo profundidad a sus ojos grises. Los ojos de la capitana seguro eran lo que más impacto provocaba, tan intensos que inquietaban cuando estaba concentrada, los que tanto brillaban cuando bailaba, cuando estaba con él o con su maestra, los que parecían tener un toque único cuando se encontraban con los ojos de Jon, los ojos que él no soportaba ver tristes.

Jon nunca había pensado con tanto detalle en la apariencia de la muchacha, siempre había tenido claro que estaba lejos de ser fea o extraña. Pero esa vez terminó sonrojándose cuando se dio cuenta de los pensamientos que le estaban llegando. Sí, Soi Fong era bella, y no había nada raro en que lo admitiera aunque fuese sólo para él mismo. Pero en ese momento él no había podido evitar sentirse como si su corazón se hubiese saltado un latido. Lo ignoró, no le dio importancia como decían de broma por ahí.

Hasta que hubo una vez en la que Jon la encontró llorando en el parque bajo la lluvia y se vio obligado a reconsiderar seriamente sus sentimientos por ella. Esa vez no le preguntó por qué lloraba porque sabía que era lo que menos necesitaba, porque cuando él lloraba ella se acercaba a consolarlo sin preguntas, tomaba su mano o se aferraba a su brazo y no lo soltaba hasta que se recompusiera, ni siquiera pedía explicaciones, no le decía que se relajase y luego le explicase. Sólo se quedaba con él.

Y lo más justo era que él hiciese lo mismo.

Recordaba que su rostro lo veía borroso a causa de la neblina y la lluvia. Llevaba la capucha rosácea sobre la cabeza, pero esta había hecho poco por protegerla del agua a juzgar por su flequillo húmedo pegado a su frente y su rostro empapado al grado de que costaba distinguir sus lágrimas de la lluvia. Tenía las mejillas y nariz enrojecidos y cuando la tocó no tardó en mojarse él mismo, estaba helada y temblaba cual criatura abandonada, sus ojos tan bonitos estaban tan tristes que lo desconcertaron por un segundo. Jon la sintió incluso más pequeña cuando la escondió en su pecho y tanto así que se le hizo también un nudo en la garganta. Sentía la vibración de sus sollozos e hipidos contra su piel, sus manos aferrándose a su cintura como si tuviese miedo de que la tirase de un empujón y huyese o quizá con miedo de mojarlo aún más. Era lo más vulnerable que la había llegado a ver.

—No me dejes sola —suplicó ella entre lágrimas.
—Jamás lo haré —contestó Jon con voz firme, una voz firme que había aprendido de ella.

La llevó a casa y su madre no tardó en horrorizarse al verlos mojados mientras que su padre sólo puso cara de impresión (y preocupación) al ver el estado en el que estaba Shaoling mientras se aferraba al joven. Con un gesto Jon les rogó a sus padres que no hiciesen preguntas y llevó a la muchacha a bañarse para evitar que se resfriase, la vistió con uno de sus conjuntos de cuando tenía trece años y se tendieron juntos en la cama. Jon se había limitado a quitarse la ropa mojada y cambiarla por la pijama porque quería apartarse de ella lo menos posible. Esa fue la primera vez que durmieron juntos, un recuerdo agridulce porque Shao no dejó de llorar sobre él hasta quedarse dormida.

La llevó a casa y su madre no tardó en horrorizarse al verlos mojados mientras que su padre sólo puso cara de impresión (y preocupación) al ver el estado en el que estaba Shaoling mientras se aferraba al joven. Con un gesto Jon les rogó a sus padres que no hiciesen preguntas y llevó a la muchacha a bañarse para evitar que se resfriase, la vistió con uno de sus conjuntos de cuando tenía trece años y se tendieron juntos en la cama. Jon se había limitado a quitarse la ropa mojada y cambiarla por la pijama porque quería apartarse de ella lo menos posible. Esa fue la primera vez que durmieron juntos, un recuerdo agridulce porque Shao no dejó de llorar sobre él hasta quedarse dormida.

Obviamente, al día siguiente cuando Shao se marchó Jon no pudo salvarse de los interrogatorios de sus padres sobre el porqué llegaron empapados, por qué ella decidió pasar la noche ahí y por qué estaba llorando de esa forma. Jon tuvo que inventar que ella había tenido problemas familiares y le había pedido refugio porque no quería ir a casa, y Clark y Lois, comprensivos como eran, se quedaron con eso. Incluso le pidieron a Jon que la trajese de nuevo a casa alguna vez.

—Esa chica es encantadora ¿No, Clark?
—Es algo brusca y rígida para mi gusto. Pero sí es buena persona.

Jon no estuvo seguro de qué significaban las sonrisas de sus padres. Pero no pudo evitar sentirse inquieto debido al tono que ambos tenían. Como si supiesen algo que él ignoraba.

Desde ese momento surgió entre ambos un tipo de acuerdo silencioso, en el que ella se acostumbró a verlo en su casa sólo para dormir la siesta juntos. Jon también se acostumbró a verla con su ropa de cuando era pequeño en lugar del uniforme de Shinigami, se acostumbró a mantener su habitación organizada para evitar una regañiza por parte de ella, al calor de su cuerpo en su cama y el peso de su pequeña cabeza sobre su brazo, al aroma de ella impregnado en su ropa. La mayoría de las veces dormían pero en ocasiones sólo se miraban a los ojos en silencio, con sus rostros a veces muy próximos. Otras veces miraban al techo con sus manos entrelazadas. Incluso Lois se habituó tanto a las visitas de Shao que a menudo le dejaba dos tazas de chocolate caliente en la habitación para los dos, Shaoling apenas comía dulce, pero era evidente que tenía preferencia por esa bebida caliente. Una vez ella incluso le expresó a Jon su deseo de aprender a hacer su propio chocolate, pues sentía pesar al sentir que se aprovechaba de la generosidad de su madre.

—Podrías pedirle a mamá que te enseñe. Seguro ella estaría encantada —ella hizo una mueca.
—No desearía incordiarla en sus ocupaciones. Además no soy buena cocinera.

A él se le salió una risita: —No digas eso, Shao. Aprendes rápido y mi mamá es muy buena maestra ¿Qué podría salir mal?

—Sabes que cada vez que alguien dice eso algo procede a salir mal. Es casi una ley de la naturaleza. Es casi imposible que aprenda a cocinar sin explotar algo en el proceso.
—Pues yo no creo en la ley de la naturaleza. Creo en Shaoling Fong —respondió Jon con lo que se suponía era una broma, no obstante con una seriedad que nada tenía que ver con lo que estaban hablando, repitiendo inconscientemente las palabras que su padre le habría dicho alguna vez para calmar sus inseguridades.
—Jon —musitó Soi Fong desconcertada, pero el sonrojo en sus mejillas era difícil de ignorar.

Jon sacudió la cabeza y rió culpable mientras se rascaba la nuca. Y la expresión de la capitana sólo se mostró más confundida.

—Lo siento. Eso sonó muy fuera de lugar ¿No?
—Sí, un poco —admitió Shaoling, pero sonrió con una dulzura tan extraña en ella mientras dejaba su taza en la mesita de noche y acariciaba la muñeca del joven héroe—. Pero fue muy lindo.
—Entonces valió la pena —contestó Jon con una gran sonrisa.

Puede que hayan sido todas estas cosas juntas. Las tardes de siestas y noches en las que Jon a veces despertaba con ella entre pesadillas o parálisis del sueño y no tuvieron a nadie más que al otro para reconfortarse, los pequeños obsequios florales o peluches que Jon compraba para Soi Fong simplemente porque le habían recordado a ella de alguna manera, las noches en las que estuvieron lejos y estuvieron mensajéandose hasta altas horas de la noche, las videollamadas en las que a veces hasta mezclaban inglés y japonés o quizá Jon molestaba a Soi Fong diciendo alguna frase en algún otro idioma.

Yo... Te quiero ¿Y tu? —había dicho Jon en español una videollamada con una sonrisa divertida.
—¡¿Jon what was it we talked about?! ¡Not Spanish! ¡That's a Trick! —se quejó la muchacha con fuerza, tanta que incluso su madre, que estaba sentada en un sofá cercana a él se rió. «¡¿Jon qué fue lo que hablamos?! ¡Español no! ¡Eso es trampa!»
—Sorry, sorry Shao. Not Spanish. I get it —el muchacho alzó su mano libre, la que no sostenía su teléfono con una sonrisa ladina. «Lo siento lo siento, Shao. Español no. Ya entendí.»

Ella bufó: —Removing your jokes... Did you get what I sent you? —«Quitando tus chistes ¿Recibiste lo que te envié?»

Esta vez la voz de la capitana sonaba mucho más tímida. Quizá fuese porque estaba hablando con él en medio de su oficina, aunque la posibilidad de que alguno de sus subordinados la entendiese era casi nula. Quizá era simplemente su vergüenza natural, más aún cuando Jon mostró una amplia sonrisa y de una decorada caja de madera que había en la mesa frente a él sacó un frasco de malvaviscos con forma de copos de nieve, mismos que le mostró a Soi Fong en la pantalla.

—¡Lo hice! —contestó en el idioma de ella, para que no tuviese dudas— ¡Me han encantado todos los dulces, Shao! ¿En verdad los hiciste tú sola?

La expresión de vergüenza en la capitana aumentó mientras que por instinto miraba a la puerta. Jamás querría hacerle creer a Jon que se avergonzaba de su amistad, pero no sería muy beneficioso para su credibilidad el que todos supiesen que la ruda comandante del Omnitsukido le había hecho con sus propias manos —y muchos desastres de por medio— una caja de dulces y galletas a su amigo humano.

—Get low the volume, please —medió suplicó la muchacha. «Baja el volumen, por favor»—. I wish I could say yes, but some of my coworkers were too helpful —terminó ella como si se tratase de una confesión, «Desearía decir que sí, pero unas compañeras de trabajo me ayudaron demasiado».

A Jon eso le enterneció de sobremanera, el que Soi Fong admitiese que incluso había tirado su orgullo y le había pedido ayuda a sus compañeras para hacerle un regalo tan dulce a él le aceleraba demasiado el corazón, tanto que parecía retumbar en sus propios oídos sobrehumanos. Esta vez fue él el que se sonrojó con intensidad.

—Thank you. That makes it mean even more to me —«Gracias. Eso hace que signifique aún más para mí»

Jon no se daba cuenta de que también su tono había cambiado. Y Lois hace rato había dejado la carpeta que revisaba para prestarle total atención a su conversación con Shaoling. No se dio cuenta de la mirada puramente enternecida de su madre, la sonrisa suave y hasta cierto punto nostálgica. Para él sólo Shao y la pantalla que los separaba existían.

—Anything for you, Jonny —musitó ella casi que con el mismo efecto que había sufrido él. «Cualquier cosa por ti, Jonny»

Y viniendo de ella. Significaba mucho más de lo que el hijo de Superman imaginaba.

—¡Sabía que te encontraría aquí, Soi Fong! ¿Con quién hablas? —esa era evidentemente la voz de Yoruichi.
—Sí —titubeó la joven— ¡La atiendo en un momento, Yoruichi-sama! —luego volvió a mirarlo— Lo siento Jon. Tengo que irme. Nos escribimos esta noche.
—Claro Shao. Adiós. Te... —ella ya había colgado la llamada— Quiero.

Puede que hayan sido todas esas cosas juntas las que llevaron a Jon a enamorarse de ella. Tranquilo y silencioso como una mariquita, pero con una firmeza tal que ni el mejor insecticida podría arrancarlo de ahí.

Recordaba que cuando la conoció también llovía. Ella estaba en medio de la lluvia, y por acercarse a ella decidió arriesgarse a mojarse también.


Aquella vez había vuelto a llover, Shaoling y él compartían una sombrilla mientras caminaban de regreso a casa del parque. Jon era el que sujetaba la sombrilla y con lo alto que era cubría a su amiga sin problemas. Ambos usaban chamarras debido al frio sumado a que empezaba a anochecer. En opinión del hijo de Superman el ambiente estaba perfecto para una fotografía. Los charcos en el suelo y las ondas de las gotas cayendo, la neblina de la lluvia, la oleada de sombrillas y las luces ya encendidas opacas. Ambos llegaron a una zona en la que no había edificios y era puro verde, árboles verdes oscuro con las hojas goteando y el pasto de un tono mucho más oscuro, algunos charcos exparcidos, el cielo aún rosado del atardecer temprano.

—Ve y párate ahí, Shao.
—¿Qué? —ella lo miró confundida.
—Párate allá con tu sombrilla. Te voy a tomar una foto —el joven invulnerable sonrió sacando su celular—. El escenario es muy bonito como para desperdiciar una buena foto.
—¿Por qué no tomas una foto al lugar y ya?
—No será lo mismo —replicó Jon y puso una carita de súplica que siempre funcionaba con ella—. Por favor, Shao. Sólo una foto.

Soi Fong abrió la boca sólo para replicar, pero luego suspiró rindiéndose y asintió, recibiendo un entusiasmado gracias por parte de su amigo. La capitana se paró donde Jon le había dicho con su sombrilla ya abierta, incómoda acerca de cómo debía posar, se limitó a quedarse parada con las piernas cerradas de espaldas a la zona verde y las manos sujetando la misma. La ponía algo nerviosa la cámara de Jon.

—¡Sonríe Shaoling!
—Me veré extraña Jon —contestó con incomodidad.
—Por favor, Shao. Entonces piensa en algo bonito y sonríe naturalmente.
—¿Cómo qué?
—Lo que quieras —replicó Jon—. Recuerdos con Yoruichi-san, la primera vez que le pateaste el trasero a alguien, cosas de tus hermanos, lo que sea.
—No se me ocurre nada, Jon.
Te quiero ¿Y tú? —soltó de la nada Jon en español. Lo que había dicho en algún momento simplemente para molestarla.

La cuestión era que Soi Fong se había tomado el tiempo de investigar el significado de aquella frase. Por lo que no sólo sus mejillas se pusieron rojas sino que una sonrisa se le salió sin siquiera darse cuenta. Una sonrisa que ella no sabía que sólo le salía cuando estaba con él, una sonrisa que encantó a Jon y no dudo en tomar la foto.

—¡Ya está!

Después de eso continuaron su camino, aunque Jon notó por varios momentos que su amiga tenía las mejillas rojas ¿Sería que estaba a punto de resfriarse? Eso fue lo que le dijo, a lo que ella alegó que se sentía bien, que estaba todo bien. El joven de ojos celestes no le creyó mucho, pero prefirió no hostigarla.

—Yoruichi-sama está rara últimamente —dijo la capitana, Jon parpadeó.
—¿Rara en qué sentido?
—En el sentido de que últimamente pareciera que quiere decirme algo —Soi Fong guardó silencio un momento, como recordando la actitud de su antigua superior—. Pero la cosa está en que nunca me dice nada y eso me preocupa. Yoruichi-sama no es el tipo de persona que guarda silencio cuando es algo importante —la mano de Soi Fong apretó un poco el brazo de Jon dejando clara su angustia.

Jon lo había notado también. Las veces en las que había visitado la tienda de Urahara para visitarla a ella se había dado cuenta del comportamiento extraño que la mujer morena tenía últimamente sobre todo cuando él entraba en la escena. La forma en la que asía a veces del brazo a Soi Fong como si intentase retenerla a veces, la forma ansiosa en la que solía mirarlos a ellos en múltiples ocasiones pero de una manera extraña también se retraía en sí misma. Algo nada común en aquella mujer por muy poco que la conociese. Sabía que Yoruichi era muy segura de sí misma y también era hasta cierto punto algo descarada, pudiendo sin problema decir una frase de doble sentido en mitad de una conversación casual ¿Qué podría ser lo suficientemente grave como para que la ex-princesa dudase tanto y más tratándose de Soi Fong?

De cierta forma ese comportamiento se le hacía familiar, recordaba que Damian una vez actuó de esa forma cuando surgió el rumor de que Raven se sentía atraída por Changeling, un rumor que él mismo le había dicho en varias ocasiones que no podía ser cierto.

¿Sería qué...? Jon prefirió no sacar conjeturas sobre los sentimientos de la mujer que apenas conocía.

—Jon... Te quedaste callado de repente —terció Shaoling.
—Me quedé pensando —dicho esto Jon, sujetando la sombrilla sobre su hombro y posó su mano sobre la mano de ella, la que aferraba su propio brazo—. También he notado que Yoruichi-san está extraña. Pero no te angusties tanto, estoy seguro de que cuando ella esté lista para contarte lo que le sucede lo hará. Sé paciente.

Ella asintió, y el héroe bajó su mano con una risita nerviosa de por medio. Puesto que de un momento a otro se había dado cuenta de la posición hasta romántica en la que se encontraban y algunos curiosos que se habían detenido a mirarlos. Esta vez fue él el que se sonrojó y a la vez el corazón nuevamente le empezó a palpitar con una fuerza increíble, fuerza similar a las últimas noches que Shao se quedaba durmiendo con él, fuerza similar a cuando le dijo te quiero en español y ella le sonrió de esa forma.

—Te ves muy bien —dijo con tal de desviar el tema— ¿Esa ropa es nueva?

Soi Fong hizo una mueca de algo similar a la decepción mientras se miraba a sí misma. Llevaba pantalones cortos negros ceñidos y medias del mismo color, botas negras hasta arriba de las rodillas y un sueter marrón con su chamarra blanca.

—Gracias. Yoruichi-sama y Suzumebachi me ayudaron a elegirla —contestó.

De un momento a otro la conversación murió y fue reemplazada por un silencio tenso como pocos solían existir entre ellos. Sin embargo la capitana se negó a soltar el brazo de Jon, de hecho hizo ademán de querer acercarse más a él. Caminaron hasta que llegaron a un puente de hierro cuya vista era más abierta, dejándoles ver el sol que se estaba ocultando en el mar y entre las nubes azules de lluvia. Por un momento sólo permanecieron uno al lado del otro observando la puesta del sol hasta que el cielo se tiñó de tonos lila y violeta con una delgada franja de rosa y una que otra estrella. Fue ahí cuando Jon se sobresaltó porque Shaoling había dado un manotazo al parapeto del puente.

—Ya está. Necesito hacerlo —declaró rompiendo el cielo.
—¿Qué pasa, Shao? ¿Hacer qué? —respondió el de ojos celestes. De un momento a otro sintió su corazón agitarse como si anticipase algo.

Soi Fong apretó el puño y respiró profundamente mientras lo soltaba a la vez. Se giró para observar de frente al hijo de Superman y la seriedad en su rostro asustó un poco a Jon.

—Mira. No sé lo que me hiciste. Pero te dije desde hace tiempo cuando nos conocimos que algo en mi pecho me impedía alejarte como he hecho siempre con la mayoría de las personas. Y a estas alturas ese algo en mi pecho se ha hecho tan pesado que a veces me duele —empezó ella con la voz temblorosa—. Pensaba que no serías la gran cosa para mí pero ahora siento que si algo te pasara yo me moriría, y saber que eres prácticamente de hierro no me hace sentir mejor —Jon empezó a notar que hablaba cada vez más rápido y su respiración de igual manera se aceleraba. Pero no se atrevió a interrumpirla—. Desde que te conocí las ideas en mi cabeza de que nunca sería suficiente, que nunca lograría reemplazar a Yoruichi se han callado, cuando estoy contigo siento que soy capaz de cualquier cosa por más que seas superior a mí en todos los sentidos, valoro cosas de mi cuerpo y de mí misma que antes pasaba por completo por alto. Nunca me di cuenta del poco valor que me daba a mí misma porque me parecía algo normal, algo parte de la realidad. Y por tu culpa salí de la comodidad de la autocompasión y me atreví a buscar ayuda. No me di cuenta de lo mal que estaba hasta que te conocí y supe que te sentías igual que yo y... Creo que nunca dejaré de agradecerte por eso.

Decir que Jon estaba sin palabras sería un eufemismo. Se encontraba anonadado y suponía que eso se podía notar en su expresión. No le parecía posible que él sin quererlo hubiese provocado tanto impacto en ella. Todo ese tiempo creyó estar solamente aprendiendo de ella, encontrando un consuelo de las enormes responsabilidades que cargaba y eso para él era suficiente. No pensaba cambiarla tanto como ella ahora mismo afirmaba que lo había hecho.

Pero Shao no había terminado. Una vez que se tranquilizó un poco siguió.

—¿Sabes cuántos años llevaba sin hacer un sólo paso de baile hasta que me sacaste a bailar esa vez en la estación de tren? Sentí esa vez que mi corazón iba a estallar, pensé por tanto tiempo que ya mi cuerpo no respondía a la música, que ya no lo hacía bien. Y cuando bailé contigo se sintió tan natural, como si nunca lo hubiese dejado para empezar —ella dejó salir una risita irónica. Tenía sus ojos vidriosos—. El punto es que, tú sin siquiera darte cuenta me salvaste. Mejor dicho, me hiciste darme cuenta de cuán mal estaba en verdad y me ayudaste a salvarme a mí misma. Eres mi héroe en el sentido más literal de la palabra y... —una pausa, como si estuviese juntando valor aún después de todo lo que había dicho— Quisiera que fuese así por muchísimo más tiempo, a menos que tú no quieras. Yo te quiero, Jon.

Como si ya no fuese suficiente todo lo que acababa de decir, las últimas palabras de ella casi lograron que se fuese para atrás en la acera, o cuando menos se pellizcase a sí mismo a ver si no estaba metido en lo que sería uno de los sueños más locos de su corta vida. No obstante, su corazón comprendió antes que su cerebro lo que su amiga le había dicho.

Ella sentía lo mismo por él.

Su cuerpo se movió por sí mismo cuando dio dos pasos hacia la capitana y su brazo se extendió para rodear su espalda, su mano libre fue a parar a la nuca de la chica y se enredó en el lacio cabello negro azulado, acercándola hasta pegarla contra su pecho. Soi Fong también se movió como si lo hubiese estado esperando llevando sus propias manos a las mejillas del chico. Sus ojos se cerraron casi al mismo tiempo, el paraguas cayó al suelo y una vez la suavidad de los labios de la muchacha tocó los de Jon este se sintió perder por un segundo toda conexión con todo lo que lo rodeaba.

Los autos se movían a toda velocidad cruzando el puente e iluminando a la pareja con sus luces. Hacia rato que el cielo se había teñido de azul tinta. El rumor del mar chocando con las bases del puente, el chapoteo de la lluvia y el escándalo de las bocinas era casi abrumador. Pero a ellos no pudo importarles menos.

Incluso el super oído de Jon había pasado a concentrarse en su propio corazón que desbocado, latía casi sincronizado con el corazón de Soi Fong.

Esa noche también llovía, pero esta vez ambos se habían metido juntos a la lluvia. Y estando juntos ni siquiera el frío del agua lograba alcanzarlos.


AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA re orgullosa estoy de mí misma por haber escrito esto y sorprendida de que me haya salido tan largo KJSAJSKAJKAJKAJAS. Pero en fin, sólo es la punta del iceberg para el inmenso lore JonSoi que me cree con mi amiga. Saben que sale tan largo porque a diferencia del YoruSoi necesito tiempo para desarrollar este hermoso shipp y estoy complacida de cómo me salió. Así que en ese ámbito no acepto quejas uwu

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