Capítulo 2
"Dos a la sombra de un árbol."
El sonido de la hermosa voz de Ella se sentía como un susurro. Podía escucharle hablar suave junto a su oído aunque estuviera a un metro de distancia.
- Leo ¿Voy a vivir para siempre?
El rostro de la chica se asomó mientras al cerrar el casillero. A veces la inocencia de su belleza parecía quitarle el aliento, si tuviera un espejo de seguro podría ver sus pupilar crecer ¡Dios era tan hermosa!
Leo tomó una pausa para poder comprender lo que preocupaba a Ella.
- ¿Qué es esa pregunta tan repentina?
- Es que… anoche tuve un sueño…
- ¿Una visión?
- No, no una visión, un sueño. Y en el sueño yo sentía dudas y te preguntaba si acaso yo iba a vivir para siempre. Ya sabes, como soy mitad vampira y eso.
Leo sonrió un poco.
- ¿Tuviste un sueño conmigo? – En sus ojos Ella logró ver una pequeña chispa.
- Leo basta, estoy hablando en serio.
Leo tomó un respiro y se volteó para apoyar su espalda contra el casillero. Miró a Ella con calma y apartando la vista hacia el pasillo finalmente habló.
- Quizás deberíamos ir a afuera a hablar un poco.
Ambos se sentaron a en una banca bajo la sombra de un viejo árbol. Ella sentía un poco de temor pero ¿Era realmente miedo a tener vida eterna o miedo a no tenerla? Algo en ella sentía que no era correcto vivir igual que un mortal, que ése no sería su destino ¿O quizás era miedo de pelear contra todas esas fuerzas sobrenaturales con la vida de un humano promedio? La pausa de Leo parecía indicar que la respuesta no sería sencilla, aunque de todas formas… bueno, nunca lo eran.
-¿Cuántos años crees que tenía Ardak, Ella?
- No lo sé, pero creo que era bastante viejo.
- Él vivía para la gran guerra ¿qué tan viejo crees que era?
- Dios…
- Sí… así es.
Leo sonreía. Aunque Ella intentara ocultar lo sorprendida que estaba su rostro aún se mantenía un poco boquiabierto. De seguro porque aún no terminaba de entender lo que eso significaba.
- Mira Ella, Ardak no era inmortal. Él murió y Phatón también, y también vuestro padre. Eso sí eran criaturas especiales, y al menos Ardak, siendo el elegido, vivió muchos años, lo suficiente para guiar toda un era en la vida de vampiros inmortales. Su poder, el de los divididos, es tan grande como desconocido, y eso te hace fuerte. Ésa fortaleza, junto con sabiduría y paz, te darán un larga y próspera vida, si tú así lo deseas.
La cara de Ella mostró un poco más de calma. Un breve suspiró salió de su garganta y una pequeña sonrisa se esbozó de cara a la calidez del sol.
- Sí verás caer más de una generación de humanos. –Leo continuó- Eso tenlo por seguro.
- Pero aún soy dueña de mi vida. Al final del día, son mis actos los que determinan mi destino. –La voz de Ella sonaba confiada y esperanzada.
- Es cierto. Pero debes saber que cada decisión que tomes, conciente o no, va a afectar el destino de los vampiros, y si decides restarte de eso pueden ocurrir cosas que cambiarán el destino del mundo humano de formas que ni tu ni yo podríamos imaginar. Aún si decidieras vivir tu vida como una humana ésta no se mantendrá a salvo si a los vampiros se le fuerza a vivir sin su profeta, y eso sólo tú puedes hacerlo. Tu vida depende de ti, pero también la de todos los humanos y la de todos los vampiros. Lo quieras o no el significado de tu sueño y de tus dudas tiene directa relación con lo que Jamon y yo hemos estado diciéndote todo este tiempo: Si bien eres una dividida, y toda tu vida has vivido como humana, tú lugar ahora está en el mundo de los vampiros. La seguridad de ambas especies depende de eso.
Leo tomó un respiro y mojó sus labios para seguir hablando.
- ¿Has visto al presidente o al Papa viviendo en barrios comunes? ¿Los ves haciendo el mismo trabajo día a día que hacen todos los demás? Para gobernar Ella… para guiar… debe hacerse desde arriba o desde el frente. Sé que temes que cambie la percepción que tienen los tuyos de ti y no quieres tener un trato diferente o especial al resto de los que conoces; eso es parte de tu humildad. Pero debes tenerlo, porque alguien que carga con un peso mayor al de los demás debe tener más cuidado con lo que hace, y es deber de quienes dependemos de ella él protegerla.
Ella escuchaba atentamente las palabras de Leo mientras de a poco su ceño empezaba a fruncirse y pequeñas lágrimas emergían de sus ojos.
- Y es deber de esa persona el protegerse también, porque tiene una gran responsabilidad con los otros. Una que nadie más puede asumir.
Leo intentaba cerrar su discurso con una sonrisa dulzona pero Ella no parecía caer mucho frente a sus encantos. Tomó un momento para que la muchacha volviera a respirar y pudiera emitir alguna oración.
-Fue un buen ejemplo el de los presidentes Leo. Deberías intentar ser profesor.
El vampiro experimentó un leve registro de decepción al escuchar aquella evasiva respuesta. ¿Entenderá Ella algún día? ¿Cómo zafarla de éstos sentimientos sin herirla, y sin transformarla en algo que no es?
- Escúchame Leo… pensaré. Pensaré bastante, te lo prometo. Lo prometo a ti, a mí y a todos. Y finalmente llegaré a ese lugar en dónde soy la profeta que este mundo merece. Pero dame tiempo, mucho tiempo. Necesito mucho tiempo para crecer y aceptar mi destino, porque perderé muchas cosas con él. Y tengo que crear fortaleza para vivir tantos siglos con ese dolor. En no muchos tiempo más los humanos de mi edad también decidirán qué quieren ser más adelante y dedicarán sus vidas a eso. Yo también lo haré.
Si bien se podía vislumbrar la tristeza en sus ojos, Ella procuró decir esto con una sonrisa y aceptar con calma algo que le había tomado un poco de trabajo comprender. No podía dejar de temerle al dolor, pero sabía que con el tiempo aprendería a vivir en paz con él, y algunos días hasta a olvidarlo.
Ahora el respiro de Ella fue más profundo, incluso le dio el impulso para levantarse del asiento.
- Ya. Es hora de irnos. La clase va a empezar.
Leo se quedó con la vista dolida mirando cómo la chica se alejaba con pasos ligeros, obviando por completo que él no caminaba a su lado.
Si tan sólo tuviera tan buenos ejemplos para hacerla comprender también que su larga vida no tendría por qué ser de dolor. Si tan sólo pudiera ser sincero y ofrecerle una eternidad de amor, calor y protección a su lado.
- Espero que vivas lo suficiente para llegar a amarme… Ella.
