Capítulo 4

"La decisión"

Ella se levantó esa mañana con ánimo y hambrienta. Gozó su desayuno, besó con fuerza a sus padres y se dirigió a la escuela. Cuando ya avistaba la entrada inventó una escusa a Guy y con una sonrisa dijo que regresaría en unos segundos.

Pero nunca lo haría.

Apoyada en el muro de la esquina, lejos de la vista de todos y sin saber bien qué diablos intentaba hacer, Ella concentró sus pensamientos en Leo y deseó con toda la fuerza de sus instintos que él llegara a su encuentro. Sin tampoco saber por qué, cerró los ojos y extendió su mano lentamente hacia adelante. Esperaba no verse como una tonta (y no verse como una TOTAL tonta si aquella no resultaba), los latidos de su corazón comenzaban a acelerarse y delataban su nerviosismo. Calmó su cuerpo y respiró hondo hasta que su mente estuviera serena. "Debes tener fé…-se dijo- TENGO fé" Esperó unos segundos y, como siempre lo supo, la mano de Leo se posó sobre la suya en la calidez de la confianza. Ambas se cerraron al unísono.

Ella levantó la vista y su mirada un tanto nerviosa se posó sobre la de su guardián.

- No sabía cómo pero intenté llamarte hasta aquí. ¿Funcionó o tan sólo ibas de paso?

- Funcionó.

Tomó otro par de segundos entre ambos para que Ella recuperara el habla.

- Leo… tenemos que ir a otro lugar. Déjame que te lleve.

Ambos caminaron en silencio unos minutos hasta un lugar que si bien había pasado mucho tiempo, Ella conocía muy bien. Era un viejo puente de concreto que atravesaba la avenida, y llegaba hasta una pequeña estación del tren local. En ningún momento Leo preguntó o intentó leer la mente de Ella para averiguar qué se estaba proponiendo. Sintió paz en el llamado de Ella, y la seguía sintiendo aún cuando juntos tomaron ese tren con rumbo desconocido y permanecieron más de media hora sentados en un vagón.

Era natural tener curiosidad eso sí, y su mirada pegada al rostro de Ella fueron evidencia para la muchacha.

- ¿Sabes? Te estás perdiendo una vista formidable por la ventana. Asumo que nunca has hecho este recorrido ¿me equivoco? –Ella finalmente le dirigió la palabra, esperando que el chico pudiera relajarse un poco.

- No, ni siquiera sé dónde estamos.

- Ahora nos movemos por la villa de Qythar, más adelante llegaremos a Senai, el lugar donde quiero llevarte.

- ¿Hay algo en particular que quieras mostrarme en ese lugar?

- No, la verdad no. Sólo quería que conversáramos, y quería que fuera allí. Eso es todo.

Al llegar a Senai Leo pudo en parte comprender por qué Ella quería tener su conversación allí. El lugar era hermoso: un prado de hierba clara iluminado por el brillante sol, a un costado se podía ver la parte trasera de una iglesia y bancas donde descansaban los ancianos; algunas flores blancas decoraban cada cierto tiempo el verde suelo. Algunos árboles frondosos regalaban unas gotas de sombra a los visitantes, pero Leo y Ella decidieron sentarse a la luz.

- La primera vez que vine aquí Guy yo éramos niños y nuestros padres nos trajeron. Debimos haber tenido unos 3 y 4 años pero aún lo recuerdo. Jugamos a hacer collares con las florecillas. Recuerdo eso y que más tarde sonaron unas campanas y una pareja de recién casados salió de aquella iglesia. Fue la primera vez que vi una novia.

Leo mantuvo su expresión como si Ella continuara hablando y él la escuchara atentamente. No sabía bien qué responder a eso exactamente y algo en él le decía que Ella aún no había terminado.

- Anoche, miraba por mi ventana, y entre muchas cosas pensé que si dedico mi existencia a ser la profeta de los vampiros nunca podré amar a alguien y celebrarlo en una iglesia como aquella chica. Sé que no es el cuento de hadas que la mayoría piensa que es, el matrimonio, pero de todas formas encuentro romance en la simple idea de formar una familia y envejecer en paz con alguien. Pero nunca me casaré.

Leo sonrió un poco y suspiró.

- No sé qué decir Ella. Sólo… no seas tan pesimista. Puedes tener un reinado de paz, y puedes amar a alguien y casarte si lo deseas. Con tu belleza… no será difícil Ella.

Ella no podía creer lo que Leo acababa de decir. ¡Sonaba tan sincero! Poco a poco comenzó a sentir cómo sus mejillas se sonrojaban pero fue capaz de disimularlo.

- No se trata de eso. –respondió tímida.

- Claro que no, pero tú no eres sólo bella.

Por supuesto Leo siempre sabía qué decir, "no seas tan crédula Ella, no lo olvides". La muchacha reseteó sus pensamientos y girando la cabeza al lado contrario se mantuvo en silencio mirando al horizonte.

- Supongo… -Leo decidió intervenir- por lo que acabas de decir… que quieres hablar sobre la posibilidad de… asumir tu rol como profeta en la residencia.

Tuvo un poco de miedo al pronunciar éstas palabras. Tras las últimas conversaciones con Ella, pero también tras su obstinación inicial de quedarse con sus padres, Leo ya no podía pronosticar las reacciones de la chica.

- No hablo de la posibilidad Leo. No hay otra salida, he decidido irme a la residencia.

Leo no podía creer lo que oía.

- ¿Lo decidiste así como así? ¿Estás segura?

- Sí, estoy segura. Y no fue así como así ¿sabes? Lo he pensado bastante, pero lo cierto es que más que la cantidad de horas que lo he pensado, me convence la seguridad que tengo de que si no lo hago, tampoco tendré una vida tranquila y normal. Me necesitan, no puedo olvidar eso y vivir como si nada pasara. Tenía razón Leo, tengo una responsabilidad, una gran responsabilidad, y hay vidas en dos mundos que dependen de eso. Es mi deber, mi destino… y soy la única que puede hacerlo. Y… sólo me hará miserable si yo así quiero que sea. Buscaré la felicidad en donde sea que esté y haciendo lo que sea que haga; ésa será mi forma humana de vivir.

Ella casi se ahoga con la intensidad de sus propias palabras. Pensó que sería mucho más difícil decirlo pero aquí estaba! Cerrándole la boca a Leo… sacándole todas esas ideas preconcebidas sobre ella y su cobardía. "No temas Ella… no temas. Tú estás hecha para esto" se decía para sus adentros. Al levantar la vista se encontró con la mirada sonriente y complacida de Leo.

- Estoy muy orgulloso de ti Ella.

- Muchas gracias.

- Sé que ya lo sabes, pero de todas formas quiero decirte que estoy aquí para todo lo que me necesites. Me esforzaré día a día para cumplir mi promesa.

Algo en la mente de Ella le dio Risa, pero no hizo ademán de aquello.

- Te necesitaré.

- No será por mucho tiempo, pero tengo ilusiones de que sí.

La belleza de esta mañana parecía ser el escenario perfecto para una pareja de adolescentes que escapaban de la escuela. Nadie hubiera imaginado la conversación que tenían estos dos.

- Tengo… eh… tengo preguntas, Leo. –dijo Ella un tanto nerviosa. Se sentía tonta por las dudas que estaba próxima a confesar.

- Claro, pregunta lo que quieras.

- ¿Pueden… pueden visitarme mis padres o mis amigos allí?

- Jeje… -Leo rió un poco.

- Sé que es una tontería Leo pero la verdad es que no tengo idea de nada y…

- ¡Está bien, está bien! Todo lo que preguntes está bien Ella, no sientas pena. Mira, no se acostumbra a que el profeta reciba visitas sociales en la residencia, pero como ésta es una situación especial, Jamon y yo lo hemos hablado y creemos que si destinamos un área para que ocasionalmente –Leo procuró hacer énfasis en esta palabra- tus padres u otra persona, no un grupo grande, te puedan ver, no habrá problema. Siempre y cuándo no tengas otros compromisos ni las visitas pongan en peligro a tus invitados.

- ¿Qué podría pasarle a mis invitados? –Ella sonó preocupada.

- Nada por ahora Ella, nada en lo absoluto. Pero no puedo adelantarme a diez o veinte o cien años. No se en qué escenario podríamos estar más adelante. Debes ser flexible a ciertas cosas.

- Es cierto. –Ella se mordió una uña y pensó en su siguiente pregunta.

- ¿Podré estudiar?

- Podrás hacer lo que tú quieras, de hecho está genial si quieres estudiar, me parece muy bien.

Ella sonrió y recordó algo que Leo pocas veces daba a conocer a los demás, pero era una de sus facetas más dulces.

- Tú eres muy listo y muy culto Leo. ¿Ser inmortal te ha dado tiempo para estudiar?

- Entre otras cosas. Cuando tienes tanto tiempo como yo no sólo puedes leer mucho, también puedes ver bastante de este mundo.

- ¿Qué comeré?

- Lo que tú quieras. Habrá personas encargadas de que así sea.

- ¿Bromeas? –Ella no podía creerlo- ¿Entonces tendría como mis propios sirvientes y eso?

- Claro, eres la profeta.

- Dios Leo, no sé si me siento cómoda con eso.

- No los verás, no te preocupes. Ahora si quieres cocinar tú misma podríamos llevar algunos electrodomésticos pero las compras al menos déjaselas a ellos.

- Bueno… ehh… y otra cosa.

- ¿Si?

Ella tomó un respiro y miró a Leo a los ojos.

- ¿Puede Omer estar conmigo?

...

El prado está inspirado en el lugar donde Iku y Yori de "Boku Wa Imouto ni koi wo suru" solían ir.