Capítulo 6

"Dudas"

- ¡¿Y cómo sabes que no tienen pensado hacerlo en la residencia, idiota?

La voz llena de risotadas de Theo hizo que Leo repentinamente deformara su expresión y se sintiera como un tonto.

- ¡Incluso hasta ése podría ser el plan! Piénsalo: Repentinamente Ella decide de la nada dejarlo todo y venir a la residencia, te lleva a un lindo lugar actuando de lo más adulta y te convence de su altruista decisión, y cuando todo está bien y tú estás fascinado con su nueva actitud hacia este mundo y hacia ti, tímidamente y con sus ojos de niña buena hace un puchero y te dice "Leo… y puede Omer ir a visitarme". Jajajajja es perfecto. Wuau! Si es verdad la profeta se ha ganado todo mi respeto, y tú mi amigo te has ganado todas mis burlas.

Leo no podía creer lo que escuchaba. No, no podía ser ¡Cómo podía serlo, Ella no es así! Y si lo era… se sentía tan confiado cuando salió de la escuela esa mañana.

- Eres un estúpido, Theo. Te detesto.

La cabeza de su amigo vampiro se posó en el respaldo de ese viejo sillón y sus ojos se giraron hacia atrás donde el rostro de Leo permanecía pálido y mordiéndose las uñas.

- No me odies, sólo intento ser sincero contigo. Tú mismo me lo dijiste si es que te empezaba a ver ilusionado, y eso es exactamente lo que veo.

Leo miró el rostro de este vampiro tan sólo dos siglos más joven que él: Era pálido y fino como el suyo, tenía pequeños ojos azules que contrastaban con una abundante melena oscura. También lucía un piercing color plata en su ceja izquierda –un detalle que a Leo le parecía una vulgar tontería- y solía vestir con camisa blanca y chaqueta de cuero negra. Era un buen amigo eso sí, siempre estaba ahí por Leo y procuraba escucharlo cuando él tuviera algo que decir (aunque la mayoría de las veces era él quien debían presionarlo para que dijera algo). Sus maneras de levantarle el ánimo no eran las favoritas de Leo eso sí.

Theo había sido mordido frente a los ojos de Leo hace cuatrocientos años atrás. Tenía sólo 17 años.

- Exageras. –Leo respondió.

- ¿Qué harás? En el caso de que sea así.

Costó que las palabras emergieran de su garganta pero él mismo procuró convencerse de lo que estaba a punto de decir:

- Si ése es su deseo, que así sea.

Ya en la residencia de los Rozen, Ella no esperó mucho para reunir a su familia y contarles sobre la decisión que había tomado.

- Mamá, Papá… antes de preparan la cena me gustaría que habláramos sobre algo. ¿Está bien? –sonaba nerviosa, no se lo esperaba pero sus palabras comenzaban a tartamudear.

- ¿Está todo bien, Ella? –preguntó sorprendida su mamá.

- Sí mamá, todo bien. Sólo quiero… ehh… "discutir" algo con ustedes. Voy a llamar a Guy, por favor tomen asiento.

Los padres de Ella se miraron entre ellos preguntándose a qué se debía tanta solemnidad. Tomaron asiento mientras escuchaban que Ella tocaba la puerta de su hermano.

- Guy –toc, toc- ¿puedes salir por favor?

- ¿Qué quieres? – la voz cansada de su hermano no denotaba ningún interés en salir a la sala.

- Ehh… Mamá y Papá quieren decirnos algo en la sala. –Era mejor ahorrarse el drama innecesario antes de todo el drama que estaba por venir.

Guy salió de su alcoba y se dirigió hacia donde estaban sentados sus padres.

-¿Y? ¿Qué es lo que quieren decirnos?

- Nosotros nada. Es Ella la que quiere hablar con nosotros.

- ¡Ella! –a Guy no le había resultado amigable la treta- eres una tramposa. Yo me voy a mi alcoba.

- ¡No Guy, espera! -Ella lo atajó antes de que pudiera salir del sillón- Lo siento, pero quería que habláramos sí o sí y tan pronto fuera posible. ¡Vamos Guy! No es nada malo, no te molestes.

- Esta bien, está bien… ¿qué es lo que tienes que decirnos?

- Ehh... bueno, la verdad…

- Ella ¿qué sucede? –su madre comenzó a levantar el tono- Estás empezando a preocuparme.

- Lo siento mamá, no quise. Miren… está bien, voy a ir al grano –Ella respiró hondo y sintió como la mandíbula le comenzaba a temblar. Olvidó todo eso. Tenía que ser como arrancar un parche: rápido y con no más dolor del necesario. Rápido, después se ocuparía del resto-, me voy a vivir a la Residencia.

Fue una frase corta pero fácilmente le quitó casi todo su aliento. Quiso con todas sus fuerzas bajar la mirada para no ver el rostro perplejo de su familia y lo difícil que iba a ser el período a partir de este momento y dos semanas después. Quiso con todas sus fuerzas bajar la mirada pero sabía lo valiente que debía ser y se mantuvo.

- Ella cariño… -su madre fue la primera el romper el hielo, pero con una voz tan tartamuda que Ella no se sintió más tranquila de que alguien hablara- pero… ¿pero qué pasó? Pensábamos que ya estaba todo claro respecto a ese asunto, que ibas a asumir tus responsabilidades desde aquí… con nosotros.

Por algún motivo inocente Ella pensó que esto iba a ser una conversación calmada. Intentó calmar a su madre:

- Mamá yo…no sé qué decir, lo siento. Sé que ya había dicho que la decisión ya estaba tomada, pero la verdad es que yo…

Entonces unos pequeños lagrimones emergieron de los ojos de Ella y su voz se puso aún más nerviosa. Su padre se percató del miedo de su hija e intervino.

- Cariño… tranquila. Por favor perdónanos si reaccionamos un tanto exaltados pero esto es una sorpresa. –Trató de suavizar su mirada, tomó una pausa y miró a su hija a los ojos-. Pensábamos, incluso nos ilusionamos como padres, que éste tema ya estaba zanjado y que había dejado de ser una preocupación en nuestras vidas. ¿Qué pasó hija? ¿Qué ha cambiado?

- Nada precisamente papá. Sólo que a pesar de haber tomado la decisión inicialmente… igual el tema nunca ha abandonado del todo mi conciencia. En el fondo de mí sabía que no estaba 100% bien el permanecer aquí, que había muchas cosas en juego, entre ellos la seguridad de ustedes.

- ¡Pero nosotros estamos bien, Ella! ¡De nosotros es lo último de lo que tienes que preocuparte! –su madre sonaba muy preocupada.

- Mamá tranquila. Yo sé que ustedes están bien, pero tengo que pensar al largo plazo. Al laaaargo plazo, créeme. Ha sido difícil, pero creo que es el momento, mientras antes mejor, ya no hay que darle más vueltas a este asunto. –Ella sentía un poco de vergüenza pero comprendió que lo mejor era ser sincera- La verdad es que antes con todo ese discurso de no perder a los que amo y continuar una vida normal estaba siendo egoísta y también me estaba engañando. Por sobre todo no estaba asumiendo la responsabilidad que por destino me compete. Sé que no lo elegí, pero ahora elijo no rechazarlo. Siento un llamado superior hacia mi nueva vida.

A la madre de Ella se le pusieron lo ojos llorosos pero se mantuvo en silencio. Su padre sonreía; la verdad es que se sentía orgulloso.

- ¿No vas a decir nada Guy? Tu hermana nos ha dado una noticia muy importante.

- Para ser honesto lo cierto es que no estoy sorprendido. –Es cierto, la sorprendida ahora era Ella- Siempre supe que esto tarde o temprano sucedería. La verdad es que siento pena por nuestros padres, viendo a su hija marchar y todo eso… pero seamos francos, es algo que les pasa a todos, ya sea por motivos de estudio, matrimonio o ser la profeta de los vampiros. Yo estoy tranquilo porque sé que pertenezco a los mismos dos mundos que mi hermana. Así que estaré cerca de ella por un largo tiempo también.

Las palabras de Guy provocaron más pena que alegría en el corazón del Sr. Rozen. Él aún conservaba la esperanza de que la condición de vampiro de su hijo fuera reversible.

- ¿Hace cuánto has tomado esta decisión? –preguntó su madre.

- Hace unos 3 días de forma definitiva, no quise esperar más para decírselos. Ya he conversado con Leo, resuelto mis dudas, e incluso hecho un par de requerimientos. Pueden ir a visitarme e incluso puedo venir yo algunas veces. Podemos hablar por teléfono y mantener nuestra relación pero es importante que yo esté segura en la residencia. La profecía debe ser protegida.

Los tres miembros sanguíneos de la familia Rozen se miraron buscando aprobación y tras una pausa respondieron a Ella:

- Lo entendemos. Te estaremos apoyando.

Ella sintió alivio hasta la siguiente intervención de Guy:

- ¿Y qué harás con Omer?

- Omer podrá ir a visitarme también, pero aún no lo he hablado con él así que agradecería que no conversaran esto con nadie más antes de que logre hablar con él. Lo cual espero sea mañana. No quiero que se entere por nadie más.

Al final había sido tan complicado como era de esperarse. No fue tan malo, pero definitivamente sí tenso: Tenía el apoyo de sus padres para abandonarlos…. ¿Tendría el apoyo de Omer? Lamentablemente Ella ya sabía la respuesta.

Omer había sido prácticamente su todo toda su vida. Después de años intuyendo sus sentimientos, finalmente al descubrir que era una dividida de sangre decidió que Omer era el chico con quien quería estar y aceptó ser su novia. Habían pasado sólo un par de meses, no había palabras para lo que estaba apunto de hacerle.

Ella se desvistió, ato su cabello en una trenza y calzó su camisola de dormir. Se detuvo a contemplar una fotografía de ella y Omer en su cumpleaños número doce. "No sé cómo haré para que entienda… o para que no se moleste" pensaba la chica. Ella sabía lo que Omer sentía por ella y lo sensible que podía llegar a ser (o las tonterías en las que podía caer si se sentía lastimado). "Omer no merece esto, pero qué diablos se supone que deba hacer". Ella pensaba en que daría lo que fuera porque en un tiempo Omer encontrara a otra chica, digna de él, que lo quisiera y lo pusiera a él por sobre todas las cosas. Ése era el tipo de chica que merecía, no alguien que lo dejara como ella.

Ella sabía que en el fondo las visitas a la residencia no iban a ser suficientes para que ambos tuvieran un noviazgo normal, pero tampoco quería romper con él. No quería dejar de verlo o de contar con él… no quería perderlo.

"Aunque supongo que ya hemos tenido más que muchas personas que nunca llegan a conocerse y a apoyarse tanto como nosotras" pensó. Era una lástima sí que tantos años los hayan dedicado a una amistad infantil y el período "de adultos" haya durado tan poco. No era justo.

Ella recordó cómo su amistad se había visto colapsada el año anterior por la llegada de Leo, y como eso también ayudó a que pudieran hacer borrón y cuenta nueva en su relación y así al fin dar el paso a ser más que amigos. En aquel momento no fue tan difícil pensar en Omer como un novio porque ya se habían dicho todo lo que se tenían que decir como amigos. Había que hacer algo similar.

Ella pensó en lo infantil que había sido siempre antes de entrar a la secundaria, en que las aventuras con Leo y descubrir quien era en realidad le habían hecho sentirse como una chica mayor y eso se sentía bien. Pensó que con su decisión de convertirse en la profeta había suicidado su adolescencia antes de tiempo y si le dolía un poco sabía que era su destino. Nunca se había sentido tan adulta en su vida y era feliz pensando en que Omer había crecido con ella también. Ya no eran unos niños.

"Ya, lo he decidido: Voy a decirle a Omer que quiero hacer el amor con él antes de marcharme."