Capítulo 7
"Planes"
Aún faltaba el asunto de cómo decirle a Omer. Ella se sonrojaba cada vez que pensaba en eso.
- Ella, cariño ¿estás bien? –la voz de su madre la sacó del trance en la mesa mientras desayunaban- te ves algo colorada ¿no tendrás fiebre, no es así?
- No mamá… -las mejillas de Ella acentuaron aún más su color- ¿qué dices? Es sólo maquillaje.
Que vergüenza. Cómo diablos iba a ser capaz de decírselo a Omer si tan sólo pensar en eso la ponía en extremo nerviosa. "Definitivamente no estoy hecha para esto ¿a quién engaño? Ella Rozen seductora ¡por favor!"
Se sentía ridícula, y la caminata rumbo a la escuela sabiendo que la dejaría en un par de semanas tampoco ayudaba a que los acontecimientos tuvieran más sentido. Cómo se supone que un par de tímidos antisociales como ella y Omer iban a dormir juntos mientras aún estaban en la escuela… como si fueran una pareja de chicos lindos y populares o algo por el estilo.
Bueno tampoco es como si nunca hubieran hecho nada: la última vez se besaron de una forma bastante apasionada en su cama, y quizás hubieran seguido si su madre no los hubiera llamado a cenar. Y también estaba la vez que Omer llegó temprano a buscarla y Ella acababa de salir de la ducha sólo con la bata puesta y ambos entraron a la habitación y se pusieron muy nerviosos.
"¡Dios soy una perdedora!" pensó.
Ella no prestó atención en todo el primer período pensando en eso. Menos mal que Leo no apareció en la escuela porque de seguro habría notado que algo le sucedía. Omer había llegado tarde así que se quedó sentado al final del salón lejos de Ella. Faltaba poco menos de una hora para el receso cuando sintió que le tocaban el hombro y un pequeño papelito se dejo caer en su pupitre.
"¿Todo bien?"
Ella reconocería esa letra dónde fuera: era la de Omer.
"Sí, sólo que esta mañana no logré salir del colchón del todo.
Te veo a la salida."
El estómago se le dio vueltas. Se sintió de lo más nerviosa cuando pasó la nota hacia atrás y le hizo un gesto de aprobación a Omer con una leve sonrisa.
A la salida de la clase el chico estaba esperándola en el pasillo. La besó con suavidad en la mejilla.
- Buenos días. ¿Así que aún duermes? ¿Duró hasta tarde la cena con tu familia?
- Emm…sí, bastante la verdad.
Una cena con sus padres y Guy había sido su excusa del día anterior para que Omer no fuera a visitarla a su casa y pudiera hablar tranquila con su familia. Quién pensaría que sería la excusa perfecta también para lucir como el demonio el día de hoy.
- ¿Y a qué se debía eso de todas formas? ¿Había algo especial?
- No, fue una idea de todos, la verdad. Hace tiempo que no teníamos una noche en casa todos juntos y cocinando entre todos. Fue divertido.
- Me alegro. Pero también me alegro de verte.
Omer sonrió con picardía, hizo un gesto de mirar rápidamente alrededor y sorprendió a Ella con un fugaz beso en los labios. "Te extrañé" –le dijo-.
- Yo también Omer. –era sincera, una de las peores cosas de toda esta tomas de decisiones era tener que hacerlo sin el consejo y el respaldo de Omer.
- ¿Qué quieres hacer esta noche?
- Ehh… la verdad no tengo muchas ganas de salir.
- No quieres estar sola y descansar no hay problema.
- No, no… -Ella no quería desaprovechar esta oportunidad para… para lo que sea- quiero estar contigo hoy. Quedémonos en casa.
Procuró apoyar sus brazos en los hombros del muchacho y acercarse a él en una señal coqueta.
- Me gusta eso.
Omer sonreía y miraba a Ella a los ojos. Cualquier idiota a 100 metros de distancia podía notar que babeaba de amor por ella. Leo desde la entrada de la escuela sin duda lo veía así.
- Te lo dije. Yo de verdad lo creo. Si fuera yo, aprovecharía a destajo el nuevo apartamento de mi novia para juguetear un rato.
La cara de Theo era un poco más burlona de lo que el ánimo de Leo estaba dispuesto a soportar.
- No jodas más ¿quieres?
- Tú eres el que vino contándome lo que viste hoy en esa escuela.
- Bueno… tus teorías conspirativas han hecho que me preocupe por el cambio que tendremos pronto por aquí.
La mente de Theo gritaba "¡Patrañas!" pero su cariño y preocupación por Leo lo hacían mantener en algo el silencio. No quería ser el causante de que su amigo se diera cuenta de sus sentimientos y muriera de amor por culpa de una chiquilla que quería jugar a la casita con el torpe de su novio.
- Leo… quizás no deberías estar tan pendiente de Ella mientras está en la escuela.
- Tengo que hacerlo idiota, soy su guardián.
- Sí, lo sé –trataba de sonar amable-, y me parece genial. Sabes que siempre te defendí para el cargo porque no hay nadie mejor para él que tú. Pero me preocupa un poco… y aquí reconozco parte de la culpa, que veas cosas que perjudiquen tu comunicación con la chica ahora que por fin desea venirse con nosotros. Por eso he pensado en proponerte un trato.
- ¿De qué hablas?
- Quería ofrecerme –en privado, entre exclusivamente nosotros dos por supuesto- para hacerme cargo de vigilar y cuidar a Ella cuando esté en la escuela, con sus amigos y esas cosas. Ella no me conoce, así que no sabrá que alguien la está siguiendo.
- Es una tontería, Theo. –Leo dejó de prestarle atención-
- No, no lo es, es perfecto. Tú irás a la escuela de vez en cuando también para que Ella no sospeche. Se preguntaría por qué ninguno de los vampiros está tras de ella. Yo no le hablaré, no me conocerá, no sabrá nada. Vamos Leo, déjame ayudarte.
- No me parece, Theo. ¿Cómo lo harás? ¿Cuál sería tu excusa para estar en la escuela Green?
- Me haré pasar por uno de los estudiantes, tal como tú lo hiciste.
- Entonces sí sabrá que estás allí, te conocerá.
- Sí pero no hablaré. Haré del chico tímido.
- ¿Tú? ¡Ja! No me hagas reir.
- ¡Oh vamos! De verdad que puedo hacerlo. Vamos Leo, nadie por aquí confía en mi.
- Existe una razón.
- Tú eres el único que confía en mí, déjame hacer algo útil. Te demostraré que no soy el vago que todos creen que soy y que puedo llevar a cabo un plan. –Puso ojos de perrito y se notaba que no iba a dejar de insistir- Vamos Leo… dame una oportunidad.
Leo miró a su amigo y sintió lástima por aquel chico que pasaba los años rondando en el castillo sin nada que hacer y siendo criticado por todos.
- Está bien, Theo. Sólo… no te lo tomes tan en serio ok. No necesitamos vigilarla tanto.
- No lo haré más de lo que tú lo haces. Sólo quiero ayudarte, amigo.
Leo sonrió y se marchó. La idea de Theo había sido brillante. De esta forma Leo no espiaría tanto a Ella y así evitaría verla con Omer todo el tiempo.
Se preocupaba por su amigo, no había duda. Leo había sido prácticamente su único amigo desde que sin desearlo, una fría tarde de lluvia hace 400 años fue mordido por un vampiro y arrojado a esta existencia que consideraba mundana, egoísta y sin sentido. Leo había sido aquel desconocido que había sido capaz de arriesgar su propia vida para salvarlo… y que después de recuperar la conciencia un par de días después resultó ser un vampiro también.
Eran 400 años de muerto en que casi a diario pensaba en la vida que pudo tener –o en la vida que tuvo que aún siendo una miseria, era mucho mejor que ésta-, pero eran 400 años en los que Leo jamás lo dejó solo, y eso era algo que no podía pasar por alto, menos ahora en que estaba siendo testigo del amor cada vez más innegable que su amigo estaba sintiendo por la elegida de sangre. Un amor que sin su intervención de seguro lo mataría.
Por su parte, Ella pasó todo el segundo período pensando en qué si no le decía frente a frente a Omer lo que quería no habría ninguna posibilidad de que él lo adivinara por él mismo. Había un problema si: Ella se quejaba para sus adentros de la timidez de Omer pero lo cierto es que ella tampoco se destacaba por ser muy desinhibida en el campo tampoco. Estaría dispuesta a desechar la idea si no fuera por el firme deseo que tenía de cerrar esta etapa de niña tonta y también de amor inconcluso con Omer, y así estar preparada para la nueva vida que la esperaba. "Ya soy una adulta" se repetía, pero había algo en ella que dudaba cada vez que miraba a Omer en silencio durante la clase de literatura. No faltaban muchas horas para que su novio llegara a casa y pasaran lo que de seguro sería una de las últimas noches en paz que tendrían. El cómo llevar a cabo su plan, y las repercusiones que este tendría eran lo que más preocupaba a Ella. Mal que mal, podría estar haciendo algo sumamente mal y no tener idea de cómo lidiar con ello –o como arreglarlo-, por eso cuando terminó la clase le pidió unos minutos a Omer antes de marcharse y se apresuró a seguirle el paso a la única persona que pensó podría ayudarla en aquel momento: La única persona que podría aconsejarla y además confiar en que sería lo suficientemente discreta respecto al tema.
- Zohar ¿Tienes un minuto?
comenten!
