Capítulo 10
"La verdad para Leo"
- Estás sorprendentemente callado hoy. –La voz de Leo sorprendió a su joven amigo mientras éste intentaba armar un rompecabezas.
- Siempre creí que me considerabas más hablador de lo necesario. –Le respondió sin quitar la vista de su actividad.
- Oh y aún lo considero insoportable, pero como es algo extraño en ti por eso pregunto.
- Te estoy haciendo un favor.
- Jajaja. ¡Vamos! Puedes decirme la verdad ¿qué es lo que te pasa?
Con sorpresa, Theo levantó la cabeza y frunció el ceño, aquella expresión sólo le causó a Leo más risa. Solía ser él quien podía leer a través del genio de su amigo y no al revés.
- Te conozco Theo, sé que te aburres tanto que harías cualquier cosa que te pidiese. Menos quedarte callado, eso va en contra de tu naturaleza.
- Si, eres taaan listo.
- Hey, hey… -reaccionó Theo sorprendido- ¿qué pasa? ¿hice algo que te molestó acaso?
Theo consideró su actitud y recapacitó rápidamente en que aquel ánimo no era el más indicado si lo que realmente pretendía era esquivar de sus conversaciones con Leo aquello que sabía.
- Lo siento. No debí. Estoy un poco cansado y como tú tampoco tenías muy buena cara pensé que lo mejor era dejarte tranquilo.
- Gracias por el cumplido.
- No es nada. –Y aunque realmente no estaba de ánimo prefirió seguir con la farsa- Y bueno ya que tienes tantas ganas de conversar cuéntame algo: tus sueños, tus metas… tus miedos más ocultos…
- Mmm… creo que sabes todo lo que es necesario saber –Leo jugaba con una pequeña bola de hule y la admiraba brillar en un pequeño haz de luz que provenía de la vieja ventana-. Lo que ahora me gustaría saber es cómo han ido tus rondas con nuestra apreciada profeta.
Theo se lo esperaba, ya había logrado evitar el tema por tres días, ya era hora de que Leo empezara a hacer preguntas.
- Todo bien, ella no hace mucho y tampoco mucha gente le presta atención. –Intentó bajarle el perfil a la situación-. Uno pensaría que es un ser mucho más interesante, digo… por lo que es y todo eso, pero la verdad es que ni yo me entretuve mucho observando sus actividades y la mayoría de los chicos en su escuela parecen estar en la misma página.
- Sí, Ella no es algo que a simple vista diga todo lo que existe en ella. Ésa es una de sus principales virtudes, es algo que la hará una gran líder si me preguntas a mí.
- Si tú lo dices…
- ¿Entonces no ha pasado nada? ¿No hay noticias, nada interesante que mencionar?
- Nop. Nada que signifique que está en peligro o algo extraño está sucediendo. Ya sabes… porque sólo eso es lo que nos importa por ahora ¿no es así? – Theo jugó la carta de la psicología inversa.
- Por supuesto.
Leo no podía dejar de sospechar de la actitud de Theo esa tarde. Le estaba mintiendo, de eso no cabía duda, pero él mismo tampoco perdía a Ella del mapa el cien por ciento de tiempo y sabía que ella estaba bien. Un paseo por los techos de esos viejos edificios de oficinas junto al museo pareció la actividad perfecta para pensar con calma. Sentía una tentación punzante de ir a la habitación de Ella y oírla decir cómo iba todo, pero por supuesto Theo se le había adelantado: "Notepreocupes,yoiré.Ellanomehavistonisiquieraunavezyprefieroestarenlacallequeencerradoaquídetodasformas.Tecontarétododespués."
La noche estaba clara y realmente parecía una pérdida de tiempo ir y molestar a Theo. Con su suerte probablemente Ella los descubriría a ambos. Continuó su marcha por inercia hasta que topó con las escaleras de emergencia. Leo bajó y decidió pasar el rato en el patio abandonado de una iglesia que conocía hace siglos; la familiaridad y el silencio del lugar siempre lograban calmarlo. Se sentó en la única banca del lugar, frente a la fuente se agua seca y llena de vegetación marchita. Apoyó sus brazos sobre el respaldo y mirando las estrellas emitió un suspiro de descanso.
La impresión de la voz detrás de él casi hace saltar a sus colmillos.
- Esto es sencillamente imposible.
Leo brincó de su asiento y asombrado observó una figura sentada en la oscuridad.
- Esto es genial ¿Qué acaso no puedo por una vez tener un plan que no sea arruinado por ti?
Leo reconoció la voz de Omer entre el silencio de la noche.
- ¿Qué haces aquí? –le preguntó.
- Yo llegué aquí primero, no tienes derecho a preguntarme y a echarme de aquí. –respondió Omer aún molesto. Su actitud era distinta a la que Leo recordaba: parecía más firme… temerario. No había preocupación en sus palabras.
- No pretendo echarte, sólo estoy sorprendido de encontrarme contigo. ¿Estás bien?
- ¿De verdad me preguntas eso?
- ¿De qué estás hablando? No te veo hace semanas.
- Sabes muy bien de lo que hablo Leo. Sabes muy bien por qué estoy aquí y por qué estoy tan molesto de verte. Eras lo último que quería ver esta noche …lo último después de Ella quizás.
- Omer, de verdad, no tengo idea de lo que me estás hablando. ¿Y qué sucede con Ella? Ya los imaginaba felices jugando a la casita a ustedes dos.
En una milésima de instante la expresión de Omer cambió de pérdida a rabia descomunal: frunció el ceño son furia, sus ojos se tornaron amargos y su cara enrojeció.
- ¡¿Cómo te atreves a decirme algo así? ¡Eres un maldito! –gritó-. Ella se va a la residencia y es obvio que tú lo sabías. ¡Es obvio que lograste lo que querías y la tendrás a tu lado!
Leo le dio un momento a Omer para retomar el aliento.
- Se va porque es allí donde pertenece, no tiene nada que ver conmigo.
Omer había vuelto a su resignación inicial.
- Y de verdad crees que soy tan estúpido para creerme algo así… -rió de una forma irónica- En fin… lo nuestro se acabó, ya no hay nada más que decir.
- ¿Ah si? –Leo prefirió no comentarle a Omer que su impresión era de que la relación continuaría.
- Ella ya pertenece totalmente a tu mundo y no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo.
Leo guardó silencio por respeto y sintió lástima por Omer.
- Estarás bien, Omer. Eres tan sólo un chiquillo aún.
- ¡Tú no sabes nada de mí! –gritó Omer con rabia- Puede que tengas una milésima de años pero eres vacío y no sabes nada del amor o la humanidad. No sabes lo que es tener un alma gemela y perderla en todos los sentidos –su mirada se tornó aún más amarga.- No sabes lo que es que te engañe y empeñe tu amor por algo que después no significará nada para ella.
Adiós Leo, espero que Ella se convierta en el monstruo que mereces. –y se marchó-.
Leo estaba tan perplejo que la duda incluso superó su enojo por tal actitud de Omer y las ganas que tenía de alcanzarlo y darle un merecido puñetazo por tal insolencia.
Aquel lugar que había visitado en busca de serenidad mental le había traído aún más dudas sobre lo que realmente estaba sucediendo en la vida de Ella. Algo había sucedido, y definitivamente Omer en un estado tan exaltado no era algo que hiciera la venida de Ella más fácil. Podía oler las complicaciones que ya se estaban gestando en la profeta.
Por lo demás, la extraña actitud de Theo aquella tarde ahora se percibía mucho más sospechosa. Debía buscarlo y obtener una explicación.
Lo encontró donde se suponía debía estar: rodeando la casa de Ella y manteniendo lejos a los problemas.
- ¿Cómo va todo? –preguntó casual mientras se acercaba a su amigo.
- Bien, como siempre. ¿Qué se supone que haces aquí? te dije que no era necesario que vinieras.
- Sí, pero me pareció que estabas un poco más empeñado de lo normal en hacer que yo no ande observando los pasos de Ella. –Leo actuó misterioso y se agachó levemente para observar desde el techo la habitación iluminada de la muchacha.
Theo comprendió que algo habían cambiado desde su última conversación.
- ¿Qué dices?
- Digo que algo ha estado sucediendo y no me parece prudente que me lo ocultes – Leo fue enfático en un tono amenazador y miró a Theo directo a los ojos-. En un plano más personal no me gusta que alguien que considero mi amigo me mienta en mi propia cara.
- ¿Qué ha sucedido?
- Me encontré a Omer en la vieja iglesia, se veía muy afectado y no paraba de culparme a mí porque Ella lo dejaba. Habló también de una traición y de su amor siendo utilizado –Leo miraba atentamente la ventana de Ella aún sin signos de movimiento.- ¿A qué crees que se refería? ¿Hay algo que no me has dicho Theo?
Theo sabía que éste momento llegaría tarde o temprano. En cuatrocientos años jamás había logrado ocultarle algo a Leo sin que él al final lo intuyese.
Quiso explicarle todo, tener un informe detallado de las actividades de Ella y Omer y una transcripción de todo lo que Ella y la chica rubia de la escuela habían hablado esa mañana. Temió que su trabajo mal ejecutado hiciera estragos en la cabeza de su amigo. Theo no cometería más errores.
- El chico Omer pasó la noche con Ella. La chica después le dijo que se marcharía a la residencia y esto le ha roto el corazón -Theo no hizo reparos en la expresión no grata en el rostro de Leo y continuó hablando como si se tratara de un discurso-. Fue su plan, de Ella. Habló con una de sus amigas en la escuela pidiéndole consejos sobre cómo convencer al muchacho de que durmiera con ella sin hacer preguntas y ella le dijo cómo. Yo las escuché, hablaron en la escuela terminando las clases.
Omer no perdonará a Ella por abandonarlo, y Ella por supuesto aún no quiere perder su amistad.
Theo se sorprendió de lo fáciles que salían las palabras de su boca. Continuó:
- Y en la parte que realmente nos compete… Ella aún así esta decidida a mudarse a la residencia. Así que no hay nada de que preocuparnos ¿no es así? –Se odió por actuar tan frío.
- Así es.
La expresión de Leo había cambiado y ahora se percibía tan fría y dura como la primera vez que entró a la escuela Green. Ya no miraba a la habitación de Ella no tampoco a los ojos de Theo esperando alguna respuesta. Todo estaba claro ahora, por qué Omer tenía tanta rabia con Ella. Nada más importaba.
- ¿Te quedarás más rato vigilando? Aún hay que hacerlo. –preguntó sin cambiar el tono de su voz.
- Seguro. Te dije que lo haría.
Pero apenas ambos se voltearon para continuar una sorprendida Ella aún usando pijamas los miraba desde el inicio de las escaleras.
- Leo ¿Qué haces aquí a ésta hora? Te vi aquí y ni siquiera te acercabas a mi casa…
- No, no te preocupes ya me iba.
Leo avanzó para marcharse pero Ella se interpuso.
- ¿Pero qué está pasando? ¿Leo, quién es este? –exclamó sorprendida.
Sus rostro se acercaron y la mirada del vampiro causó en Ella un miedo similar a la primera vez que cruzaron caminos. Leo entonces formuló con la peor amargura una frase que nunca pensó saldría de su boca.
- Éste, profeta, es tu nuevo guardián.
