Hola! Lamento mucho que haya pasado tanto desde la última actualización pero esto, que era un lindo hobby que nació desde mi cesantía, naturalmente se iba a ver afectado si encontraba trabajo. Y bueno… ya imaginarán qué es lo que pasó.
No quiero por nada del mundo dejar esta historia de lado así que estaba ansiosa por este momento. Incluso ya he gestado en mi mente otra historia –sería un spin-off de Split, con otros personajes inventados por mí- así que tengo muchas ganas de acostumbrarme a esta nueva rutina y volver pronto a la escritura.
Principalmente quiero saludar hoy a gloria-cullen-potter, Nielsy-chan, Tami-92 y ahora recientemente a Splitera, rex-xer, aniali1234 y music is in my blood por seguir ésta historia.
Capítulo 11
"El nuevo guardián"
- ¡Leo! ¡Leo! – los gritos de la joven se escuchaban con fuerza mientras el vampiro rápidamente se alejaba del lugar. Su velocidad sobrenatural anuló cualquier posibilidad de Ella de ir tras él.
Tras unos segundos de silencio en que Leo definitivamente se había perdido de vista en el horizonte, Theo observaba nervioso y expectante como Ella porfin se volteaba y notaba su presencia.
- ¿Qué diablos fue eso? –Fue lo único que pudo decir, claramente su relación no había tenido el mejor de los inicios.
- Eh… éste, no lo sé en verdad. Leo lleva unos días bastante cansado y mal genio. De seguro se le pasará.
- ¿Quién eres tú?
- Mi nombre es Theo, soy uno de los vampiros de la comunidad de Jamon igual que Leo. Se supone que te he estado cuidando estos días cuando él ha estado ocupado para hacerlo.
- ¿Qué dices? ¿Me has estado cuidando? – a Ella no lo hacía ninguna gracia la nueva información.
- Sólo cuidando desde lejos que todo vaya bien, que nada te haga daño… ése tipo de cosas. Lamento, y lo intuyo por tu expresión, que no me haya presentado antes pero con Leo no lo creíamos necesario. Yo sólo estaba reemplazándolo unos turnos.
- ¿Preparándote para ser el nuevo guardián? – el tono de Ella era cada vez más irónico y molesto. Theo tenía dudas sobre qué decirle y no decirle a la muchacha.
- ¡No! De ninguna manera. Esto… no sé qué es lo que sucedió ahora pero ya sabes cómo es Leo de impulsivo a veces. Quizás nunca sepamos qué lo puso así. Jeje…
- A mí no me parece algo tan simple el hecho de que haya renunciado a su posición de Guardián así como así. No está bien, menos sin hablar conmigo – Ella sintió la cena revolverse en su estómago. – Así que Leo no se aparece y me deja a tu cuidado un tiempo, e inmediatamente después sale con la noticia de que él ya no es mi guardián sino tú. Esto es tan típico de Leo.
La voz de Ella sonó cansada. Al menos eso pensó Theo, "cansada de Leo y s sus arranques" pensó. Esto no se ve bien. Y el miedo inundó su frío cuerpo pensando en la idea de que había provocado cansancio y decepción en la idea que cada uno tenía sobre el otro.
- Debes decirme lo que le ocurre. –La voz de Ella, fuerte y desafiante, interrumpió sus pensamientos.- Vas a decirme ahora qué es lo que le ocurre conmigo.
Jamon pulía la colección de dagas de plata que llevaba casi mil años juntando entre viajes, batallas y enemigos. Le gustaba pensar que eran una reliquia familiar, claro, si tuviera una familia o recordara lo que había sido ser parte de una. Su reflejo en el metal era algo que lo relajaba, y no es porque fuera un narciso o algo por el estilo: siempre consideró a aquel mito de que los vampiros no pueden reflejarse como el peor de todos. La sola idea de no tener cómo comprobar si tu existencia es real o una mera ilusión de tu mente lo atemorizaba, al igual que olvidarse de su rostro ¿Cómo podía ser alguien, él mismo, si no conocía su propia apariencia?
Eran éste tipo de pensamientos los que recorrían su mente en lo pocos momentos que tenía para sí después de la muerte y Ardak y Phaton, tiempo en el que había tenido que asumir el rol del vampiro líder y protector de los suyos. Es por esto que el reflejo y la voz de Ella rebotando en sus dagas no fue algo que lo tranquilizara.
- Hola Jamon.
- ¡Diablos! ¿Ella qué haces aquí? Me has dado un susto.
- Lo lamento. Estabas tan absorto en tu actividad que no supe cómo abordarte. ¿Qué es lo que haces?
- Sólo cuidando estas dagas de plata. Son una antigua reliquia familiar.
- Ah, ya veo –respondió Ella, Jamon sonrió para sus adentros.- Lamento interrumpirte pero quería venir a ver cómo van las cosas para mi mudanza.
- Oh van de maravilla Ella. No te he dicho cuánto me alegra que finalmente hayas decidido venir con nosotros. Sígueme y te mostraré cómo va todo.
Ambos recorrieron largos corredores por aquel antiguo castillo que a ratos parecía ser un laberinto. Pasillos oscuros a veces se interrumpían por amplios e iluminados salones cuya majestuosidad sólo era opacada por enormes barrotes de acero que protegían los ventanales. Tras un pequeño jardín al final de la caminata, yacía casi imperceptible entre una pared de enredaderas un baja pero elegante puerta de madera. "Hemos plantado rosas aquí para ti" la voz de Jamon se escuchaba extrañamente lejana bajo el manto de maravilla y temor que cubría el cuerpo de Ella. Sin duda, unas bellas rosas rojas relucían en abundancia entre pequeñas gárgolas y estatuas de ángeles fabricadas de la misma piedra que el castillo.
- Hemos llegado. Bienvenida.
La voz de Jamón se mezcló con el rechinar de la pesada puerta de madera y las bisagras de hierro y entonces ambos ingresaron a lo que Ella consideraba el salón más bello que había visto en toda su vida: Enormes ventanas góticas iluminaban con suave luz los aposentos, éstas se hallaban resguardadas con largas cortinas de terciopelo púrpura colgadas con argollas doradas. El suelo de una madera antigua estaba cubierto por finas alfombras de oriente y sobre ellas reposaban dos grandes sitiales dignos de la realeza. Entre ellos una pequeña mesita de bronce sostenía una vieja lámpara con cristales de colores y un teléfono. Al costado de la siguiente ventana se hallaba un largo sofá de color blanco inmaculado y muchos cojines de los más variados colores y diseños repartidos cuidadosamente en el piso. Frente a ellos y al otro costado de los sitiales, se hallaba un fino buffet y sobre él un tocadiscos. Junto a él, un bello baúl desbordaba en vinilos.
"Espero que te guste la colección que hemos iniciado". La colección relucía en títulos clásicos, pero Ella acababa de caer en cuenta que Jamon no se refería a los discos, sino a la enorme biblioteca que cubría por completo la pared a su izquierda, contraria a la sala de estar.
- Es maravilloso. Muchas gracias.
- Oh pero espero un segundo, aún falta tu habitación.
Ella ya estaba casi aturdida, se sentía demasiado alagada. Más adelante unos hermosos biombos japoneses cerraban el paso hacia un amplio salón que había sido acondicionado como su dormitorio. Bajo la enorme ventana, un largo taburete rojo la invitaba a descasar y a contemplar la vista. La pared del fondo tenía tres grandes roperos antiguos listos para ser usados y junto a ellos había un gran espejo con marco dorado. Al centro, una gran cama de seguro sacada de un cuento de princesas había cautivado por completo su atención. La colcha era de un hermoso verde de seda, y un fino mosquetero blanco caía como una cascada desde el alto techo. En una mesita de noche había un estéreo totalmente nuevo y a un costado de la cama habían colocado una mesa con una pantalla plana para que viera televisión., lo que le pareció un detalle de lo más compresivo.
- Esto es muy hermoso Jamon, nunca en un millón de años hubiera imaginado que esto habría quedado así.
- Me alegro que te guste, Leo trabajó muy duro estos últimos días para que fuera un lugar apropiado para ti y donde te sintieras a gusto.
Las palabras de Jamon se sintieron como un golpe en la cara de Ella.
- ¿Leo hizo todo esto?
- Bueno si, él eligió todo y dijo cómo tenía que ser. Pero unos de nosotros también ayudamos limpiando y desempacando. La biblioteca es el regalo de bienvenida de la comunidad, está llena de novelas clásicas, material de estudio y libros que recogen nuestra historia, leyes y costumbres. Será de gran ayuda ahora que estás aquí. Faltan algunas cosas que concluir pero te prometo que estará listo es un par de días. Leo debe estar por llegar pronto y seguirá trabajando.
-¿Leo? – sintió cómo los ojos se le caían- No creo que venga a terminar esto.
- ¿De qué hablas?
- Anoche apareció en mi casa y me llevó lo que según él es mi nuevo guardián: Un vampiro llamado Theo a quién nunca había visto en mi vida. Me dio a entender con ese gesto que ya no quiere ocuparse de mí ni de mi traslado.
- ¿Theo? ¿Esto es una broma Ella? ¿Cómo es posible que Leo te haya dicho algo así?
- No lo sé. Sinceramente Jamon yo también estoy perpleja. Hace días que no sabía nada de él y repentinamente lo veo en el techo frente a mi alcoba hablando con un tipo. Cuando me acerqué a ver qué es lo que pasaba me miró con una cara muy extraña y me dijo que aquel chico era mi nuevo guardián. Inmediatamente después de eso se marchó. Traté de pedirle explicaciones pero no quiso hablar conmigo.
- Esto es muy extraño Ella. Estuve con Leo ayer y no mencionó nada de ésta decisión. Hablaré con él a ver qué es lo que está pasando. No puede dejar sus obligaciones así como así, y menos en manos del atolondrado de Theo.
- ¿Lo conoces bien?
- Es un buen muchacho, noble. Es muy amigo de Leo, el único que tiene la verdad, pero no está ni cerca de ser tan fuerte como él o apropiado para el rol de guardián. También es menos antiguo que él, me preocupa esta situación.
- Jamon, quiero dejar en claro que si bien sí quiero saber cuáles son los motivos de Leo, si él se niega a ser el guardián yo no quiero obligarlo. Me siento más cómoda y segura con él, pero tampoco quiero que volvamos a pelear. Si él no quiere buscaremos a alguien apropiado, tenemos tiempo.
Jamon vio confianza pero también tristeza en los ojos de Ella. Temió por Leo y por lo que acababa de oír.
Minutos más tarde caminó por todos lados y preguntó a todo el mundo si sabían dónde diablos estaba Leo. Lo encontró finalmente en un bar cerca del castillo jugando pool con un grupo de oficinistas muy borrachos. Ya les había ganado casi todo el dinero.
- Leo, necesito hablar contigo ahora mismo.
- Tendrás que esperar Jamon, estoy limpiando el piso con estos idiotas –respondió sin prestarle mucha atención-.
- Es importante Leo, mucho más que estarse aprovechando de estos pobres y tontos humanos.
- ¡Hey, hey , hey! Yo no me estoy aprovechando de nadie –Leo cruzó en un segundo la mesa de billar y sentenció las palabras de Jamon presionando la punta del taco en su barbilla. – No es mi culpa que estos tipos sean tan crédulos de pensar que pueden ganarme a mí. Ellos fueron los que insistieron en una apuesta.
Jamón estaba asombrado con la reacción tan exaltada de Leo.
- ¡¿Pero hombre qué es lo que te sucede? ¿Por qué reaccionas así, de esa manera tan violenta?
Leo cayó en cuenta de se amenaza desmedida y retrocedió unos pasos con el rostro extrañado.
- Yo… lo siento Jamon. Sólo me molesté por lo que dijiste.
- Oye lo siento Leo pero estoy aquí para hablar de Ella y del hecho de que supuestamente nombraste a Theo para que fuera su guardián.
- Ah sí, eso. –Leo se sintió como un tonto en ese momento-. Mira Jamon es que Ella…. Theo es más…mira, no me siento cómodo hablando de eso ahora. ¡Oye tú, el gordo! ¡Juega la bola nueve de una vez!
- Leo… -Jamon intentó no considerar su obvia intención de eludir el tema jugando con los oficinistas-, no puedes tomar esas decisiones así como así, debes consultarlas conmigo y con el consejo antes. ¿Y más encima dejar a Theo? ¡¿Qué demonios es eso? Sabes muy bien que él jamás haría el trabajo como tú, es un holgazán. A Ella ni siquiera parece agradarle.
- Bueno entonces es una tonta, él es un vampiro ejemplar y leal, lamento si no es capaz de verlo por ella misma.
La expresión de Jamon demostró que sus intuiciones iban por el camino correcto.
- Leo ¿Qué es lo que sucedió entre Ella y tú?
Leo respiró hondo tras escuchar éstas palabras y sintió cómo la seguridad de los dedos se le iba mientras apuntaba a la siguiente bola en la mesa.
- Te lo pregunto a ti porque ella no parece saberlo –Jamon continuó-.
El vampiro guardó silencio.
- Leo no puedes seguir así. Es demasiado peligroso para ti seguir con estos sentimientos hacia la profeta. Estará con nosotros un largo tiempo y no creo poder seguir viendo cómo te vas apagando con su rechazo. Además no puedes estar con ella, no seas iluso… debes dejar esos pensamientos de lado y concentrarte en tu labor. –Jamón sonaba serio y comprensivo y habló con total franqueza aún cuando Leo se mantuvo dándole la espalda con la vista perdida en el billar-. Ahora si realmente no puedes con toda la presión y prefieres que alguien más se ocupe de ser el guardián está bien, puedes proponerlo y conversarlo con el consejo. Pero no dejar a alguien como Theo ¡¿estás loco? Él jamás podría estar a la altura.
Leo finalmente se volteó y hablo con calma a Jamón mirando serio y de frente.
- Theo es el único en quién confío como para dejarle esta tarea tan importante. No podría dejar a Ella al cuidado de nadie más.
- Entonces tenemos un problema mi amigo. Ni yo ni muchos en el consejo estaremos dispuestos a entregar tal responsabilidad a un vampiro que nunca ha sido verdaderamente parte de nuestra comunidad ni comprometido con la vida vampira como lo es Theo –los ojos de ambos se sentenciaron, Jamon continuó-; no al menos que esté dispuesto a demostrarlo.
Sus últimas palabras se sintieron casi tan duras como la verdad que había conocido hace tan sólo unas horas atrás
- … ¿Estás también dispuesto a dejar a Ella?
