Capítulo 12

"Ella y Theo"

Si bien Ella siempre había fantaseado con un gran apartamento con vista a una ciudad iluminada por las noches, debía reconocer lo gustosa que se sentía contemplando su pequeño pero hermoso jardín, recostada sobre su sillón junto a la ventana.

Era un sitio hermoso, jamás aunque trabajara 20 años podría haber costeado un sitio tan elegante y con tantas antigüedades. De verdad le fascinaba y la hacía muy feliz estar en aquel lugar… hasta que el recuerdo de Leo volvía a su mente y el hecho de haber sabido que fue él quien preparó este lugar tan especial para ella le producía un nudo en el corazón.

De pronto un leve golpecillo en la puerta interrumpió su momento de calma.

- ¿Puedo pasar? –el rostro de Theo se asomó con timidez detrás de la puerta.

- La verdad es que prefiero estar sola en este momento. –Ella no le haría las cosas fáciles.

- Ella… lo siento pero realmente esperaba que pudiéramos hablar. Ahora que estás así de calmada me parece un muy buen momento.

Ella fulminó a Theo con la mirada y éste inmediatamente captó lo desfavorable que su comentario había sonado.

- Ehh… disculpa. Mira, lo primero que has de saber sobre mí –dijo entrando casi a puntillas a la habitación- es que no soy muy bueno con las palabras en general.

- ¿Otra de las grandes cualidades que te hacen ser el nuevo guardián? –respondió Ella con sarcasmo.

- Je, je… muy graciosa. Supongo que lo merezco. – A Theo no le estaba haciendo mucha gracia lo mal genio que parecía ser la nueva profeta.

- ¿Qué es lo que quieres?

- Quería que conversáramos, que nos conociéramos mejor… saber qué pensabas sobre esta idea de que yo fuera el nuevo guardián.

- Bueno Theo, de seguro ya sabrás que he quedado bastante perpleja.

- Lo imagino.

- Y que sinceramente no comprendo qué pudo haber sucedido para que Leo tomara esa decisión de forma tan repentina, sin siquiera consultarme.

- Claro, es… curioso.

Theo estaba teniendo problemas para escoger sus palabras, la dirección que estaba tomando esta conversación no iban para el lugar que él deseaba.

- Y para serte sincera…

- Theo.

- Theo. Supongo que como yo estoy aquí para cumplir un deber, y ustedes los vampiros están aquí para protegerme, yo no debiera tener ninguna objeción sobre el plan de que tu te conviertas en el nuevo guardián ¿no es así?

- Me gusta que pienses así -Theo sonreía-. Créeme, tengo fe de que puedo cumplir este rol de buena forma si trabajamos bien juntos.

- Pero tengo un problema Theo –La mirada de Ella se tornó fría lo miró directamente a los ojos como enjuiciándolo-. ¿Verás? No confío en ti. Le he dado vueltas al tema todo el día y algo me dice que algo tuviste que ver en la decisión de Leo de dejarme. Tengo el presentimiento de que tú sabes qué fue lo que le sucedió y por qué parecía tan molesto.

Hacía mucho tiempo que Theo no experimentaba miedo como en ese momento. Una sensación lejana, que había experimentado en borrosos recuerdos de haber sido niño y haber roto unas cosas de mamá, o cuando había mentido… era lo que estaba sintiendo ahora. Sí, se sentía mucho a esto. Ella prosiguió.

- Entonces Theo, lo que vamos a hacer tú y yo es conversar sobre eso ¿ok? Tú dijiste que querías conversar ¿no es así? Tú vas a decirme qué es lo que le pasó a Leo y yo entonces veré si acepto que tú seas mi guardián.

-Ella mira, estás malentendiendo las cosas. Yo…

- No creo estar malentendiendo nada. Ya te dije: no confío en ti. Algo me dice que me has mentido desde la primera palabra.

Theo entonces creyó tener la respuesta perfecta para rebatirla, pero nunca supo que desde allí comenzó a cavar la propia tumba de su nuevo empleo.

- ¿Cómo entonces sabrás si lo que te digo o no es cierto? No confías en mí.

Ella guardó silencio por un segundo.

- Tienes razón –y se levantó bruscamente del sofá-. Entonces iré ahora mismo donde Leo a exigirle una explicación.

- No, no, no, no….

Pero ya era demasiado tarde. Ella había dado un portazo y ya se encontraba en camino. Theo se mantuvo sentado observando el hermoso jardín. La única diferencia es que su cara no tenía nada que ver con la que mostraba Ella cuando él decidió sorprenderla en sus aposentos. Ésta era una cara de espanto y jaqueca.

- Van a matarme. ¡Los dos van a matarme!


Mientras tanto, Leo mataba sus pensamientos con un nuevo pasatiempo en el jardín de la vieja iglesia: ahora poseía una navaja automática que le gustaba rebotar en la palma de su mano y abrir lo más rápido que pudiera. Por supuesto, se había vuelto muy rápido, demasiado. La había ganado de los borrachines a quienes destrozó en el pool aquella tarde. Jamon se marchó diciéndole "Y no les hagas daño a esos pobres diablos". Tenía razón, pero tampoco podía dejarlos irse así como así, así que resultó que lo más valioso que llevaban encima era esa horrible navaja de buscapleitos. "Los humanos se han convertido en una especie aún más idiota que hace 600 años atrás, cuando tampoco me gustaba ser parte de ellos". Una navaja en el bolsillo de un borracho era de las cosas más imbéciles que se le podía ocurrir.

La imagen del cuchillo rebotando en su mano lo calmaba eso sí. A veces el recuerdo de esos idiotas se mezclaba con cierta imagen del artefacto perforando su estómago. Tantas cosas le producían paz en su mente.

Ahora bien, la paz es algo momentáneo eso sí, tan sólo pregúntenle a cualquier gran nación o a cualquier gran guerrero como Leo: el aroma de ciertas cosas jamás te van a dejar indiferente.

- Ella.

- Leo.

La muchacha entro sin sigilo al recinto en ruinas y no temió en acercarse lo más que pudo al joven. Nunca se iba a acostumbrar del todo a encontrar un vampiro entre las sombras. Ambos se observaron por un par de segundos.

- Tuve que preguntarle a Jamon dónde estabas, algo extraño pasó ¿sabes?

- ¿Qué cosa?

- Extendí mi mano y tú no estabas ahí.

Ella sintió asco de su propia debilidad por las enormes ganas de llorar que le provocó decir aquella frase. Se mantuvo firme, era importante: Leo jamás debería saber el potencial poder que tiene sobre ella. Él no respondió.

- ¿Leo por qué no fuiste a encontrarme? ¿Por qué ya no quieres ser mi guardián?

- Ella, no empieces.

- ¿Qué empiece qué? Yo no he empezado nada.

- Eres…

- ¿Soy qué?

Leo respiró fuerte y con pena miró a Ella a los ojos.

- Eres irritante.

Leo avanzó hasta la fuente dándole la espalda a Ella. La chica ya casi no podía contener los jadeos de su voz.

- ¿Y es por eso que me dejas? Pensé que siempre me habías encontrado una persona irritante pero que aún así me cuidarías…

- No estoy dejando de cuidarte. –A Leo le costaba mantener la distancia, ser frío. Estaba cerca de desmoronarse y decirle a Ella que olvidara todo, que hicieran que jamás había dicho que no quería ser su guardián y que nunca le dejaría sola ni huiría de su lado. Quería decirle que no importaba qué hiciera siempre la perdonaría. Pero no podía hacer eso, las cosas no podían ser así. Sabía cada momento que la mirara a los ojos que esa mujer sería su fin.

- Dejas a ése vampiro en el cual nadie confía a cargo de mí… y ni siquiera me dices por qué.

- Yo confío en él, Theo es una gran persona. Es mi único amigo.

- Yo también soy tu amiga. –Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas-. Leo perdóname, perdóname por lo que sea que hice, no quiero que peleemos más.

- Tú sabes que no podemos ser amigos, sabes lo que siento por ti. Y tú hiciste tu elección… aunque ahora hiciste otra… -se notaba que Leo reflexionaba en el momento-, y pienso en Omer, y tampoco quiero sufrir lo que él ha sufrido.

Ella cambió su expresión. Si bien llegó triste y con ganas de dejar todo atrás para que Leo y ella estuvieran en paz, se sintió tremendamente pasada a llevar por sus últimas palabras. Omer aún era un tema sensible, y nadie tenía derechos a emitir juicios sobre ellos dos, Leo el último de todos.

- ¿Por qué me hablas de Omer en este momento? Ése no es tu problema. Tú no sabes…

- Sé perfectamente cómo siempre has jugado con él.

Ella no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Cómo exactamente llegaron a ese tema? Su mente le decía que debía responder "yo no he jugado con Omer", pero algo dentro de ella sabía que no debía emitir esas palabras.

- ¿Por qué te preocupa Omer tan derepente? Oh no, lo siento… ¡siempre te has metido entre Omer y yo!

En medio segundo Leo saltó con su velocidad sobrehumana y aterrizó frente a frente con Ella.

- ¡Porque me desquicia que lo quieras a él! ¡Porque no soporté pensar que aunque habías recapacitado en venir con nosotros aún querías conservar tu amorío de niña tonta!

Sus ojos estaban rojos de rabia y sus colmillos afloraron como si se encontrara frente a una jugosa presa.

- ¡Y porque me enferma pensar que aunque tú y yo estamos destinados a estar juntos y yo daría mil veces la vida por ti, tú igual te empecinas en quererlo a él! ¡Y te obligas a quererlo porque en el fondo aunque no te des cuenta, me amas a mí!

Leo tan sólo tuvo un momento para recuperar el aire, para retroceder un paso de su ataque y del rostro de Ella, antes de que una fuerte puntada le diera justo en el pecho. Una puntada tan fuerte que fue capaz de llevarlo hasta el suelo y a emitir el gemido más falto de aire de su vida.

Ella ni siquiera tuvo tiempo para procesar lo que acababa de oír cuando aquella situación la dejó perpleja.

- ¡Leo! ¡Leo! ¡¿Oh dios qué te sucede?

Su rostro estaba completamente deformado por el dolor y su cuerpo se sentía enormemente pesado.

- ¡Leo!

Y suavemente el dolor comenzó a desaparecer y Leo empezó a recuperar su compostura. Con calma retomó el aliento y se fue incorporando hasta intentar ponerse de pie. Ella lo tomó de la cintura y ayudó a que no perdiera el equilibrio.

- ¿Leo qué fue eso?

- No lo sé –respondió. Aunque un segundo después de dar esa respuesta una idea le vino a la mente-.

Leo se sentía extraordinariamente mejor al lado de ese ataque de dolor que acababa de experimentar, pero en el fondo… en el fondo sabía que darse cuenta del motivo era la peor cosa que jamás le había pasado.

Leo tomó la mano de Ella que se encontraba sosteniendo su pecho, y la llevó de vuelta a la muchacha. La miró con calma y le mostró una triste sonrisa.

-Lamento mucho haberte gritado –le dijo-.

Y comenzó a marcharse.

- ¿Leo adonde vas? Debes… debes descansar.

- Estoy bien –le respondió con la voz débil-, no te preocupes por mí. Debo irme, pronto hablaremos.

Y así tal cual se marchó. Ella quedó perpleja por lo que acababa de ocurrir y estuvo a punto de ir corriendo tras de Leo si no fuera por lo que estaba a punto de ocurrir.

- Tss… no vayas –susurró-.

Era Theo quien se escondía en las alturas.

- ¿De qué hablas? ¿Qué no viste lo que le acaba de suceder?

- Sí, lo vi.

- ¿Y lo dejaste así? ¿Qué no te preocupa acaso?

- Sí, pero estará bien. Al menos por ahora.

Sus palabras le causaron un escalofrío en la nuca. ¿Qué estaba sucediendo?

- No te preocupes por Leo, mejor ponme atención a mí.

- ¿Ah si? ¿Y por qué?

- Porque vine a ser sincero contigo.

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