Capítulo 13
"A history of us"
- ¿Vienes a ser honesto conmigo? ¿Qué se supone que significa eso?
Ella no sabía si estaba más molesta por la indiferencia de Theo al terrible momento que acababa de tener Leo o porque las palabras que estaba sosteniendo ahora implicaban que le había mentido antes.
- Lo que oyes, necesito decirte unas cuantas cosas. Bueno, venía a decirte sólo una, pero la verdad es que después de esto que acabamos de apreciar… bueno ahora serán dos.
Ella respiró hondo y se acercó lo más que pudo a Theo, quien aún se mantenía algo escondido sobre un pilar. Intentó calmarse un poco porque algo dentro de ella le dijo que le preocuparía bastante lo que estaba a punto de escuchar.
- Necesito que baje si vamos a hablar.
Theo descendió y guió a Ella a sentarse a la vieja fuente, esa a la que Leo siempre recurría en busca de paz.
- Mira… tengo que pedirte disculpas. Leo no fue el de la idea de que yo empezara a seguirte, fue mía. Pero no era porque quisiera acosarte ni nada, era porque me interesaba que Leo no pasara tanto tiempo cerca de ti –la cara de Ella se tornó confusa-. Verás… hace un tiempo Leo llegó muy feliz contando que estabas reconsiderando mudarte a la residencia y todo fue muy bien, pero al segundo después me cuenta que le dijiste que quería a Omer allí contigo y eso… bueno eso lo molestó mucho. Él, ilusamente pensó que el mudarte con nosotros inmediatamente significaba que abandonabas tu vida con los humanos, y por añadidura tu relación con Omer. Y cuando no fue así, los celos comenzaron a surgir.
- Entiendo, pero Leo no se molestó inmediatamente conmigo por eso.
- No, lo sé. Y quizás allá yo cometí el primer error. Él vino a mí intentando calmarse, o a descifrar qué significaba eso… qué sé yo. El asunto es que yo… yo pensé que quizás estabas haciendo eso porque querías más privacidad con tu novio para tú sabes….
Ella no podía creer lo que escuchaba. Lentamente comenzó a fruncir el ceño mientras escuchaba las palabras de Theo y ya por fin lo interrumpió.
- ¿Pero cómo te atreves a decir algo así de mí? Tú no me conoces, no sabes nada de mí y de Omer, ni tampoco sabes nada de mí y de lo que siento por ser la elegida de sangre. Eres un…
- Lo sé. Le sé y me disculpo por eso. Pero la verdad es que estaba jugando, fue lo primero que se me vino a la mente. Además fue Leo el que lo pensó primero, a él le preocupaba lo que pudiera pasar entre ustedes… y bueno, para serte sincero lo encontré tan marica de su parte que comencé a molestarlo.
Ella bajo sus párpados y miró a Theo con cara de idiota.
- ¿De verdad? ¿Cómo puedes ser tan infantil?
- ¡No es que sea infantil, los hombres nos molestamos entre nosotros todo el tiempo! Bueno y también pensé que tenía algo de sentido. Oye y no me critiques por lo que vi después no estaba tan lejos de la verdad.
Ella se sonrojó profundamente.
- ¡¿Estabas espiando?
- Estaba resguardando tu casa porque era lo que presentía. Deberías agradecer de mi intuición ¿te imaginas cómo hubiera sido si Leo hubiera estado cuidándote esa noche en vez de mí?
Ella recapacitó y aunque era muy vergonzoso tener a un desconocido sabiendo todas esas cosas de ella, era cierto que era mejor tener a Theo manejando esa información en vez de Leo. Theo continuó:
- Bueno, el asunto es que Leo intuyó que le estaba ocultando algo y justo después de eso se encontró con tu noviecito, Omer. Lo vio muy alterado y quedó con aún más dudas sobre lo que había pasado. Entonces llegó a buscarme al sitio donde nos encontraste anoche a los dos, y allí fue donde le conté lo que había visto. Ni siquiera pude escuchar una respuesta de su parte porque en ese mismo instante después que le hablé llegaste tú. Y ahí fue cuando Leo dijo que yo sería tu guardián sin siquiera haberlo hablado jamás…
- ¡Calla! –Ella interrumpió a Theo, necesitaba un segundo para digerir todo lo que acababa de oír- ¿Me estás diciendo que Leo sabe lo que pasó entre Omer y yo, y que más encima se encontró con Omer y discutieron… oh Dios mío esto es terrible.
Leo agradeció que Ella no le preguntara si había sido él el que causó esos ruidos la noche en que estuvo con Omer en su cuarto, porque de seguro no habría podido mentirle. Pero hubo otra cosa que no estaba dispuesto a seguir ocultando.
- Ehh... bueno, lo otro es que… creo que Leo pudo haber entendido otra cosa por mis palabras. Digo… quizás lo que tú creer que sabe, no es lo mismo que él sabe.
- Estás confundiéndome –Ella miró a Theo con cara de que ya estaba cansada de sus hábitos de hablar de más o hablar menos de lo necesario. Pero de pronto su mente se iluminó y lo comprendió todo.- ¡Leo piensa que Omer y yo lo hicimos! ¡Oh Dios le dijiste que habíamos dormido juntos ¿no es así?
- Lo siento… sentí que era lo correcto.
- ¡Leo está furioso conmigo! ¿Cómo pudiste decirle algo así?
- ¡Porque ya viste lo que pasó! –Theo mostró preocupación en sus ojos y ésa fue la púnica vez que le levantó la voz a Ella-. Leo está muy enamorado de ti, tú lo sabes pero quizás no sabes cuánto, ni qué significa para un vampiro amar de esa forma. Sobre todo cuando es un amor no correspondido.
- ¿Estás diciendo que eso que le acaba de suceder…
- ¡Exacto! –Theo tomó un suspiro, ordenó sus pensamientos y miró a Ella fijamente para hablarle con claridad-. Mira Ella, para los vampiros, cuando amas de verdad a una persona es algo muy muy fuerte. Es como que tu no-vida se enciende nuevamente y de pronto tu alma ya no es tuya sino que depende del amor que sientes por la otra persona. Entonces si ese amor no es correspondido, o si la persona que amas te provoca mucho daño tu alma duele como nada… y tu vida se desvanece. Por eso hice lo que hice, porque soy el único que ve lo que Leo está sintiendo por ti y si tú continúas hiriéndolo así, eso le costará su existencia.
- ¿Es cierto lo que estás diciendo? –Ella no podía creer lo que oía ¿realmente esto… podía matar a Leo?
- Si. Lamento ser quién te lo diga, pero en vista de que nadie más pensaba hacerlo… y además, con lo que acabamos de ver. Leo se te declara así, desesperanzado… y su alma ya lo está sintiendo. Estará con dolor unos días, tenlo por seguro.
Ella no sabía qué decir. No todos los días te dicen que si no amas a un chico o no estás dispuesta a ser su novia éste no podrá resistirlo y morirá. Siempre había pensado que no habría seres más fuertes en el universo que los vampiros, sobre todo Leo ¿cómo podía estarle sucediendo esto?
Pero era injusto, Ella recapacitó después de sentirse fatal. Él había sido quién había perdido todas sus oportunidades. El año pasado se había portado tantas veces como un patán: no cumplía sus promesas, la dejaba plantada… e incluso cuando llegó esa chica Carmelle corrió de inmediato a sus brazos como si ella nunca hubiese existido. Leo era muy injusto: dejarla así de preocupada, así de culpable… cuándo fue él quien siempre resistió algo entre ellos. Más encima, ahora él creía que Omer y ella habían estado juntos sin siquiera ser así. Tampoco él tenía derechos sobre ella ¿pero por qué entonces sentía que le debía una explicación?
"Si ya herí a Omer con eso no voy a herir a Leo también dejándolo pensar algo que no es cierto. No significa que estaré con él, pero al menos es una imagen que le sacaré de la mente."
Cosas así eran las que Ella iba pensando camino a la casa junto a la residencia. Necesitaba decirle la verdad y dejar todo en paz entre ellos. Necesitaba tener a Leo de su lado si iba abandonar todo lo demás.
Cuando llegó pudo observar al vampiro más fuerte que jamás haya visto recostado sobre su sillón y cansado como si hubiera tenido el día más agitado de toda su vida.
- ¿Te sientes mejor?
Leo saco el brazo de sus ojos son sorpresa y quedó mirando a la puerta son los ojos muy abiertos. Claramente estaba con la guardia baja y la voz de Ella sí que lo sorprendió. Si bien hubiese sido normal de Leo reaccionar bruscamente –o así lo pensaba Ella-, ésta vez se volvió a relajar tras la sorpresa y le habló con suavidad.
- ¿Qué haces aquí? Te dije que no era necesario que te preocuparas.
Ella caminó con lentitud y se sentó en el sillón junto a él. Prefirió no decirle nada de lo que Theo le había dicho. No quería herir su orgullo.
- ¿Estás seguro? Puedo quedarme aquí cuidándote si así lo quieres.
Leo sonrió.
- Eres amable, pero en serio no es necesario.
Se quedó contemplando a Ella por unos instantes y volvió a mencionar el tema:
- De nuevo… lamento haberte gritando antes. No debí hacerlo.
- No, no debiste. Sobre todo porque en realidad no tenías motivos para hacerlo. Después de que te marchaste tu amigo Theo apareció por la iglesia y estuvimos charlando. Me contó lo que sucedía y bueno… le dije que no era verdad lo que había pasado. Él debió confundir lo que vió esa noche, pero finalmente no fue así: nada sucedió entre Omer y yo Leo. Pensé que debías saberlo.
Leo miró extrañado.
- No comprendo –dijo-.
- Por eso cuando te encontraste con Omer él estaba así. Hablamos y le dije que para mí hubiera sido una buena forma de despedirnos, pero él no estaba de acuerdo. Se sintió muy defraudado de que hubiera tomado la decisión de venir aquí. Así que decidimos no… "continuar con el plan".
- ¿Estás diciéndome la verdad? Ella no importa lo que haya pasado, es tu vida y tú puedes hacer lo que quieras con ella. –Leo estaba notablemente calmado.
- Lo sé, pero me pareció un desperdicio tener que verte molesto por algo que en verdad no sucedió. Theo y yo hablamos y me dijo que te dijera que lo siente, que no fue su intención enredar las cosas. Está muy avergonzado, por eso no ha venido para acá. Cuando te sientas con más ánimos podrías ir a hablar con él.
Por supuesto, Ella comprendía que todos los actos de Theo eran con el objetivo de proteger a su amigo. No iba a delatarlo.
- Lo haré. Gracias por el mensaje.
Leo no quería pensar en el supuesto "error" de Theo. Literalmente le daba una molestia en la cabeza cada vez que pensaba en el entrometido pero bien intencionado amigo que Leo sabía, era capaz de todo con tal de que él estuviera bien. Le pareció dulce de parte de Ella eso sí el querer cubrirlo. Era encantador como ninguno, eso estaba por seguro.
Prefería no pensar en eso mientras tanto. Lo único que tenía en mente mientras caminaba rumbo a la residencia del profeta eran unos viejos libros que llevaba bajo el brazo y si estaría a salvo con Ella. Era antiguas copias del código vampírico; una ley ya obsoleta y olvidada por supuesto, pero de todas formas valiosa en los conocimientos que esto podría entregar a la nueva elegida de sangre.
Caminó un trecho no muy largo pero le llamó la atención hallar la puerta de entrada sin seguro. Ella ya se encontraba allí, reposando en la alfombra de la sala junto a la chimenea. Leo pensó por un momento en dar vuelta atrás y marcharse, aprovechando que la joven aún no notaba su presencia, pero el deseo de estar con ella una vez más lo superó de inmediato.
- Pensé en traerte más material de lectura pero veo que estás más interesada en la música. –Fue lo más ingenioso que Leo pudo crear en el segundo que puso un pie dentro de la sala. En efecto, Ella estaba ojeando su nueva colección de discos y ya tenía varios esparcidos por la alfombra.
- ¡Leo! -se soprendió- no te escuché entrar. Me asustaste...
- Puedo venir más tarde si lo prefieres.
- No, está bien, pasa. Siéntate aquí -Ella hizo un pequeño espacio moviendo una pila de discos junto a ella-. Lamento el desorden, pero desde la primera vez que vi este montón de música que quise escarbar en este cajón.
- Yo te traje un par de libros -dijo Leo extendiéndole esos viejos manuscritos ya sentado junto a ella-. Creo que si hubiera sabido que estabas más interesada en la música habría hecho un mejor intento.
- ¿De què hablas? Esto está bien. ¿Qué son?
- En realidad de diversión creo que tienen poco pensándolo bien: son las antiguas leyes de los vampiros. Creí que podrían serte útiles ...para comprender mejor con qué estarás lidiando de ahora en adelante.
- Gracias Leo -Ella miró con ternura los ojos del vampiro y pudo decir por fin algo que deseaba expresar desde la primera vez que vio la nueva residencia-, y gracias por todo esto también. Jamon me dijo que fue más que nada tu trabajo. Está precioso, muchas gracias.
Leo sonrió complacido y miró alrededor.
- Si bueno... quedó bastante bien. -Ella rió y sacudió la cabeza- ¿Qué? ¿qué pasa? ¿debí haber sido más humilde?
- No Leo -Ella continuaba disfrutando la gracia de su acompañante- está bien así. En serio, está bien que seas tú mismo.
Ambos se miraron con calma por unos instantes y el silencio por más corto que fuera no tardó en provocar incomodidad entre ambos.
- ¿Te sientes mejor hoy? -preguntó Ella por fin-.
- Si -respondió Leo algo avergonzado-. Gracias por haberte preocupado ayer... te prometo que no volverá a ocurrir.
Leo sabía en su corazón que mentía. Pero deseó también con toda su alma no darle a Ella nunca más un susto como ésa. Tampoco quería dárselo a él mismo.
Leo colocó los nuevos libros de Ella junto a los demás y la ayudó a ordenar el desparrame de discos que tenía en la sala de estar. También la ayudó a mover unas cosas en su cuarto y juntos pensaron qué otras cosas agregarle al cuarto de baño, la única ala de la residencia que aún no estaba terminada.
- Leo... quiero un bebedero de agua en la entrada. De esos como los que hay en las plazas ¿puedes conseguirme uno?
- Seguro -fue su respuesta-.
Si bien Ella había amado esa residencia desde que la vio... ésta era la primera vez que se sintió en ella como en casa. La casa que nunca soñó despierta con tener, pero aquella que en realidad siempre había estado en sus sueños.
