Hola gente! Disculpen por la demora pero por algún extraño motivo este capítulo fue más difícil de escribir que los demás.

Espero que con el próximo sea más fluido. Saludos y gracias por pasar.


Capítulo 14

"Un regreso inesperado"

- Esto debe estar demasiado pesado. Si un vampiro tiene algo de problemas para cargarlo entonces realmente te excediste.

- Menos habla y más trabajo ¿ok? Mira que me lo debes.

Theo cargaba un enorme baúl hacia la nueva residencia de Ella. El trato por prevenir que Leo lo matase fue que a cambio, él la ayudara con su mudanza. Pensó que era buena idea pero tras ocho viajes entre la casa de la profeta y su nuevo hogar, lo estaba comenzando a reconsiderar.

- ¿Qué tienes en estas cajas de todas formas?

- Nada. Cosas de chica – Ella empezaba a disfrutar el torturar la curiosidad de Theo, y también su enorme facilidad para aburrirse. Leo, quien por su lado ordenaba la habitación disfrutaba mucho de las disputas entre ambos.

- ¿Las chicas siempre dicen eso cuando quieren ocultar sus máscaras faciales, máquinas depiladoras y cosas así, no es cierto?

El rostro de Ella se sonrojó.

- Eres imposible ¿lo sabías?

Theo sonrió burlesco y continuó arrastrando el baúl.

- ¿Ves de la que te salvas Leo? Si ya fuera tu novia serías tú el que tendría que lidiar con todo este trabajo.

Leo y Ella abrieron los ojos como dos huevos fritos y se quedaron inmóviles por al menos unos tres segundos. De verdad que Theo era imposible. Finalmente los aludidos se miraron disimuladamente por encima del hombro de su tercer acompañante y compartieron sus pensamientos:

- ¿Qué acaso no comprende nada de lo que dice? -Ella susurró para sus adentros.

- Oh no, él sabe perfectamente lo que causan sus palabras -Fue la respuesta de Leo.

Ambos sonrieron. Ella se ruborizó un poco pero continuó dejando en su lugar cualquier cosa que Theo iba sacando de las cajas. A pesar de todo se había llevado sus libros de la escuela y había quedado en repasar algunas materias con Zohar y Nikki que la visitarían la próxima semana.

Leo parecía bien de salud, ciertamente se veía mucho más compuesto después de su "episodio" por lo que ni Ella ni Theo se opusieron a que realizara la serie de trabajos pesados en la residencia, ni tampoco a que fuera a buscar la fuente de agua que Ella había solicitado. Tenía algunas ideas de dónde podía encontrar alguna.

- Leo, no tienes que ir tan lejos ni recorrer media ciudad buscándola. Fue solo un capricho, no es algo que necesito en verdad. -Ella no quería que Leo se esforzara demás en sus demandas, menos en esas dónde sentía que se estaba aprovechando de la buena voluntad del vampiro.

- No, está bien, no te preocupes. Además no tardaré, estoy seguro que puedo encontrarla.

- Leo, te lo digo... no es necesario.

- Ella... calma... -la miró con ternura y sin que ella se lo esperara, la tomó por el cuello con sus manos frías y se acercó a una distancia que la puso un poco incómoda- YO quiero hacierlo. Además... tengo ganas de salir y respirar un poco. De verdad... quiero ir a buscarla.

Ella no podía pelear contra ese argumento ni menos con la cálida mirada de Leo tan cerca de la suya. No continuó sus reclamos y lo dejó marchar mientras Theo se quejaba a lo lejos de por qué Leo podía irse y él se tenía que quedar trabajando y bla bla bla. Ella se quedó mirándolo mientras caminaba con calma por el camino de piedra en busca de algo más que la hiciera feliz. Y se quedó mirando en la misma posición, con la mente en blanco, durante mucho tiempo después de que Leo ya no fuera visible.


Leo procuró caminar con calma mientras sintiera la mirada de Ella vigilándole la espalda. Apenas percibió que ya no estaba a su alcance se preparó, tomó un respiro, y saltó las escaleras tan alto como pudo y con su velocidad sobrehumana comenzó a jugar en los jardines del templo como si de pronto hubiera vuelto a ser un niño. Se sentía fuerte, recuperado y lleno de vida. Su mente también se sentía juguetona y comenzaba a recordar el rostro de Ella cuando le entregó los libros hace un par de días, y la conversación cómplice que tuvieron en sus mentes a espaldas de Theo el día de hoy... "¡Ella me mantienes vivo!" pensaba, aunque inmediatamente este pensamiento le causara risa, y quisiera eliminarlo porque sabía lo peligroso que era... pero diablos que se sentía bien soñar con ella!

Entre salto y salto un leve crujido de hojas lo paralizó en seco. La expresión del rostro se le transformó en un sólo segundo y volvió a ser el mismo Leo frío y alerta que siempre es cuando está en el mundo real. Un segundo crujido casi de inmediato le volteó la cabeza hacia la izquierda como lo hubiera hecho una bofetada. Allí, tras un árbol, Omer aparecía con su clásica cara asustada. Recién se había percatado de la presencia de Leo en aquel mismo lugar donde el pretendía entrar.

- ¡Leo!

- ¡Omer! ¿Qué haces aquí? - Leo respiró y se calmó frente a la falta de amenaza-.

Omer dudó con qué actitud tratar a Leo, claramente el encuentro lo había tomado por sorpresa.

- Ehh.. este... -optó por la indiferencia altanera pero por supuesto sin agresividad, detestaba a Leo pero tampoco quería devolverse a casa con los pantalones en la cabeza- no es que sea de tu incumbencia pero vengo a ver a Ella. Me invitó, soy su invitado. - Lo miró directamente con los ojos bien abiertos como queriendo decir "Sí, así es, por qué habría de mentir."

- ¿Ella te invitó? -Leo lo miró con una suerte de risita y dudó un poco en sus palabras.

- Bueno... desde siempre he sido un invitado la verdad. Tú lo sabías. Ella... siempre quiso recibirme aquí, que yo la visitara.

- Claro, claro... Y... qué quieres que haga yo.

Omer rió.

- Ja! Pues nada Leo. Tan sólo nos hemos topado aquí, que nos hayamos cruzado no significa que ahora tu tengas que algo que ver en el hecho de que estoy visitando a Ella.

Estas palabras provocaron algo de molestia en el vampiro. Se acercó con lentitud a Omer, pero no sin considerar los repercusiones que cualquiera de sus actos pudiera traer para su relación actual con Ella.

- Mira Omer... para serte sincero no creo mucho en tus palabras. Sé que tú y Ella no quedaron en muy buenos términos la última vez y tengo mis dudas si realmente le gustaría verte en este momento. Está en plena mudanza ¿sabes? Creo que puedes alterarla y eso no me parece.

- ¿Qué? ¿Acaso el gran Leo teme que la pueda hacer cambiar de opinión... otra vez?

- Estás siendo muy irrespetuoso Omer... -los colmillos de Leo alcanzaron a asomarse levemente mientras se acercaba al muchacho con una mirada atemorizante.

- No voy a detenerme Leo -Omer tenía miedo pero fue severo y mitó a Leo directamente a los ojos-. Voy a ver a Ella ahora, y tú sabes que ella querrá verme si sabe que estoy aquí. Tienes que respetar los deseos de tu profeta.

Leo no tuvo más remedio que tomar distancia de él y de su posición de alerta y decirle:

- Yo no voy a oponerme a cualquier deseo que Ella tenga, y no me interesa lo que sea que ambos tienen que hablar, no es mi problema. Pero te lo advierto niño, si llego a saber que la importunaste... que fuiste severo con ella o que la hiciste sentir mal... voy a volver para ponerte en tu lugar. ¿Está claro?

Omer tragó saliva y sóloa tinó a asentir en silencia.

- Bien. Ahora si me disculpas debo irme. Hay unos encargos que debo cumplir.

Y se marchó. Omer no podía creer que Leo no hubiese querido quedarse al encuentro. Pero bueno, era algo positivo. Un obstáculo menos para lo que quería hacer.

Siguió caminando por el sendero de piedra hasta que divió una bella casa que supuso, entre todo lo lúgubre que cubría a ese templo, debía ser la residencia de Ella.

- Este debe ser el único lugar hermoso de aquí.

Ella saltó de su asiento de donde por fin descansaba después de toda una mañana de trabajo. El viejo libro que cubría su cara para taparle la luz se desplomó al suelo y la lámpara de la mesita de lectura casi cae también gracias al codazo que ésta le propinó.

- ¡Omer! -Fue lo único que atinó a decir con el libro en una mano y la lámpara balanceándose en la otra. Le tomó un segundo poder decir algo más. -No puedo creer que estés aquí.

Ella no hallaba qué decir. Después de la incómoda y difícil última vez, y ahora mudándose a la residencia... se estaba acostumbrando a pensar que nunca más vería a Omer, o al menos nunca más los dos solos, frente a frente, hablando sobre su relación. Ella supo de inmediato que algo así iba a pasar al ver a Omer parado en su puerta. Y lo peor de todo es que no estaba para nada preparada para algo así.

- ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que odiabas este lugar.

- No conocía este lugar. -Omer entró y dió un par de vueltas y miradas por la habitación- Y está bastante cool si puedo opinar.

- Por supuesto que puedes opinar.

Ambos se miraron por largos segundos, se acercaron y cerraron el saludo con un largo y apretado abrazo.

- Me alegra verte -le dijo Ella-. Me alegra que hayas venido y que podemos hablar en paz y estar alegres.

- A mi también Ella. Quería decirte que lamento mucho por como reaccioné la última vez. Fui un idiota...

- Omer no te preocupes. Fue mi culpa, no fui honesta contigo como debía haberlo sido desde el principio. Te lo debía al menos por el largo tiempo que hemos estado juntos y en el que me has apoyado.

- Y debí haberte apoyado con esto también. Fui un tonto y un insensible Ella, pero debes reconocer también que lo que pasó me tomó por sorpresa. Yo estaba empezando a tener otras ideas para nosotros...

- Lo sé, lo sé.

- ¿Fui un iluso, Ella? ¿Debí haberme dado cuenta yo solo de que lo correcto era terminar nuestra relación y dejarte cumplir tu destino?

- No Omer. Debí haber sido yo la que te lo dijera. -Ella bajó la mirada y pensó un segundo para sus adentros-. Debí haber sido yo también la que entendiera eso antes que nadie. Debí haber sido menos infantil y darme cuenta de mi deber.

- ¿Entonces... eso quiere decir que ya no podemos estar juntos? ¿Aunque estés aquí y lo intentemos con toda el alma?

- Omer yo... -Ella no esperaba estas palabras tan llenas de esperanza pero también tan llenas de peligro- yo no creo que eso sea posible. Ya no. No podemos ser tan ilusos de pensar que un noviazgo de chicos como el nuestro puede sobrevivir aquí, en el mundo de los vampiros. Menos cuando yo soy la elegida de sangre y tu eres un humano.

- ¿Y si las cosas no tuvieran que ser así? Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario, Ella.

- ¿Es que de qué otro modo puede ser? Así es como son las cosas y no hay nada que podamos hacer.

- Sí hay algo Ella... -Omer tomó su rostro entre ambas manos, pegó su nariz a la de su amada y la miró fijamente y con todo su amor- podemos evitar que yo sea un humano en peligro. Puedo convertirme en un vampiro y estar contigo aquí.