Disculpen porque ha pasado más de un mes desde la última actualización. Una mezcla entre crisis creativa y la vuelta a los estudios. Gracias por la espera y gracias por leer.


Capítulo 15

Muerto en vida

- No estás hablando en serio.

La expresión del rostro de Ella estaba desencajada. Sus grandes ojos marrones estaban tan abiertos como su boca; su cabeza daba pequeñas sacudidas en señal de incredulidad.

- Claro que lo estoy. Tú eres lo único que realmente quiero en la vida –respondió Omer-, no le tengo miedo a lo que pueda pasar si es que estoy a tu lado.

- Omer no… Omer no puedes querer algo así. Además yo no soy vampira, tú lo sabes.

- Lo sé, pero es la única forma de pertenecer aquí además de ser un dividido, y tú y yo sabemos que en eso no me puedo convertir.

- Omer no… esto… esto es demasiado, es lo último que esperaba que me dijeras cuando te vi ahí parado.

La cabeza de Ella daba vueltas, tuvo que afirmarse la frente y quitar la mirada del rostro de Omer. Era demasiado para poder ser digerido, una idea demasiado demente para poder tener una conversación racional al respecto.

Omer observó su reacción e intentó ser comprensivo. Era realmente un plan drástico y él estaba conciente de aquello. Acercó su mano a Ella y removió un mechón de sus cabellos para colocarlo detrás de su oreja y así descubrir su rostro.

- Lamento haberte alterado, no era mi intención. Tampoco esperé que fueras a aceptarlo de inmediato… pero tenemos tiempo. Hay que pensarlo y discutirlo. Pero espero de todo corazón que digas que sí y así podamos comenzar esta nueva vida juntos.

Ella no sabía que decir.

- ¿Quieres que me vaya?

- Me serviría algo el tiempo a solas la verdad. Esto… esto no era lo que esperaba.

Omer bajó la mirada pero sonrió.

- Tus deseos son órdenes. Eso sí, debo decirte que volveré pronto. Te demostraré que voy en serio con esto.

El muchacho se levantó y en pocos segundos estaba de vuelta en la puerta de la residencia. Procuró cerrar la puerta al salir y suspiró profundamente afuera admirando la belleza del jardín.

"Eres realmente el tipo más idiota que he conocido ¿sabes?"

La voz rápidamente lo puso en alerta.

- ¿Quién anda ahí?

En su pose habitual, encaramado en la gran rama de un viejo y marchito árbol, el vampiro Theo miraba con expresión de burla y reproche a Omer sin siquiera disimularlo.

- ¿Quién eres tú?

- Soy Theo, un vampiro… vecino de Ella. ¿Cómo estás Omer?

- ¿Cómo sabes quién soy? –preguntó Omer aún sorprendido.

- Si eres cercano a Ella naturalmente te conoceré. No es mi ocupación principal, pero soy uno de los que mantienen a la profetisa a salvo.

- Yo no soy una amenaza para la profetisa; si sabes quién soy debes saberlo.

- Sé que no eres una amenaza …o al menos lo sabía. ¿Qué es eso de que quieres hacerte vampiro? No me parece algo muy prudente de venir a decirle a la elegida en los días de su mudanza. Sabes que puede ser algo muy estresante, la mudanza.

- Ah ya lo veo… eres del tipo listo igual que Leo. –Omer sonreía tan sólo para molestarlo.

- Me alegra que así me veas –respondió el aludido-.

- No vine a molestar a Ella…

- …pero aún así parece que lo has hecho.

- Mira, entiendo que te preocupe tu profeta pero en serio éste no es tu problema.

- No te convertirás en un vampiro –Theo sacó un tono seco y fue brusco y directo con Omer-, nadie acá lo permitirá.

- ¿Disculpa? –Omer reaccionó molesto y miró con desprecio al vampiro mientras éste descendía del árbol y se situaba junto a él- ¿Me pueden explicar cómo esto te concierne?

- ¡Oh es muy simple! Verás, atacar a un humano, y eso incluye una mordedura que es necesaria para convertir a un humano en vampiro, es algo muy grave, un delito para nosotros.

- ¿Y si un humano quiere ser convertido voluntariamente?

- No podría decirte porque ha pasado demasiado tiempo. Incluso antes de mi época. Pero déjame decirte que debe ser de lo más complicado ¿te imaginas? Tú te mueres y de pronto ¿qué hacemos contigo? – Theo miró al chico con un brillo malicioso en sus ojos - ¿Sabes que es más difícil que hacer desaparecer a alguien? Explicar qué es lo que le pasó una vez que aparece.

Omer tragó saliva un poco nervioso y miró al vampiro con desconfianza. Trató de sonar seguro de lo que decía.

- No me parece como algo imposible de hacer.

Theo sonrió por la reacción del muchacho. Se alejó un poco de él y con una mueca hizo ademán de pensar en la idea.

- Bueno… para empezar tendríamos que enviarte lejos. El Omer que todos conocen tendría que morir, porque tú sabes… morirá –procuró hacer énfasis en esta palabra- y como es lógico, no podría estar dando vueltas por aquí, en la ciudad… luciendo un poco pálido ¿no crees? ¿Cómo pretendes entonces estar al lado de Ella?

- Podemos ir a otro lugar.

- No me parece, niño. El lugar de la profetisa en éste, junto a su comunidad. Ya hemos luchado bastante para que se convenciera de venir aquí y no vamos a dejar que se nos vaya otra vez –se acercó a Omer sigilosamente y entonces extendió sus colmillos procurando que él los viera bien de cerca-, tú sabes… por el mismo motivo.

Omer se quedó en silencio, helado, mirando como Theo retrocedía su cara al mismo tiempo que lo hacían sus afilados dientes.

- Me quedaría aquí en la residencia entonces y no saldría jamás. Sería uno de ustedes.

- ¡No serás uno de nosotros! ¡¿Qué no entiendes? – Theo no pudo evitar levantar su voz- ¡Nunca te aceptarán! Serás tan sólo un tonto humano que por un capricho de juventud quiso ser vampiro y paf! …perdió toda su vida. ¡¿Qué diablos se supone que es eso?

- ¿De qué estás hablando? –Por un momento Omer sintió que estaban hablando de algo más-.

- Mientras no pertenezca por naturaleza allí, el chico que desee con toda su alma ser parte del grupo jamás será aceptado. Tú vas en secundaria, tú debes saber.

- ¿Estás siendo sarcástico?

- Quizás.

- Por un momento allí me pareció que tenías algo en contra de los vampiros.

- ¿Tú crees que debería tener algo en contra de los vampiros? –Theo decidió tentarlo.

- No lo creo, mal que mal tú eres uno.

- Pues te equivocas –Theo abandonó el sarcasmo-, precisamente el ser un vampiro es el principal motivo para tener algo en contra de ser un vampiro. ¿Sabes lo que realmente es un vampiro, niño Omer? ¿Es una bestia? ¿Un parásito chupa sangre? ¿un asesino? ¿el chico más atractivo de tu salón? No, un vampiro es la reminiscencia podrida de un humano, con la cantidad justa de memoria para recordar lo que era no ser un patético adicto a la muerte.

Omer se sintió choqueado por las palabras del joven y también increíblemente incómodo por ellas. Theo prosiguió.

- Un vampiro tiene un instinto de supervivencia mucho más agudo que el tuyo, y aún así necesita la cantidad mínima de alimento para sobrevivir. Es un desperdicio de espacio si me preguntas a mí, tú sabes… porque en realidad no hacemos nada. ¡Ésa es una definición que me gusta! –Su mirada se tornó malvada y sus ojos rojos de sangre- Y quizás una más apropiada para tu inocente y débil mente, que se asustó hasta el aturdimiento con la definición anterior: Un vampiro Omer… es un desperdicio de espacio.

Fue un momento, tan sólo un momento… pero Theo literalmente sintió un torrente de deliciosa sangre moverse hasta su cabeza y sus colmillos, más placentera que la mejor erección que un humano tendría jamás. Tomó un segundo y rió con tristeza para sí mismo. Sólo deslizó su colmillo afilado contra su lengua y calmó lentamente su deseo.

- Tienes suerte de que sea vegetariano.

Omer respiró con los ojos abiertos como huevos fritos y cuando su cuerpo volvió en sí supo lo apretados que estuvieron todos sus músculos durante todo ese momento. A pesar del nerviosismo, decidió mirar el lado positivo y aprovechar la oportunidad.

- Si tienes hambre tú podrías morderme.

Theo rió fuerte y sacudió la cabeza.

- Jamás pasará. Ni siquiera lo intentes. Además no seas tonto, aunque lo hiciera ahora no te convertirías en vampiro y morirías desangrado sin un médico. Ya debes saber que la transformación solo puede ocurrir un par de noches al año.

Omer lo recordó y se sintió un poco avergonzado, avergonzado y decepcionado.

- Y de todas formas –Theo continuó- aunque fueras un vampiro tampoco podrías estar con Ella.

- ¿Y por qué no?

- Porque es una profeta… es superior a todos nosotros. Ni siquiera un vampiro debe aspirar a unirse a su profeta, ella es sagrada para él, y él es indigno de ella. Lo sé bien –dijo, y un breve atisbo de pena pasó por su rostro-, conozco las leyes.


Leo miró la fuente y cayó en cuenta de que nunca pensó en la forma de trasladarla a la residencia. De seguro se imaginó tan sólo cargándosela al hombro y que claro, un chico de 17 años con una fuente de cemento de una tonelada encima no levantaría sospechas. Pensó que lo mejor era reservarla y después ir a buscarla en un taxi o algo así pero necesitaba dejar un depósito del 60% para la reserva y no llevaba efectivo. Además, Omer conversaba en ese mismo momento con Ella y cómo diablos iba a meter un taxi a la residencia sin que descubrieran a todos los VAMPIROS que vivían allí!

¡Dios! necesitaba tomar aire… estaba de lo más desconcentrado. Definitivamente la visita no le había caído bien.

Esperaría un poco más allí deseando no toparse con Omer a su regreso. No quería verlo…no quería verlo junto con Ella. Charlando, riendo, abrazándose… ¡lo que sea! Por nada del mundo quería verlos juntos. Los celos se lo comían por dentro y el pecho le empezaba a doler. Intentaba no pensar en ellos pero no lo estaba logrando, estaba muy afectado. Nunca en sus 600 años como vampiro pensó en que aquello que más miedo le daría iba a ser un chico de 16 años y la posibilidad de que le quitara a una mujer.

Pensó en eso en el camino de vuelta y también en cómo llevaría la fuente pero lo segundo no iba bien encaminado. Para lo primero eso sí tenía una alternativa.

Tocó con suavidad la puerta de Ella y al escuchar "pase" entró lentamente y se sorprendió de verla sola, arrodillada junto a la chimenea con su pijama ya puesto.

- ¿Estás a punto de irte a la cama?

- Se supone que sí, pero por alguna extraña razón no me he podido mover de aquí.

Ella le prestó atención, pero de todas formas no despegó su vista perdida de la fogata. Leo supo de inmediato que la cita no había ido muy bien. No sabía lo que eso significaba para él eso sí.

Quiso preguntar pero no fue capaz. Tampoco pudo preguntarle "¿quieres que me vaya?" o "¿cómo estuvo la mudanza hoy?" No fue capaz de decirle nada trivial, nada que condujera la conversación hacia otro lugar. Era natural, tuvo durante todo el día todos sus sentimientos amenazándolo en la forma de un profundo nudo de garganta. Necesitaba decirle.

- Ella… ¿vas a volver con Omer? ¿te vas a ir?

La chica lo miró con ternura y sus ojos se pusieron húmedos. Se veía tan hermosa junto a la cálida luz del fuego.

- Esas son en realidad dos preguntas distintas, Leo.

- No nos dejes. No me dejes a mí.

- No lo haré.

- Está bien –dijo Leo- confío en ti.

Quiso marcharse pero tampoco pudo hacerlo.

- Ella… no vuelvas con Omer. No estés conmigo si no quieres pero por favor no regreses a él. Me matarás si lo haces.

Los ahora ojos llorosos del vampiro hicieron que lentos lagrimones bajaran por las mejillas de la profetisa. Esa noche durmió con el pecho apretado.