Nota de la autora: Sé que ha pasada DEMASIADO tiempo desde la última actualización de este fic, pero siempre había querido retomarlo. El hecho de que me aún llegaran mensajes solicitándolo me tenía con un enorme cargo de conciencia. Les prometo solemnemente terminarlo, y a tiempo.
Capítulo 17
Debes Elegir (parte 2)
Theo caminó con nerviosismo en dirección a la escuela Green y la curiosidad le llegaba a tal nivel que ya casi le picaban las manos. ¿Qué Ella acaso no tenía una mejor persona para éste encargo que él, ya conocido por su poca reserva y respeto por la privacidad ajena? Se sentía pésimo buscando excusas para abrir la carta que con tanta seriedad la profetisa depositó en sus manos, confiándole que con eso solucionaría el conflicto con Omer.
¿Solucionar? ¡Ni siquiera sabía si en la carta Ella se oponía a que el chico se hiciera vampiro! "Esto es una pésima idea" pensó. "Si es que es así, debo hacer algo para impedirlo. Tengo que estar preparado." Le tomó tres horas abrir el sobre desde que Ella lo puso en su poder. Francamente había sido mucho tiempo.
Se sentó en una banca en un pequeño parque cercano a la escuela, oculto para que no muchos pudieran verle. Desplegó las hojas de papel escritas en tinta color celeste y comenzó a leer.
"Mi amadísimo Omer" –Eso no estaba bien.
"Cuán preocupada estoy por lo que me dijiste el otro día. Estaba tan feliz de que llegaras a verme con una sonrisa en el rostro… francamente pensé que pasaría toda esta vida sin volver a ver una de tus sonrisas mirándome. No te miento al decirte que paso la mitad del tiempo fantaseando cómo sería tener tu perdón, y que volviéramos a ser mejores amigos como antes. Fantasear en tener mi antigua vida eso sí es algo que ya no me doy en lujo de soñar: Hace tiempo descubrí que no importando cuánto desease ser una chica normal, simplemente no lo era. Tengo una gran responsabilidad no sólo con los vampiros sino con todo este mundo que tanto amo, uno del que también tú eres parte. ¿Cómo sería capaz de volver a ser hija, hermana, amiga… incluso novia… sabiendo que la seguridad de todos nosotros estaba en mis manos y yo la abandoné? ¿Cómo amar a mi gente así? Ésa no es forma.
Si amas a alguien el sólo hecho de pensar en el dolor de esa persona se vuelve algo insoportable. Es por eso que no los abandono, abandonarlos sería huir de mi deber y es algo que no haré. Y es también el motivo por el que no concibo esa loca idea tuya de convertirte en vampiro. Omer… no voy a decirte lo demente que estás, eso ya lo sabes. Lo que quiero decirte –ahora que he tenido algo de tiempo para digerir tus palabras- es que por sobre mi cadáver tu abandonarás esa hermosa vida llega de posibilidades que tienes para perderte en la miseria de un viejo castillo a mi lado. Junto a mi además, no necesariamente estarás seguro: es altamente probable que quien quiera herirme a mi o a los vampiros vaya tras de ti. Tampoco tengo ninguna forma de asegurarte que estaré aquí para acompañarte. Ardak vivió muchos años, pero no así todos los profetas. Además… la profetisa no está para tener citas y criar una familia. Ya habrás entendido que una vida así para mí ya no es posible. Pero eso está bien, yo ya no siento pena por mí. Por el contrario, quiero dar todo de mí para mantener a este planeta a salvo, y lo cierto es que ya no quisiera vivir mi vida de ningún otro modo. Tener la posibilidad de proteger a mi familia, a ti, a tus hijos, a tus nietos… nada me mantiene más viva que eso. Pero esta vida no será la causa para que tú pierdas la tuya.
Omer… fuiste mi mejor amigo casi toda mi vida. Me enseñaste, me apoyaste, me cuidaste… y esa vida será uno de mis mayores tesoros por lo que me quede de existencia. También me amaste y yo te amé, y fui feliz a tu lado mientras eso fue una posibilidad, pero como ya yo lo hice, debes comprender que las cosas ya no pueden ser lo que eran. Tu amor siempre será un hermoso recuerdo y pondrá una sonrisa en mi rostro siempre que piense en ti. Pero es momento de que yo cumpla con mi destino, y tú salgas y te construyas uno para ti: uno que sea sólo tuyo, y lo suficientemente vivo y lleno de emociones para que esa mente vibrante se mantenga activa. Encontrarás a una chica, y lo más probable es que a más… reirás, sufrirás, perdonarás, darás vida… y allí si quieres elige morir. Pero no aquí, no ahora, y no por mí.
Espero comprendas mis palabras, y no sufras más de lo necesario por esto. Si bien no puedo cumplir tus deseos hoy, quiero que sepas que siempre querré ser tu amiga y velaré por tu bienestar. El secreto de la profetisa es tuyo y confío en que lo guardarás por el cariño que siempre nos tendremos.
Las puertas de mi hogar estarán siempre abiertas para ti.
Espero no pase mucho tiempo hasta que nos volvamos a encontrar, y espero sinceramente que en ese momento habrá paz entre nosotros.
Con amor por siempre,
Ella.
Theo dobló el papel de vuelta sintiéndose como un perfecto canalla. Esto era algo que nadie más debió haber leído. Procuraría borrarlo de su memoria tanto como se pudiera.
Se mantuvo unos segundos sentado pensado en sí fingía o no frente a Omer que había leído la carta. Decidió que era mejor que no: no era muy bueno mintiendo y además no estaba de humor; además a quién iba a engañar, ni siquiera procuró abrir el sobre sin que se notase.
Miró un poco hacia dentro de la escuela y decidió esperar hasta el descanso de los alumnos para abordar a Omer, ojalá sin que nadie lo notara. Sería algo difícil porque parecía nunca despegarse de esa tal Nikki. Lo abordó camino al baño.
- Hey Omer… ¿tienes un minuto?
El pobre chico quedó pegado en el techo del susto.
- Dios. Casi me matas de la impresión. ¿Qué es lo quieres? ¿No ves que estoy en la escuela?
- Es importante. Te traigo un mensaje de la profetisa.
Theo intentó sonar formal. Omer por su parte puso los ojos tan grandes como dos huevos fritos, lo tomó de la manga y lo llevó de inmediato a un lugar más apartado junto al patio. Se notaba ansioso, aunque Theo no podía notar si era de miedo o felicidad, lo cual era bueno, porque una sonrisa esperanzada en el rostro del muchacho le habría revuelto el estómago.
- ¡Dime! ¡dime! –le repetía Omer-. ¿Qué noticias traes?
- Ella te manda esto.
Le extendió una hoja de papel doblada en cuatro partes, sin sobre. Omer abrió sus grandes ojos, y antes de que pudiese sonreír Theo murmuró:
- Lo siento.
El vampiro se marchó con destreza hacia las profundidades del jardín, y después, hacia la calle. Omer sintió un peso enorme sobre sus hombros, como si de pronto hubiera comenzado a llover y las gotas de de agua fueses enormes balas que le atravesaban la camisa. Sintió pisadas tras de él, y algo de alivió recibió al apoyar sus sollozos en el hombro de Nikki, quien había llegado a consolarlo.
Theo miraba la escena escondido desde la copa de un árbol, con el espíritu un poco dolido. Sintió pena por el muchacho, pero después, pequeñas ganas de sonreír le llegaban al rostro. Casi podía recordar lo que era sufrir por amor. "Estará bien" pensó, "¡Vive la vida, Omer! Que si no lo hacemos entonces qué sentido tiene estar aquí".
El vampiro se trasladó con calma a la residencia de la profetisa. Le diría "misión cumplida" o algo así, y después iría a visitar a Jamon. Hacía tiempo que no compartía con otros. Se acercó hacia la puerta de Ella pero antes de que pudiese llamar sintió unos murmullos. Quiso no cometer los errores de siempre y decidió mirar por la ventana. Allí vio la vio abrazada junto a Leo, ambos de rodillas junto al sillón. Theo se limitó a moverse sigilosamente antes de que notaran su presencia, no quiso interrumpir. Jamás podría haber sospechado cuánto se arrepentiría luego de aquella decisión.
Cinco minutos antes Leo tocó la puerta de Ella mientras ella se disponía a preparar su almuerzo. La timidez lo desconcentraba un poco, por lo que habían hablado la última vez, pero tenía noticias que darle que no podían esperar.
- ¿Interrumpo? –preguntó Leo mientras la vieja puerta de madera se cerraba tras de él.
Ella se sorprendió, pero sólo un poco.
- Ah, hola Leo. Pasa, estaba a punto de comenzar a cocinar.
- Es una lástima que tu mitad humana aún guíe tu sistema digestivo. Es mucho más fácil cuando eres un vampiro.
- Ehh… según recuerdo, no es así.
Ambos rieron y después se miraron por unos segundos. Ella percibía la mirada calma y bella de Leo sobre la suya; esa de los ojos claros y brillantes, seria pero al mismo tiempo seductora. Su pechó se sintió raro. Leo le habló y ella podía sentir toda la dulzura de su voz.
- Resolví lo de la fuente –le dijo.
- Ah. ¿De veras? Eso es genial, muchas gracias.
- Sí, eso sí debo informarte que llegará acá en un par de días –Leo sonó un poco avergonzado-. Confieso que tuve que contratar el servicio de despacho especial que tenían en aquel lugar. Pensé que la visión de un adolescente cargando una fuente de concreto al hombro podría levantar sospechas.
- Jajaja. Es cierto, bien pensado –le respondió Ella-. Pero Leo… debió haber sido costoso, ¿tenemos el dinero?
- No te preocupes por eso, está resulto.
- ¿Y cómo?
- Eso sí prefiero no confesar.
Su mirada y sonrisa torcida volvían a ser las de antes. Leo con su pícara inteligencia, diciendo nada en lo absoluto pero todo a la vez. En ese momento, Ella recordó esos primeros encuentros entre ambos, el de la muchacha tímida que era perseguida por el nuevo galán. Leo, el chico serio y misterioso de la escuela Green, estaba frente a ella mirándola con una sonrisa de amor, y entonces no pudo evitar llorar un poco. Corrió hacia sus brazos.
- ¿Qué sucede? –Leo la recibió asustado y perplejo.
- No quiero hacerte daño. Ni yo ni nadie. Prométeme que serás fuerte, que serás mejor que yo. A veces todo lo que quiero es ser fuerte, más fuerte que tú, para así no necesitarte, y para que no corras peligro a mi lado. Pero después problemas ocurren, o las lecciones de Jamon me agotan, y me doy cuenta de lo débil que soy y me odio, me odio a mí misma.
Parecía una niña, acurrucada en su pecho buscando seguridad y consuelo. Leo la sujetaba acariciándole el cabello, sonriendo dulcemente una vez más.
- No eres débil, sólo estás recién comenzando. Todo lo que has hecho en el último tiempo: recuperar el dolbar, unir a la comunidad en paz con los humanos, venir hacia acá, abrazar tu destino… todo eso es testimonio de la fortaleza que hay en ti, Ella. Tu corazón es bueno y firme, allí está tu fortaleza –su mirada entonces cambió, y sus ojos se tornaron un poco sombríos y su voz se percibió con pena-; y de mí… de mí no debes preocuparte. Ese no es tu trabajo. Sólo yo debo preocuparme por ti, y allí termina.
- No puedo evitarlo –le susurraba Ella aún apoyada en su pecho-. Por eso también me odio; trato, pero no logro dejar de ser una niña soñadora, que recuerda tus besos cada vez que la miras y cuya respiración se agita nada más al estar cerca de tu aroma. Perdóname Leo, pero no sé si alguna vez pueda estar a la altura de la profetisa, y olvidar a la joven que se enamoró de su guardián.
Leo tembló y la abrazó fuerte, y ambos descendieron de rodillas hacia la alfombra. Unidos por el deseo mutuo, pero divididos por la ansiedad de lo prohibido, se mantuvieron así por varios segundos. Cuando Ella levantó su cabeza y lo miró nuevamente, sintió la enorme necesidad de decirle:
- Tengo miedo de hacer las cosas mal.
Leo la miraba fijo, absorbiendo uno a uno los detalles de su belleza: sus ojos grandes, su piel rica y tersa, las pequeñas lágrimas que amenazaban con saltar al exterior. Entonces le respondió:
- Yo también, pero prefiero morir en paz que vivir como un cobarde.
Se besaron fuerte y profundamente por lo que en sus corazones pareció una eternidad, pero lo cierto es que prontamente sucumbieron ante el silencio y el ruido de sus bocas y cayeron al suelo en un apasionado abrazo, mientras con desesperación comenzaron a quitarse la ropa. El miedo de hace algunos momentos desapareció, olvidado junto a las prendas que yacían solitarias a la derecha de sus cuerpos desnudos. Leo tomó a Ella con fuerza por la cintura, y la situó bajo él, donde permanecía cálida, sintiendo el peso del vampiro sobre todo su ser. Su respiración se agitaba y con los ojos cerrados, percibía la dureza de sus colmillos rozándole los hombros. Leo parecía hambriento, pero no, no realmente. Sus manos intentaban controlarse de apretar los brazos de la joven con demasiada fuerza. Ella gimió cuando su beso le inundó el cuello, y Leo la penetró con desesperación, intentando calmar sus colmillos antes de silenciarla con un beso.
Se rehusaron a dormir, también a abandonar de inmediato la alfombra. Comenzaban a sentir un poco de frío pero los amantes jóvenes serán siempre unos rebeldes. Mientras tanto Theo ya iba lejos, demasiado lejos para advertir que Jamon y dos de sus hombres iban en dirección a casa de Ella.
