Capítulo 2: contraste de sabor.
Vodka hizo girar las llaves en el contacto y miró a un lado. Gin estaba en el asiento del copiloto, comprobando unos papeles sin inmutarse.
-El lugar del encuentro es en Beika, cerca de este centro comercial –indicó, señalando un punto en el mapa que sostenía con la mano derecha-. ¿Has revisado el recorrido?
-No entiendo por qué tengo que hacerte de chófer.
Gin miró a su subordinado y frunció el ceño. Vodka, que acababa de poner en marcha el coche, tenía centrada su atención en conducir y no le devolvió la mirada. Solamente llevaban unas semanas trabajando juntos, y aquella misión era apenas la cuarta o la quinta en la que tenían que usar el coche para desplazarse.
-Yo soy menor de edad y por ende no puedo conducir –argumentó Gin-. Tú, en cambio, eres mayor de edad y tienes carné. Tan simple como eso.
-Eso lo comprendo –repuso Vodka sin desviar la mirada del tráfico; acababan de salir a una importante avenida-. Lo que no comprendo es por qué no te quedas tú en cualquier otro sitio en vez de venir a estas misiones.
-Somos un equipo, Vodka –le recordó el chico-. Te guste o no. Y, como equipo que somos, debemos llevar a cabo las misiones juntos. Además, soy yo quien idea la mayoría de los planes.
-Pero soy yo quien conduce y dispara –protestó su subordinado-. Gozas de demasiados privilegios.
-¿Qué privilegios? –inquirió Gin.
-¿De verdad hace falta que te los recuerde? Por favor, basta con verte…
Gin, algo avergonzado, desvió la mirada. Sabía perfectamente a qué se refería su compañero. Vodka iba vestido de acuerdo con la etiqueta de la Organización: traje de chaqueta de color negro y apenas un toque de color con su camisa roja. En cambio, Gin tenía mucha más libertad a la hora de elegir su ropa y podía vestir prácticamente como quisiera, siempre y cuando no perjudicara al desarrollo de las misiones.
-Fue "esa persona" quien me dio permiso –comentó el niño, bajando la vista hasta sus pantalones vaqueros-. Apenas llevo unos meses en la Organización. Ni siquiera he terminado mi entrenamiento.
-Y, aun así, ya tienes todos los privilegios de un miembro y más –le recordó.
-Yo no lo pedí.
Vodka desvió un momento su atención de la carretera y miró al chico. Y, quizá por primera vez desde que lo conocía, no vio más que a un niño asustado que había sido introducido violentamente en un mundo de muerte y destrucción, de sangre y pólvora. Y se preguntó qué padres permitirían eso.
Pero quizá simplemente ese niño no tenía una familia que se preocupara por él.
Antes de que el chico se girara y sus miradas pudieran cruzarse, Vodka volvió a centrarse en la carretera.
-Gin –lo llamó tras unos momentos.
-¿Sí?
-¿Cómo acabaste aquí? –preguntó sin apartar la vista del tráfico-. Quiero decir, en la Organización.
El niño se mantuvo en silencio unos segundos. Finalmente, contestó:
-No te importa.
El semáforo más cercano se puso en rojo y Vodka fue frenando hasta detener el coche. El ronroneo del motor se mantuvo, impasible y constante.
-¿No quieres contarlo? –inquirió.
-No es una historia alegre –replicó el chico.
-Ninguna lo es.
El semáforo cambió repentinamente de color y Vodka apretó el pedal del acelerador con suavidad. Tras unos segundos más en silencio, el niño preguntó:
-¿Tampoco la tuya?
-Tampoco la mía.
Los dos se mantuvieron en silencio tras ello, como asimilando todo lo dicho. Al cabo, el chico se giró y comenzó con voz dubitativa:
-¿Vodka?
-¿Sí?
-Al menos… tenemos eso en común.
Vodka se giró un momento y miró al niño. Aquellos ojos verdes se clavaban en los suyos, como ofreciéndole una solícita mano. Él, levemente ruborizado, desvió la mirada y replicó secamente:
-Supongo que tienes razón.
Gin desvió la mirada también, sintiendo el rechazo de su compañero. Y Vodka, sin dejar de mirar a la carretera, se prometió que jamás aceptaría la mano que le tendía ese chico.
Sus veintitrés años de vida le habían enseñado las consecuencias que tenía preocuparse por los demás.
Notas de la autora:
¡Hola! Hello! Konnichiwa! Hallo! Salut! ¡Aquí vuelve Shiho Furude, lista para el ataque!
Aquí llega el segundo capítulo del fic. Gin y Vodka se conocen desde hace ya "unas semanas", pero su relación sigue siendo tensa. Gin parece querer abrirse y ser su amigo... aunque Vodka no. Y conocemos algunas de sus razones.
¿Os ha gustado el capítulo? ¡Eso espero! ¿Por qué no me mandáis vuestra opinión en un review?
¡Gracias por seguir el fic y hasta la próxima!
Sherry Furude
