Capítulo 3: aroma latente.
Vodka se echó hacia atrás el sombrero y dejó escapar un suspiro. Aquello se le estaba haciendo eterno. Miró una vez más hacia la puerta por donde había entrado Gin hacía unos minutos y ojeó su reloj de muñeca. Tardaba demasiado.
Un par de miembros de la Organización pasaron por delante de él, enfrascados en una conversación de la que apenas captó unas pocas palabras. A veces, Vodka pensaba que el líder debía de provenir de una gran familia, porque parecía tener una obsesión con que nadie se quedara nunca solo.
Los miembros solían actuar y desplazarse emparejados o en grupos mayores, raramente de más de cuatro integrantes. Todo el mundo tenía asignado al menos un subordinado, un superior, un compañero o, a fin de cuentas, alguien con quien trabajar. Y esas uniones muy raramente se rompían. Solamente la muerte (o la traición a la Organización, que normalmente conllevaba la muerte) de alguno de sus integrantes podía suponer que al otro miembro le fuera asignado un compañero distinto. Por supuesto, cualquier cambio fuera de esas circunstancias era también muy difícil de lograr: había que pedírselo personalmente al líder de la Organización.
"Ojalá se lo esté pidiendo", pensó, "Ojalá sea por eso que tarda tanto".
Gin estaba en esos momentos hablando con el líder de la Organización. Era uno de los pocos miembros que gozaba de tal privilegio, aunque juraba que no sabía su nombre ni veía nunca su rostro. "Se esconde entre las sombras como un cazador", había confesado una vez, "Y jamás me ha dicho cómo se llama. Creo que nadie lo sabe realmente".
De un modo u otro, un niño de catorce años hablaba directamente con el líder, privilegio del cual apenas gozaban menos de diez miembros en total. Y él, Vodka, tenía a ese niño por jefe y la obligación de obedecer a cada orden que le diera.
Por fin, un chasquido le indicó que la conversación había terminado. Al girarse vio a Gin saliendo al pasillo y cerrando la puerta del despacho del líder de la Organización tras de sí. Medio minuto después, el chico había llegado junto a él.
-¿Y bien? –inquirió Vodka.
-Nos ha asignado una nueva misión –le informó-. Dentro de dos días, un intercambio en un edificio abandonado. Luego te concretaré la dirección.
Vodka frunció el ceño, pero se cuidó de desviar el rostro para que su interlocutor no se diera cuenta.
-Este trabajo es algo más arriesgado que los demás –continuó Gin, impasible-. Las personas con quienes vamos a hacer el intercambio… no son trigo limpio.
-¿Acaso lo somos nosotros? –cuestionó Vodka con una sonrisa amarga.
-Me refiero a que "esa persona" no confía del todo en ellos –aclaró-. Cree que pueden pertenecer a… algo mayor que esté tramando para acabar con la Organización.
-¿"Algo mayor"? –repitió su compañero, extrañado-. ¿A qué te refieres?
-No puedo decir más –repuso Gin con un gesto-. "Esa persona" me lo pidió expresamente.
-Oh, genial.
Al notar el tono molesto de su subordinado, Gin se giró por fin y lo miró a los ojos.
-¿Otra vez vas a empezar? ¿De verdad?
-Perdona, ¿acaso te molesta? –inquirió Vodka con sarcasmo-. ¿Quizá preferirías que no lo hiciera, jefe?
-¡Yo no lo elegí!, ¿vale? –estalló Gin, elevando el volumen y quedándose quieto en pleno pasillo-. ¡Ni ser tu jefe ni ser el jefe de nadie! ¡No elegí esto! –insistió mientras señalaba con un gesto sus pantalones de color negro como la noche.
-¡Pero lo eres! –le reprochó, parando también-. ¡Con apenas catorce años ya tienes uno de los cargos más altos de toda la Organización, y sin mérito alguno! ¡Simplemente por ser hijo de tu padre!
Ante aquella mención, Gin palideció en cuestión de segundos.
-¿Cómo… cómo… -inquirió con voz temblorosa- lo has sabido…?
-No soy tan idiota como crees, Gin –replicó él-. Por ser mi jefe te crees superior a mí, pero estás muy equivocado…
-Te he preguntado que cómo lo sabes –insistió el chico elevando el volumen. Sus ojos verdes se clavaron en los de su interlocutor, el cual sonrió pícaramente.
-La gente habla de él, ¿sabes? –respondió finalmente-. De tu padre, el mejor asesino que haya trabajado para la Organización, que en apenas unos años se convirtió en la mano derecha del líder… Además, tú mismo te has delatado a través de varios detalles. No me ha sido difícil averiguar cómo llegaste a donde estás ahora…
-Si supieras cómo he llegado hasta aquí –intervino Gin en un susurro- no me hablarías de esa manera.
-¿Y cómo has llegado? –inquirió Vodka, sarcástico-. Siendo hijo de quien lo eres y dejando que el destino te sonriera, sin tener que hacer nada para ganártelo…
Pero no pudo seguir hablando porque, en ese instante, Gin lo abofeteó.
Vodka notó cómo la sangre acudía en cuestión de segundos a su mejilla. Gin, aún con la mano a la altura del rostro del muchacho, tenía la respiración acelerada y los labios muy apretados. Y, cuando Vodka se fijó, se dio cuenta de que sus ojos verdes estaban llenos de lágrimas.
El chico despegó los labios como para decir algo. Su mandíbula tembló durante unos segundos; parecía luchar por encontrar las palabras. Vodka tuvo que aguzar el oído para, finalmente, oírle susurrar:
-Tú no sabes nada de mí.
Sin una sola palabra más, Gin bajó la mano y se marchó de allí con paso rápido. Mientras lo observaba en silencio, Vodka no pudo evitar recordar aquellas últimas palabras.
"Tú no sabes nada de mí".
-Yo no sé nada de ti –contestó en un murmullo-. Y tampoco tú de mí.
Vodka presionó más su propia mano contra su mejilla. La piel estaba caliente.
Notas de la autora:
¡Hola! Hello! Konnichiwa! Hallo! Salut! ¡Aquí vuelve Shiho Furude, lista para el ataque!
¡Y aquí llega el tercer capítulo! Espero que el fic os vaya gustando. En el próximo ya comenzará el clímax: el incidente en que Vodka perdió un ojo. ¡Se acerca la acción!
La tensión entre Vodka y Gin llega en este capítulo a su punto máximo con una fuerte discusión. ¿Qué pasará a partir de aquí?
Muchas gracias por seguir el fic. ¿Os ha gustado este capítulo? No temáis enviarme vuestras opiniones por review: ¡las recibiré encantada!
Un beso y hasta la próxima.
Sherry Furude
