Disclaimer: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.

Advertencia: Yaoi (Boy's Love) | Uso descarado del OoC | EreRi | Universo Alterno (UA) | Lenguaje vulgar | Contenido sexual explícito | Levi seduciendo a Eren (?)

N/A: Disculpas, aclaraciones y más notas hasta abajo. Por ahora, disfruten el capítulo /o/!


SEDUCIENDO A EREN.

By: Maka Kagamine

Capítulo dos. Sedúcelo bajo el sol.


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( • ̀ω•́ )✧

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Azoté las manos con fuerza sobre la mesa que estaba frente a mí. El repentino y escandaloso golpe provocó que las gafas de Hanji saltaran sobre su nariz cuando ella dio un brinco por el susto. Los ojos de mi mejor amiga se mostraron sorprendidos —y espantados— durante un segundo, pero al reconocerme su expresión cambió radicalmente. El miedo se transformó en duda, mientras su cabeza se ladeaba un poco a la izquierda.

—Tu puto plan de mierda no está funcionando —esas fueron las maravillosas palabras que le dediqué ese sábado.

Los fines de semana era bastante difícil encontrar a esa mujer. Sin embargo, para mí, que la conocía desde hacía ya varios años, no era complicado. Hanji tenía una rutina que seguía al pie de la letra. Todos los sábados, después de que se daba un encerrón de varias horas en la vieja biblioteca de Shiganshina, se le podía encontrar en esa heladería. Unos de los vicios de Zoe, además de los libros y de estudiar el comportamiento humano, eran los helados —sobre todo aquellos que eran de colores... extravagantes—.

Zoe, que había estado disfrutando de un helado sabor a chicle con un peculiar color azul, casi fosforescente —¡¿qué demonios, Hanji?!— con cobertura de chocolate derretido, M&M's de colores, algunas nueces y cacahuates sobre él, detuvo la cuchara que se dirigía a su boca. Parpadeó varias veces seguidas durante unos segundos, como si estuviera sopesando mis palabras.

—¿Huh? —inquirió ella, tras otro pestañeo—. ¿De qué hablas, enanín? ¡Si el plan funcionó de maravilla! Incluso te ganaste tu primer beso francés, Levi. Veo el vídeo todos los días para celebrar.

Ante sus pícaras palabras —y la cara de pervertida que había puesto mi mejor amiga en ese momento— solamente pude pintarme de las distintas tonalidades de rojo conocidas. Y es que la pendeja de Zoe se había tomado la estúpida molestia de filmar toda mi actuación en la Universidad, hasta en HD. De verdad, se veía todo: Desde el momento en que entré al comedor, hasta que Eren me comía la boca a besos apasionados, ahí, frente a todos. La calidad del vídeo era tan buena que el hilo de la saliva de Eren y mía, mezclada, bajando por la comisura de mis labios, se veía bastante nítida.

—Estúpida cuatro ojos de mierda, te he dicho muchas veces que borres ese ridículo vídeo —gruñí, de mal humor, con el ceño fruncido y ganas de golpearla. Pero entonces recordé que Hanji era una mujer —al menos eso creía— y que jamás le pegaría a una.

—¿Qué sucede, Levi? —preguntó ella, con voz suave, moviendo la cuchara, que aún estaba dentro de la copa de helado, con fuerza. Todos los ingredientes se revolvieron haciéndole verse aún peor, parecía una masilla de muchos colores—. Estás más enojado que de costumbre.

Chasqué la lengua por su observación, mientras me dejaba caer dramáticamente en la silla que había frente a mi amiga. Si bien yo no solía ser del tipo de persona que se la pasaba sonriendo por todo, corriendo en verdes y soleados prados rodeado de animales y flores de colores más maricas que el pendejo de Eren, podía disimularlo muy bien la mayoría del tiempo.

Excepto ese día, en serio.

Habían pocas cosas que podían acabar con mi paciencia. Que Eren dejara su ropa sucia fuera de la cesta, el polvo, la gente que camina por la calle más despacio que una puta tortuga, los lugares con demasiado ruido, la suciedad, que a Eren se le olvidara sacar la basura los miércoles —ese día pasaba el camión recolector—, las interminables pláticas de Zoe, las manchas de salsa sobre los manteles, el polvo, la suciedad —sí, éstas merecen doble mención—. Y la más importante de todas: que a Eren le diera por ignorarme, así nomas, de la nada.

Lo digo en serio, odiaba eso. Lo detestaba tanto que mi humor había empeorado de manera exorbitante.

Y es que había notado algo un tanto raro en Eren.

Desde hacía unos pocos días él ya no actuaba con normalidad. De hecho, su comportamiento cambiaba cuando estábamos solos —o algo así—. Mi novio parecía incomodarse en mi presencia. Bastaba con mis ojos se encontraran con los suyos para que sus morenas mejillas se pintaran de un encendido rojo. El tiempo que solía pasar junto a mí se redujo drásticamente; de hecho inventaba excusas que se me antojaban de los más ridículas para no estar conmigo.

En ocasiones, cuando él pensaba que yo no lo estaba viendo, lo descubría mirándome fijamente durante mucho rato, sobretodo cuando yo decidía cambiarme de ropa en su presencia, juro que lo hacía sin mala intención. Esos ojos verdes —aunque más bien parecían azules en ese momento— que poseía se deslizaban despacio por todo mi cuerpo, quedándose más tiempo del necesario en mi torso; en mis pezones, mientras se mordía el labio inferior.

Entonces, lo más raro venía cuando decidía cambiarme de pantalón ahí, frente a él. Los ojos de mi prometido se perdían en mis piernas, subiendo lentamente la mirada por mis muslos hasta que llegaba a mi trasero cubierto apenas por unos simples bóxers. Cuando yo volteaba para verlo me lo encontraba con la respiración un tanto agitada, las piernas cruzadas, y esos profundos orbes azules brillando de una manera que me era imposible de descifrar. Pero cuando sus ojos se encontraban con los míos Eren parecía reaccionar; se sonrojaba de manera inmediata mientras tartamudeaba un montón de cosas que parecían en otro idioma —Eren sabe hablar alemán y español, me recordé—, y salía corriendo despavorido.

Eren también había dejado de mimarme. Los besos con los que solía atacarme cuando le venía en gana, esos que antes se me antojaban largos, tiernos y llenos de millones de sentimientos, se habían convertido en unos insípidos, flojos. Los abrazos constantes, esos que él solía darme la mayoría del tiempo, desaparecieron de igual manera, de hecho se volvieron tan rápidos como un pestañeo.

Los primeros tres días no presté demasiada atención a su falta de cariño, supuse que él estaba demasiado ocupado entrenando para el próximo partido de fútbol americano que tendría con el equipo, que realmente no le quedaba tiempo para mimarme. Sin embargo, luego de una semana de sentir su rechazo, comencé a preocuparme. Lo hacía tanto que el estómago se me llenó de una rara sensación; como muchas espinas picándome por dentro.

Con el pasar de los días la preocupación se tornó en desesperación. La desesperación pasó a ser irritación. Hasta que finalmente, la irritación se transformó en enojo. Era tanto que me desquitaba con cualquier cosa o persona.

Hasta que finalmente, luego de pensarlo mucho, me di cuenta de que, en realidad, estaba triste.

Demasiado triste, como para poder ocultarlo. Pero como yo no era del tipo de persona que demostrara esa clase de sentimientos, lo cubría con una falsa barrera de enojo. Era como mi manera de protegerme de lo cruel que podía llegar a ser el mundo.

—Realmente no lo sé, Hanji —dije, luego de mantenerme en silencio durante algunos minutos—. Pero algo va mal, muy mal con Eren.

Después de decir eso me tallé, quizá con demasiada fuerza, el ojo izquierdo cuando empezó a picarme, casi como si tuviera ganas de llorar. Pensar en lo extraño que se comportaba Eren últimamente me dejaba con un nudo en el estómago.

Bastó con eso para que Zoe me tomara realmente en serio. La cucharada de abundante helado que se dirigía a su boca se detuvo, cuando me vio arrugar el ceño y tallarme el otro ojo. Mi mejor amiga regresó la cuchara a la copa de helado, y fijó esos profundos orbes cafés en mí.

—¿Qué quieres decir con eso? Pensé que todo entre ustedes iría de maravilla ahora.

Torcí el gesto mientras jugueteaba con una servilleta roja. Me gustaba, me hacía recordar a mi prometido porque ese era su color favorito.

—Pues no, no es así. De hecho creo que Eren va a terminar conmigo.

La voz me tembló al terminar la frase. Me dolió en lo más profundo de mi corazón soltar aquello, fue como sentir algo muy filoso enterrándose ahí. Y es que de verdad no me hacía la idea de llevar una vida sin Eren. No podía imaginar como sería en despertarme y no tenerlo a mi lado. No sentir sus labios sobre los míos, en un beso suave y rítmico. No obtener uno de esos melosos y juguetones abrazos que me demostraban lo mucho que me amaba.

Era horrible pensar en todo eso.

Tuve que obligarme a mí mismo a regresar la mirada a mi mejor amiga, tan sólo para encontrarla con los ojos bien abiertos y el labio inferior temblándole. Debo admitir que no pude evitar sorprenderme, Hanji raras veces se mostraba tan anonadada con algo.

—¿¡Qué!? —chilló ella, con demasiada fuerza de pronto. No me di cuenta de que la heladería estaba repleta, hasta que sentí un montón de miradas sobre nosotros. Pero tampoco me importó demasiado—. ¿¡Por qué mierda piensas eso, Rivaille!? ¡Eren te ama muchísimo, puedo verlo en sus ojos!

Si hubiera sido en otro momento seguramente me hubiese reído muchísimo al escucharla hablar de esa manera. Cuando su acento griego, ese que ella escondía a la perfección la mayoría del tiempo, salía a relucir, entender una sola palabra salida de su boca se volvía una misión imposible. Pero estaba demasiado perdido en toda mi interminable mierda mental que tan sólo pude hundirme en mi lugar y sonreír tristemente ante sus palabras.

—Pues yo estoy empezando a dudar de sus sentimientos —admití, sin mirar a mi amiga. La pared blanca que estaba a mi lado parecía más entretenida. Y es que sabía que si llegaba a poner mis ojos en ella lloraría como marica, y no quería eso. Levi Ackerman no lloraba. Claro que no.

—¿Por qué? —preguntó, un poco más calmada—. ¿Se pelearon o algo así?

—Sí —dije, pero me arrepentí al instante porque no había sido así. Eren y yo rara vez peleabamos—. No, espera, no peleamos —rectifiqué—. Es sólo que Eren ha cambiado, Zoe. Ya no me hace tanto caso como antes, me ignora y ya ni pasa tiempo a mi lado. ¡Y todo esto empezó desde que decidí seguir los estúpidos pasos de tu estúpido plan, mujer!

Sabía que no debía culparla de nada. No había sido su culpa en absoluto, quién recurrió a ella desesperadamente fui yo. Zoe sólo quería ayudarme, no era justo que estuviera desquitando todo mi enojo en ella

Pero Hanji, para mi sorpresa, lejos de preocuparse, ignoró la ponzoña en mi voz y, mientras volvía a clavar sus ojos —esta vez brillando con ese deje de locura—, sonrió. ¡En serio, la muy bastarda sonrió como si lo que acababa de decirle fuera un jodido chiste!

Quise reclamarle por estar burlándose de un tema que, para mí, era importante. Sin embargo, a los pocos segundos, tuve que morderme la lengua para no hacerlo, porque hubo algo en esa sonrisa maniática que me provocó un incómodo hormigueo en la barriga. Era como si mi mejor amiga supiera una cosa que yo no.

—Te ignora, dices —repitió ella, para luego empujar la copa de helado hacia un lado, con la mano izquierda, mientras que en su otra mano recargaba su mentón—. Ya no quiere pasar tiempo a tu lado, también. Y es sólo cuando están solos, ¿no?

Luego de tragar saliva, no sin un poco de esfuerzo, asentí.

—Sí, él... Él parece nervioso y esquivo en mi presencia.

Los labios de mi amiga se levantaron en la misma sonrisa gatuna de aquella vez, al mismo tiempo que los cristales de sus anteojos brillaban peculiarmente.

Me hice la nota mental de preguntarle alguna vez cómo coño lograba eso.

—Ahora dime, dulce y tierno Levi, ¿Eren actúa aún más diferente cuando los chicos intentan acercarse a ti?

Pestañé, intentando hacer memoria. Aunque no duré demasiado en ello, porque, en realidad, cuando algún chico intentaba acercarse y Eren se daba cuenta de eso, la personalidad de mi prometido se distorsionaba; cambiaba casi de manera radical.

—Ahora que lo mencionas —empecé a decir, señalándola con mi dedo índice y mirándola fijamente—: sí. Cuando algún hombre se acerca a mí Eren se vuelve...

—¿Celoso?, ¿Posesivo?, ¿Bestial? ¿Todas, tal vez?

—Sí —admití—. De hecho, sí. Todas ellas, Zoe.

Y entonces recordé el cambio de personalidad que sufría Eren cuando alguien —sobretodo hombres—, en la universidad, osaba acercarse a mí con dobles intenciones; como intentar coquetear o meterme mano.

Era ese momento donde Eren dejaba de ser Eren.

Se paraba a mi lado, levantando el mentón y enderezándose por completo haciéndole ver más alto de lo que en realidad era. Todo rastro de vida en sus ojos se apagaba, se rasgaban dándole un aspecto casi bestial. Cualquier parte de esos orbes verdes siempre infantiles y adorables desaparecía, un matiz entre azul y dorado relucía en sus pupilas. La sonrisa, esa que siempre parecía iluminar las facciones de niño en su rostro, se torcía en un gesto por demás hostil capaz de hacer temblar a cualquiera. Además, los gruñidos que soltaba por lo bajo, mientras sus brazos se enredaban en mi cintura, casi posesivos, eran suficientes para que cualquier persona saliera corriendo despavorida.

—Oh,Jesús —susurré, mirando a la nada, y abriendo los ojos—. ¿Qué mierda le está pasando a Eren?

Zoe rió por lo bajo durante unos segundos, sacándome de todo pensamiento. Su gesto se había deformado en uno totalmente desbordante de locura. Me estremecí sin poder evitarlo, todavía no me acostumbraba del todo a ver a mi amiga en ese estado insano.

—Esa, mi queridísimo Rivaille, es la sensual bestia Jaeger despertando poco a poco.

Le miré sin entender del todo. Zoe, sin dejar de sonreír, se acomodó las gafas.

—Mira, voy a explicarte, Levi —habló, todavía con una sonrisa en el rostro. Acto seguido, Hanji levantó su dedo índice y lo movió en el aire—. Este plan tenía dos posibles resultados: el primero era que, luego del primer paso, él saltaría sobre ti cual bestia hambrienta y te follaría duro contra cualquier superficie plana, enano. Cosa que no pasó.

—No, obviamente no pasó —gruñí, con las mejillas rojas y rodando los ojos.

—Entonces, esos nos lleva al resultado número dos —esta vez, Zoe alzó dos dedos—. El segundo era este exactamente, Eren, de alguna manera, te sigue considerando como un niño pequeño y frágil, Levi. Él ''huye'' de ti porque sabe que si pasa más tiempo a tu lado, es probable que no lo soporte más y termine por arrojarte a la cama para hacer bebés. Pero tu dulce Eren no quiere eso, porque, para él, eso sería dañarte. Por eso es que busca la manera de ya no pasar tiempo a tu lado cuando están solos, Levi.

Fruncí el ceño sonrojándome un poco más.

—¿Estás diciendo que Eren se comporta de esa manera porque no quiere tener sexo conmigo?

Mi mejor amiga negó varias veces con la cabeza, mientras empujaba sus lentes por el centro.

—No, no es que él no quiera hacerlo, obviamente Eren quieren cogerte duro contra cualquier muro. Pero es sólo que tiene miedo de dañarte, ya te lo dije —Hanji volvió a sonreír—. La bestia que hay dentro de él aún no despierta totalmente, Eren se mantiene consciente de alguna manera, porque quiere mantenerte seguro. Por eso es que necesitas aplicar el paso 2 de una vez; si lo haces es probable que la parte irracional de Eren despierte por completo.

He de admitir que sus palabras se escucharon muy convincentes. Sin embargo, había algo que aún seguía molestándome.

—Dime, en tu plan hay otros cuatro pasos más, así que ¿hay posibilidad de que se necesiten aplicarlos?

Mi mejor amiga dudó unos segundos antes de contestar.

—Sí, tal vez —murmuró, con los ojos oscurecidos—. Depende de la resistencia de Eren.

Levanté una ceja.

—Y digamos qué, hipotéticamente hablando, yo pongo en marcha el paso dos de tu ridículo plan y la bestia todavía sigue sin despertar... ¿Eren seguiría huyendo de mí?

Zoe titubeó.

—Bueno sí, en el peor de los caos él se iría del departamento durante unos días para estar solo —ante mi cara de terror absoluto, Hanji se apresuró en continuar—: Pero no te preocupes, ¡Tengo un plan de emergencia si eso llega a suceder!

Sus palabras me hicieron soltar un suspiro desalentador, mientras me revolvía el pelo. Realmente no creía ser capaz de aguantar tanto sin tener a Eren cerca. Hacerme la sola idea de vivir sin Eren me daba arcadas.

Sí, quizá era un poco demasiado dependiente de Eren.

—No creo que pueda seguir con esto, Hanji —le hice saber, sin mirarla. La sonrisa que hasta ese momento seguía adornando el rostro de mi amiga, se desvaneció.

—¿Por qué, enano?

—Porque no soporto su lejanía, Zoe. De alguna manera, sentirme así de rechazado por él me enferma. No quiero estar lejos de Eren más tiempo, ¿¡está bien!?

No sé que tipo de expresión se cargó mi rostro cuando terminé de hablar, pero sólo con eso bastó para que ella me mirara con una dulzura que me mareó por completo. Desvié la mirada hacia la pared otra vez, sintiéndome avergonzado.

—Te entiendo —lejos de burlarse, Hanji me sonrió sólo como ella sabía hacerlo—. No sigas con eso si no quieres, nadie te obliga. Pero dime, ¿ya no quieres tener sexo con él?

Quise reírme en ese momento, esa era una pregunta estúpida. Por supuesto que aún deseaba acostarme con Eren. De hecho, día tras día que pasaba, mi estabilidad mental pendía de un flojo hilo. Lo deseaba muchísimo. Tanto así que mi mente me mandaba malos pensamientos, como que abusar de mi prometido no era tan mala idea.

O sea, sí, la imagen de Eren acostado sobre el colchón, sin nada de ropa, amordazado, con las manos atadas en el cabezal de la cama, temblando por la excitación, mientras yo subía y bajaba lentamente —sólo para escucharlo gemir ahogado por la negligencia— sobre su delicioso pene erecto, llenándome de un placer inimaginable, ahondaba continuamente en mi cabeza.

Pero sí, recordaba entonces que la violación seguía siendo un crimen.

—Claro que quiero, Zoe —admití, un poco colorado—. Pero más que eso, lo amo muchísimo. Tanto que siento que no podría vivir sin él.

Mi amiga volvió a sonreír, casi maternal. Durante un momento, reparé en lo mucho que cambiaba su personalidad debido a las situaciones. Zoe podía pasar de estar totalmente zafada, a actuar como una madre dulce y atenta.

—¿Quieres mi consejo, verdad?

Asentí sin decir ni una sola palabra.

—Si quieres que Eren vuelva a mimarte, llévatelo lejos durante algunos días. A un lugar donde puedan estar tranquilos, y que les guste a ambos —aconsejó—. Dedícate a demostrarle que no eres ese Levi sensual y seductor. Demuéstrale que sigues siendo su Levi pequeño, tierno y adorable que él piensa.

—¿Y todo volverá a la normalidad?

Hanji rió.

—Te lo puedo jurar.

—Bien —murmuré, con una pequeña sonrisa—. De cualquier manera, gracias por tu ayuda, cuatro ojos de mierda. Estás un poco loca, pero eres una gran amiga.

Antes de poder reaccionar siquiera, ella ya se había lanzado contra mí para abrazarme con fuerza, casi dejándome sin aire. Ni siquiera podía moverme un poco.

—¡Ow! ¡Yo también te quiero mucho, Levi!

Gruñí con fuerza en su oído, detestaba el repentino contacto humano —sobretodo cuando se trataba de Hanji, uno no podía saber en qué lugar había estado metida antes— . Excepto cuando se trataba de Eren, a él le dejaba abrazarme aún cuando estuviera totalmente sudado, después de algún entrenamiento o partido de fútbol.

Sí, así de enamorado —apendejado— estaba por él.

—¡Haste a un lado, maldita enferma mental!

Zoe rió otra vez, como la retrasada mental que le gustaba fingir ser.


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( • ̀ω•́ )✧

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—Entonces... ¿Por qué a una playa? —preguntó Eren, mientras me miraba con una sonrisa nerviosa.

—¿Huh? ¿Qué quieres decir?, ¿No te gusta el lugar?

Mi prometido negó reiteradas veces con la cabeza, al mismo tiempo que tomaba asiento a mi lado, en una silla de plástico. Estábamos bajo una palapa, cubriéndonos de los rayos del sol. Frente a nosotros, teníamos la maravillosa vista de la playa de Sina —un pueblo no muy lejano de nuestra ciudad—, a la que solíamos ir cada vez que teníamos vacaciones, o algún fin de semana, para relajarnos.

Al final, había decidido seguir el consejo de Hanji y llevarme a Eren lejos de la ciudad, a un lugar donde pudiéramos estar solos. No fue verdaderamente difícil buscar algún sitio, sólo necesitaba pensar en uno que le gustara a mi prometido, y sabía que esa pequeña playa era como su lugar favorito en todo el mundo.

Aunque debía admitir que, si bien elegir el lugar adecuado no había sido difícil, convencer a Eren de ir sí lo fue.

Y es que él todavía seguía inquieto con la idea de estar junto a mí, pero yo estaba decidido a demostrarle que aún seguía siendo su Levi pequeño y adorable, aunque no fuera así.

Pero, por supuesto, yo contaba con mi poder de convencimiento; ese al que Eren no se podía resistir.

Aunque, en realidad, resultaba denigrante para mí. Porque tuve que poner mi mejor cara de tristeza —que no fue tan difícil de conseguir, bastaba con recordar cómo me sentía últimamente— empezar a hablar melosamente, y lo peor de todo: referirme a mí mismo con diminutivos.

O sea, sí, putos diminutivos.

Algo así cómo: —Eren, me siento muy solito últimamente —inserten aquí una cara de tristeza absoluta, y un pestañeo—. Quiero pasar más tiempo junto a ti, mi amor. Salgamos este fin de semana, ¿Sí?

Y el pendejo cayó; se derritió, aceptó sin más.

—No es eso, Levi —habló mi novio, sacándome de todo pensamiento. Eren se levantó las gafas de sol, tipo aviador, con los vidrios en color rojo, y clavó ese par de ojos verdes en mí—. Sabes que este lugar me encanta, pero sé que a ti no tanto.

Torcí el gesto durante un momento e hice un ademán con la mano, dándole poca importancia al asunto. Y es que Eren tenía razón, si bien el lugar era realmente precioso, no era tanto de mi agrado. Siendo totalmente sincero, odiaba —detestaba— la playa, digo, ¿tienen idea de la jodida cantidad de gente asquerosa que hace sus necesidades en el agua? Muchísimas; incontables. Odiaba la arena también, esa sensación de tenerla pegada a la piel durante todo el día era horrible. Después de estar en la playa quedaba con manía, me bañaba varias veces, porque todavía sentía tierra metida hasta en el culo. Jesús. Y venía lo peor, el puto sol de mierda, ¡Lo odiaba muchísimo al desgraciado! Una vez quise broncearme; sí, una vez. Pero no importaron las horas que pasé echado bajo el sol, no cambié de color ni un poco. De verdad, seguí estando tan pálido como un jodido muerto.

Puto sol, ni siquiera había logrado tostarme.

—Estoy bien con esto —dije, con una pequeñísima sonrisa en el rostro—. Aunque no lo creas, me gusta este lugar. Es bueno para relajarse y pasar tiempo juntos.

Eren me dedicó otra sonrisa temblorosa, provocándome un insistente burbujeo en el estómago. Extrañaba muchísimo sus sonrisas dulces, esas que mi prometido solía dedicarme todo el tiempo, únicamente a mí. Desde que todo lo del plan había comenzado, esas sonrisas habían desaparecido; ahora simplemente quedaban como muecas Distorsionada.

Me revolví incómodo en mi lugar, mientras las burbujas en mi barriga se hacían más constantes. Debía dejar de pensar en todo eso si quería pasar un buen día junto a Eren.

Eren volvió a colocarse las gafas en su lugar, al mismo tiempo que se levantaba de la silla. Le miré interrogante durante un segundo, pero antes de que pudiera abrir la boca para preguntarle lo qué sucedía, él se adelantó.

—Iré a nadar, Levi —durante un mísero segundo me deprimí, su manía de llamarme ''bebé'' a cada rato también había desaparecido—. ¿Vienes?

Sé que debí aceptar su invitación y haber ido con él, sin embargo la sola idea de meterme en esas profundas, sucias y asquerosas aguas me aterró. Miré hacia la playa y me aferré a la silla, hasta con las uñas, casi como si yo fuera un gato al que estaban a punto de bañar.

Culpen a mi Trastorno Obsesivo Compulsivo, si quieren.

Ladeé la cabeza, casi como si mi respuesta fuera muy obvia, y lo miré fijamente, quería que viera en mis ojos el enorme y rebosante ''No'' que se había clavado en ellos, pero entonces recordé que estaba usando lentes de sol, con los cristales en color verde, y me sentí realmente estúpido.

«Duh, Rivaille —se burló mi consciencia, que para ese entonces, había decidido llamarle Cloro. Precioso y limpio nombre, lo sé—. Eren no puede ver tus ojos, imbécil»

—No abuses, Eren —contesté escueto, y tomé, de la mesa que había entre nosotros, el libro que había traído conmigo—. Prefiero quedarme aquí, a leer.

Mi prometido me miró fijamente —o al menos eso supuse— durante un momento, como si quisiera decirme algo, antes de asentir y encoger los hombros.

—Bien, entonces iré a nadar y regreso en un rato para ir a comer, ¿sí?

—Ajá —asentí—. Diviértete, Titán.

Ante la mención de ese apodo —y es que el muy hijo de puta era altísimo— Eren rió levemente. Lo que, muy en el fondo, me hizo festejar. Aquello era un avance, su risa fue sincera, no había sido sobreactuada como venían siendo desde hacia algunos días.

Entonces, luego de un asentimiento de su parte, sucedió.

Sí, sucedió.

Eren se quitó la camiseta blanca. Ahí. Frente a mí, sin saber lo que eso causaba en mi frágil mente.

Y, Oh Jesucristo, jamás podré olvidar esa imagen.

Mi novio deslizaba fuera la camiseta muy lentamente, al menos así me pareció, dejando a la vista, poco a poco, esa dulce y sensual piel morena, recubierta por una que otra cicatriz que se había hecho cuando era pequeño. Me mordí el labio inferior mientras le observaba con suma atención, sin perder detalle alguno de la manera en que esos sabrosos músculos se contraían cada vez que él subía más y más su ropa.

«Alto, guapo y deliciosamente bronceado —saboreó mi mente—. ¿Qué más puedes pedir?»

Durante un momento, de un seguro estado de locura e inconsciencia temporal, me imaginé a mí mismo pasando mi lengua por toda su piel, lamiendo todo rastro de sudor.

«Empiezas a desvariar, Levi. ¡Concéntrate, concéntrate!»

—Me voy ya —avisó, cuando ya se había desecho de su camiseta. Y lo siguiente que hizo, me dejó sin aliento.

Eren había posados sus labios sobre mi frente, para mi desgracia. Fue un contacto rápido y corto, pero para mí se sintió como el mismísimo cielo, por lo que no pude evitar sonrojarme levemente. Todo en mi interior se removió con felicidad; después de estar semanas sin alguna clase de contacto amoroso aquel pequeño beso fue como visitar el paraíso en un pestañeo.

Eren se separó de mí con las mejillas ligeramente rojas, y con una pequeña sonrisa —que se me antojó de lo más sincera— adornando su rostro.

—Diviértete —fue lo único que pude pronunciar. Todavía estaba medio perdido; mis sentimientos se habían revuelto.

Eren asintió y caminó hacia la playa. Entonces, cuando él se alejó lo suficiente, me permití soltar un suspiro y echarme aire con una mano. La imagen de mi prometido, quitándose la ropa, seguía golpeando en las paredes de mi mente. Si eso seguía así, realmente terminaría por abusar a diestra y siniestra de Eren.

O sea, sí, terminar en la cárcel por ese delito ya no sonaba tan mal.

Así pues, decidí dejar de pensar un poco y sumergirme en el mundo de la música. Tomé mi reproductor de la mesa, me coloqué los audífonos en las orejas y apreté el play. Al instante la voz del vocalista de Alphaville llenó mis oídos, mientras movía mi cabeza al ritmo de la melodía.

Sí, Eren me había pegado el gusto por esa banda.

Realmente no sé cuanto tiempo pasé así; disfrutando de la música, sin nada que me molestara. Incluso hasta había comenzando a cantar siguiendo la música.

—If she's a lady, I'm her man. If she's a man, I'll do what a I can(1) —canté en voz baja.

Sin embargo, mi burbuja de paz y tranquilidad se rompió cuando dirigí mi mirada hacia la playa, y me encontré con algo que no me gustó. De hecho, justo en ese segundo sentí mis tripas retorcerse, y algo parecido a la bilis subir por mi garganta.

Eren estaba rodeado por varias chicas, y él no parecía incómodo con la situación. De hecho, hasta parecía que lo estaba disfrutando en grande. ¡Ni siquiera le importó cuando ellas empezaron a tocarle los brazos, sintiendo sus músculos! Mi prometido sólo sonreía y seguía hablando como si nada estuviera pasando.

Como si él no estuviese comprometido conmigo.

Pero no era no como si no comprendiera a las mujeres, Eren era bastante atractivo, tenía esa clase de belleza que no encontrabas fácilmente en Estados Unidos; era mitad alemán, mitad español. Tenía la piel morena, por herencia de su madre, Carla, la personalidad tan atenta y adorable —me negaba a creer que la dulce Señora Jaeger tenía también una doble personalidad—, y además de que era casi tan hermoso como ella. De su padre, Grisha, había sacado todo lo demás; la altura —Eren medía 1.89—, el color de ojos, y ese porte elegante que te conquistaba tan sólo con verlo caminar.

Era como el hombre perfecto para toda mujer.

O sea, sí, pero era mi hombre perfecto.

«Oh, pero míralo nada más —gruñó mi consciencia—. Cuando se trata de ti, él huye como si tuvieras alguna enfermedad contagiosa, ¡pero mira como se deja toquetear por esas pirujas!»

No obstante, la gota que derramó el vaso, fue cuando una chica rubia jaló el brazo de Eren, atrayéndolo hacia sí, y dejó un beso sobre su mejilla. Y el muy pendejo, en vez de reclamarle, se sonrojó mientras reía y se revolvía el pelo, totalmente avergonzado. Me indigné, se suponía que él debía alejarse de ahí; decirles que estaba comprometido, que era Levisexual —porque, obviamente, sólo estaba ingresado en mí, al menos eso creía—, no estar ahí como vil imbécil, dejándose tocar por otras personas de esa manera.

Tragué saliva con esfuerzo, todavía sentía la horrible necesidad de vomitar toda la bilis que sentía apelmazada en mi garganta. Pero sobretodo, aún mantenía las ganas de pararme y golpear al Eren.

Pero no lo hice.

Porque, bueno, si así estaban las cosas, iba a demostrarle de lo que Rivaille Ackerman era capaz.

O sea, sí, aplicaría el paso 2, del plan de Hanji.

A la mierda las jodidas consecuencias.

Casi como si no estuviera sintiendo el corazón roto, y con el orgullo masculino herido, metí el reproductor de musica en el bolsillo del pantalón corto que estaba usando, y me levanté de la silla. Y, después de tomar una toalla, decidí emprender camino hacia la playa.

Utilicé el mismo caminar sensual de aquella vez, mientras me revolvía el pelo casualmente, y sonreía como si no hubiese acabado de presenciar Una escena que me produjo arcadas. Fue entonces cuando las miradas comenzaron a posarse en mí; todas de hombres, por supuesto. Fingí no darme cuenta de ello, porque en realidad me estaba gustando. Me gustó sentirme así de deseado —por más extraño que sonase—.

Cuando encontré el lugar que yo consideré adecuado, extendí la toalla —que había traído bajo mi brazo todo ese tiempo— sobre la arena. Iba a sentarme, pero justo antes de hacerlo, decidí hacer otra cosa; algo que tal vez no haría nunca más en la vida.

Actuando lo más despreocupado posible, guíe una de mis manos hacia los botones de mi camiseta —aunque en realidad era de Eren—. Lentamente comencé a abrirlos; mi piel pálida quedando expuesta cada vez que un botón era desabrochado. Las miradas sobre mí se hicieron más, quizá en ese momento todos los hombres estaban mirándome, pero no me importó. Estaba demasiado metido en mi papel como para preocuparme por eso.

Por un momento la idea de ver qué cara tendría Eren en ese momento me asaltó.

«Oh sí, chúpate esa, Jaeger»

Un par de silbidos se hicieron escuchar cuando todos los botones se abrieron, y la camiseta resbaló muy lento por mis brazos, quedando olvidada sobre la arena. Llevé mis brazos sobre mi cabeza y estiré mi cuerpo al ritmo de Roar (2), que era la canción que se reproducían en ese momento, mientras algunos de mis huesos tronaban. El sonido se mezcló con alguno que otro jadeo de los hombres, que perdían sus vista en toda parte de mi piel; especialmente en la parte izquierda, algunos centímetros arriba del hueso de mi cadera, donde tenía un tatuaje de unas alas (3) que Eren había diseñado.

—Dios mío —escuché un gruñido profundo. Justo a un lado de donde había colocado la toalla, estaba un grupo de chicos, más o menos de mi edad. Pero la voz pertenecía a un chico pelirrojo y de ojos verdes, que tenía la vista totalmente clavada en mí. Debo aceptar que no estaba de mal ver. Oh bueno, estaba comprometido, más no ciego—. Si sigues así no podré contenerme.

Si hubiera sido en otro momento, juro que hubiese levantado mi hermoso dedo medio hacia el tipo en ese bello saludo, sin embargo estaba llevando el plan de Hanji, por lo que volteé hacia el chico y le sonreí.

—¿Debo agradecerte por eso? —Inquirí, lo más coqueto que pude, mientras me sentaba sobre mi toalla y estiraba las piernas.

—Sí, definitivamente deberías hacerlo. Agradece que tenga tanto autocontrol, nene.

Me reí, no sé porque lo hice, pero me reí. Él chico también lo hizo.

—Sí, claro —bufé en broma, y me acomodé el pelo—. Oye, ¿tú o alguno ver tus amigos tiene bloqueador solar? —pregunté, esta vez dirigiendo mi mirada hacia el resto de los chicos que estaban con él. Todos ellos me sonreían, tenían lo suyo debo admitir—. Olvidé el mío en el hotel.

Y sonreí un poco, mientras ladeaba la cabeza. La siguiente escena me hizo recordar alguna clase de comedia romántica, todos ellos me extendieron una botella diferente de protector solar. Por un mísero momento me sorprendí, aún no me acostumbraba a causar tanto revuelo. Sin embargo, decidí olvidarme de eso y tomar el bote que me alcanzaba el chico pelirrojo, rozando, apenas y un poco, sus dedos.

El chico se sonrojó. Yo me reí en el interior. Se me antojaba muy gracioso la manera en que los hombres se comportaban en mi presencia. Parecía que los volvía homosexuales con tan sólo acercarme a ellos.

—Gracias.

Vertí una considerable cantidad del líquido, y, después de sonreír ante la canción que inundó mis oídos en ese segundo —Don't cha' de The Baseballs— , comencé verdaderamente con el plan.

Muy despacio empecé a deslizar mi mano, llena de bloqueador, sobre mi brazo izquierdo. Pero lo hacía realmente lento, acariciando mi piel con delicadeza. Cuando ese brazo estuvo listo, pasé al otro e hice exactamente lo mismo. No obstante, lo más divertido vino cuandO Decidí pasar mis manos sobre mi cuello, bajándolas muy despacio por mis clavículas y deslizándolas sobre mi pecho, tocando mis pezones con toda la intención del mundo.

—Don't cha' wish your boyfriend was Hot like me? (4) —canté, al ritmo de la canción, mientras que deslizaba las manos por la piel de mi estómago, sintiendo los pocos músculos que tenía en esa zona, y deteniéndome justo a la altura del abdomen.

Quise entonces, cuando escuché varios suspiros, jadeos y gruñidos, jugar un poco más, por lo que eché más líquido sobre mis manos. Sin pensarlo demasiado —porque, sin mentir, tenía la mente en blanco mientras actuaba—, acaricié la piel de mi pierna derecha despacio, asegurándome de mojar bien esa zona con el bloqueador. Subí despacio hasta mi muslo, repasando una y otra vez mis dedos lo más sensual y coqueto que pude. Haciendo lo mismo en la otra pierna después.

Debo admitir que mientras hacía eso jamás levanté los ojos, no podía hacerlo. Quizá por fuera actuara como si no me importara en lo más mínimo estar comportándome de esa manera, pero por dentro estaba sonrojado hasta el pelo, lo juro. Agradecía la poca habilidad de mi rostro para demostrar sentimientos, en ese momento.

En mi revueltos interior agradecí estar usando lentes, así nadie notó cuando —al armarme de valor— levanté la vista; encontrándome con algo que no esperaba, al menos no a ese grado.

Yo sabía lo que llegaría a causar en los hombres si hacía eso. Sin embargo, no esperaba tener todas —y juro que sí lo eran— las miradas de los hombres sobre mí. A muchos los ojos les brillaban, otros tenían una sonrisa boba en el rostro, y algunos otros se mordían el labio inferior con fuerza.

«Oh, Santo Cristo, mira lo que causas Rivalle. Este es tu poder para encantar hombres, como dirigía Hanji»

—O-oye —la voz del mismo chico me sacó de mis pensamientos. Casi como robot dirigí mi mirada hacia él. El pobre hombre estaba sonrojadísimo, tanto que parecía un jitomate—. ¿Ne-necesitas ayuda con eso? Pu-puedo ponerlo en... en tu suave espalda, si quieres.

Iba responderle que no, pero aquello era perfecto. O sea, si Eren se dejó manosear por un montón de mujeres desconocidas, ¿por qué yo no podía hacer lo mismo?

«La venganza es dulce. Muy, muy dulce, ¿eh, Eren?»

—¿De verdad harías eso? —pregunté, intentando sonar inocente. La voz tan suave, y seductora, que usé pareció crear algún tipo de tormenta en el pobre chico, que no hizo más que sonrojarme más y asentir varias veces—. Gracias, eso sería de gran ayuda.

Tras darle una mirada a los amigos del chico pelirrojo, que lo estaban mirando con odio infinito, le extendí la botella de bloqueador. Sin embargo, él no alcanzó a tomarla, porque una mano se lo impidió cuando me arrebató la botella de plástico.

—Él no necesita tu ayuda —la voz profunda y ronca de Eren resonó en mis oídos. Tragué saliva sin atreverme a mirarlo; no sabía con qué me encontraría. Jamás lo había escuchado hablar de esa manera.

—¿Disculpa? —El chico pelirrojo alzó una ceja, mientras dirigía su mirada a mi novio.

Eren soltó un gruñido.

—Qué mi prometido no necesita tu ayuda —entonces, sin que yo pudiera evitarlo, Eren me tomó por el antebrazo y me levantó, casi sin esfuerzo, para luego juntarme a su cuerpo posesivamente.

Fue entonces cuando desperté de mi letargo, no debía titubear. No en ese momento, debía seguir el plan. Debía seguir actuando.

Quise reclamarle, juro que lo intenté. Pero cuando dirigí mi mirada hacia mi novio, todas las palabras murieron en mi garganta. Eren tenía el ceño totalmente fruncido, los ojos azules —con ese matiz dorado en la pupila— brillaban amenazadores, advirtiendo el peligro. Entonces, cuando sus orbes se encontraron con los míos, Eren me besó.

Fue un beso candente; su lengua se inmiscuyó en mi boca sin que yo pudiera evitarlo. Saboreó toda parte de mi cavidad con fiereza, succionando mi lengua como si fuera todo un experto en la materia.

Jadeé inconscientemente, no obstante, el jadeo se volvió gemido cuando sentí su erección golpeando mi piel. Temblé por la sensación y tuve que aferrarme un poco más a él. Eren gruñó complacido mientras guiaba sus manos a mi trasero, y apretujaba mis nalgas con fuerza.

El beso se rompió cuando la necesidad de respirar nos invadió. Su legua se retiró de mi boca, dejando un hilo de saliva entre nosotros uniéndonos por unos segundos más.

—Tú y yo —susurró, clavando sus ojos en mí—... Nos vamos ahora mismo. Debes encargarte de esto que has provocado en mí.

Entonces, después de que su erección se restregara contra mí otra vez, lo supe.

La bestia había despertado más hambrienta que nunca, y estaba ansiosa por devorar a su presa.

Y, supuse entonces, que la inocente presa era yo.


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Paso dos: desinhibido. Sedúcelo bajo el sol.

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Aclaraciones:

(1): Si ella es una mujer, yo soy su hombre. Si ella es un hombre, haré lo que pueda. Es una canción de una banda alemana llamada Alphaville. La canción que escucha Levi es Jet Set, es muy buena. La recomiendo bastante.

(2): Roar de Katy Perry.

(3): Son las alas de la libertad. ¿Se imaginan a Levi con un tatuaje así? :Q

(4): ¿No desearías que tu novio fuera tan caliente como yo?, Es un cover que hizo la banda The Baseballs. Si les gusta el género rockabilly, les recomiendo la canción. El grupo tiene varios covers de ese género. ¡Yo los amo! Me encantan... Además de que son alemanes, adoro como pronuncian el inglés XD


N/A: ¡Y se nos viene el lemmon rompe caderas, chicas! (?) Jajaja ok no XD. Sé que les debo una disculpa enorme, pero les juro que no era mi intención tardar tantísimo ;A; ! ! Resulta que ya tenía este capítulo casi terminado, así ya listo para subirlo, pero cuando me disponía a terminarlo que se me muere mi móvil (sí, ahí escribo). Y cuando lo enciendo, la memoria SD me dio error, les juro que me quedé con el Jesús en la boca (?) Intenté hacerla funcionar, pero nomas no se pudo. No alcance a recuperar nada ; A ; ! ! Ni mis imágenes, ni los one-shot que ya tenía terminados, casi me dio un infarto del puro coraje, y me deprimídeprimí porque las cinco mil palabras que ya tenía escritas para el capítulo se fueron a la mierda ; A ; (?).

Luego me deprimí más por no haber ido a conocer a —mi esposa, aunque ella aún no lo sepa— Reika ; o ; ! ! No logré juntar el dinero a tiempo y me la pasé llorando en cada esquina (?). Y luego reescribir este capítulo me costó muchísimo; de hecho, el otro que había escrito antes era totalmente diferente, pero cuando quise escribirlo otra vez ya no pude. Me dio bloqueo o algo así ; A ; ! !

En fin, dejando de lado lo cruel que es mi vida, hablemos del fic; en primer lugar, muchísimas gracias por todos sus hermoso comentarios, no saben lo felizque me hicieron ; u ;. Siendo sincera, no esperaba recibir tantos, por eso les agradezco que se hallan tomado el tiempo de leer y dejar un review. ¡Me han alimentado mucho! Incluso subí dos kilos (?) Jajajaja XD. Prometo que esta vez, sí responderé todos sus comentario /o/ ! !

Para el final de este capítulo me basé en un fic de Sekaiichi Hatsukoi (YukinaxKisa, obvio. Los amo mucho) que había escrito hace como un año, creo. Pero ese lo subí a un foro, quizá luego lo ponga en FF xD.

Bueno, para el lemmon intentaré hacerlo lo más explícito que pueda, quiero que el lado bestial de Eren se haga notar mucho. Pobrecito Levi, tendrá que usar silla de ruedas por mucho tiempo XD. Como sea dejo de escribir tanto XD. A veces me alargo mucho y no puedo parar ; A ;. Ya saben, si el capítulo les gustó dejen un review, *o*

Si quieren hablar conmigo mi Facebook es Aline Márquez (Maka Kagamine), pueden darme latigazos por tardar tanto, si quieren XD.

Pd: ¿Ya vieron la OVA de Levi? me morí y volví a revivir, es tan sensual :Q

Bye, bye ~

Lyne Diamond