Natsu no me pertenece, para mi mala suerte, FT es completa propiedad de Hiro, yo solamente juego con ese sexy pelirrosa y sus amigos.
Lucy– pensamientos o recuerdos
"Natsu"– hablando por teléfono.
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Dormitorio para Chicos
Capítulo2: ¿Justo como lo soñé?
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—¿Qué rayos?— comentó el pelirrosa, pues cuando los tres chicos le habían dicho que algo extraño sucedía frente a su dormitorio, había ido sin dudar y se sorprendió al llegar y ver un camión de mudanza, de donde justo en aquellos momentos bajaban unos muebles.
Con la mirada oscurecida y la boca apretada en una perfecta línea, entró a la residencia, encontrándose en aquellos momentos que los hombres que habían sacado un elegante mueble color blanco, se dirigían hacia las escaleras. La chica nueva.
Subió tras los hombres, y justo como imaginó, estos entraban con aquel mueble a aquel lugar.
—Muchísimas gracias— agradecía la rubia con una inclinación de cabeza.
—Fue un placer señorita, Heartfilia, cualquier problema con los muebles puede llamar y enseguida vendremos— le dijo unos de los hombres con una sonrisa, y luego ambos se despidieron con una asentimiento de cabeza, dejando así que el pelirrosa observara el interior de la habitación y juró que la boca casi le toca el suelo.
Quedó sorprendido, de una sola pieza, la habitación estaba ordenada, con un color rosa y blanco en las paredes, cortinas, suelo alfombrado, una gran cama en el medio, muebles blancos, y un escritorio con una laptop.
—¿Qué diablos?— entró a la habitación, no recordaba que fuera tan espaciosa. Un delicioso olor a frutilla inundó su olfato.
—¿Te gusta?— le preguntó sonriendo. Se había partido dos uñas, limpiando, pero había valido la pena. —Y hasta tengo mi propio cuarto de baño— le dijo emocionada. Esto casi ocasiona que el pelirrosa caiga al suelo. ¿Propio baño? En todo el dormitorio solamente había un baño.
—¿Baño propio?— le preguntó confundido. La chica lo tomó de una mano y lo obligó a acercarse, quedó aún más sorprendido, sí, un baño, olía a lavanda, a brisa floral. Diablos, había olvidado totalmente que esa habitación era la más espaciosa de todas, hasta con baño propio. —¿No te interesa cambiarla con la mía?
—Claro que no— le dijo. —¿Vez esto?— le preguntó enseñándole sus manos. —Dos uñas rotas, manos rojas. Eso es lo que tengo por limpiar este lugar, y es mío ahora— le dijo con tono triunfal. —Oye, gato mugroso, baja de mi mueble— le gritó al gato el cual en aquellos momentos había brincado y se acostaba sobre su mueble.
—Oye, lo harás enojar— le dijo recorriendo toda la habitación. —¿Cómo es que hiciste todo tan rápido?— le preguntó intrigado.
—No fue rápido, fueron tres horas y media— le dijo dejando las manos en la cintura y fue allí donde el pelirrosa notó que no llevaba la misma ropa de cuando la había visto, llevaba unos shorts cortos estilo licra y una camisa de tiritos que dejaba parte de su pleno vientre al descubierto.
—Ya veo— sonrió, mirándola de arriba abajo, no se había fijado muy bien en su cuerpo, pero no estaba nada mal, especialmente los pechos.
—¡Por todos los cielos!— escucharon desde la puerta, allí habían unos chicos quienes miraban toda la habitación muy sorprendidos.
—¡Rayos, había olvidado lo grande que era este lugar!— dijo Gray ya dentro del lugar.
—Creo que ya tengo donde dormir— la rubia miró sorprendida como el chico pelinegro que había conocido hora atrás, se sentaba sobre su cama.
—Oye, párate— le ordenó. Porque esos tontos actuaban como si no estuviese presente.
—Y quien iba a imaginar que este dormitorio tenía tremenda habitación— dijo Laxus mirando todo a su alrededor.
—Se acabaron las filas para el baño— Jellal ya estaba en el baño. —Huele delicioso, yo lo usaré primero.
—¿Qué haces, idiota?— gruñó y se acercó tomando al chico de una oreja y sacándolo de su baño.
—Son unos imprudentes— la rubia observó como otro chico de igual rostro como el que había jalado de la oreja entraba a la habitación.
—Este lugar está genial.
—Ahora recuerdo, por eso quería este dormitorio, era el único con una habitación con cuarto de baño incluido— dijo Natsu pensativo.
—Estabas metiéndola tanto que olvidaste eso— se burló Laxus.
—¡Por todos los dioses!— exclamó un chico pelinegro. —¿Dónde está el santo que hizo tal milagro?
—La conejita de Salamander— se puso de pie.
—Pueden salir todos de mi habitación…— pero los chicos estaban más entretenido observando la habitación.
—Alabado sea el santo— otro chico entro.
—Esta limpieza es de hombre— la rubia tenía cara de disgusto, juraba que dentro de poco golpearía a aquellos chicos, pues de repente, habían como unos 7 chicos en su habitación.
—Vamos, vamos, no sean mal educados con la señorita— habló Mystogan. —Creo que estaría bien presentarnos. Yo soy Mystogan, Jellal, Laxus, Gray, Gajeel, Bicklow, Freed Elfman y él es Natsu— los presentó el chico. —Y tus compañeros de dormitorios son mi hermano, Gray, Gajeel y Natsu—
—Mucho gusto— dijo la rubia. —Lucy Heartfilia.
—La hija cosplay del primer ministro— levantó el rostro y fulminó con la mirada al chico que acababa de decir aquello.
—No soy chica cosplay— le dijo sonrojada.
—¿Se conocen?— preguntó Laxus.
—Leí en un blog en internet que le gustaba hacer cosplay— dijo el chico riendo.
—Eso es pura mentira— se defendió la rubia. —Ahora, salgan de mi habitación, es de muy mala educación que estén en la habitación de una chica sin que se les haya invitado— no esperó protestas de los chicos, los sacó de su habitación, y luego, acercándose al mueble, tomó al gato y también lo dejó fuera de su recamara. —Ahora— observó toda su habitación, había perdido unas uñas, pero había valido la pena, nunca imaginaría que debajo de toda esa mugre estuviese esa habitación. La había hasta pintado.
Se empezó a desvestir, ahora necesitaba una rica ducha de agua caliente, se sentía pegajosa, necesitaba una ducha urgente, se desnudó completamente, dejando la roba sucia en el cesto de la ropa para luego tomar una toalla color baige que estaba contra la puerta del baño, puerta la cual había hecho cambiar, sustituir la puerta de madera por una de madera con cristal ahumado en el centro. Se amarró el cabello en una coleta alta, dejando que mechones rubios quedaran fuera y se metió al baño.
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—Rayos, si había sabido que en esa habitación había un baño, la hubiese tomado yo— se quejó Gajeel.
—Creo que es mejor que ella tenga la habitación, no creo que sea sano que comparta baño con ustedes— dijo con tranquilidad Mystogan.
—Seguro, no creo que encontrar la porquería de Gajeel sea gracioso—dijo con voz ausente Gray.
—Serán las tuyas— se defendió el pelinegro.
—Vamos, no se peleen— intervino Jellal.
—El que anda follando en el baño es Salamander.
Todas las miradas fueron sobre el pelirrosa quien estaba en silencio y algo ausente.
—Solamente fue con Yukino— se defendió, pues logró escuchar lo dicho por Gajeel.
—Como quiera, Mystogan tiene razón, es mejor que tenga su baño aparte, así se evitan situaciones— fue Freed quien apoyó al gemelo.
—¿Cuándo será la fiesta?— preguntó Bickslow. —Tenemos que darle la bienvenida, especialmente si se quedará con ustedes.
—No pasará de una semana— le dijo Gajeel muy seguro.
—Yo no estaría tan seguro— habló Natsu. —Ya superó la primera prueba.
—Sí, pero falta que se enfrente a las locas— le recordó Laxus. —No quiero saber que dirá Lissan…— guardó silencio, pues ahí estaba el hermano de la chica.
—También está Juvia— dijo Jellal observando a Gray.
Los chicos se miraron con miedo.
—Acéptalo, Natsu, esta apuesta es de nosotros— sonrió Gray.
—No canten victoria— les dijo. —Ahora, si me disculpan, yo iré a dormir un rato.
—¿No asistirá al juego?— le preguntó Gajeel.
—Lo menos que deseo en estos momentos es ver la cara del idiota de Sting— les dijo haciendo un movimiento de mano como despedida.
—Eso no es de hombre.
—Vaya, vaya, Natsu Dragneel resultó ser un cobarde— los chicos al escuchar aquel comentario voltearon a ver a la persona. Un chico de cabellos rubios se acercaba acompañado por un chico muy musculoso y otro chico rubio de melena larga.
—Y hablando de la peste— dijo burlón Jellal.
—Si tanto deseas que Natsu te patee el trasero, lo haré yo— le dijo Gray poniéndose de pie y acercándose al recién llegado, pero el chico de cabellos largos se lo impidió.
—Tu pelea es conmigo, niñito— le dijo el chico sonriendo y al pelinegro ver aquello, apretó la mano hasta hacerla puño.
—Entonces quieres que te parta la cara primero, Rufus— dijo sonriendo.
—Recuerdo que la última vez fui yo quien te dejó echo una mierda— todos guardaron silencio al ver como el pelinegro le había golpeado fuertemente el rostro al pelirubio el cual se acarició el labio inferior, justo donde recibió el golpe. —Pegas como nena— se burló, provocándolo.
Todos los estudiantes quienes estaban en la sala de descanso, miraban la escena.
—¿Qué está sucediendo?— preguntó una pelirroja a una compañera y al ver que esta no le respondía se abrió paso entre los estudiantes, junto con ellas habían tres chicas más, una pequeña de unos doces años, una de cabellos azul con un peculiar y extraño peinado, y otra también de cabellos azul, pero cortos y con una bandana en la cabeza de color naranja.
—¡Gray-sama!— dijo con preocupación la chica de extraño peinado, pues justo cuando lograron ver que llamaba tanto la atención de los estudiantes, el rubio le proporcionaba un golpe en la mejilla al pelinegro. La pelirroja la detuvo, pues la chica estaba decidida en acercarse al pelinegro.
—Juvia— los chicos miraron a las recién llegada y sus acompañantes.
—¿Qué sucede aquí?— preguntó la pelirroja.
—Tú que crees…— pero la chica al escuchar tal repuesta del rubio, se le acercó y lo tomó por el cuello de la camisa.
—¿Qué dijiste?— le preguntó ente dientes.
—Te salvas porque eres mujer— le gruñó al separarse de mala gana de la chica.
—No te detengas, golpéala— todos se quedaron sin aliento al escuchar la voz del peli azul, de Jellal: Este se había puesto detrás de la pelirroja. —Vamos, hazlo, prometo que trapearé todo el piso del colegio con tu cara, Sting— su mirada era entrecerrada, su porte era relajado pero su semblante era demasiado serio.
—Jellal— susurró la niña con preocupación.
El rubio solamente bufó con molestia, ya se encargaría de cobrárselas a esa estúpida de Escarlet, todos le tenían miedo, claro, era la amiguita del imbécil de Jellal Fernández.
—Creo que las cosas se pusieron muy calientes— dijo Laxu quien se interpuso entre Gray y Rufus, pues el primero estaba decidido en devolverle el golpe al segundo.
—Esto no se queda así— amenazó Gray.
—Gray-sama— dijo la chica preocupada.
—Cuando quieras, puedo patearte el trasero cuando gustes— sonrió Rufus.
—Ya basta, parecen niños— fue la peli azul que les reclamó.
—No te metas, enana— la calló Gajeel.
—¿Qué no me meta?— le preguntó indignada. —Parecen niños, idiota—
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—Happy— llamaba el pelirrosa al gato, no había visto al animal desde que la rubia lo dejó frente a la puerta, Happy no duraba mucho desaparecido. —¿Dónde te metiste?— se preguntó, no se podía ir a la cama sin saber del animal.
Había buscado en todos los rincones del dormitorio, desde el laundry hasta el baño, pero no encontraba al animal, solamente le faltaba buscar en la habitación de la nueva.
—Hey, Luce— tocó la puerta pero nadie contestó, tomó la perilla y giró. Apenas abrió la puerta, aquel olor a frutilla llenó su olfato justo como había pasado horas atrás. —¿Con qué aquí estabas, ehh?— le dijo al gato, este estaba cómodamente acostado en unos de los muebles.
—Supongo que es cómodo el mueble— buscó a la chica con la mirada, pero ni rastro de ella, su verde mirada fue hasta la puerta del cuarto de baño, esta al tener crista muy rayado, apenas le permitía ver la figura de la persona que estaba del otro lado.
—¡Oishii!— la rubia abrió la puerta, estaba envuelta en una fina toalla de algodón, color baige, con una toalla más pequeña se secaba el cabello, pues al final decidió dejar que el agua caliente y el shampoo hicieren su gusto con sus rubias hebras. —¡Lo necesitaba!— dijo emocionada, aún secándose el cabello.
El pelirrosa observaba la escena fascinado, pues ante él estaba semejante rubia, en toalla, caminando de un lado a otro mientras se secaba el cabello.
—Yo también lo necesitaba— al la chica escuchar aquella voz, profunda y varonil, abrió los ojos y buscó el dueño de ella.
—Natsu— dijo un poco confundida. Bastó que pasaran segundos para que la chica recordara en el estado que se encontraba. Sus mejillas tomaron un profundo color carmesí. —¡¿Qué haces aquí?!— le preguntó en un grito, sonrojada, intentando cubrirse de la mirada profunda del chico.
—Buscaba a Happy— le señaló al gato, dejó las manos en los bolsillos y siguió observándola. La miró de arriba abajo, piernas tersas, sin ninguna imperfección, caderas redondas, cintura pequeña y grandes pechos.
—¡Deja de mirarme!— chilló todavía roja. El chico no tenía pudor alguno, sentía la descarada mirada bajar una y otra vez por su cuerpo.
—¿Ah?— preguntó sin entender, deteniendo la mirada en el rostro de la chica. Tenía unos grandes y expresivos ojos color chocolates, nariz perfecta, mejillas pálidas y unos llamativos labios.
—¡Basta, basta!— se acercó al chico y empezó a sacarlo de la habitación, obligándolo a retroceder. —¡Deja de mirarme así, pervertido!— le exigió.
—Oy…— la llamó, pero fue tarde, terminó tropezando con el borde de la cama, cayendo en esta y la chica cayendo sobre él. —Intenté detenerte— en la voz del chico se notaba diversión. —¿Estás bien, Luce?— pues ella tenía la cabeza contra su pecho y había tomado su camisa entre sus manos.
—Si…— levantó el rostro, mas fue un error, sus rostros estaban demasiado cercas.
—Qué bueno— habló el chico. De manera inconsciente unas de sus manos empezaba a jugar con las húmedas hebras doradas.
Apretó el agarre en la camisa de Natsu, estaba nerviosa, su corazón latía fuertemente, nunca se había encontrado en una situación semejante, y ahora no sabía qué hacer, como actuar.
—Etto…— susurró sonrojada, aquello realmente era incómodo.
El chico sonrió, inclinándose un poco hacia arriba, acercando su rostro de manera peligrosa al de ella.
—No me llamo Luce.
—Lo sé— le dijo con una sonrisa en los labios, justo antes de juntar su boca con la de la chica, sorprendiéndola.
Abrió los ojos sorprendida, sintiendo la suavidad de los labios del chico contra los de ella, sus mejillas tomaron un intenso sonrojo, con los ojos entrecerrados y el sonrojo muy visible, dejó que el chico le besara. No la dejó de mirar mientras sus labios se adueñaban de la boca contraria, y cuando ella no pudo resistirlo y tuvo que cerrar los ojos, sonrió complacido contra su boca. La lengua masculina se deslizó por los labios de la chica, abriendo paso pasa poder acariciar el interior de su boca. Rodó con ella sobre su cuerpo, para dejarla bajo él, y allí, con las manos a ambos lados del rostro de la chica, con su fuerte cuerpo sobre el de ella, siguió besándola, tomando sus labios y mordisqueando.
Era mejor de lo que había pensado o imaginado, la boca del chico estaba tibia, tenía un sabor a menta, delicioso. El pelirrosa se separó un poco de la chica, solamente dejando sus bocas unidas, unas de sus manos se deslizó por el cuello de ella, acariciando con suavidad.
—N…o..— susurró entre beso, aquello no era correcto. Desvió el rostro, causando que los labios del chico se deslizaran hacia su barbilla la cual besó.
—¿Segura?— sonrió, mirándola a los ojos.
—Sí— dijo sonrojada, apartando la mirada de la del chico. Sus mejillas estaban rojas, sus labios entreabiertos por donde se escapaba su agitada respiración.
—Si así lo quieres— inclinó el rostro y la besó. Se separó de ella, dispuesto a quitarse de sobre la rubia, pero esta le tomó del rostro, llamando su atención.
—Tus dientes— con aquella sonrisa, los colmillos del chico parecían más largos que los demás dientes.
El pelirrosa rió entre dientes, inclinó el rostro hasta su oído, donde con la lengua, delineó el lóbulo y luego lo tomaba entre sus dientes y mordía con suavidad, consiguiendo que de los labios de la rubia saliese un coqueto gemido.
—Los uso para eso— el pulso de la chica se aceleró aún más al ver aquella sonrisa. La mirada verde prácticamente la estaba devorando, su boca, sus ojos, y luego, deslizó la mirada por su cuello, hasta el comienzo de sus pechos los cuales la toalla tapaban, mas al estar en aquella posición, podía ver muy buena porción del comienzo de estos. —La toalla…— pero solamente al decir aquello, fue empujado fuertemente por la rubia.
—¡Pervertido!— le chilló a todo pulmón. El pelirrosa quien había logrado no caer al suelo, la miraba con una ceja arqueada. No entendía a las mujeres, si no le había hecho nada, solamente había sido un beso, uno muy bueno, uno que tenía deseos de volver a repetir.
—Tranquila, Luce— intentó calmarla cuando la chica empezó a tomar las almohadas de la cama y a lanzárselas.
—¿Tranquila?— preguntó indignada, sonrojada. —¡Largo de aquí!— intentaba golpearlo con las almohada, pero nada, el chico tenía una agilidad sorprendente al esquivar las almohadas. —¡Deja de moverte!— le exigió irritada, él la miró con una ceja arqueada. —No me llamo Luce, mi nombre es Lucy— le dijo apretando la mano en un puño y mostrándosela.
—Lo sé, lo sé— sabía su nombre, se lo había aprendido cuando se lo hubo dicho, pero haber notado como ella se molestó cuando le llamó Luce, ahora sería difícil no decirle de aquella manera. —Vamos, Happy, deja a Luce descansar— el gato rápidamente se acercó. —Creo que le tiene miedo a los chicos guapos como nosotros— le dijo con una risita al gato mientras se inclinaba para que este saltara a su hombro.
—¡Largo, largo!— le seguía gritando la rubia, tomando la última almohada, pero no contó con que la toalla se deslizara por su cuerpo, hasta quedar a sus pies, quedando así, completamente desnuda bajo la mirada del pelirrosa quien se volvía a erguir con el gato en el hombro.
—Oh— dijo mirándola de arriba abajo. Verla sin nada cubriéndola fue aún mejor que verla con ropa, pues la chica era delgada, con caderas acentuadas, vientre plano y sus pechos, diablos, perfectos, adornados por pequeños montículos rosa, siguió su recorrido por el cuerpo de la chica, hasta detenerse en su parte más íntima. —Entonces eres rubia.
El sonrojo no podía ser peor en el rostro de Lucy, no solamente su rostro, sintió que se sonrojaba completamente.
—Natsu— dijo en voz baja, tenebrosa.
—¿Ah?— preguntó, pero la chica tenía la cabeza baja. —Nunca he estado con una rubia natural.
La rubia se envolvió con rapidez en la toalla, y lo próximo que sintió el pelirosa, era como está lo tomaba con brusquedad del cuello de la camisa y lo sacaba de su habitación, cerrándole la puerta en las narices.
—Debería estar feliz que sea rubia natural, no— le preguntó al gato que estaba en su hombro. —¿Lucy, no?— preguntó con una sonrisa dando media vuelva para ir a su habitación. —Creo que una rubia no me vendría nada mal— el gato maulló en muestra de apoyo al chico.
Bien, Lucy Heartfilia sería para Natsu Dragneel; estaba decidido.
Continuará
Muchísimas gracias por vuestros reviews, espero que les guste este capitulo, lamento no opinar mucho sobre el capitulo, me tengo que ir a dormir que si me encuentran a estas horas en la pc, no la cuento xDDD
