Este es el último capitulo de la historia pero falta aun un especial de Haruka y Sakurai como regalo de agradecimiento por la espera y la constancia a la hora de comentar. Gracias por su apoyo y espero que disfrutaran de esta minihistoria!
La sala de espera era fría, casi calaba los huesos. Era la segunda vez que Makoto estaba ahí angustiado por el estado de Takao. Aún recuerda como este empezó a quejarse dormido y como las sabanas se teñían de rojo. Algo estaba pasando con el azabache y su bebé, algo que no podía dejarlo tranquilo. Los chicos de ambas bandas arribaron poco a poco saludándolo y aunque esperaban noticias no le habían dicho nada. Pasaron los minutos angustiantes hasta que Kasamatsu se acercó a Makoto.
—Sé que no es el mejor momento pero necesitas saberlo—le dijo el pelinegro y tras ver a su grupo estos asintieron como en aprobación.
—¿Qué sucede?—el chico sacó su móvil y mostró unas fotografías de una revista que Makoto analizó. Era una de esas amarillistas y en ellas había fotos de él y Takao entrando al complejo de apartamentos donde vivía y al final una de este saliendo. En el encabezado decía "¿Será Tachibana Makoto el misterioso padre del bebé de Takao Kazunari?" y debajo un extenso reportaje sobre ambos.
—Imayoshi está que le revientan hasta las gafas del coraje —dijo tras recuperar su teléfono. Makoto suspiró con desdén.
—No tengo problema con que otros sepan lo que me preocupa ahora es como están ambos —los demás asintieron dándole la razón.
—Igual necesitabas saberlo por que pronto la prensa no solo te hostigará a ti sino a todo Iwatobi, lo sabemos, son insistentes. —comentó Kasamatsu.
—Gracias por advertirnos pero sabemos cómo enfrentarlos, con indiferencia absoluta —contestó Haruka — no estamos interesados en el escándalo.
—Haruka-senpai tiene razón, ese no es nuestro estilo —dijo Rei asintiendo y Nagisa le apoyó de igual forma.
—Son una gran banda y llegarán muy lejos y muy alto —comentó Reo mientras los de Iwatobi agradecían.
Entonces las horas aumentaron y los chicos sentados en diversas bancas esperaban. Nagisa se había quedado dormido con la cabeza en las piernas de Kasamatsu cosa que Kise había aprovechado para fotografiar alegando que esas fotos las imprimiría y pondría en un bonito cuadro. Incluso ante las quejas del otro pidió que le tomasen fotos con ellos. A pesar de que todos buscaban la calma Makoto seguía sintiendo esa punzada interna, un mal presentimiento. El médico salió al cabo de un par de horas más y se quitó el cubrebocas llamando a los familiares de Takao Kazunari. Makoto de inmediato fue seguido por los chicos y el medico con un rostro fúnebre les miró.
—Hicimos lo que pudimos pero el bebé murió… —a Makoto se le vino el mundo abajo, se cubrió un poco los labios y los apretó intentando no caer frente a todos, necesitaba saber más.
—¿Cómo está Takao?—preguntó al fin aunque la voz se le quebraba en cada palabra.
—Él está estabilizado. Al fallecer el producto tuvimos que extraerlo de urgencia. Con el primer intento de aborto su estado fue delicado y había alta probabilidad de que esto pasara así que lo lamento… —dijo el doctor sintiendo la perdida, esa era una parte horrible de su trabajo que debía enfrentar constantemente — él tendrá que durar unos días aquí en recuperación puesto que sufrió un par de laceraciones internas y deben sanar…
—Sí, lo entendemos doctor…—dijo Kasamatsu sosteniendo a Kise quien lloraba en su hombro— ¿Podremos verlo?
—Por el momento no. Necesita reposo absoluto y le hemos tenido que anestesiar para calmarle.
—Gracias por hacer todo lo posible, Doctor….Gracias —dijo Makoto sin poder contener las lágrimas y el médico le dio una palmada en el hombro.
—Lo lamento mucho y cuando puedan pasar se los haré saber —dijo haciendo un pequeño mohín y retirándose de ahí para darle privacidad a la familia.
Nagisa lloraba en el hombro de Haruka y este contenía un poco las esperanzas destruidas de ver a su sobrino comer caballa y enseñarle a nadar. Todos los planes hechos, las locuras inventadas, las risas y los sueños se esfumaron. Reo quien deseaba ver una pequeña niña, solo para variar, en el grupo, Kise que quería consentirle en vista que Kasamatsu no lo haría. Todos los demás instruyendo juntos y a la vez en una competencia silenciosa para ver si era mejor baterista, bajista o guitarrista aunque seguro con esos padres seria cantante. Todo aquello drenado en un instante, tal vez no debieron apegarse tanto a sabiendas que eso podía pasar pero la esperanza no debía ceder, ellos creían en los milagros pero a veces estos no deben de pasar.
Ni que decir que el más destrozado era Makoto quien sollozaba en una silla apretando las manos, diciendo que pudo hacer más, que aunque todos insistieran en que no fue su culpa y que el pequeño estaba delicado desde que aquellos medicamentos entraron en el organismo de Takao se sentía aun así responsable de muchas maneras. Se talló las lágrimas y hasta ese día ninguno de sus compañeros había visto a Makoto llorar de esa manera. Verlo así les provocaba un nudo en la garganta.
Cuando el amanecer había llegado una curiosa y lastimera lluvia apareció en la ciudad casi como recordándoles que las lágrimas y la perdida estaban ahí. Makoto pasó solo a ver a Takao y este estaba recostado en la cama pero a diferencia del otro día no sonreía, solo estaba con la vista perdida, con los parpados ligeramente caídos. El castaño acercó una silla a la cama donde el azabache yacía y tras un silencio se atrevió a tomar su mano haciendo, con este acto, que Takao regresara a una realidad donde su hijo había muerto.
—Mako-chan …lo perdí…—le miró con los ojos inundados en lágrimas y los del ojiverde estaban igual.
—Es lo que tenía que pasar… —Takao apretó los ojos y las lágrimas fluyeron con más fuerza—todo estará bien…se fuerte por favor.
Y aun cuando pedía eso la fortaleza se había ido de sí mismo ¿Cómo levantarte cuando has perdido una vida? La vida de quien era tu sangre. Igual apenas había pasado del mes pero en ese mes, desde que lo supo, había generado diversas emociones y amor por esa criatura. Ver a Takao hablándole con ternura, saber que era suyo, reír ante sus locuras y ansiar tenerlo en sus brazos. Quería ver como la pancita del otro crecía y sin embargo eso ya no pasaría. Pero debía fingir fortaleza y alzar a Takao junto con él. Beso su mano repitiéndole que estarían bien mientras la lluvia arremetía aquel día. El amanecer más triste en la vida de ambos.
Y los días siguientes en el hospital fueron entre intentos de robarle una sonrisa al otro pero estas salían débiles y falsas, se le notaba cansado y taciturno. Nunca le dejaron de ver hasta que las heridas curaron y podría volver a su apartamento, a su vida normal. Ante la petición general decidieron turnarse, los ánimos de Takao les ponían de nervios, les crispaban. Makoto le llevó a su hogar y con cuidado subieron las escaleras hasta llegar al apartamento y encender las luces.
—Te prepararé algo de cenar, no soy muy bueno pero haré el intento ¿Quieres tomar un baño, Takao? —el azabache asintió sin decir nada y Makoto le guio hacia ese lugar que era bastante amplio con una tina en el centro. Rio al recordar que en su hogar hay una que Haru usa a diario pero más pequeña —¿Puedes hacerlo tú?
—Sí, gracias —le dijo sin ánimos y Makoto le soltó para que este hiciera lo suyo.
—Cualquier cosa que necesites estoy enseguida—Takao asintió y tras ver que Makoto salía fue hacia la tina abriendo el agua. Las prendas cayeron a sus costados lentamente. No había marcas en su piel ni nada, esas fueron internas pero según el doctor ya habían sanado. Metió los pies al agua y cerró la llave, a pesar de que no había sangre casi podía recordar cómo esta salía de su interior, como esta descendía por sus piernas hasta expandirse por el agua de la tina y a pesar de sentirse horrorizado no gritó, solo liberó lágrimas de sus ojos mientras su mente le jugaba la mala pasada de teñir el agua en rojo.
Aun así se sentó en la tina estirando las piernas, viendo las gotas caer de la llave, pensando en todo y nada, sintiendo ese hueco en su pecho y más abajo, un lugar que hasta hace unos días era ocupado por un pequeño y que ahora se encontraba vacío. Sentía que era un dolor de nunca acabar, sentía que moriría estando triste por haberle perdido, por haber sido un tonto descuidado inexperto. Si no hubiera tomado esas pastillas no lo habría matado y, aunque la primera vez se excusó diciendo que él no sabía que estaba en cinta, ahora sentía todo el peso de la culpa en su espalda y solo había una forma de matar esa culpa, ahogándola.
Descendió levemente su cuerpo en el frio de porcelana arrastrándose hasta que sus cabellos azabaches terminaron flotando hacia arriba y solo podía ver las burbujas ascender hacia la superficie, las ondas, la respiración irse perdiendo, el agua rodeándolo. Era lo mejor, era necesario. Cerró los ojos sin escuchar más dejando ir la última burbuja de aire que pudo, entonces todo se tornó oscuro.
Un sorbo grande de aire después de escuchar un par de gritos, gritaba su nombre. Takao tosió agitado mientras los brazos de Makoto le sostenían sacándole la cabeza del agua, sosteniéndole la misma. No había tragado agua pero recuperar el aliento repentinamente fue algo sorpresivo. Captó un poco más de aire y el otro seguía llamándole.
—Takao-san… respira—le suplicó. Este obedeció. Reguló su respiración, los cabellos azabaches se le pegaban en el rostro y le era difícil abrir los ojos ante las gotas de agua, o lágrimas, así que talló los mismos hasta ser más visible todo —Takao-san, di algo…
—Mako-chan….—susurró viendo esos ojos verdes, eran muy diferentes a los de Midorima, definitivamente, pero igual eran hermosos, todo en aquel hombre era muy diferente a lo que creyó 'su tipo' y a pesar de tener esos pensamientos sobre él lo único que pudo cruzar su mente en ese instante, como si se tratase de una daga, fue que le hubiese encantado ver en su hijo mohines y expresiones similares a las de Makoto. Entrecerró los ojos y se quejó en un sollozo cruel, en un respiro más que de vida fue de realidad, de una realidad cruda y lastimera. Makoto lo acogió en su pecho mientras Takao lloraba aferrado a sus ropas, entendía el dolor por que también lo sentía aunque la impotencia le arremetía por no haber podido hacer nada.
Ahí en medio de aquel baño ambos lloraron por lo irrecuperable, lo irremplazable. Siempre ambos vagando en un mar de sueños y esperanzas, en paralelo, realizando la búsqueda de una meta sin imaginar que encontrarían entre ellos mismos algo más valioso e importante que la música misma y que ese algo lo perderían en un parpadeo, es un instante. Así es la vida, no siempre ganas.
Después de eso parecía haber una laguna mental y Takao abrió los parpados víctima de la luz que había en la habitación. Sus cabellos estaban alborotados y algo frescos, recordó haberse bañado la noche anterior y sin siquiera secarse adecuadamente había sido llevado a la cama. Al menos tenía ropa puesta pues la noche heló. Un extraño dolor de cabeza y un sabor amargo en los labios lo hizo caer en la realidad de nueva cuenta más ya no había lagrimas que soltar. Giró y justo como aquel día encontró el cuerpo de aquel joven a su lado dormido tan apaciblemente aunque había preocupación en su expresión a pesar de estar soñando. Takao se aproximó al otro, se pegó a su cuerpo y tomó su brazo para que le rodease, ahora más que nada necesitaba un abrazo. Makoto reaccionó somnoliento haciendo un ruido y observó al otro pegar la cabeza a su pecho.
—¿Pasa algo?—preguntó cansado.
—Necesito un abrazo…—susurró. Makoto sonrió levemente y cumplió su petición. Esa misma solicitud se les había sido negadas en sus anteriores romances fallidos pero ahora en medio de la tempestad y la destrucción era bueno saber que en el otro estaban encontrando ese complemento y que era, precisamente, la amabilidad y paciencia del castaño quien sostenía con fuerza la cordura y vitalidad de Takao.— perdóname…
—No tengo que perdonar…—hundió su nariz en los cabellos azabache.
—Perdón por ser egoísta e intentar dejarte solo con esto…lo supe cuando te vi anoche… no puedo irme así —Makoto abrió los ojos sorprendido y supo que esas palabras tenían razón, la noche anterior quiso decirlo pero ante su propia naturaleza calló. Ya suficiente fue perder a su hijo como para ahora perder a Takao. Solo pudo apretarlo con fuerza a su cuerpo en seña de posesión, de no querer dejarlo partir y el otro entendió con una pequeña sonrisa que su lugar estaba ahí, que no superarían fácilmente eso pero que juntos sería más sencillo enfrentar el daño.
Fue comprensible para los chicos de Iwatobi que Makoto decidiera vivir un tiempo con Takao en vista de la situación y de los eventos que el castaño relató. Aun cuando el azabache prometió no cometer un acto similar no quería confiarse pues en su estado, según el doctor, podía haber altibajos. Tomó algunas cuantas cosas y prometió volver a visitarles y que podían verle cuando lo desearan. Así empezaron una nada convencional vida juntos mientras el ojo del espectáculo, el amarillismo y la controversia les observaba. La gente hablaba de ellos, los medios buscaban a Midorima Shintarou para hablar de la 'oficial' infidelidad de su pareja a lo que se excusaba diciendo que el compromiso de ambos se había diluido tiempo atrás y que deseaba lo mejor para Takao en su nueva vida. El azabache quien veía eso en la televisión creyó en las palabras del peliverde y abrazando la almohada se preguntaba si podía haber en su extraña relación con Makoto felicidad si el inicio fue tropiezo tras tropiezo; es más, se cuestionaba si había algo como 'una relación' pero es algo de lo que a estas alturas no estaba seguro.
Por otro lado, pasado medio mes de lo ocurrido, Imayoshi declaró ante la prensa la pérdida del bebé con la aprobación de ambos jóvenes. Pidió a todos comprensión para dejar de lado el hostigamiento en ese momento tan difícil para Takao y Makoto pero ni aquello es un tope ante aquellos amantes del sensacionalismo que lanzaron criticas ponzoñosas diciendo que todo aquello del embarazo era parte de una jugarreta comercial para dar alza a la carrera de Makoto y su banda. Era desalentadora la falta de empatía por parte de los medios pero en ese tipo de trabajo debían vivir y enfrentar esa realidad.
En ese instante Makoto ejecutaba un plan a consejo de Kise en vista de que Takao llevaba varios días en un ensimismamiento profundo. Suspiraba frente al rubio modelo y su pareja algo contrariado puesto que ese tipo de acciones nunca las había realizado.
—Sabemos que te preocupas por Takao, hasta olemos eso que sientes por él…se ve a kilómetros de distancia así que si alguna vez has considerado la vaga idea de conquistarle el momento es hoy, Makoto-cchi —decía Kise emocionado.
—Yo, no lo sé…—decía mientras entregaban algo a sus manos.
—Si temes que se ofenda a causa del luto solo efectúas una retirada estratégica pero estoy casi seguro que Takao le sentará muy bien sentirse querido, más que por nosotros, sentirse querido por alguien que le ame es lo que necesita…—dijo Kasamatsu y el castaño solo le miró con agradecimiento por sus palabras.
—Si mi adorable novio te lo dice es porque es cierto —espetó Kise para después quejarse al golpe recibido de su pareja —así que anda a la conquista~!
—Bien…—así Makoto emprendió el plan para recuperar los ánimos del azabache con el respaldo y aprobación de ambas bandas y de media comunidad de fans que tras leer y escuchar de los rumores les apoyaban de manera incondicional.
Llegó al apartamento que compartía con el otro y le vio recostado contra el sillón viendo el televisor. Sonrió obteniendo valor y fue hasta llegar frente al chico, inclinarse avergonzado y mostrar un ramo de flores. Takao fijó su atención en el mismo abriendo sus orbes grises sorprendido viendo entre el ramo y Makoto.
—¿Y esto? —preguntó.
—Un detalle que espero que te guste —dijo temeroso ante las reacciones del otro pero su expresión en vez de reflejar confianza mostraba un miedo por el cual Takao no pudo evitar emitir una sonrisa mientras tomaba el ramo.
—Hombre, gracias. Me haces sentir como una colegiala en San Valentín…—dice gustoso mirando las flores mientras en sus ojos se observaba más calma, un alivio —pero quita esa cara que no te voy a morder, es un lindo detalle…gracias.
—Me alegro que te gustara—Takao acercó la mano para despeinar sus cabellos castaños y dejando de lado la pereza buscó espacio que le fue concedido para ponerse de pie.
—Buscaré un florero o algo así, ya habían pasado años sin recibir unas —dijo mientras caminaba con las flores en mano —es como volver a ser joven ¿uh?
—Tampoco eres viejo—comentó Makoto quien se sentaba en el sillón.
—Bien pero ya no tengo la vitalidad de antes, me oxido —dijo tras dejar las flores en el jarrón.
Dicho esto miró al otro como agradecimiento de nueva cuenta y vivieron otro día sin decir mucho y a la vez diciendo todo. Las pláticas se extendían cada vez más y pronto, más pronto de lo esperado, Makoto estaba de vuelta en los ensayos acompañado del azabache. Pronto habría una presentación y aunque el castaño se había negado a ir Takao le convenció de hacerlo, pronto él también retornaría a la música cuando su permiso médico y ánimos retornasen. La presentación sería en un lugar abierto y mucha gente iba además de escuchar a la banda para ver si podían visualizar a Takao entre ellos.
Makoto se paró en el escenario, tomó aire y recobró esa energía perdida, recordó su amor por la música y la pasión de sus fans. Miró al cielo mientras que detrás del escenario Takao le observaba contagiándose un poco de la emoción del momento mientras 'Cold hands' sonaba. Armonioso y en paz la gente coreaba la canción. Ese deseo de volver a alzar la voz, de ser escuchado, de que sus cantos llegaran más lejos de lo pensado, de que sus letras tocaran su corazón era una necesidad que el azabache tenía. Egoísta e impulsado por sí mismo pasó al escenario mientras Makoto hablaba con sus fans agradeciendo su asistencia, aun cuando intentaron detener a Takao fue Haru quien impidió a los de seguridad llegar al otro joven. La gente empezó a guardar silencio mientras los sonoros pasos del cantante se aproximaron a Makoto y este le observó con una sonrisa en el rostro.
—¿Quieres hacerlo? —Takao asintió. Los demás chicos de la banda estuvieron de acuerdo y con otro micrófono en mano la batería empezó a sonar suave junto con la guitarra en una especie de canción melancólica, triste. Makoto inició las primeras letras de aquella canción que reflejaba mucho de ellos mismos, de él en Takao, de Takao en él. 'Achromatic habit' que era una melodía de dos personas similares cuyos caminos se encontraron.
El azabache empezó a cantar de igual forma mientras la gente se sorprendía ante la similitud de tonos y alzaban un júbilo las manos emocionadas ante el momento. Sus voces en sincronización al igual que sus emociones y la música misma. Hubo una parte en que sus miradas y pasos se encontraron, frente a frente ante la expectativa de todos. Muchos hablarían de ese acto más estrategia comercial pero para ellos era un acto de amor puro. Makoto con su mano al costado de Takao donde ese hijo no reposaba más, un recuerdo, un instante perdido. Por un momento perdió el aliento pero ahora fue Takao quien le salvó cantando con esa fortaleza tan propia víctima de un sentimiento arremetedor, de una exclamación del pecho para que él les escuchara.
Mientras ambos cantaban la última parte para ellos era como decirle a aquella alma "No te preocupes, tus padres están bien y te aman donde estés" y entre los fanáticos hubo algunos llantos mientras ellos se abrazaban en aquel escenario. Era hora de dejar ir el dolor de la muerte y recobrar el sentido de la vida misma.
Después de esa presentación hubo celebración grupal para ellos, como en los viejos tiempos repentinamente Makoto no estaba y suspirando los de Iwatobi entendieron la señal alzando los hombros y empezando la fiesta en su honor. Por otro lado, en aquel hogar para ambos los suspiros resonaban en la pieza. Los cuerpos desnudos, esas pieles igual de cálidas rozando desconsiderados mientras Takao buscaba aferrarse e incitarlo. Makoto casi tan desgarrador como aquella primera noche juntos pero a la vez cuidadoso y considerado por el estado del otro quien seguía recuperándose de esos fatídicos eventos.
Esa vez si hubo cuidado, el pequeño globo de látex cubriendo de percances, buscando no repetir esa historia. Takao le recibía entre gruñidos y quejidos suaves, el otro preocupado le observaba pero una sonrisa le decía que todo estaba en orden, que podía continuar. Y las ropas yacían regadas por toda la casa como escenas del crimen de ambos, los besos de Makoto marcados en el cuerpo ajeno eran una prueba irrefutable de la pasión consumada y esos gritos placenteros nacientes de su garganta eran la evidencia final.
Takao se estremecía al tacto, a los besos, el otro le complacía tanto como podía, no se excedía aunque ambos lo desearan, no era buena idea hacerlo. La espalda ancha de Makoto tenía leves rasguños que imploraban piedad y a su vez pedían más, necesidad.
Las piernas enrolladas en la cadera ajena, el golpeteo sonoro y los besos que sonaba. Makoto no pudo contenerse más, Takao decidió ante su expresión, como si fuera una alerta, abrir esa puerta al placer y sin pedir permiso terminó ensuciando al otro con su esencia mientras que la de Makoto quedó asegurada dentro de la protección. Un suspiro, otros más acompañados de jadeos de cansancio.
Salió de su interior, removió la protección de su falo con cuidado y haciendo un nudo la tiró al bote de basura. Ver a Makoto realizando inclusive ese acto que en otros, inclusive en su expareja, era tan casual particularmente a él lo hacían lucir erótico e irreal, casi como un sueño. Si no fuera por su falto de energías o su estado médico le rogaría al otro que le arremetiera toda la noche ¿Y por qué no? Parte de la mañana pero ahora solo podía dormir en sus brazos.
—Por la mañana te dejo dinero para pagar el hotel y mi teléfono —bromeó Takao.
—Mejor no te marches, después de todo es tu casa..—le besó la frente. Takao se quedó en silencio un instante a sus brazos y decidió romper esa barrera que les dividía entre amantes causales a algo más.
—¿Quieres que sea la tuya también? Después de todo pagar los gastos juntos es algo que ya estamos haciendo y tu ropa sigue en la maleta pero cabe bien en los cajones —comentó Takao para alzar la vista buscando los ojos de Makoto pero solo encontró sus labios besándole.—ah, otros más de esos Makoto Tachibana y no respondo.
—¿Qué puede pasar? —preguntó entre sonrisas.
—Que voy a enamorarme…—pegó su frente a la del otro mientras le rodeaba con los brazos y entonces el castaño dijo algo que se quedaría en la mente de Takao haciendo en él in nido de felicidad.
—Pues ya me he adelantado…—no hubo frase tan más simple y a su vez tan hermosa como esa.
Sentirse amado, amar, poder suspirar mientras sonreía frente a sus labios y sus orbes se encontraban con ese brillo intenso. No podrían tener cosas tales como un aniversario porque a ningunos constaba cuando habían empezado, más bien fueron cosas que se dieron con el tiempo, con paciencia, conociéndose ante la convivencia. Verlos juntos era natural para todos y ya daban por entendido que eran una pareja estable mientras la prensa lo evidenciaba tras verlos juntos salir de un restaurante o encontrarse en las presentaciones.
Hubo más noches de pasiones para ambos y más locuras en ese extraño grupo de amigos. Ni que decir cuando Kise y Kasamatsu anunciaron su paternidad a todos lo cual explicaba el por qué el rubio se había roto sospechosamente dos costillas, seguro a Kasamatsu no le hizo gracia saberlo pero no había de otra, la comunidad de rubios deredere crecería.
Ya habían pasado tres meses cuando el doctor dio el visto bueno a Takao, su cuerpo estaba recuperado y listo para recibir un nuevo ser aunque con sumo cuidado. Fuera de pensar en su miedo a la pérdida realmente se sentía impulsado por el deseo propio y novedoso de hacer una pequeña vida a la cual cuidar con esmero. Una pequeña trampa a Makoto, más valía pedir perdón que pedir permiso, bastó una noche más después de una presentación para que ocurriese.
Tan solo un mes después Makoto despertó en su habitación. El sol le daba en la espalda pero no quemaba y sin embargo su reloj biológico le indicaba que debía alzar las cobijas y empezar sus labores diarias. Un olor agradable del desayuno siendo preparado le hizo caer en la realidad de su vida en pareja pero ver en el mueble de a lado el celular del otro como portapaleles de unas hojas llamó su atención y le hizo rememorar aquel día.
Se sentó y tomó el móvil, en él había una foto de ambos dándose un dulce beso que Takao presumía con orgullo a sus amigos. Revisó con duda los papeles y vió letra por letra para sorprendido dejarlos en la cama y a paso rápido sin pensar si quiera en sus sandalias fue a la cocina. Miró a Takao, Takao le observó sonriendo y con la mirada le preguntó. El azabache asintió tocándose la pancita y sobraron las palabras cuando fue abrazado por Makoto.
—Esta vez haremos las cosas bien ¿Ok, señor Tachibana? —dijo respondiendo al abrazo.
—Estoy de acuerdo —dijo conteniendo las lágrimas en un puchero adorable. Takao se enterneció y se presionó a él con más fuerza.
Ni que decir que pese a un par de dificultades las cosas salieron bien. Entre risas y competencias entre Kasamatsu y Takao con sus pancitas mientras las bromas afloraban llamando de aquella banda el conjunto de los embarazados.
Hubo recuerdos, retos, momentos, instantes y tal vez de los más apremiantes era escuchar a los dos cantantes entonar una dulce canción al bebé que pronto nacería. Recibieron bonitos presentes inclusive de Midorima con quien había estancado las cosas dejando en buenos términos su amistad.
Y llegó el bebé, un bonito varón que nació poco después de la hermosa rubia de Kasamatsu. Makoto lo cargaba conmovido, los chicos de Iwatobi se encontraban felices que inclusive el arisco de Haru soltó un par de sonrisas al ver al futuro devorador de caballas. Llegar a casa días después del parto con el bebé en brazos ante la celebración de todos.
—Les presento…a Suzuki —dijo el azabache con una sonrisa. Suzuki cuyos cabellos azabaches y aun escondidos ojos verdes lanzaba pataditas escuchando a todos sin saber que su llegada al igual que la de la jovencita rubia les generó gran felicidad.
Y saberle ahí, tan real, tan genuino era como un buen trago de alegría, de energía. La consumación de su amor hecho humano, de su nada convencional relación y de la dedicación, comprensión y esmero de ambos por mostrarse entre ellos que valía la pena amar y ser amados, no pensaban que ocurriría entre ellos mismos, pero eso lo hacía aún mejor. Ambos eran más fuerte que todo y no fueron nunca más los chicos solitarios que mencionaba aquella triste canción
"I want for you in myself"
