Hola! Como se los prometí estoy de vuelta. MUCHAS GRACIAS a las personas que volvieron a leer mi fic, que dejaron comentarios o lo pusieron como favorito o seguir. En serio, les estoy agradecida.
Bueno, en el anterior capítulo les había dicho que sería el último capítulo pero se extendió demasiado antes de que lo notara por lo que no, este no es el último.
Quizás ni el siguiente lo sea.
Espero que les guste el capítulo de hoy, que no se aburran y lo disfruten tanto como yo lo hice escribiéndolo. Prometo que en los próximos habrá nuevamente lemmon.
Abrió los ojos con pereza, bostezando sin fuerza, mirando el techo hasta sentir unos brazos aferrados a su cadera con demasiada fuerza, con un gesto perezoso, con la boca entreabierta, les costaría creer que es un adulto hecho y... solo hecho. Era su esposo de seis meses pronto cumplidos. Acarició los cabellos castaños sonriendo cuando lo hacía.
A pesar de que el menor se quejaba de sus constantes "acosos" -como seguía llamándolos el menor- cuando dormía se le pegaba al cuerpo, lo suficiente para que el peli plata tuviera que reprimir sus deseos la mayor parte de la noche.
Se acomodó por un momento más antes de que la rutina de todos los días se repitiera, no podía decir que se aburría, ni decir que estar con Misaki era diferente, porque siempre lo era, aunque podía asegurar que tenerlo cerca. Saber que estaban casados por un acuerdo mutuo, le hacía sentir de los más feliz, como si a todo lo que tendrán que enfrentarse en un futuro se les resbalara como el agua porque en realidad no les afectaría.
Al menos, es lo que el sentía al respecto, pero estaba casi seguro de que Misaki aunque no lo dijera tenía la misma idea, era la tranquilidad de saberse juntos frente a todos los conflictos.
-Buenos días Usagi- el castaño restregó un ojo, sin notar donde aún tenía la mano, era raro que lo hiciera.
-Buenos días Misaki ¿Ha dormido bien?- le dio un pequeño beso en los labios, mientras que el oji verde se levantó asintiendo un poco sonrojado.
Por supuesto que no le diría que siempre que estuvieran durmiendo juntos, el podría sentirse protegido y en paz con lo que les rodeaba.
-Usagi, ¿Qué quieres para desayunar?- preguntó al levantarse poniéndose una camisa, la primera que encontrara -casi siempre del mayor-
De cuatro meses para adelante no dormía las noches completas, puesto que al pervertido que tenía como marido le gustaba "jugar" antes de ir a la cama -y después de hacerlo tambíen- lo cual para él significaba, no solo estar más cansado durante su día, sino también un dolor de cadera y una leve cojera. Solos sus amigos eran lo suficientemente indiscretos para estarse burlando de él como si fuera lo más divertido que cualquier persona podría hacer.
-Lo que sea esta bien, toda lo que tú haces es delicioso- entendió el doble sentido por lo que asintió avergonzado.
Revisó el reloj antes de salir de la habitación, era una suerte que fuera viernes porque de no ser así, iría tarde para el trabajo, y para cualquier cosa que se le ocurriera. Definitivamente sobrecargar su cuerpo era agotador.
Bajó las escaleras sin prisa hasta la cocina, donde fue sacando los ingredientes que necesitaría para hacer el desayuno-comida, salchichas en forma de pulpo, el tradicional arroz, y algunas verduras, claro, que sin pimiento.
-Eres una excelente ama de casa- pronunciaron sobre su oído con malicia, acariciándole una de las piernas llegando hasta el borde de la ropa interior del menor.
-No digas cosas tan vergonzosas- jadeó el castaño al sentir su cuello siendo atacado por la ávida lengua del peli plata.
Una de las pequeños cambios que habían tenido durante el tiempo de matrimonio, era que Misaki era más llevadito en los juego que quiera realizar el otro, se oponía pero no como lo hacía antes ni con la misma resistencia, pero aún conservaba el aura de su pequeño. Eso era algo que a ambos les hacía sentir mejor, como una liberación mayor.
-U-Usagi, tengo que terminar de cocinar, tendremos hambre después- susurró por lo bajo al sentir las manos del otro pasando por su pecho con lentitud.
-Tengo hambre, y comer de Misaki será suficiente para mi- pronunció el mayor, sin percatarse de las acciones, el castaño fue lentamente acorralado en el sillón más cercano.
Akihiko estaba sobre el castaño, sin recargar nada de su peso contra él, fue besando su cuello hasta llegar a los primeros botones mal abrochados de la camisa que abrió con rápidez, su mano libre se deslizaba por las rodillas para llegar a la ropa interior que bajó hasta los tobillos del menor.
Empezó jugando con la punta del miembro del menor, estimulando entonces hasta ponerlo recto, el más bajo se dedicaba a gemir, sosteniendo fuertemento los cabellos de Akihiko contra su boca para que de esa manera se acallaran lo mejor que pudiera los quejidos tan vergonzosos.
-Es más sencillo cuando no estamos usando nada- lamió el lóbulo de la oreja con lujuria, succionando parte de esta. Por pimera vez, Misaki notó que el escritor en verdad no tenía nada de ropa.
-Ca-Cállate- dijo como pudo el castaño reteniendo lo más que podía sus ruidos que luchaban por salir de su boca, forzándose a no pedir mucho más hasta que anocheciera.
Akihiko formó una sonrisa libidinosa con respecto a la actitud rebelde del de ojos verdes los cules transmitían sensaciones contradictorias, empapados de inocencia y deseo chocantes entre si. Fijó su mirada en el otro, comenzando a subir y a bajar con su boca sobre el miembro de Misaki, el cual estaba recargado en sus codos, por lo que sus miradas conectaban mientras lo hacía.
El menor de ambos solo miraba como su miembro se perdía entre los expertos movimientos de su pareja, arqueó la espalda cada vez que los dientes del mayor acariciaban la punta, dándole la sensación de que lo mordería, por reflejo llevó una de sus manos hasta la cabellera plateada del otro para intentar aumentar el contacto y el ritmo, embistiendo la boca del contrario con un poco de fuerza
-Tranquilo, lo hicimos apenas ayer y ya estas asì de desesperado- habló, introduciendo un dedo lleno de líquido pre seminal, estimulando y haciendo círculos sobre la entrada del menor.
Misaki siempre había tenido la idea de que cuando estaba al borde del orgasmo, la voz profunda y grave de Usagi resonaba con mucha más fuerza, ronca por el placer que ambos obtenían, sus gemidos pasaban a un segundo plano, como amortiguados. Los dedos que se movían en su interior no ayudaban en solucionar la situación, moverse era lo único que le quedaba para poder terminar.
Con algunas embestidas más, unos besos en su miembro y una parte también en su vientre le hicieron estremecer hasta que llegara a la cima del juego de estimulación, comprobando que el menor estaba listo para lo mejor, el oji violeta tomó un trago dejando caer lo demás a consciencia sobre el cuerpo del castaño, solo para comprobar que tan sensual era esa imagen.
Era una de las mejores, tanto como cuando Misaki jadeaba su nombre o cuando pedía más moviéndose contra su cuerpo, o cuando lo incitaba a que lo violara salvajemente en cualquier lugar que estuviera. Todas buenas idea para sus novelas BL.
-Usagi ayúdame por favor- estiró los brazos a donde el otro, aunque le había costado decir mucho aquello por la falta de aire o por su orgullo, recuperó la respiración.
-Tranquilo, mientras que ambos estemos satisfechos te ayudaré con todo lo que quieras- mencionó el escritor antes de que sonara el timbre, siendo contadas las personas que venían a visitarlo a tales horas de la mañana, solo una idea cruzó por su mente, no podían ver a Misaki así. La otra es que podrían ignorarlo.
-Tenemos que ir a abrir- se quejó Misaki internamente sobre lo oportuno que podían ser las visitas, sintió los dedos del mayor deslizarse por su entrada lo cual le excito un poco.
-Ve a darte un baño. Te relajaras y sentirás más fresco... Así tal vez dejes de soltar el olor del acto- jugó con los cabellos antes de irse, tomando antes un poco de ropa para abrir la puerta.
Abrió la puerta encontrándose con dos personas, lo cual le había sorprendido bastante, pero tampoco es que pudiera quejarse, tomando en cuenta lo poco que se distraían a no ser que fuera con el otro, no vio inconveniente en dejarlos pasar, aunque aún le extrañaba que Aikawa no hubiera entrado con su llave.
-Buenos días, Aikawa y Takahiro- saludó dándoles espacio para que entraran, hizo una lista mental acerca de lo que Misaki pudo haber dejado en el sillón pero por suerte no había nada incriminatorio.
-Sensei, ya son las tres de tarde ¿En que mundo vive?- preguntó la editora tomando asiento en el sillón de enfrente.
"En el mundo de Misaki" quiso contestar pero teniendo en frente al hermano del menor, prefirió callarse. Ya sabía lo sobre protector que el pelinegro podía llegar a ser con su otouto.
-¿Donde está Misaki? No lo veo por ningún lado- Takahiro buscaba con la mirada sentándose junto a la pelirroja.
Akihiko tomó asiento en el sillón donde antes el y Misaki estuvieron por hacerlo, abrió un libro que estaba cerca como buscando información.
-Está en el baño, en algunos minutos más bajará, ¿Quieren algo de tomar?- ofreció, usualmente era un pésimo anfitrión pero ambos eran sus amigos.
-Quiero café, pero mejor voy y lo preparo yo. ¿Quiere algo Takahashi-kun?- la mujer se levantó tranquila, con una sonrisa en el rostro. Como si supiera lo que había pasado.
-Un café estaría bien, ¿Akihiko que han hecho tu y mi hermano?- de haber estado bebiendo algo seguramente lo hubiera escupido. Pero como él era Akihiko Usami obviamente no demostraría esa reacción.
-Nada realmente, hemos estado acostumbrándonos a nuestra vida de casados. ¿No crees que es algo exagerado? La semana pasada viniste- dijo el escritor con una gota bajándole por la nuca.
-Para nada, es mi hermano menor después de todo, solo estoy preocupado por su salud- respondió el pelinegro golpeando su mano con el puño como aseverando las palabras. Aunque el escritor se preguntaba que imagen tendría ahora de él.
Porque siendo sinceros, ¿No lo estaba clasificando como un hombre que se roba a los hermanos menores? Bueno, tarde o temprano tendría que dejar de pensar así de él.
Aikawa preparaba el café, sonreía demasiado, puesto que su imaginación fujoshi le había mostrado demasiadas imágenes juntas, con ver los alimentos fuera del refrigerador y la aparente ausencia de Misaki solo le rectificaron algo que ella ya sabía. La razón principal para no irrumpir en el cuarto de unos recién casados.
-Nii-chan, Aikawa-san, buenos días- saludó el castaño con el cabello mojado, y su ropa favorita puesta.
-Buenos días MIsaki-kun, ¿Te encuentras bien?- preguntó la pelirroja dejando un café para los tres y tomando asiento.
-Eh... claro, ¿Porqué pregunta?- indagó el castaño haciéndose el desentendido, seguramente se refería al leve ladeo que daba al caminar.
-Misaki, me alegra tanto verte ¿Has comido lo suficiente? ¿Has dormido bien? Te ves más delgado, ¿Estas bien de salud?- en menos de un segundo estaba siendo bombardeado por preguntas a las que no le encontraba sentido.
-Tránquilo nii-chan, estoy bien. Usagi me cuida todo el tiempo- le reconfortó el menor al oji azul que se había quedado extrañamente callado.
-Si, supongo que tienes razón- dijo el hombre antes de tomar asiento junto a la pelirroja. Estaba convencido de que pasarían muchas cosas estando ellos casados, pero creía que era mejor vivir en la ignorancia.
Misaki tenía una marca roja que se veía recién hecha sobre su cuello, además de que Usagi estaba despeinado cuando llegó, y la camisa que el castaño traía puesta le quedaba grande, por lo que no tenías que ser un genio para saber que no era suya, pero si de su esposo.
-Pero, ¿Porqué vinieron hoy? Hasta donde sé, Usagi no tiene trabajos pendientes y nii-chan viniste la semana pasada- Takahiro formó una línea con su boca, ¿Qué todos tenían que echarle en cara lo mucho que los visitaba?
-En realidad, solo queríamos venir a verlos, eso creo al menos. Pero vengo también porque le ofrecieron un trabajo a sensei- la mujer comenzó a sacar algunos papeles de su portafolio.
-¿De que trata esta vez?- preguntó Misaki curioseando los trabajos para después ir a buscar un poco de leche para tomar, no se le antojaba mucho el café por momento.
-Es bastante sencillo, pero un tanto complicado. Quieren una historia donde sensei describa como es estar enamorado desde su perspectiva, enfocandose más bien en su matrimonio antes y después de este- dijo la pelirroja con una sonrisa, mientras le pasaba las especificaciones al mayor.
-Por mi no hay ningún problema, creo que será el único trabajo con el que no tendrás que perseguirme, pero solo si Misaki está de acuerdo- dijo el peli plata mirando atras donde estaba el castaño tomando leche.
-Esta bien, solo no hagas detalles vergonzosos ¡Sabes a lo que me refiero!- le señaló con el dedo y gritando, llevó una mano a su cabeza al sentir una leve punzada en ese lugar, por lo que se quejó bajito.
-Misaki, ¿Que ocurre, ten encuentras bien?- el escritor notó el estado del castaño, y rápidamente fue hasta donde estaba para revisarlo mejor.
Los otros dos alarmados por el estado del menor, siguieron al escritor, Misaki solo se sostenía la cabeza con mucha fuerza, rodeado de los brazos del peli plata que le acariciaba el rostro con lentitud.
-Estoy bien, solo fue un dolor- dijo sonriendo un poco para no preocupar al mayor ni a los demás. Lo cual no funcionó.
-De eso nada, vamos a ir al hospital- demandó el oji violeta, tomando al menor del brazo para llevarlo a la puerta.
-Sensei, se que no es lo más indicado pero preferiría que no fuera usted, tiene que empezar a escribir- indicó la joven respirando fuertemente, negando ante la mirada asesina del otro.
-No te preocupes Akihiko, si te parece, yo lo llevo y volvemos cuanto antes- le reconfortó Takahiro dándole una palmada en el hombro con compañerismo.
-Ya lo oíste, estaré en buenas manos y tu puedes preocuparte por tu libro, en cuanto antes lo termines, mejor, ¿nee?- le dio un pequeño beso en la mejilla y tomó una chamarra del perchero.
-De acuerdo, cualquier cosa que surja me llamas. Te quiero Misaki- le besó profundamente los labios hasta que escuchó un leve ruido por parte del hermano del menor.
Se separaron, aunque solo el castaño estaba avergonzado de haber sido visto así, lo abraaron de nuevo, Misaki tenía miedo cuando Akihiko hacía eso, porque le transmitía el miedo de perderlo.
-Yo también te quiero. Te veo mas tarde- susurró contra su oído, después salir junto a su hermano para ir al hospital.
Akihiko ignoró la sensación de que si o si debía irse con el menor para estar con él, en lo que fuera que pasaría
Cuando Misaki y Takahiro llegaron al hospital, el primero de ambos ya había sido regañado, porque con el dolor de cabeza se había decidido a ser sincero al menos con el doctor, he ahí la razón por la que se enojaron. Eso que todavía no era atendido, aún estaban en la sala de espera para ser llamado.
-Usami Misaki, pase por favor- asintió tomando el morral que había llevado con él, Takahiro fue el segundo en entrar, aún le era raro ser llamado con el apellido Usami, por el ceño fruncido del otro, también a su hermano.
-Buenas tardes Usami-san, ¿Qué es lo que le aqueja?- le dio la mano al doctor para luego los tres sentarse.
-Buenas tardes, estos últimos dos meses me ha dolido mucho la cabeza, he tenido algunas nauseas, no consigo dormir bien, además que no he podido comer o como muy poco. Además de que últimamente me duele mucho el vientre-explicó el chico al hombre que anotaba todo en la computadora con ojo crítico.
-Por ahora le haré unos análisis, debido a que sus síntomas son contradictorios entre sí. Hágame el favor de darle esta nota a la enfermera ella los ayudará con lo que necesiten- para tener tiempo y que no hubieran venido por que el esposo -osea él piensa que es Takahiro- no lo había notado era raro.
Ambos hermanos preocupados, asintieron lentamente, agradecieron al doctor y salieron de la habitación, le tomaron dos muestras de sangre puesto que tendrían diferentes usos, les informaron que podían salir a comer puesto que el análisis llevaría una o dos horas.
-¿Crees que todo este bien?- preguntó Misaki inseguro por lo que podían decir los resultados.
-Estoy casi seguro de que no tendrás nada grave. Pero debes dejar de hacer eso, evitar que nos preocupemos solo tiene el efecto contrario- regañó el pelinegro tomando un sorbo más de café.
-Usagi, me dice lo mismo todo el tiempo, pero es como una costumbre- rió el menor levemente, de solo recordar el cariño con el que lo hacía.
-En verdad se quieren... Me alegro por ti- jugó con sus cabellos como su esposo solía hacer, Misaki solo pensó en estar lo más pronto en su hogar para poder pasar la tarde libre con su escritor.
Llegaron al hospital con tiempo de sobra, en menos de diez minutos fueron llamados con el mismo doctor que les recibió con una seriedad bastante rara considerando su anterior aura de relajación.
-Tomen asiento por favor- les indicó los lugares, nerviosos ambos se sentaron, el castaño se sintió como cuando hacía algo malo y sus padres lo regañaban.
-Debo decirles que los análisis no están equivocados, aunque en realidad, me sorprende- Misaki solo rogaba no tener nada demasiado grave puesto que él le prometió a Usagi estar con él, y si era algo incurable o grave, no podría estar a su lado, no podría cumplir su promesa, y él no quería ver a su conejo triste por su culpa.
-Señor Usami usted tiene anemia, pero no solo eso... Tome esta hoja, yo no me especializo en esto pero de seguro que ir a este pasillo los ayudara con todas sus dudas. Por cierto felicidades- nuevamente recuperó esa sonrisa tranquila, lo cual les hizo pensar que no era tan grave.
Ambos hermanos iban caminando al lado del otro, pero como si en realidad no estuvieran juntos. Hasta hace media hora que habían recibido aquella noticia, Takahiro le sujetaba la mano como cuando eran pequeños y quería consuelo sobre algún problema. Lo cual Misaki le agradecía.
Se sentía inseguro, no tanto por él, quizás no era la manera en que el planeaba, pero no pueden discutirse las formas si el resultado es el mismo, tampoco negaba que el otro fuera a reaccionar mal, es decir, es lo que tanto anhelaba, más bien se preocupaba por él.
Takahiro no podía recabar tanta información junta, su esposa estaba embarazada ya de seis meses junto al golpe de saber la relación de su mejor amigo con su pequeño hermano eran demasiado para su cabeza, una parte de él, deseaba que todo fuera una pesadilla.
Llegaron con pasos tambaleantes e inseguros al apartamento, el pelinegro entró siendo seguido por el menor, la sala estaba vacía lo cual indicaba que Usagi estaba trabajando y Aikawa estaría con él.
Con suerte, el escritor no habría notado su llegada, por lo que podría hacerse el dormido y no tener que hablar de nada hasta que llegara el día siguiente para asimilar todo como debía, para no cometer un error, y sobre todo, para hacerse ver a si mismo que todo era real.
-Misaki, por fin llegaste, ¿Que te han dicho los doctores?- pero al notar el estado tan confundido de ambos, se asustó.
-¿Es algo muy grave?- pero nuevamente no obtuvo respuesta, tomó al menor por las mejillas y depositó un pequeño beso en sus labios.
-No importa lo que sea, tienes que decírmelo, no soportaría perderte sin haber intentando hacer algo- Misaki balbuceó algo, pero a pesar de su cercanía no logró entenderlo, lo cual le estaba alterando.
-Estoy embarazado...- esas simples palabras removieron el mundo de ambos.
Tan tan tan (Música dramática) ¿Qué les pareció? ¿Demasiado? En el siguiente resolveré muchas dudas así que lo que quieran decirme o preguntarme dejadlo en los comentarios.
Me sería de mucha ayuda que dejaran sus comentarios review, opiniones y todo eso, en serio, se los agradecería.
