Hora y media después, estaban delante de la casa. Allí ya estaba el equipo de forenses de Scotland Yard. Anderson no paraba de caminar de un lado a otro, en busca de pruebas y datos para su informe. Sherlock cerró los ojos y se dio la vuelta ahogando un nuevo ataque de risa. Greg suspiró y se alejó. John miró a Sherlock.
- Oye, ya vale... - susurró.
- Está Anderson... él culpará a los fantasmas, ¡seguro! - susurró entre risas. John, que no había visto al forense, tuvo que darse la vuelta también. Al cabo de un rato, Greg se acercó a ellos.
- Si habéis acabado... podemos entrar en la casa.- Sherlock miró al inspector y sin más, echó a andar hacia el interior de la casa seguido por John y Greg. La casa, de estilo victoriano, había sido abandonada quince años atrás, y aunque no estaba del todo mal, el paso del tiempo se dejaba sentir en los crujidos de la madera bajo los pies de los tres hombres, en el papel medio desprendido de la pared y las puertas con bisagras chirriantes. En medio del salón, en la planta baja, yacía el cuerpo de un anciano tendido boca abajo. John se acercó a él y le cogió la muñeca con firmeza.
- Sin pulso...
- Muy bien, John. Ahora dame detalles que no pueda descubrir un niño de dos años.- replicó Sherlock, obviando la mirada incendiaria del doctor.
- Parece muerte natural.- espetó.
- ¿Y qué hacía este hombre aquí? ¿Por dónde entró? Todo está cerrado, ¿no?
- Todo - asintió Greg-. Lo han comprobado, la única manera de entrar era forzar la puerta. Este hombre no lleva llaves encima.
- Y sus manos no presentan marcas por haber manejado herramientas para forzar cerraduras.- completó John.
- Habrá que revisar este lugar más a fondo.- finalizó Greg. Al poco rato, dio autorización a Anderson para que se llevaran el cuerpo. Sherlock miró a su alrededor y optó por mantenerse de pie al ver el estado de las butacas. Aunque no tuvo tiempo para hacer nada. Pronto, el inspector apareció en la puerta y les hizo gestos a Sherlock y John para que salieran de allí.
- ¿Por qué nos vamos ya? - Sherlock se acercó a Greg.- No he tenido tiempo de investigar nada.
- Para eso hace falta una orden. Ya está en tramitación, pero hasta esta tarde no podemos entrar ahí.- explicó Greg.
- ¿Qué se supone que tengo que hacer? - espetó Sherlock.
- Dime cómo entró ese hombre ahí... y veremos cómo acabó muriendo.
- Era mayor, es obvio: causas naturales.
- No puede ser tan fácil... - comentó John. Sherlock suspiró.
- No voy a perder el tiempo con esto. Un anciano se cuela en una casa, se despista por cosas de la edad y muere por causas naturales. Estaba bien hidratado, no ha sido por hambre, y su aspecto no denota algún tipo de enfermedad como la diabetes. ¿Por dónde entró? No me importa.- sin más, Sherlock abandonó la casa.
- Vaya... ¿otro caso inútil, mi querido hermano? - la voz suave y sarcástica de Mycroft detuvo a Sherlock y John.
- ¿Qué haces por aquí? - preguntó el médico.- Creí que estabas trabajando...
- Incluso yo tengo derecho a tener vacaciones de cuando en cuando... ¿qué ha pasado?
- Un anciano despistado que ha muerto en una casa. Nada relevante.- resumió Sherlock. Mycroft sonrió.
- Te veo descentrado... ¿qué pasa? Nunca has hablado de un caso con un cadáver de esa manera.
- No es relevante. Así que no me interesa.- insistió Sherlock.
- No seas tonto... a mí no puedes engañarme y lo sabes... hay algo más, ¿no? ¿No es esta la casa maldita? - preguntó mirando el edificio. Sherlock hizo una mueca de desagrado.
- Por favor... ¿tú también? ¿Desde cuándo crees en los fenómenos sobrenaturales? Sólo un imbécil se creería que cuando una persona muere, queda algo de ella que va a otra dimensión y que tiene conciencia como para volver si se ha dejado cuentas pendientes.
- Gracias.- espetó John. Mycroft dirigió la mirada al médico y luego a su hermano, ampliando su sonrisa.
- Sabes bien que no creo... pero esas cosas me resultan entretenidas como pasatiempo. A menudo, todo tiene una base en las sombras, ilusiones... ya sabes, en los juegos de percepción, alterados según las expectativas y creencias de la persona que asiste a esas manifestaciones.
- Ya… - Sherlock miró a su hermano con aburrimiento. Mycroft no reaccionó ante esa mueca de desprecio.
- No obstante… y puesto que estoy de vacaciones, y tú estás un tanto atascado… te ayudaré - John enarcó las cejas sin ocultar su sorpresa. Mycroft amplió su sonrisa al girarse hacia John -. ¿Hay algún inconveniente, doctor Watson?
- No… no, ninguno - negó él -. Será muy… instructivo verles a ambos en marcha.- sonrió.
- Sin duda. Tal vez pueda aprender algo.- repuso Mycroft.
- No te necesito. Trabajo solo.- protestó Sherlock.
- Con el doctor Watson, por lo que dicen los medios y él mismo. Y el inspector Greg Lestrade, que anda por ahí acelerando los papeleos para que tú puedas entrar en la casa.
- No necesito un equipo más grande.- Mycroft sonrió y se mantuvo allí en silencio. Greg volvió al cabo de unos veinte minutos.
- Bueno, está hecho. A las seis tendré la autorización para entrar, y… ¿quién es él? – preguntó al notar la presencia de un tercer hombre.
- Mi hermano. Mycroft Holmes.- Sherlock no parecía siquiera pestañear, pero se veía a la legua que estaba bastante incómodo con aquella situación. Greg asintió y se giró para estrechar la mano del recién llegado.
- Detective inspector Greg Lestrade. Un placer conocerle.
- El gusto es mío – sonrió el aludido -. Espero que no le importe que me una a la investigación.
- Eh… no, claro… quizá con los dos hermanos Holmes presentes, la cosa se agilice - Greg sonrió cordialmente, aunque se temía lo peor. Si Sherlock era intratable, Sherlock y un hermano… no hacía presagiar nada bueno -. Bien, como decía, a las seis tendré las autorizaciones listas para que podamos entrar en la casa sin problemas. Así que os veré a todos aquí a esa hora.- John asintió y echó un vistazo a su reloj. Eran las tres de la tarde. Aún tendrían tiempo para prepararse para una expedición nocturna. Tras despedirse del inspector, Sherlock, Mycroft y John se encaminaron a Baker Street. Sherlock y Mycroft no paraban de provocarse el uno al otro, pero John no les hizo caso alguno. Tenía mucho en lo que pensar.
