"¿Cómo está mi hermano?" preguntó Faramir a uno de los sanadores que se encargaba del futuro Senescal.

"Mejorando, mi Señor. En este momento está durmiendo, el mago Mithrandir nos proporcionó la medicina que necesitábamos para neutralizar el veneno de la flecha, no hace falta nada más por hacer, solo esperar a que despierte."

El corazón de Faramir se llenó de emoción tras la noticia, y entró a la habitación donde su hermano reposaba. Su rostro denotaba paz, no parecía estar sufriendo y eso le alivió. Acercó una de las sillas a la altura del rostro de Boromir y se sentó. Lo observó por unos momentos. Si su hermano moría, Faramir sabía que no podría sobrevivir demasiado sin él. Su propia pena y la ira de su padre lo obligarían a seguirlo, a donde fuera que la muerte le llevara.

Se inclinó y sacó la mano de Boromir por debajo de la sabana. Se alegró de sentir que ya no estaba tan fría como al principio, pero aún no había recuperado del todo su calidez característica. "Estoy aquí, hermano." Susurró amorosamente, sosteniendo la mano de Boromir entre las suyas "Tú eres fuerte, Boromir. Siempre lo has sido." Una sonrisa de remembranza se dibujó en el suave rostro de Faramir, recordando las incontables ocasiones en las que su hermano había regresado prácticamente ileso de situaciones imposibles "Sé que no tengo nada de qué preocuparme." Se levantó de la silla y se sentó a un costado de la cama sin soltar la mano de su hermano "Aún así, no puedo dejar escapar a la criatura inmunda que te postró en esta cama. Te juro que la encontraré y te vengaré." dijo, y una intensa llama de determinación se encendió en los ojos azules del capitán.

Después de revisar su ritmo respiratorio y el estado de los vendajes, Faramir se inclinó lentamente sobre la cabeza de Boromir, y sus frentes se tocaron "¿puedes sentirme, hermano?" susurró, "estoy aquí contigo". Recordó las veces en las que habían compartido lecho cuando eran niños. Boromir siempre le permitía dormir con la cabeza sobre su pecho a la altura del corazón, y la calidez y protección del regazo de su hermano mayor siempre le reconfortaban y alejaban todos los pensamientos y recuerdos tortuosos que ya comenzaban a pesar sobre él. Impulsado por aquellos hermosos recuerdos, con muchísimo cuidado hizo el cuerpo de Boromir a un lado y se acostó. La cabeza de su hermano ahora reposaba sobre su hombro, y Faramir posó sus labios sobre su cabello, cerró los ojos y se dejó llevar por aquella esencia tan familiar…

Sin embargo sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz en susurros del sanador. "Mi Señor… llamé a la puerta, pero nadie respondió" se excusó cuando Faramir levantó la vista "es hora de lavar la herida de Lord Boromir… con mucho respeto, le pido que abandone la habitación."

"Solo necesito un momento." Contestó, el sanador asintió y le brindó la privacidad que demandaba. Faramir se levantó con cuidado y volvió a colocar a su hermano en su posición original "Volveré a visitarte en cuanto terminen de atenderte…" dijo escondiendo de nuevo la mano que había tomado sobre las mantas. Luego se inclinó y depositó un casto beso en los labios de su hermano y la sensación cálida que se instaló en su pecho le hizo sonreír. No había manera de explicar el amor que sentía por Boromir, la admiración que sus ojos reflejaban cuando su magnífico hermano demostraba sus habilidades y completaba con éxito cualquier clase de misión que le fuera encomendada. Su padre nunca tuvo motivos para quejarse de él, Boromir era perfecto, y Faramir no podía explicar cómo su hermano le correspondía aquel amor, aun cuando él era tan débil y susceptible a cometer errores que no hacían más que enardecer la ira de su padre.

No deseaba más que permanecer a su lado hasta que despertara. Temía que Boromir por fin abriera los ojos y él no estuviera ahí, pero tenía que atender sus deberes y principalmente, ir en busca del responsable de toda aquella desgracia.

Una sensación familiar de soledad le embargó cuando no tuvo más remedio que salir de la habitación y buscar a sus comandantes. Se dirigió a uno de los puestos de avanzada al sur de Minas Tirith. "¿Noticias?" preguntó al cruzar la puerta. "No, mi Señor" contestó uno de los comandantes, un Hombre de cabellos oscuros y mirada potente "Aún no han encontrado un rastro claro…"

"Manda a cuantos hombres sean necesarios. Quiero partir cuanto antes." dicho esto, el comandante comenzó a gritar órdenes de inmediato. Faramir salió y se dirigió a la torre de armas de su Compañía para realizar el conteo de aquel día y revisar su estado. Podía delegar la tarea a alguien más, pero se sentía más seguro si él mismo se encargaba de todo lo que tuviera que ver con su mantenimiento. El comandante que le asistía lo esperaba junto a otros caballeros a la entrada de la torre. "Mi Señor" saludó con una sonrisa en su rostro, y Faramir le devolvió el gesto. "Aunque usted no me haya informado al respecto, mi Señor, con todo respeto pido el permiso para acompañarle a su misión. Nada me honraría más que tener la oportunidad de cabalgar como parte de su Compañía." Dijo el comandante mientras comenzaban con la revisión de las lanzas. Faramir lo observó. No era parte de los exploradores de Ithilien que estaban bajo su mando, pero estaba al tanto de su asombrosa habilidad con el arco. "Sería como condenarte a una muerte segura." Contestó con sinceridad. Sabía que para estas alturas los orcos ya habían redoblado su número, por lo que había decidido no ordenarle a ninguno de sus hombres que le siguiera, aquella decisión debían tomarla ellos mismos. "Sería un honor morir bajo su mando." resolvió el caballero. Faramir no contestó, y centró su atención en la ocupación. Pensó en qué clase de honor habría en morir debido a sus malas decisiones, esas que su padre se encargaba de resaltar cada vez que volvía de una misión. Aún cuando pensaba que había actuado de la mejor manera posible, nada resultaba correcto a los ojos del Senescal, a menos que fuera Boromir quien comandara, entonces sus regresos eran convertidos en grandes hazañas, y el orgullo brillaba en los ojos de su padre. Porque Boromir era perfecto.

Luego de cuatro horas, terminaron con la revisión de la mitad del armamento de los exploradores de Ithilien y Faramir ordenó continuar con las restantes al día siguiente, puesto que el Sol se estaba ocultando y la percepción ya no sería tan precisa. Cuando se dispuso a abandonar la torre, el comandante atrajo de nuevo su atención, "Mi Señor" dijo acercándose al capitán. Faramir supo que el caballero esperaba una respuesta a su petición. Luego de meditarlo unos momentos le dedicó una leve sonrisa y posó su mano en su hombro "Permiso concedido" susurró. El caballero le devolvió el gesto y le agradeció con vehemencia. "No estés agradecido" el semblante del capitán se ensombreció "No puedo garantizar tu retorno con vida. Esta no es una misión oficial, no es una orden del Senescal de Gondor, por lo que tu reconocimiento y recompensa no representarán el sacrificio que asumirás al formar parte de esta Compañía." El caballero negó con la cabeza y contestó "Lo único que quiero es demostrar mi valía ante usted. Sería un honor para mí si algún día mis habilidades me llevaran a formar parte de los exploradores de Ithilien, y no hay mejor forma de averiguar si soy merecedor de tal honor que luchar a su lado en el campo de batalla." Faramir observó los ojos del hombre no percibiendo más que sinceridad y orgullo, y supo que no habría manera de hacerle cambiar de opinión. "Gracias." Susurró conmovido "Mi hermano y yo no olvidaremos tu valentía."

Dejando atrás al caballero, se dirigió finalmente al castillo. Tenía que soportar solo una tortura más por aquel día, y era cenar con el Senescal. No importaba cuan exquisitos y dignos de grandes palacios fueran los platos que se servían en el comedor de los Señores de Minas Tirith, aquella frialdad que se sentaba con ellos se encargaba de que la comida resultara insípida. Pero estaba obligado a acompañar a su padre aún cuando ninguno de los dos lo disfrutara.

A pesar de los pensamientos sombríos, una sincera sonrisa se asomó por el bello rostro del capitán, cuando vio al mago gris en su camino hacia los comedores.

"Mithrandir", exclamó acercándose a su maestro "no tuve la oportunidad de agradecer por lo que hiciste por Boromir, que no hubiera sobrevivido sin tu asistencia. No encuentro la manera más apropiada y digna de gratificarte, pero si hay algo que desees, estoy dispuesto a cumplir lo que sea que demandes."

"Entonces, mi querido Faramir, permíteme rogarte que reconsideres tu decisión de ir a tomar venganza. Hay otros asuntos por los que tenemos que preocuparnos ahora. Las sombras están saliendo de su exilio, y debemos mantenernos vigilantes. Una acción como esta solo te llevará a la perdición. No arriesgues tu vida ni la de tus hombres, que tiempos más oscuros se acercan, y con dolor en mi corazón te advierto que estaremos obligados a enfrentar estos pesares día con día."

"Por favor no trates de persuadirme." contestó "Necesito hacer esto."

"¿Cómo crees que se sentirá tu hermano si mueres en esta misión? ¿De qué habrá servido que haya puesto su vida en peligro por ti si de todos modos vas en busca de ese fatal destino? No tienes culpa de nada."

"Por supuesto que sí. No puedo evitar ver a mi hermano en tal estado y no pensar en cortar la garganta de la abominación causante de tanto sufrimiento… No puedo soportar el dolor de mi padre tampoco… ya he hecho demasiado." Gandalf vio la sombra que dominaba la mirada de Faramir. El mago supo que aquella no era más que una prueba que se había impuesto el mismo para demostrar su valía. "Faramir…" susurró acercándose a su pupilo y tomándolo firmemente de los hombros "No tienes que probar nada. Aún cuando tu padre dice lo contrario, tus hombres estuvieron presentes cuando tu hermano fue herido. Siempre has demostrado la misma habilidad que Boromir en el campo de batalla, y la gente de Gondor te admira con la misma intensidad, Faramir, pero más importante, te adoran. Tú posees algo que Boromir nunca tendrá, bondad en tu corazón. Los caballeros siguen a Boromir porque deben hacerlo, sin embargo te siguen a ti porque has sabido ganarte su simpatía, y no hay nada más valioso que eso. Ellos están dispuestos a morir por ti, y mucho me temo que perderemos demasiadas vidas valiosas en esta batalla sin sentido."

La testarudez del capitán era algo con lo que Gandalf luchaba muy a menudo cuando asuntos que tuvieran que ver con su familia nublaban el sentido común de Faramir. Siempre fue razón de preocupación el enorme dominio que tenía Denethor sobre su hijo menor y aquello hacía que Gandalf se preguntara si el Senescal empleaba otras formas de someterle a su voluntad más que atacarle con palabras crueles a la menor oportunidad. Sin embargo y a pesar de su insistencia por averiguar algo, Faramir era incapaz de hablar en contra de su padre.

"No puedo dejar que escapen sin someterlos a la justicia de Gondor" contestó con enfado "Han herido al orgullo de mi Casa, y ha sido todo por mis negligencias. Boromir nunca descuida sus espaldas."

"Tú no eres así, Faramir…" susurró el mago con suavidad "esas son palabras que solo escucharía de la boca de tu padre. No te dejes cegar por su orgullo al creer que la vida de Boromir importa más que la tuya. La sangre de Númenor corre con más fuerza por tus venas que por las de tu hermano, y eres poseedor de un semblante propio de los reyes antiguos, aunque tus pesares logren opacarlo en ocasiones. Por lo que te suplico, desiste de esta locura, ya llegará el momento de tomar venganza por esta y muchas otras desgracias que nos acontecerán."

El dolor y la compasión embargaron el corazón de Gandalf al ver que, una vez más, sus palabras no eran del todo asimiladas, la sombra de Denethor dominaba y manipulaba el alma de Faramir, quien no era capaz de escuchar más razones que las de su propio padre.

"Lo siento."

El mago observó como Faramir se alejaba y se preguntó con pesar si aquella sería la última vez que intercambiaría palabras con el capitán de Gondor.

Las puertas del comedor se abrieron para cederle el paso. Faramir vio que su padre ya estaba alimentándose, y ni siquiera se molestó en levantar la vista de la comida para ver a su hijo. Faramir se sentó al otro extremo de la mesa, frente al Senescal.

Luego de un largo silencio, las puertas del comedor volvieron a abrirse, y uno de los comandantes entró atropelladamente a la sala.

"Lord Faramir… Les hemos encontrado." Anunció sin aliento. "Están a cuatro días de distancia de Minas Tirith. Si partimos antes del amanecer, les alcanzaremos en tres días a galope mientras el sol esté alto, que es cuando suspenden la marcha."

"En ese caso, preparen todo lo que haga falta, no hay tiempo que perder." Contestó sintiendo a flor de piel el furor de la batalla cercana. El comandante se inclinó y salió casi corriendo de la sala. Denethor llevó sus ojos hasta su hijo y exclamó "Ya que esta ha sido tu decisión, te advierto que no permitiré que pises las tierras de Gondor de nuevo si fallas. Si no traes ante mí la cabeza de la criatura inmunda que se atrevió a herir a mi hijo, será mejor que nunca más regreses. No permitiré que le derrames más deshonra a mi Casa. ¿Me has oído?" dijo con desdén. "Sí, mi señor." contestó Faramir con decisión. Por supuesto que no se atrevería a volver cargando la derrota sobre su espalda. O traía la cabeza del enemigo o moría en el intento, era algo que se había resuelto al instante de tomar aquella decisión. "Déjame comer en paz" continuó Denethor "Vete de aquí." Faramir soltó con cuidado el tenedor y se levantó de la mesa "Si, mi señor." dijo y salió a paso lento de las estancias.

Después de haberse asegurado que los menesteres para el viaje y la batalla estaban siendo atendidos, decidió ir a descansar un par de horas antes de la partida, no sin antes pasar a visitar a su hermano. Faramir entró en silencio, y se sentó de nuevo a un costado de la cama de Boromir. Permanecía en el mismo estado, sumido en un sueño pacífico. Sus ojos lo observaron con la misma devoción de siempre y una pequeña sonrisa se instaló en su hermoso rostro. "Los hemos encontrado." susurró. "Partiremos mañana antes del amanecer. No sé cuantos días estaré fuera y si despiertas y no estoy a tu lado, no es porque no piense en ti, todo lo contrario, será porque estaré ejecutando un acto de amor en tu nombre, espero que lo comprendas, por si no regreso. No quiero que te culpes por lo que pueda pasar, es algo que tengo que hacer y ha sido mi decisión; así que no debes culpar a padre, quien también te echa de menos con la misma intensidad que yo." Faramir se acercó y dejó que la suave y rítmica respiración de su hermano acariciara sus labios "despierta pronto." Posó sus labios sobre los de Boromir y se mantuvo en la misma posición durante un rato, tratando de construir el más vivo recuerdo de la cálida boca de su hermano para recurrir a él en horas desesperadas.

Y con todo el dolor en su corazón, no tuvo más remedio que levantarse de la cama y caminar hacia la salida.