Nunca supe que fue lo que lo llevó a ese día decirme tales cosas, yo sé que antes me había cortado la ilusión pero al final sentía una ligera esperanza, había algo a que aferrarme pero esa vez genuinamente sentí un vació. Sentí perdida la lucha, sentí que ya no había nada por hacer.

-¡Angel-kun!- escuché a Hiroto desde lejos gritar. Sonreí, era un excelente amigo, siempre estaba ahí para mí y aunque nos veíamos poco últimamente, eso no impedía que nuestra amistad siguiera fuerte.

-Hiroto- dije con una mueca melancólica en mi rostro.

-Oh no, ¿ahora qué pasó?

-Ay Hiroto, pasa que…no pasa nada. Y no pasará nada. Hoy Senpai ha sido muy claro conmigo, lo que sea que teníamos tiene que parar de ya. Él quiere seguir con su vida y en su vida no hay espacio para mí, al menos no como yo quiero estar en ella. ¿Qué hice mal? Pensé que todo iba a salir bien al final, que se iba a enamorar de mí…

-Angel-kun, me temo que estas pláticas las hemos tenido antes. Te he dicho que ese hombre no te quiere de la misma forma. Sí, han tenido besos y caricias pero de eso no se trata el amor,- suspiro y continúo regañándome, -el amor se trata de otras cosas, y créeme siento muy feo que pases por esto una y otra vez pero tú no quieres entender que hay vida más allá de tu querido Senpai. Mereces ser feliz, mereces ser aceptado tal cual eres. Si esto fuera solo sexo te aplaudiría porque hiciste que un supuesto heterosexual se acostara contigo pero sé que eso no es lo que buscabas con él. Tienes que parar y alejarte…no sé cuántas veces más pueda levantarte.-

-He sido un tonto, lo sé…lo sé. Pero sabes que soy un enamorado, para mí los besos que Senpai me daba eran motivos suficientes para seguir, pero ahora de verdad siento que he topado pared. No puedo seguir aquí con él, me muero. Ojalá nunca hubiera sido homosexual, todo hubiera sido más fácil y jamás me hubiera enamorado de él.- dije llorando inconsolablemente.

Hiroto me abrazaba fuertemente mientras me tranquilizaba, me sirvió un poco de whiskey para que me despejara y me hablo de un futuro prometedor sin Senpai, pero yo no le creía ni un poco. En eso mi celular sonó, era él...

-¿Sí, Senpai?

-Morinaga…este…perdón por interrumpir lo que sea que haces pero, ¿podrías traerme unos cigarrillos?-

Miré el reloj, eran las 12:30 de la noche, me preguntaba que hacía despierto y porque quería sus cigarrillos a esta hora pero no pregunté.

-Sí, claro-

-Gracias Morinaga- y colgó.

Las lágrimas volvieron a brotar, pero esta vez no eran lágrimas de tristeza, eran de enojo. Quería odiarlo, quería detestarlo y decirle que iba a estar mejor sin él que con él, que era lo peor que me había pasado pero no podía. Ni siquiera con tanto enojo podía hablar mal de él o podía engañar a mi corazón que lo odiaba. Estaba desconsolado, lo necesitaba tanto.

Me despedí de Hiroto, pase a la tienda y compré los cigarrillos. Al llegar a casa vi que las luces estaban encendidas, al parecer Senpai me había esperado. El corazón me daba vuelcos, me imaginaba diferentes escenarios y volvía a elevarme un poco por la ilusión pero no quería que el golpe de realidad me afectara más así que puse mi mente en blanco.

-Lo que tenga que ser, será- pensé.

Entré a la casa y encontré a Senpai en el sofá, con un pijama verde ligeramente abierto del pecho y su hermoso cabello largo caía sobre sus hombros. Se veía conmovido.

-Senpai, aquí está lo que me pediste- dije pasándole los cigarrillos pero me tomo de la mano y me jalo hacía él. Quedamos viéndonos durante un instante pero él acercó su rostro y me besó. ¡Él me besó! Yo no tuve nada que ver, esta vez yo no intenté nada. El simplemente me besó. Continúo besándome apasionadamente, yo lo recosté en el sofá mientras tocaba su cuerpo. Comenzó a gemir y podía sentir que su cuerpo reaccionaba al mío, empecé a besar su cuello y podía sentir el calor de su cuerpo elevarse. Baje mi mano buscando su miembro, empecé a frotarlo por fuera de su pantalón. Me alejé de su cuerpo y lo mire, con mi mano libre hice que me mirara también.

-Si quieres que pare, dímelo ahora Senpai- dije seriamente, él se limitó a girar su rostro en otra dirección. Seguí entonces con lo mío. Esta vez metí mi mano dentro de su pantalón, estaba duro, podía sentir como lubricaba…su cuerpo me estaba diciendo que le gustaba lo que hacía y que quería más. Le quite la parte de arriba del pijama, empecé a besar sus pezones y con un dedo a torcerlos. Senpai gemía, parecía que no le importaba que lo escucharan ya que esta vez no intentaba callar.

-M…Morinaga, para.- dijo en seco

-No podría Senpai, no ahora. Estás tan sensible, tan erótico, tu cuerpo…-

En eso me miro al rostro, sus ojos estaban llenos de lágrimas. Me hice para atrás, mi cuerpo quedó alejado del suyo. Ahí estaba Senpai, recostado a medio vestir, con su cabello alborotado y su rostro sonrojado…ahí estaba el hombre a quién amaba tanto pero de quién tenía que alejarme.

-Perdóname, Morinaga. No es justo para ti…te había dicho el día de hoy que esto no podía ser-

-Pero, Senpai, fuiste TÚ quien empezó esto-

-¡Calla! ¡Yo sé, pero no quiero esto! ¡Quiero ser padre, no un homosexual solitario!- gritó y se levantó.

Los dos nos quedamos viendo, hasta ahora no había pensado en la idea sobre Senpai teniendo una familia pero tenía sentido…él siempre había creído en la familia, él quería una mujer que le pudiera dar hijos, una esposa a quién amar…no un amante hombre. Se dirigió hacía su recamara y cerró con seguro. Yo me quedé ahí inmóvil, no sabía si seguirlo, no sabía si insistir. Me acosté en el sofá en posición fetal y sentía como las lágrimas brotaban, me sentía perdido. Desde el primer día en que amé a Senpai me sentí perdido, pero lograba encontrar salidas en el laberinto pero ahora había llegado al final del camino y no encontraba que hacer.

Había sido mío tantas veces, habíamos sido uno solo…hoy casi lo volvía a tener entre mis brazos pero la chispa que estaba provocando fuego en un momento se apagó. Decidí rendirme, ese día decidí en que las cosas con Senpai serían como él quisiera. Yo ya no buscaba su amor incondicional.

Por la mañana note que Senpai se había ido a la Universidad desde temprano, esboce una sonrisa…era su escape cuando las cosas se ponían incomodas.

-No te preocupes, yo ya no pienso seguirte. Ten la certeza que me han quedado claras las cosas- pensé mientras me preparada el desayuno.

Al llegar a la Universidad tenía miedo de verlo, sé que eso pasaría pero iba a ser de lo más incómodo. No sabía cómo saludar a alguien a quien ayer deseaba tanto…

-Oi, Morinaga…buenos días. Hay mucho por hacer.-

-Sí, buenos días Senpai. Déjame ponerme la bata para comenzar a trabajar-

Senpai clavo su mirada en la mía, indeciso me preguntó,

-¿Por qué no dormiste en tu habitación?-

-Ah, eso…bueno hacía mucho calor.-

-Mientes, ayer tenías un suéter puesto y esta mañana vi que aún lo tenías.- dijo frunciendo el ceño.

-Ah, Senpai, pues como llegué del bar me dio pereza cambiarme…-

-…-

-Además después de todo lo que pasó lo que menos pensaba era en cambiarme la ropa- dije sacando el tema. Vi que se sonrojo.

-No sé de qué hablas, haz lo que quieras y duerme donde te plazca pero no te vayas a enfermar porque te necesito,- pausó y al darse cuenta de sus palabras añadió –te necesito para los experimentos.-

¿Se preocupaba por mí? O realmente ¿sólo era útil como asistente?

-Por cierto, hoy no iré al apartamento, quiero quedarme unos días con Kanako- dijo, yo asentí con la cabeza. El día de hoy no planeaba regresar a casa con las manos vacías.