Me quedé perplejo, por una parte Ryo en la habitación sufriendo de las consecuencias del temperamento de Senpai…y por el otro las palabras que Senpai había dicho me retumbaban en la cabeza. Los sueños de Senpai y los míos…eran tan incompatibles pero aun así no podía dejarlo de amar.
Al día siguiente desperté con el peor dolor de cabeza posible, menos mal que era sábado y no tenía ningún asunto pendiente. Ryo estaba profundamente dormido a lado mío…era tan hermoso.
-Morinaga… ¿ya me has olvidado?- Giré para buscar a Senpai por la habitación pero no encontré nada.
-Aquí estoy Morinaga, esperándote. ¿Ya no me amas?- Vi a Senpai apoyándose en la puerta, llevaba solamente unos pantalones, podía ver su cuerpo cubierto por sus cabellos dorados, comencé a sudar frio y talle mis ojos. Se había ido.
-Claro que aun te amo, el sentimiento no se lo va a llevar nadie pero necesito seguir con mi vida, necesito conocer…otros mundos para ver si en alguno de esos me pierdo.- suspiré.
-¿Buenos días?- una mano tocó mi espalda desnuda, era Ryo que se despertaba. –Escuché una voz y pensé era tu amigo, el amargado…- dijo mientras giraba su cuerpo desnudo para ponerse más cómodo.
-Ah, sí. No es nadie, no te preocupes. Te puedes quedar hasta la hora que quieras, por cierto.-
-Gracias Morinaga, pero tengo…unas cosas que hacer. La pasé muy bien.- respondió mientras acariciaba mi rostro. Volví a sentir el calor viajando por mi cuerpo pero no me dejé llevar. Después de haber imaginado a Senpai lo que realmente quería era soledad.
Ryo pareció tampoco estar buscando algo más que una despedida. Se levantó y me preguntó si podía ducharse aquí. Me di un espectáculo observando su cuerpo desnudo atravesar el cuarto, sí, era un hombre por los que muchos matarían por estar pero no era suficiente. Y así como llegó, se fue…sólo lo vi una vez más y después no volví a saber de él pero de eso se tratan este tipo de aventuras, solamente una noche y no más.
Decidí ducharme también, las gotas recorrían mi cuerpo y no pude evitar pensar en Senpai. En todas las veces que sus manos recorrieron gentilmente mi silueta, como las marcas de sus uñas quedaban impregnadas en mi espalda…como todo fue real. Podía él simular que nada ocurría al día siguiente, hacerse el desentendido, pero yo tenía las pruebas que todo fue real, que él y yo fuimos uno. Pero supongo eso ya no importaba, podía tener toda la evidencia pero si a Senpai no le importaba no existía ningún valor en ello. Comencé a llorar, maldita nostalgia.
Al salir pude ver que había una maleta en la habitación, -¿Hola?- pregunté.
-Morinaga. Vine a empacar, permanentemente.- dijo Senpai mirando hacía el suelo evitándome.
-¿Por qué?-
-Morinaga, ya te lo he dicho muchas veces. Estoy genuinamente cansado de todo esto, de ti, de tus decisiones estúpidas. Quiero irme.-
-¡Ah! Ahora son sólo mis decisiones estúpidas…-
-¿A qué te refieres?- me miró con frialdad.
-Sí, Senpai. Tú tampoco has tomado las decisiones más inteligentes. Míranos ahora, de repente se te ocurre querer ser padre, ser esposo, ser todo eso. ¿Desde cuándo? Decidiste que yo solo sería tu pasatiempo mientras tu vida se acomodaba como querías.- grité.
-¡Eres un idiota! Sí te dejé hacer todo eso era porque eras especial, te lo había dicho pero el que seas especial no me va a dar las satisfacciones que busco. Te lo dije desde el inicio, ¡no soy homosexual! Entiéndelo de una vez por todas.-
-Sí lo entiendo, lo que no entiendo es porque aceptaste tantas cosas si te parecían desagradables…-
-No sé,- dijo titubeante –quizás porque no te quería perder, eres uno de mis pocos amigos. Pero, también pudo haber sido por lastima.-
-¿Lastima? ¿De verdad, Souichi?- agaché la cabeza y las lágrimas comenzaron a brotar.
-¡No llores Morinaga! Para ahora mismo…- se dirigió hacía su recamara y comenzó a sacar sus cosas. –No lo hagas más difícil de lo que ya es, por favor. Me partes el corazón…-
Se acercó para abrazarme, dejé que lo hiciera. Necesitaba consuelo, aunque el fuera el problema también era siempre parte de la solución, dejé que se acercara para poder despedirme en silencio, para poder olerlo una última vez, para poder dejarlo ir.
-Perdóname, sé que…las cosas tomaron un rumbo que para ti suponían otra cosa. Nunca te di esperanzas, nunca te dije que te amaba. Morinaga, fui sincero desde el principio pero lamento haberte dejado hacer cosas que no debieron pasar.- me murmuró al oído. Me separé de su cuerpo y lo mire. Senpai siguió acomodando las cosas en su maleta, -No huyas, no te vayas a ir de la Universidad por favor.- me dijo mientras abría la puerta para irse. Yo asentí con la cabeza. Iba a ser un fin de semana largo.
Ese sábado no comí ningún bocado, me sentía débil, me sentía sólo. Recuerdo que muchas ideas pasaron por mi mente, entre ellas huir de Japón pero eran demasiadas sensaciones que recorrían mi cuerpo que era imposible enfocarme en una sola. Necesitaba compañía, ¿volvería a ser como antes? Una persona sin compromiso alguno. Al menos así no me lastimaban, al menos así podía recibir algo a cambio.
Me acosté en la cama, en esa cama dónde había estado con Senpai…esa cama dónde muchas cosas pasaron. Odiaba como cada rincón de la habitación contaba una historia y no me dejaba en paz. Necesitaba intentarlo una vez más…al menos una vez más y esta vez si Senpai me rechazaba me iría apenas se terminará el periodo escolar. Me iría, lejos para no volver.
Caminé bajo la lluvia hacía la casa de Senpai, temblaba de nervios. Era mi última oportunidad para luchar por lo que quería, aunque tenía un plan B no quería usarlo.
-¡Morinaga! Que gusto verte, hace mucho tiempo que no te veía.- Kanako se abalanzó para abrazarme, si nada funcionaba la iba a echar mucho de menos. -¿Está todo bien? Mi hermano llegó a casa con una maleta.- sus grandes ojos se humedecieron.
-Eh, sí Kanako, no te preocupes. Vine a hablar con tu hermano, ¿crees podrías llamarle?-
-¡Sí! No tardo.-
Esperé bajo un techo para no mojarme más, esperaba que Senpai me recibiese con sorpresa, con agrado.
-¿Qué haces aquí?- dijo mientras se asomaba por su ventana.
-Senpai, necesito hablar contigo. ¿Podrías bajar?-
-No. Te dije no hicieras las cosas más difíciles…-
-Entonces gritaré, gritaré todo lo que te quiero decir para que todo mundo me escuche- lo rete.
-¡Cállate! No digas nada, ahí quédate.-
-Senpai…-
-Bien, aquí me tienes, cara a cara. ¿Qué más quieres agregar Morinaga?-
-No…no me daré por vencido así nada más. Merezco dar una lucha, quiero luchar por ti.-
Senpai soltó un suspiro, -¿Luchar para qué?- miro hacía la puerta y vio a Kanako asomándose, me tomó del brazo, -Aquí no vamos a hablar, vamos a dar una caminata.-
-Pero, está lloviendo-
-No me importa, no quiero Kanako escuche cosas innecesarias. Podemos ir a beber algo, pero lejos de aquí.-
Asentí con la cabeza, no era mala idea. Llegamos a un bar al centro de la ciudad, no había estado nunca aquí. El lugar era agradable, la música era tranquila…pero mi compañía no parecía muy feliz.
-Habla ya.- ordenó Senpai
-Ah sí, Senpai…Senpai, ¿me dejarías luchar por ti?-
