¡Hola mis queridos lectores! ¿Cómo se encuentran? Excelente espero. Bueno, he leído los rewies y me he sentido contenta, de verdad muy contenta Es realmente muy lindo que les guste lo que escribo y que estén al pendiente de este fic. Lo aprecio muchísimo. Pero bueno, sin más rodeos, como prometí NUEVO mes, nuevo capítulo ¡Espero los disfruten como yo! ¡Nos leemos en 15 días!
Levi x Reader. "La verdad detrás de sus ojos" (p/3)
Aun seguías sentada en tu cama observando el exterior desde tu ventana, hoy te había tocado ver un día de lluvia… Pero te traía malos recuerdos, así que apartaste la vista en cuanto las gotas comenzaron a chocar contra tu ventana.
Ya había pasado una semana de aquel incidente en el que por primera vez en tus cuatro años de capitana habías perdido a todo tu equipo. Te sentías agotada tanto físicamente como emocionalmente, no comías, tampoco salías de tu cuarto para nada… comenzabas a preocupar a los demás. Pero el hecho era que cada día te lamentabas el no haber protegido debidamente a aquellos que confiaron su vida en ti, pensabas en lo jóvenes que eran y en todo lo que no iban a poder hacer porque habían muerto.
Como tu hermano, como tu novio.
Miraste tu mano izquierda, en donde en tu dedo había una pequeña sortija plateada.
—Esto representara el amor que siento por ti…—recordaste decir por Flagon quien te había entregado el anillo sin pensarlo.
—Flagon… —dijiste jugueteando con el anillo con tu otra mano—. …Tu me amabas realmente, pero yo…—
Te viste interrumpida por el sonido de un golpeteo del otro lado de la puerta. No estabas de humor como para hablar con alguien, pero pensaste que tal vez sería aquella chica llamada… ¿Petra? Si, ese era su nombre… Hanji la había mandado para cuidar de ti, aunque la realidad era que no la necesitabas, te encontrabas estable. Aun así, te gustaba charlar con ella, era muy dulce y en algún sentido te hacia recordar a ti en tus años de juventud. No era que estuvieses hecha un vejestorio, pero ya rondabas los veintiséis años, y no era lo mismo que cuando tenias quince y recién comenzabas en la legión.
Que nostálgico.
—¡Adelante! —casi gritaste, para ver la puerta abrirse y dejar ver a la joven Petra.
—¡Capitana (Nombre), Buenos días! —te dijo con una sonrisa. Tu solo asentiste ante este dulce gesto.
—Petra… ya te he dicho que no es necesario que vengas, hoy es tu día libre… tendrías que aprovecharlo más…— confesaste seria pero amablemente.
La chica de ojos color miel te observo compasiva y luego se sentó en la silla que se ubicaba a un lado de tu cama.
—Sabe… no es tanto mi día libre, el capitán Levi hace que limpiemos todo el cuartel en un… — señalo para luego detenerse en seco, al parecer se había dado cuenta de que no era de tu total agrado escuchar su nombre. —Lo siento… es que… —
En ese momento, viste pena en su rostro antes de que agachara la cabeza en un gesto de arrepentimiento y se quedara en silencio. Te sentías algo compasiva por esa actitud, era típica de alguien que no hacía mucho que había comenzado en esta rama militar y no conocía bien los hechos relacionados contigo y con Levi.
—Sabes… Te daré un consejo— dijiste, para luego ver la expresión de confusión e intriga en el rostro de la cabellos claros—. Una vez que lo hayas mencionado, no te detengas a pensar en que lo has hecho, solo sigue hablando como si nada… así será más fácil…
Petra te observo mas confundida, pero luego de un momento, su expresión se relajo comprendiendo tus palabras, y asintió. Definitivamente, eras tú de más joven, tan dulce e inocente. Aun así, no había porque engañarse, la niña no tan niña, tenía veinte años ya, aunque sus rasgos de adolescente dijeran lo contrario. Suspiraste ante esto, a ti la juventud parecía habérsete escapado por las manos… aunque "supuestamente" eras joven y bella, según la gran mayoría, pero te sentías extrañamente mayor, tal vez era el cansancio y el estar encerrada en tu cuarto. Si, posiblemente eso te estaba mortificando demasiado.
Observaste nuevamente hacia la ventana, la lluvia parecía más intensa que antes… y luego pensaste ¿Debería volver a empezar? ¿Debería olvidarme de todo aquel resentimiento acumulado hacia Levi?
—No lo sé…—susurraste bajo pero audible, ya que Petra si logro escucharte.
—¿Cómo? —pregunto curiosa la joven, haciendo que te volvieras a verla.
—No, nada…—respondiste con una pequeña sonrisa en el rostro. Pero no de felicidad sino de preocupación—. …nada…— repetiste ahora tocando nuevamente le anillo que descansaba en tu dedo.
Sin entender, Petra solo te observo en un silencio que duro poco.
—Capitana… —le oíste decir, por lo que tu concentración se dirigió hacia ella—. Me… gustaría que esta noche bajase… bajase a comer con nosotras… —concluyo Petra tímidamente.
Pestañaste varias veces, sorprendida, ante la petición que acabaste de escuchar segundos atrás ¿A comer con ellas? Se te hizo algo raro pensar en salir de tu cuarto, después de todo hacia una semana que estabas postrada en cama y al único lugar al que ibas era a tu propio baño, por, motivos obvios. ¿Era momento de salir?
Era verdad. El también bajaría a comer.
No querías verle la cara, tan solo, no querías verlo. Pero allí estaba Petra, mirándote dulcemente a la espera de un gran si de tu parte. Debías comportarte como una adulta, después de todo, eso eras. Pero tu orgullo te ganaba muchas de las batallas.
—Petra… sabes que no me siento muy bien… y —señalaste para detenerte luego de observar la esperanzada mirada que Petra tenía en su rostro, algo que te conmovió aun mas.
Sabias que ella deseaba con fervor que salieras de ese cuarto. Te lo afirmaba cada vez que venía a visitarte y tú siempre tratabas de evadir el tema, pero ahora, no podías hacerlo.
—Diablos… —pensaste. Petra le había ganado la batalla a tu orgullo—. Solo por hoy… —concluiste esta vez, pero en voz alta.
Sabias que tu joven soldada estaba completamente feliz, debido a que te dedico una gran sonrisa por tu respuesta… pero, tú no lo estabas del todo…
xxx
Caminabas pesadamente por los pasillos del cuartel debido a que tu pierna aun te dolía, por lo que tu andar era algo lento. Por su parte, Petra y Hanji se encontraban a un lado de ti charlando de cosas que no lograbas entender. De todos modos, estabas sumida en tus pensamientos y preocupaciones ¿Qué pasaba si lo veías? ¿Qué harías? Hanji te había dicho que lo ignoraras, pero no era tan fácil para ti. Nada fácil. La verdad era que muy en tu interior querías verlo pero tan solo contradecías a tu bonito orgullo.
Seguías tan sumida en tus pensamientos que no notaste que ya te encontrabas en tu destino: el comedor. Hanji y Petra se voltearon a verte.
—Está bien, si lo ves has de cuenta de que no está —afirmo Hanji al momento de que volvía a continuar el paso.
Petra te miro y luego asintió, siguiendo el mismo camino que Hanji. Lo mismo hiciste, pero con menor prisa. Segundos después, comenzaste a escuchar susurros a la vez que veías voltear a muchos de tus soldados. Era totalmente frustrante. A algunos le dirigías mirada duras de contener por lo que se volteaban temerosos, pero eran demasiados.
—Ahora soy un tema de conversación… —pensaste mientras continuabas el paso.
Viste que Hanji y Petra se habían acomodado en una de las mesas del fondo y te apresuraste lo más que pudiste para sentarte lo más rápido posible. Por suerte, todo había salido sin percances. No lo habías visto aun.
Era extraño sentarse lejos de la mesa de los capitanes, pero tenías que acostumbrarte, después de todo, tú eras la que no quería sentarse allí junto a Levi. Y de más esta decir que tenías suerte de no estar sola en esto.
—Iré a buscar los platos —dijo Hanji finalmente.
Petra y tú asintieron y siguieron con la vista a la castaña hasta que se alejo lo suficiente y mezclo entre la multitud de soldados que estaban a la espera de su ración nocturna de comida. Y fue cuando lo viste. Tus ojos se abrieron de la sorpresa, para luego, apartar la vista bruscamente de aquel hombre, girándote en tu lugar hacia tu posición inicial.
—¿Sucede algo Capitana? —le oíste preguntar a Petra, pero ni te molestaste en responderle.
Allí estaba. Tan serio como siempre, esa seriedad que te atrajo desde un principio pero que ahora sentías que te molestaba ¿Cómo podía alguien siempre estar serio y nunca demostrar algún sentimiento claramente? ¿Era eso posible? Claro, el era un vivo ejemplo. Sentiste unos amplios deseos de abofetearlo fuertemente, aun sentías ese resentimiento porque te había salvado la vida. Y quería sacarlo de alguna forma. Comenzaste a apretar fuertemente tu mano sana, tanto que sentías el ardor que te provocaban tus dedos al ser clavados en la piel de tu misma palma.
—¿Capita…? —intento decir Petra al notar tu extraño comportamiento, pero tu repentina reacción la hizo sobresaltar.
Te levantaste bruscamente, dejando de lado tu adolorida pierna y golpeaste duramente la mesa con tu puño. Si algo eras se destacaba de ti, era tu fuerza. El sonido que lograste hacer, hizo que todo quedara en silencio y que tanto capitanes como soldados se voltearan a verte. Hanji se hizo paso entre la multitud para quedarse pasmada, y lo mismo hizo aquel al que le debías un favor por haberte salvado.
El te miro y tú lo miraste. Ambas miradas más intensas que el fuego eran el temor de muchos de los que estaban allí. Apretaste los dientes pensando en que era tarde para echarse para atrás.
Perdón Petra, perdón Hanji... pero no pude contenerme.
Tragaste saliva, para luego apretar más tu puño. Un claro gesto de que te encontrabas dominada por la ira acumulada.
—¿Quien mierdas te crees? —dijiste finalmente con ímpetu dirigiéndote al hombre culpable de tus pesares.
Levi frunció el ceño ante tu pregunta.
—No entiendo a que te refieres —Su tono de voz seguía tan frío y monótono como siempre, pero se podía denotar cierta molestia.
Su respuesta hizo que te molestaras aun más. Esto no iba a terminar nada bien.
—No te hagas el idiota, no funciona conmigo —casi gritaste—. ¿Por qué me salvaste la vida? —continuaste subiendo el tono un poco.
Hanji que estaba a un lado se acerco hacia ti preocupada.
—(Nombre), déjalo así… no sigas esto, cálmate… —te dijo la castaña inquietada.
Le dirigiste una mira dura, por lo que Hanji se aparto un poco.
Era demasiado tarde para detenerte.
Levi te observa desde su lugar, su mirada era seria y penetrante a la vez. Aunque a comparación de ti, el se veía totalmente calmado.
—No podía dejarte morir así —fue su inesperada respuesta, dejándote absorta por unos segundos.
Las cabezas de varios de los soldados se giraron para verte a ti. ¿Y ahora que ibas a decir? Lo había hecho por ti después de todo y ahora habías quedado como la mala. Sin embargo, estabas algo cegada por el resentimiento y cuando eso ocurre nada bueno sale.
—¡Me hubieras dejado de todos modos, hubiera preferido morir a ser salvada por alguien como tú…! —exclamaste molesta.
Cállate.
—¡Después de todo, sirves para abandonar personas! —continuaste sin reparo.
Cállate.
—…Como lo hiciste con tus dos amigos… —finalizaste.
Tu mente dejo de trabajar en ese instante. Era entendible que estando en tu situación dijeses lo que pensabas, pero esta vez te habías ido de la raya y lo sabías. Observaste con detenimiento a Levi que se encontraba en su lugar, y notaste que su mirada había cambiado. Un silencio tremendamente incomodo invadía el lugar.
Enojado. Como tú lo estas ahora… pero más.
Intentaste decir algo nuevamente pero decidiste callar. Ya habías metido suficiente el dedo en la llaga. Apretaste los dientes y entornaste tu mano en forma de puño y saliste del lugar, todos te siguieron con la mirada, inclusive Hanji y Petra que estaban atónitas por tus últimas palabras. Si alguien tenía que estar molesto, seguro no eras tú.
Míke, quien había estado escuchando con detenimiento todo, se acerco hacia Levi y poso una de sus manos en el hombro del pelinegro.
—Está bien, solo se dejo llevar… —señalo el rubio.
Levi se soltó del agarre de su compañero y se encamino en silencio hacia una de las puertas que se encontraba a un lado. Los soldados de menor rango se abrían paso a medida que el susodicho pasaba. Abrió la puerta y la cerro tras de sí con mucha fuerza, provocando un sobresalto por parte de todos.
Enojado no. Furioso.
Hanji se acerco hacia Míke y le dirigió una mirada turbada.
—No hay que entrometernos en esto, es su problema —señalo Míke sin despegar su vista de la puerta por donde Levi se había ido.
—Su problema —pensó la castaña con tristeza—. (Nombre)…
