Muchísimas gracias por los comentarios tan positivos, la historia tendrá varios giros dramáticos próximamente ;)
Espero disfruten este capítulo, créanme no me gusta hacer sufrir a los personajes pero a veces es necesaria la tragedia.
-No seas tonto, Morinaga. Aunque te dejara no conseguirías nada, solo el involucrarte aún más conmigo.-
-Pero, ¿qué tal sí logro que te enamores de mí?-
Senpai soltó una carcajada, -Sí logras eso, también podrías convertir el agua en oro.-
-No seas cruel Senpai, asumiré las consecuencias de mis actos, pero por favor vuelve al apartamento, sigamos viendo a dónde nos lleva esto.-
-A ver, Morinaga… ¿para qué quieres salir lastimado? Tienes la opción de alejarte de mí, sin embargo, ¿quieres quedarte? Debes tener una seria lesión cerebral para tu pésimo juicio.-
-¡Pero, sería mi responsabilidad! Tú no serías culpable de nada…- lo miré suplicándole que me dejara volver a su vida. Desvió su mirada y clavo sus ojos a alguien que estaba detrás de mí.
-Morinaga, ¡que coincidencia! No ha pasado ni un día y nos volvemos a topar. Vaya que Nagoya es pequeño.- dijo una voz conocida. Giré a ver quién era…Ryo.
-Morinaga, ¿este es un bar homosexual?- preguntó furioso Senpai.
-Claro que no, es…- contesté vacilando pero Ryo me interrumpió, -No, no es un bar homosexual pero hasta donde se tengo derecho de ir a donde quiera. Ay, Morinaga, no pensé vinieras con tu amiguito aquí…es una lástima.- me sonrió con sus dientes blancos como perla, traía unos jeans ajustados, una playera negra que se ajustaba a su cuerpo y el cabello atado al igual que Senpai. –En fin, hasta la próxima Morinaga, espero verte sin compañía.- Me guiñó y desapareció entre la multitud.
Senpai estaba sonrojado, -Ryo, te gusta ¿verdad?- preguntó.
Me puse nervioso ante la pregunta, sí me gustaba físicamente pero no lo conocía mucho para decir que me gustaba más allá de lo físico. –Pues, me parece atractivo, solo eso Senpai. Yo te amo a ti, no volveré a ver a Ryo si lo deseas.-
-Tsk, no seas tonto. No te estoy pidiendo nada, solamente preguntaba. Voy a pedir la cuenta.-
-¿Tan rápido? No llevamos ni una hora aquí…-
-Ya no tengo ganas de estar aquí. Supongo ya dijiste todo lo que tenías que decir.-
-Senpai…yo.-
-¿Sabes? Esto fue un error.-
-¡Porqué! No, claro que no Senpai. Por favor no lo veas así.-
-¿No? No tengo ganas de estar en un lugar donde están tus conquistas, quiero irme YA.-
-Pero, Senpai…Ryo sólo fue algo pasajero, ¡no significó nada!-
-¿Ah no? Puedo ver la manera en la que lo miras, lo deseas, te gusta. Yo sé que a comparación de él yo no soy nada.- me miraba enfurecido, con una mirada calculadora.
-¿Qué? ¿Estás loco? No hay ningún punto de comparación, yo te amo y él…él simplemente fue algo para olvidarte a ti. ¿No te acuerdas? Tú me dejaste.-
-Ah, y por eso vas y te buscas alguien con quién tener sexo… ¿así me vas a olvidar? ¡Con hombres atractivos que seguro son mejores que yo en la cama!- al darse cuenta de lo que había dicho se tapó la boca, dejo dinero sobre la barra y se paró.
Lo seguí, intenté seguirle el paso pero nunca había visto a Senpai tan molesto. No le importaba atropellar a la gente en la calle, para él sólo existía el mismo y ya. Quien interrumpiera su paso iba a ser víctima de su furia. Corrí con lo poco que me quedaba de energía y lo tome del brazo.
-¡Quítate, maldito seas Morinaga! Ya déjame en paz. ¡Maldito homosexual, vete al infierno!- gritó. Sentí cólera, cólera invadiéndome el cuerpo, hasta ese día yo había mantenido la compostura ante los insultos de Senpai porque no los sentía tan personales, no me herían tanto pero lo que ese día dijo fue…demasiado. ¿Qué me fuera al infierno? Él no sabía hasta donde sus palabras podían herir, era peor que mi familia, peor que cualquiera que me hubiera discriminado por mis preferencias sexuales…él era cruel, un tirano. Lo arrastre hasta un edificio, pude ver que el rostro de Senpai estaba más rojo que nunca, él también estaba enojado y eso entre dos hombres era peligroso.
-¡Qué quieres!- me dijo intentando zafarse, pero fue inútil. Siempre fui más alto y más fuerte que él.
-¡Cállate! Simplemente cállate, todo te lo he tolerado porque te amo pero esto ha sido suficiente. ¿Quieres que desaparezca de tu vida para siempre? ¿De verdad te arrepientes de todo?- dije frustrado.
-¡Sí, Morinaga! De todo…de todo. Quiero quitarme de mi cuerpo tu aroma, tu rastro…-
-Te propongo algo, con esto me esfumare de tu vida. Pero después de todo lo que me has herido, necesito algo a cambio por última vez.- le dije seriamente.
-¿Ah? ¡Estás pensando en cosas asquerosas! Yo no quiero nada contigo, me rehúso y…- Lo interrumpí, lo besé aunque el forcejeaba para escapar, lo besé ahí sin importar si hubiera personas. No me importó, él me había gritado y yo sólo quería humillarlo. Ese día comprendí que así como Senpai despertaba en mi sentimientos hermosos también podía sacar lo peor mí. Seguí besándolo, después baje por su cuello y comencé a besarlo, le dejé varias marcas que serían difíciles de ocultar mientras frotaba mi pierna sobre su miembro.
-Pa…para, para, Morinaga- suplicó en medio de gemidos.
-No lo pienses tanto, por favor.-
Caminamos unas cuadras hasta llegar a un hotel, Senpai no me miraba a los ojos, iba con la cabeza agachada durante el trayecto. Podía ver que estaba avergonzado pero no había salido corriendo. Subimos a la habitación, lo aventé a la cama.
-¡Qué te pasa!- grito.
-Shh, Senpai. No pretendo conservarte, evitemos el dolor.-
-No quiero…hacer esto.-
-Yo sí, lo necesito y lo quiero.- dije abalanzándome sobre él. Podía escuchar su respiración agitada, su pulso cardiaco se aceleraba pero también sollozaba.
-Morinaga, esto es el adiós, ¿verdad?- coloqué un dedo sobre sus labios, no quería que hablara. No quería resolver nada hoy. La urgencia del final era lo que me impulsaba a hacer esto, no era el sentimiento de soledad porque sabía que si no me alejaba de él iba a doler por una eternidad.
