- Souichi, ¿qué haces aquí?- exclamé, mi corazón estaba a punto de salirse.
Suspiró, -Me sentí mal de no haberte despedido. Después de todo, yo te dije de este trabajo y fuiste un aprendiz muy bueno. No quería quedarme con las ganas de desearte buena suerte…-
Comencé a sonrojarme, -Está bien, comprendo tenías trabajo por hacer. Ahora voy a desayunar, en una hora debo empezar a abordar.-
-¿Te importa sí te acompaño?-
-¡Claro que no, Senpai!- Senpai…volvía a llamarle así, volvía otra vez a sentirme inundado de emociones.
Nos decidimos por un restaurante estadounidense –para irme acostumbrando-, ambos pedimos huevos revueltos con café.
-Seattle, ¿verdad?- preguntó Senpai intentando romper el hielo.
-Sí, he oído es una bonita ciudad además que…bueno, son más abiertos de mente.-
Senpai no hizo una mueca de desprecio, al contrario sonrío, -Me da gusto el que vayas a una ciudad donde vas a conocer y vivir nuevas experiencias. Fue la mejor decisión que pudiste tomar.-
-Sí bueno…por cómo estaban las cosas no tenía muchas opciones…- Refiriéndome a él, refiriéndome al dolor que sentía por su rechazo.
-¿A qué te refieres?- frunció el entrecejo
-Nada, nada Senpai, jeje. Al menos no nada importante. ¿Cómo te ha ido en tus experimentos?-
-Pues, bien…relativamente. Conseguí una nueva asistente, Yuriko. Es bastante eficiente pero a veces discutimos mucho. Su personalidad es muy imponente.-
Sentí rabia, sentía una corriente eléctrica recorriendo mi cuerpo: celos. Tenía celos, Senpai tenía compañía. Una chica inteligente e imponente. Intentaba morderme la lengua para no decir nada que disgustara a Senpai pero finalmente lo solté.
-¿Es bonita, Yuriko?- dije apenado. Senpai me volteó a ver con extrañeza.
-Eh, pues sí. Su padre es japonés y su madre…no lo recuerdo pero tiene lo mejor de ambos países. Es blanca con ojos rasgados, pero su cabello aunque lacio, es color rojizo y tiene los ojos color miel. Sí, es bastante atractiva, aunque para muchos japoneses podría ser "extraña".-
Vaya, Senpai describía a Yuriko como una modelo. Seguramente le gustaba…y no podía hacer nada al respecto. Es lo malo de dejar ir a quien amas, tienes que ser consciente que ellos tomaran decisiones sin pensar en ti, que van a pensar estás bien con ello porque prefieres sean felices aunque no sea contigo y de repente concluyen que ya los superaste. ¡Ja! Como si fuera tan fácil.
-Suena a que es una modelo, je. Ahora ustedes dos serán los más atractivos de la universidad.-
Senpai se sonrojo, -Cállate Morinaga, yo no soy atractivo. Sólo brillante.- dijo con una sonrisa. Tenía tantas ganas de abrazarlo, de decirle que lo amaba que se viniera conmigo, que hiciéramos un futuro juntos…tenía tantas cosas por decir pero me enmudecí.
-Es hora de irme.- dije firmemente.
-Wow…realmente ha llegado el momento.-
-Sí, gracias por acompañarme…Senpai.-
-Llámame Souichi, ya no hay porque tener formalismos.-
Asentí con la cabeza y estiré mi brazo para estrechar manos y despedirme. Él tomó mi mano y me jalo hacía el. Me dio un fuerte abrazo, -No se te olvide que aquí estaré, puedes…confiar en mí. Siento las cosas hayan salido mal entre nosotros, pero de verdad te estimo bastante y te extrañaré.- Comencé a llorar, esto era demasiado. Me alejé de él mientras limpiaba mis ojos, -Sí Senpai, estaré bien y espero volvernos a ver.-
Me dirigí hacía la puerta de acceso del aeropuerto para continuar mi viaje, volteé y vi a Senpai ahí parado. Su cuerpo esbelto, el cabello amarrado, jeans ajustados y una camisa color verde. Quería correr y darle un beso pero él no me lo perdonaría. Pude ver que Senpai lloraba, sus lentes comenzaban a empañarse y podía ver un camino en su rostro formado por lágrimas. Sin embargo, no podía hacer nada, esto era lo mejor y estaba decidido pero sabía que a ambos nos dolía. Le dije adiós con la mano y seguí mi camino.
