Buen día.

Traigo el segundo capitulo. La verdad no pensé que tuviera aceptación en el publico, por que no hay sexo, no hay nada de esos detalles que enloquecen a las fangirls ^^

Pero quería hacer algo más real, manteniendo la personalidad de los personajes. (Espero conseguir el tan complejo IC que tanto discuten)

Nota: sé que no tiene nada que ver, pero cuando escribí esté cap a las tres de la tarde, escuchaba: "When we get married" de 1910 Fuitgum Corporation. Una canción en inglés de los 70s. Fue casi poético ^^

Disclaimer: Ningún personaje de los mencionados es mío. Todo es de Konomi. Aun que en mi mente el padre de Sanada revolotea, siento que es idéntico a sus hijos. El hermano tampoco me pertenece… (Mejor, sino…)

—¿Qué haces aquí? Mi madre no tardará en volver. Debes irte y…—Sanada estaba terriblemente nervioso, miraba en todas direcciones, asegurándose que el auto de su madre no apareciera.

—Está es mi idea para poder vernos. No te preocupes, no nos descubrirán—Yukimura le guiñó el ojo, confiaba en su plan—me descubriste porque esté vestido lo use en una obra de teatro, ¿recuerdas?

Sanada analizó al capitán de arriba a bajo, dándose cuenta que realmente parecía una jovencita. Muchos lo habían confundido en ocasiones, incluso Sanada estuvo a punto de pelear con un grupo de universitarios por ofenderlo un día en los pasillos del colegio.

—Mi nombre es Yuki Sarazawua—explicaba el delicado jovencito con una sonrisa—tengo quince años y voy en el colegio Rikkai, clase A. Fue lo primero que se me ocurrió. Tengo todo la coartada bien planeada.

—Tú y tus ideas, siempre me desconciertan—Sanada no estaba muy convencido. A pesar de los lentes y el sombrero, él lo descubrió, pudiera ser que su madre tuviera ese mismo instinto—¿Yuki Sarazawua no es una de las animadoras?

—Una mentira siempre tiene que llevar algo de verdad para ser efectiva.

—¿Qué quieres que haga exactamente?—el vice capitán, terminó por aceptar aquel plan descabellado, del cual desconfiaba.

—Nada, sólo sígueme.

Un automóvil negro se paró frente a ellos. Su padre le hizo una señal, Sanada instintivamente corrió a abrir la puerta del garaje. Yukimura permaneció quieto, respiraba profundo, sentía las miradas de ambos señores sobre su espalda.

La madre de Sanada bajó primero del vehiculo. Saludó con cortesía, pero no dejaba de observar con indiferencia a Yukimura.

Sanada regresó y enseguida presento a su "amiga".

—Vaya… tu padre te dio buenos consejos—dijo la señora de Sanada con un aire triunfante de que su hijo cambiara.

—¿Una amiga?—oyó preguntar a su padre con curiosidad a su madre.

Yukimura mantenía una sonrisa infantil y los modales femeninos, casi tan natural que el mismo Sanada se creía el teatro.

—Pasa—invitó la madre de Sanada.

Yukimura volvió a sonreír, llevaba un punto a su favor. Sanada estaba contrariado, tal vez su madre se dio cuenta y para humillarlos los invitaba a pasar. Tragó saliva, intentó comportarse natural, condujo a Yukimura a la sala.

A los pocos minutos la señora Sanada regresó con té. El padre de la familia, leía el periódico con monotonía, ignoraba a su hijo y acompañante. Por un momento, Yukimura también sintió temor de ser descubiertos y que de la manera más sutil les dieran su merecido.

—¿Dónde vives? ¿A que se dedican tus padres? ¿Qué piensas estudiar? ¿Sabes cocinar?—una lluvia de preguntas cayeron sobre Yukimura, él no cambiaba su expresión infantil. La mirada escudriñadora de la madre de Sanada era aterradora. Era frívola y calculadora. ¿Qué clase de hombre se casaría con una mujer de pocos sentimientos? El padre de Sanada seguía en lo suyo con el periódico.

Desvió la mirada por un momento hacía el padre de Sanada que leía el periódico, el parecido era sorprendente, la misma actitud formal, su tranquilidad al leer.

—Pues, no vivo muy lejos—explicaba—mi madre está en casa, tengo una hermana menor y mi padre es publicista. Estudiar, quizá botánica, me gusta mucho la jardinería y mi madre me ha enseñado un poco de cocina, pienso aprender más—la naturalidad de la voz de Yukimura le afirmaba que podía engañar a su madre.

—Que hermoso, la jardinería—su madre rió, incluso el padre de Sanada se sorprendió al escucharla reír. Eso no era frecuente—bebe—lo invitó—¿A qué viniste? Perdona que lo pregunte, no es propio de una jovencita de familia buscar a un muchacho—hay estaba de nuevo. Nada se le escapaba a esa mujer.

—Yo le pedí que viniera—comentó de inmediato Sanada—no sabía a que hora podía salir de casa, así que le pedí que viniera y…

—El plan era salir—dijo su padre detrás del periódico—déjalos mujer, que la lleve al cine o a tomar un helado. Es una muchacha—afirmó apartando el periódico de sus ojos. La mirada cautivó a Yukimura y por supuesto a su esposa. Tan parecido a Sanada.

—Bien. Me dio gusto conocerte… Yuki

Yukimura dio las gracias con una reverencia y se despidieron. Caminaban a la puerta de salida volviendo a pasar por el estanque.

Sanada suspiró hondo, sintió alivio, quería besar a Yukimura pero se contuvo.

Antes de llegar a la puerta, está se abrió; el hermano de Sanada entraba. Los miró por un momento, sobre todo a Yukimura. Al pasar a su lado susurró:

—Cubre tu cuello y las manos, el disfraz te va, pero no dejes pasar los detalles.

Yukimura se congeló. Sanada estaba contrariado.

—¿Crees que tu madre lo notó?—la pregunta seguía confundiendo a Sanada que cuestionó a ambos.

El hermano de Sanada los miró con cierta pena.

—…no lo sé. Quizá puedes engañar a una mujer, pero no a un hombre—respondió con cierto enfado, le hizo pensar, que el único que se dio cuenta, fue el padre de Sanada.

Ya fuera de casa, sentados en un jardín. Para la gente, eran una bonita pareja de jóvenes. Yukimura tenía las manos de Sanada entre las suyas. Quiso besarlo, pero éste se negó. La preocupación no lo dejaba pensar con claridad. Hablaban sobré las posibilidades de ser descubiertos y que el padre de Sanada se enterara. ¿Por qué no dijo nada? ¿Acaso los apoya? O peor aún, ¿le dirá a su esposa en estos momentos y al regresar Sanada se llevará una mala experiencia y quizá más castigos?

—Sabía que no era buena idea. No sé puede engañar a un perro viejo, si mi hermano lo notó, cuanto más mi padre—Sanada volvió a reprochar.

—Para la próxima vez, usaré una mascada en el cuello y guantes.

—No sé trata de eso, puede que no exista próxima vez—ambos guardaron silencio. Sanada lo abrazó. Su mente seguía dando vueltas y analizaba detalles ambiguos que dejo pasar Yukimura.

—¿Saliste de tu casa vestido así? ¿Por qué guardaste el vestido de la obra?—Yukimura se separó un poco para mirarlo a los ojos y contestar.

—No, claro que no. Me vestí en una gasolinera. Pensé en que lo necesitaría alguna vez.

—Seguramente todos te miraron—afirmó Sanada con un gesto, detestaba que alguien más lo mirara.

—Sabes que no me fijo en los demás.

—Imagino que te cambiarás de ropa igual.

—Sí. Aun que no estemos en tu casa, puede que alguien nos vea y le diga a tu madre.

—Te preocupas por la situación con mi madre y que no podamos vernos, pero… ¿qué hay de tu familia? Tus padres.

Cuando Yukimura iba a contestar, fue interrumpido.

—¿Seiichi?—un hombre con el mismo color de cabello de Yukimura se paró frente de ellos.

—Papá—Yukimura tembló al ver la figura imponente de su padre. Soltó rápidamente las manos de Sanada y se apartó.

El padre de Yukimura miró a Sanada con rabia, no pudo contenerse y le dio un golpe en el rostro. Seiichi consiguió detener a su padre y evitar una pelea. Con el mismo coraje que lo consumía, tomó por el cuello a su hijo. Lo miró a los ojos. Sanada limpiaba la sangre de su nariz a causa del golpe.

Algunos curiosos que pasaban observaron la escena y Sanada se sintió más incomodo.

—Siempre le dije a tu madre que el hecho de que te parecieras a ella nos daría problemas. No quiero ningún hijo marica en mi familia—el sombrero cayó al suelo, jaló su cabello, lo arrastró hasta el automóvil que esperaba frente a un parquímetro.

—Suéltame, me lastimas—dijo Yukimura y eso enfureció más a su padre.

Sanada no pudo hacer nada, observaba apenado e impotente de no ayudarlo. No había diferencia, era la misma situación; Yukimura quería aparentar.

Vio como lo aventaba dentro del automóvil, así como a su portafolio y desparecieron entre los autos de la carretera.

Estaba seguro que todo se había terminado. Tantas coincidencias en un solo día no eran más que presagios. Se quedó en la banca, los problemas que tenía a los quince años eran mucho para él. Próximamente el instituto, otras responsabilidades y ahora Yukimura. Maldijo la hora en que creyó que fue buena idea llevarlo a su casa.

—¿Qué debo hacer?—estaba agobiado, No había a quien recurrir. Ni siquiera su hermano estaba contento con aquella relación. La sangre seguía saliendo y no sabía que tan marcado tenía el golpe en el rostro. Habría más preguntas y excusas al llegar a casa.

Gracias por leer.

A decir verdad no sé si tenga continuación por que como me metí en un rollo ahora en vacaciones. Escribo aquí, allá, en mi trabajo, en 30Vicios, en Fandom Insano con sus lucecitas navideñas.

Cualquier detalle, cosa, crítica objetiva y constructiva y si hay errores de dedo, espero no. Todos maldecimos a Word que cambia las letras sin que nos demos cuenta. (innecesario pero cierto) sucks word