Me llené de tristeza al saber que podría irse con Yuriko, la verdad es que no podía juzgar a Senpai. Lo amaba pero ya estábamos a kilómetros de distancia porqué así se habían dado las cosas y no podía odiar a alguien sólo por el hecho de estar cerca de él. Claro, sentía el cólera, el ira…pero, ¿qué podía hacer yo? Al menos quisiera decirle a Yuriko que tratará bien a Senpai porqué era la persona más importante para mí pero estaba haciendo mal las cosas por dos motivos: me estaba adelantando a los hechos y metiéndome en asuntos ajenos.

Abrí el segundo correo con el corazón queriéndose salir de mi cuerpo, mis manos sudaban.

Morinagaaaaa

Mira que hoy he salido por algo de tomar y pasé por nuestro antiguo apartamento…sí, era un bonito lugar…jaja ¡todo ha cambiado! Tú estás allá en Setlle…Seattle…eso y yo aquí y aunque admito que yo te ofrecí ese trabajo (bueno no yo, pero te lo presenté) habías dicho no me dejarías y te fuiste, seguro ya te estás acostando con alguien ¿verdaaaad? América es el lugar de los homosexuales y debe haber muchos y por lo tanto ya debiste estar con uno así que te felicito por olvidarme así de rápido, maldito. Maldito Morinaga me dejaste aquí, ahora me iré a Tokio sin ti y sabes qué, ¡qué bueno! Porqué así no tendré…ningún recuerdo de lo que pasó. Idiota…deberías traer tu trasero aquí para patearte y quizás…be…besarte no sé, no debería mandarte esto, no sé cómo estoy escribiendo solamente sé que estoy muy enojado y aun así quisiera arrancarte la ropa pero también la cara porqué te odio y te deseo tengas muchos amantes mejores que yo. Idiota, idiota mil veces idiotas. Lo que daría por abrazarte otra vez pero no, no sé puede. ¿Qué me pasa? Yo fui quién lo decidió…pero bueno, la nostalgia y el alcohol.

Adiós idiotaaa (te extraño)

Me quedé sin palabras…era un correo sumamente extraño, complicado pero al final fue una de esas veces donde los verdaderos sentimientos de Senpai fluían. Sabía lo tirano no se le iba a ir, seguiría siendo una persona a quién le gustaba maldecir pero, podía querer pero no quería saberlo. Porqué saberlo requeriría entender sus sentimientos y asumir todas las consecuencias buenas y malas, sentirse vulnerable, sentirse diferente y era algo a lo que no sabía sí podía renunciar. Odiaba saber que Senpai estaba en tan mal estado y qué pensará eso de mí pero aun así sentía que no podía dar marcha atrás. No iba a subirme a un avión para buscarlo, no iba arriesgarme a ser rechazado. Odiaba me maldijera y que aun cuando él fue el responsable de todo quisiera hacerme sentirme culpable de ello. Yo no lo abandoné, yo lo amé hasta el límite, yo no lo dejé, él fue quien desesperadamente quiso que me fuera. Aunque la distancia fuera algo a mi favor esta vez tenía que hacerle entender que aunque sintiera mucho por él no podía tratarme de esa forma tan caprichosa, de esa forma tan engreída. No era justo para mí, ya había dejado mucho de mi dignidad en el camino y quería recuperarla.

Ni siquiera me molesté en ver el último correo. Era tarde, muy tarde. Esa noche no dormí, muchas ideas pasaron por mi cabeza, me sentí ansioso. Una parte de mi quería hacer algo pero la otra quería quedarse quita entre las sábanas y sólo esperar a que el tiempo hiciera su magia.

El no dormir no perjudicó mi entusiasmo en mi primer día de trabajo, Alexander llegó para darme la bienvenida oficial, me mostró en laboratorio y me introdujo a nuevos compañeros de trabajo. No era el único extranjero así que eso me daba comodidad, podía empezar a conocer a distintas personas con culturas distintas. Alexander –para variar- vestía impecable, una camisa blanca que se ajustaba a su cuerpo, un traje azul que hacían sus ojos brillaran aún más. Era un hombre de calendario –sin duda- aunque sentía tristeza por él ya que a ninguno nos había tocado buena suerte en el amor.

-Morinaga, este será tu área de trabajo. Espero tengas todas las herramientas necesarias, cualquier cosa puedes hablarlo directamente conmigo. Algunas veces no estaré pero siempre habrá alguien que te podrá ayudar.-dijo mientras sonreía, me dio unas palmaditas en la espalda.

-Gracias, me siento muy honrado por la oportunidad.-

-Te lo ganaste, sé que serás un empleado muy especial.-

Me sonrojé. Él se acercó aún más, podía sentir su respiración, -Me quedaré aquí, quisiera ver un poco de tu trabajo,- miro a su reloj- tengo aproximadamente una hora, así que sí gustas enseñarme tu plan de acción.- Sentía escalofríos en el cuerpo, sé que no era su intención siquiera pretender algo, yo era el que parecía adolescente que se sonrojaba y se excitaba con tan solo un roce. Vaya, mi cuerpo reaccionaba ya a la soledad pero con la persona equivocada.

Comencé a platicarle sobre mi plan, lo que planeaba a grandes rasgos hacer. Él se veía interesado, era como un niño viendo algo que jamás había podido contemplar de cerca. Me gustaba me prestara atención sin interrumpir. Mientras platicábamos el teléfono del laboratorio sonó y Alexander tuvo que retirarse, más hubo una invitación de por medio para comer. Yo sentía íbamos a ser buenos amigos. Lo apreciaba aunque casi no lo conociera. Que distinto era este ambiente de trabajo a con Senpai, aquí nadie me golpeaba…ni me humillaba.