La hora de la comida llegó, cruzaba los dedos para que no fuera japonesa. Quería probar distintas cosas. No sabía exactamente qué hacer, sí esperar a Alexander, ir al comedor… ¿cómo se tratan las citas laborales? Estuve a punto de comerme las uñas.

-Morinaga, el señor Alexander te espera en su oficina.- me comentó una colega con una mirada sospechosa. Yo nervioso asentí la cabeza.

Bien, iba a comer con mi jefe en su oficina. Me parecía un poco fuera de lugar, pero después de todo era mi tipo de educación. A mí muchas cosas me parecían extrañas o maleducadas pero por lo que veía este ambiente era más de confianza que de jerarquías. Llevaba las manos vacías, en Japón llevaría algo para compartir pero en esa ocasión mi cerebro se apagó. Toqué la puerta y la abrí para darme paso a entrar a la oficina de mi jefe.

-Hola de nuevo, Morinaga.- me saludó mientras se movía en su silla giratoria.

-Hola…perdón no compré nada para traer, acabo de terminar mi trabajo y….- me interrumpió.

-Yo sé, debes dejarte de sentirte culpable por las cosas. Yo te invité a comer, no esperaría trajeras nada y soy tu jefe y sé que tienes otras cosas que hacer. A veces creo que eres un mártir por convicción…- con la mano me indicó que me sentara. –Una de las razones para invitarte era para hablarte en privado. Sé no tengo ninguna competencia en tu vida personal, apenas y nos conocemos pero me agobia tu rostro, para tener un hermoso color azul los apagas y pareciera fuera de noche allá dentro siempre. ¿Dónde está tu felicidad? ¿Dónde la dejaste? Mira, no pretendo ser tu psicólogo, pero es la primera vez con algún trabajador que siento esta especie de…sentimiento de preocupación. Por lo que hablamos en aquella cena, poco pero revelador, te puedo decir que todos tenemos un lado triste, otro patético, uno maravilloso y aquel por descubrir. Mi lado triste es que al parecer no puedo mantener una relación amorosa por falta de compatibilidad, el patético que aun así me meto con las personas equivocadas, el maravilloso es que soy una persona exitosa y querida por sus amigos. ¿Cuáles son tus lados, Morinaga?-

Me quedé mudo. Primero concibiendo que mi jefe estuviera hablándome de cosas tan personales y en segundo por lo que pensaba de mí. Tragué saliva, me sentía en un confesionario pero en parte, no me había puesto a pensar en lo que él decía; yo creía sólo tenía una forma de ver y ser.

-Pues, mi lado triste es que estoy enamorado de una persona que no quiere estar cerca de mí por qué no cree lo nuestro funcionaría pero sucedieron muchas cosas… el patético es que sigo esperando en el fondo esas cosas vuelvan a ocurrir y todo fuera como antes, el maravilloso es que me adapto fácilmente a las cosas y soy amigable y la gente suele ser buena conmigo. Espero poder olvidarme de esta persona.

-¿Quién es esta persona?- preguntó.

-Preferiría no decirlo, al menos no por ahora…- No quería supiera que era gay.

-Está bien. Bueno, sólo me gustaría intentarás descubrir las bondades que tiene este lugar para ti. Estoy seguro la pasarás bien si te dejas llevar.- dicho eso sacó una ensalada césar con pollo que sabía bastante bien y un jugo –que no recuerdo de que era pero sabía riquísimo-. Comimos y seguimos charlando de otras cosas, al estar con él me sentía a gusto a pesar que realmente no nos conocíamos pero sentía confianza y realmente quería fuéramos amigos aunque pudiera interponerse la relación jefe-empleado pero yo oraba porque eso no pasara. Mi primer día de trabajo había concluido.

Tenía el resto de la tarde para mí. Podía empezar a explorar mis opciones como había dicho Alexander, debía aun ser precavido pero no veía ningún impedimento para descubrir lugares nuevos. Busqué en internet –y el mensaje de Senpai seguía ahí, sin leerse, esperando…- para ver opciones de bares gay. Encontré muchísimos y eso me alegró. Decidí ir a un bar llamado "Dear" era el que me quedaba más cerca de mi departamento.

Al llegar me recibieron miles de luces, sonidos distintos. Observaba como a nadie le apenaba ser quién era, veía a las parejas bailar y disfrutar su noche. Lentamente me dejaba llevar por el ambiente, me dejaba seducir por las bondades del bar. Me senté en la barra, pedí un whisky en las rocas y contemplé desde mi lugar a los demás…esperaba algún yo ya no fuera el espectador. Se acercó a mí un joven que a ser sincero, no me llamó la atención en lo absoluto. Quiso invitarme a bailar pero decliné su oferta, intentó ofrecerme una bebida pero también la decliné. Intentó por aproximadamente 20 minutos y después se fue. Supongo yo debí haber hecho eso con Senpai, sólo 20 minutos y si no funcionaba…irme. No dedicarle años a seducirlo. Seguí bebiendo un poco más hasta que decidí regresar a mi apartamento.

Al llegar encontré una maleta y a una persona sentada, al parecer dormida. Me asusté, estuve a punto de llamar a la policía si no fuera porqué era persona sentada dijo mi nombre.

-Morinaga.-

Pensé estaba borracho pero me sentía bien, igual estaba cansado. Buscaba mil y un alternativas a lo que estaba viendo. ¿Cómo pasó esto? ¿En qué momento?

-No te molestaste en leer mi correo, ¿verdad?- me dijo con una voz imponente.

Esa persona sentada era Senpai…

Senpai.

El amor de mi vida estaba en la puerta. MI puerta…había viajado horas y horas. ¿Para qué, Senpai? ¿Por qué me haces esto?

-¡¿Qué haces aquí Senpai?! ¿Desde qué hora estás aquí?- exclamé.

-Primero Morinaga, me parece de mala educación me tengas aquí.- me dijo mientras señalaba la puerta. Asentí, y de nuevo me convertí en un perrito fiel, abrí la puerta y cargué su maleta. Lo invité a sentarse al sofá.

-En mi correo decía claramente que vendría a verte. Sentía que debía verte…he estado triste. Me he sentido mal y debo admitir que en parte es por ti.- soltó la liga de su cabello y dejo su hermoso cabello caer sobre sus hombros. –Me siento cansado, fastidiado. Recuerdo fui firme contigo pero la verdad es que mientras más me acerco a lo que quería…menos lo quiero.- se fue desabrochando la camisa. Yo me sonrojé, no sabía que estaba intentado pero quería mantener la postura, no quería pensará seguía siendo una persona impulsiva.

-¿Tienes calor? Puedo prender el aire…- Se acercó a mí, parecía un felino deslizándose con elegancia y ferocidad hacía su presa. Comenzó a hablarme al oído, -Oi, Morinaga…- quería aún resistirme, pero era imposible, él quería algo más. Él lo estaba pidiendo. Lo tomé del rostro y lo besé. No ejerció ningún forcejeo para impedir siguiera mi camino.

-¿Puedo continuar, Senpai?- pregunté. Él asintió mientras se subía en mis piernas. No pensé esté día pasaría, no pensaba que Senpai podía ser tan seductor. Comenzó a menear las caderas, rápidamente podía sentir cómo sus movimientos me provocaban una erección, desabroché mi pantalón y saqué mi miembro, le quité a Senpai lo que quedaba de ropa. Lo penetré una y otra vez, lentamente para acordarme de nuevo de su cuerpo, para volverlo a sentirlo mío. Senpai gemía de placer hasta que veía como lagrimas trazaban un camino en su rostro.

-¿Estás bien, Senpai?- pregunté mientras besaba su frente.

Él se dejó caer sobre mi cuerpo, me abrazó y empezó a sollozar. ¿Qué pasaba con Senpai? Había él mismo llegado por su cuenta, me sedujo, hicimos el amor…y ahora lloraba. ¿Es qué estaba tan arrepentido de hacerlo…o de dejarme?