-Senpai…- levanté su rostro con mis dedos. Él me miró a los ojos, sus ojos estaban enrojecidos y su semblante era sombrío.
-Lo siento, no debí venir. Estoy tan confundido, Morinaga. Hiciste que mi vida diera giros y giros y justo cuando te vas y pienso que finalmente aterrizaré…veo que sigo perdido. Estoy inmerso en ti, pero al mismo tiempo no te quiero cerca. Te necesito pero de formas en las que no debería, te empujé con fuerza fuera de mi vida pero vuelvo y te abrazo y permito hagas lo que quieras. ¿No te das cuenta de las tantas ironías? Soy una ironía… ¿desde cuándo me convertí una burla de mí mismo? ¿Desde cuándo dejé de creer en lo que me hacía ser yo? Desde que llegaste y no sé si odiarte o quedarme aquí, porqué me aterra tener una respuesta pero no puedo estar en este limbo por más tiempo.
-Yo…no pensé esto llegaría tan lejos. Sé que ambos nos hemos lastimado pero, Senpai… ¿qué es lo que deseas? No lo pienses tanto, sólo dilo.
-A estas alturas…ya no sé. Me espera un mundo nuevo pero no me estoy haciendo más joven…-
-¿Todo esto es por tu deseo de hacer una familia?-
-Va más allá de eso, quiero ser coherente. Y no puedo vivir en dos mundos, uno dónde soy un respetado doctor y otro donde me rindo ante ti. Un mundo dónde deseó a una mujer y otro dónde dejo que tú me ames.-
-Siento estas pláticas se están volviendo repetitivas. Ya no puedo con esto Senpai, tienes mi corazón eso es seguro pero, ya no puedo soportar que me eleves hasta el cielo y después me dejes caer sin aviso…es un juego bastante cruel. Eres un tirano, un tirano con su reino en donde hace lo que quiere sin importarle lo demás. En parte, siento tristeza por ti…-
-¡No sientas lástima por mí! Te lo prohíbo.- dijo alterado.
-No, la lastima y la tristeza tienen kilómetros de diferencia. Senpai, te amo y aún aquí sigo pensando en ti, nos imaginó en un panorama hipotético donde estaríamos juntos pero al menos estoy intentando seguir adelante por mí cuenta, ya no te había buscado…estaba aprendiendo a dejarte ir pero tú, realmente no tienes la menor idea de que hacer. Es increíble tu encrucijada, las cosas para mí son más simples ahora; es sí o no. ¿Quieres estar conmigo? Sí o no. ¿Me amas? Sí o no. ¿Puedes dejar atrás tus miedos? Sí o no. Somos adultos, ya no somos adolescentes que pueden titubear constantemente. Tienes que decírmelo de frente porque tengo muchas ganas de continuar mi vida pero sí tengo una oportunidad contigo cambiaría mucho mi momento actual. No puedes estarme mandando correos de ese tipo si me dejas ir, no puedes venir aquí y dejarme tocarte si no dejas tus miedos atrás, si no me amas no tienes derecho de moverme el mundo….-
Senpai me miró estupefacto, él seguía siendo un tirano pero al final un tirano se alimenta del miedo de sus esclavos y yo no pretendía darle más comida. Él se había convertido en una especie de amor dual –que lastima y protege al mismo tiempo- porqué yo lo había permitido. Cuantas veces no dejé me golpeara, me maltratara…a cambio de su cuerpo, de un poco de cariño. Pero está vez, yo debía ser el que pusiera las reglas y mis reglas no eran negociables. Descubría un nuevo lado –el lado maravilloso, como diría Alexander- y era el que no necesitaba a nadie para ser feliz. Podía amar, amar infinitamente pero no me iba a partir en pedazos para completar a otra persona.
-No me habías hablado así antes…- suspiró.
-¿Entonces Senpai?-
-Sí quiero estar contigo, Morinaga pero no te amo y no creo poder dejar atrás el miedo que siento ante este tipo de relaciones…- bajo la cabeza en señal de vergüenza, tomo su ropa y comenzó a vestirse. –Perdóname por venir aquí, fue una estupidez. Soy un maldito cabrón y tienes razón, tenemos que tomar caminos distintos o uno de los dos se quedará en el intento de cumplir algún sueño. Eres muy especial para mí, perdóname. Sabes que…no volverás a escuchar de mí al menos que sea para algo realmente importante si eso está bien para ti. De verdad…quisiera conservarte, quisiera estuvieras en Tokio conmigo pero no puedo cumplir tus requisitos, somos tan incompatibles Morinaga. Es…una verdadera tristeza. Siento todo es un maldito juego del universo, nos mueve los pensamientos, nos altera. Pero debo decirte algo que quizás debí haber dicho antes y no me atreví. No soy un tirano, soy una persona estricta en muchos sentidos, soy un maldito obsesivo y testarudo eso soy. Después de todo, nunca disfruté la compañía de los demás y por eso me sumergí en la educación pero no voy por ahí pensando en lastimar a cualquier idiota que se me atraviese, podré levantar la voz, gritar…pero no soy un tirano. Te lo voy a comprobar. Y Morinaga, para que sepas…pesé a todo lo que he dicho hoy, no me arrepiento de las experiencias que viví contigo. ¿Escuchaste? No fuiste un error, simplemente un paso en el camino erróneo para mí pero yo también fui una piedra en el tuyo. Estamos a mano.-
Nos quedamos viéndonos a los ojos, había tantas emociones que se transmitían a través de nuestros ojos. Podía sentir el verde de sus ojos inundándome, sofocándome. Veía su cabello despeinado, veía su rostro sin saber que expresión tomar. Me acerqué a él y tomé sus manos entre las mías.
-Estamos a mano.- dije. Sonreí a medias, él no devolvió la sonrisa. –Es muy pronto para que te vayas, quédate aquí unos días.- pensé rechazaría mi invitación pero asintió con su cabeza, -Quiero bañarme, si no te importa…- me dijo con una voz pausada y casi inaudible. –Adelante.- le indiqué el camino al baño y le entregué una toalla.
Mientras escuchaba como caía el agua me quedé pensando en el sofá.
-¿Realmente estamos a mano?-
