Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer. La trama es únicamente mía. Queda prohibida la copia parcial o total de la historia.
Capitulo 2: Para bien o para mal.
Jasper POV
Habían pasado casi una semana desde la cena en casa de los Masen, y aunque me había divertido de sobremanera, no había dejado de pensar en Alice ni un solo segundo.
—¡Venga, hermano! —Me dijo Emmett— ¿Por qué no vas a buscarla?
—¿Para que Emmett? ¿Para que me diga que no quiere verme nunca más? —Lo mire a los ojos— No podría soportarlo.
—Quizás si, quizás no, cualquiera que sea la respuesta nunca la sabrás. —Se sentó en mi sofá— Por que tu me querido amigo, eres un cobarde.
—¡Óyeme no! —Replique— Jamás eh sido un cobarde.
—Te apuesto cien dólares a que no la vas a buscar.
—Vengan esos cien dólares —Le tendí mi mano y Emmett solo me miro alzando una de sus pobladas cejas. —en este mismo momento iré. —¿Ah si? Pues te acompaño.
Trague saliva, la verdad y aunque no necesitara el dinero, no tenia planeado ir al despacho de Alice, pero ahora tenia que hacerlo por que sino esto me seguiría el reto de mi vida, y sobretodo la culpa de por miedo nunca comprobar que pasaría.
—OK, vamos.
Todo el camino a las oficinas de Alice lo recorrí nervioso, y aunque trataba de controlarme, no tuve mucho éxito. Emmett claramente disfrutaba de esto.
—Tranquilo, hombre, —me dijo en un alto que hicimos— solo es una chica.
—No Emmett, no solo es una chica. —Suspire al recordarla. —Es Alice, la más perfecta mujer que pudo crear Dios.
—¡Oye!, mi Rose también es perfecta.
—Lo sé, lo sé, —Hice una mueca involuntaria— Bella también es perfecta, todas son perfectas a su modo.
Tenia que distraerme un poco. —Oye, ¿Y Edward?
—Anda por ahí, —Dijo con simpleza— con eso de que ya se va a quedar a vivir aquí, anda buscando un departamento y arreglando su traslado a una universidad de aquí.
—Espero verlo pronto.
—El viernes será noche de chicos, ya sabes, futbol, bebida, comida. Todo en mi casa, ¿Qué dices?
—Claro, por que no, —conteste sonriendo de lado— me servirá para distraerme de lo que pase hoy.
—Pues que bueno por que ya llegamos.
El corazón se me acelero y baje del automóvil. Subimos Emmett y yo en silencio, me estaba dando mi espacio y eso se lo agradecía enormemente. Había llegado la hora, era ahora o nunca.
—Tu puedes, Jazz.
Le sonreí, o más bien le hice una mueca de resignación a Emmett mientras caminaba hacia la recepcionista. ¡Joder! Cualquier cosa que incumbiera a Alice me ponía nervioso, así que hice un último intento y me controle e inhale unas cuantas veces.
—Buenos días, mi nombre es Ángela, ¿En que puedo servirle? —Dijo la secretaria al verme.
—Buenos días, vengo a ver a Alice Cullen, soy Jasper Hale.
—¿Tiene cita? —Me dijo revisando unos papeles.
—La verdad es que no, pero ella me conoce, si quiere puede preguntarle.
—Un momento por favor. —Me contesto Ángela.
Voltee a ver a Emmett quien hablaba muy animadamente con una pelirroja. No le di mucha importancia, sabía que Emmett podía hacer cualquier cosa, pero nunca lastimaría a Rosalie.
—Puede pasar.
—Muchas gracias, —dije en un suspiro. —¿Me podría indicar donde es?
—Por supuesto, por este pasillo a la izquierda, hasta el fondo. —Me indico Ángela. —Que tenga un excelente día.
Rezaba a Dios no volver a la oficina con el corazón destrozado. Tome un último respiro al tocar la puerta.
—Adelante.
Abrí la puerta con demasiada lentitud y ahí estaba ella. Revisando unos bocetos, con anteojos lucia más hermosa si eso era posible.
—Hola Alice. —Dije al cerrar la puerta.
Me miro sonriendo. —Pasa Jasper, toma asiento, dame un minuto y podremos hablar.
—Por supuesto. —Hice lo que me pidió y espere mientras hacia una llamada.
Cuando por fin termino, se quito los anteojos y se recargo en su sofá.
—¿En que puedo servirte?
—Pues… en todo Alice, —dije sinceramente— vengo a ver que pasa entre los dos.
Suspiro cansadamente. —Pensé que ya lo habíamos dejado claro Jasper. —Me miro— Tu estas casado, y yo… bueno yo no se si estoy dispuesta a destruir una familia como la tuya.
—Alice… —Tome sus manos entre las mías sobre el escritorio—. No digas eso, tú no destruirás nada, todo lo que tocas lo haces oro.
—Sabes a lo que me refiero.
—Lo sé hermosa, pero yo te necesito —le mire a los ojos— en cada palabra, en cada palabra, en cada deseo, —bese sus manos— hay algo en tu mirada, en tu sonrisa que me grita y me enciende, y hace que en ti quiera perderme.
—Jasper, yo…
—Deja terminar, por favor —asintió— Tu me levantas si me siento derrotado, solo tu haces que el sol brille con fuerza en días malos, siempre tienes algo nuevo que ofrecerle a mi vida que contigo ya no estará vacía. —Una lágrima rodó por su mejilla y la limpie acariciando su rostro. —Siempre estas tu Alice, y siempre has estado, tu recuerdo me levantaba me incitaba a seguir adelante, yo no se como este amor ha ido creciendo como tu no te imaginas, mi amor por ti es algo eterno.
—Pero tienes esposa, Jasper.
—¡Lo sé!, ¡demonios lo sé! —Me levante algo exasperado— Pero no quiero perderte Alice, siempre estas tu, y siempre tu serás la dueña de mi corazón.
Alice lentamente rodeo su escritorio y se acerco a mí y acaricio mi cabello y rostro. Cerré mis ojos a su tacto, le había expuesto mi corazón y temía verla y que lo hiciera pedazos.
—¿Te das cuenta de que esto es muy malo y saldremos perjudicados en algún momento?
—Lo tengo siempre presente —susurre besando sus manos—, pero no quiero perderte.
—Y no lo harás Jasper.
Fue cuando por fin abrí mis ojos, y vi en los de ella que se quedaría conmigo. No pude aguantar más y la bese.
Tome entre mis manos su delicado rostro, y la bese disfrutando de sus labios. Alice volvía a ser mía, solamente mía.
Sus manos volaron se adentraron en mi saco abierto, y me abrazaba de la cintura mientras mordisqueaba sus labios. La pasión fue creciendo en mí cuando ella soltó un pequeño jadeo, sabia que debía comportarme, pero algo dentro de mí decía que la necesita en cuerpo y alma.
La senté en su escritorio y fui besando su cuello mientras acariciaba sus perfectas piernas hasta meterlas bajo su falda blanca.
—Jasper….
No sabia si decía mi nombre para que me detuviera o para que siguiera. Sus manos habían desabotonado mi camisa y acariciaba mi torso. La volví a besar subiendo más mis manos. Gruñí al sentir la goma de su diminuta tanga.
—Alice, te necesito.
—Y yo a ti, Jasper.
La bese de nuevo y lentamente fui bajando su tanga. Me la guarde en el bolsillo de mi saco antes de quitármelo. Ella aflojo mi corbata, la cual sentía que me ahorcaba.
Me abrió espacio entre sus piernas. Alice desabrocho mi cinturón y el sonido de mi cierre bajando consumió la habitación. Le subí la falda, la acomode, Alice bajo mi pantalón y me atrajo a ella haciendo que todo lo que había en el escritorio saliera volando. Sin pensarlo dos veces ya estaba dentro de ella.
¡Dios mío! Que delicia. —Pensé.
Mis embestidas eran fuertes, se me había olvidado donde estábamos y solo quería escuchar los gritos de Alice, y que supiera que las mujeres con las que había estado solo habían servido para prepararme para ella.
Mi corazón dio un pinchazo cuando la imagen de Bella apareció en mi mente.
Los labios de Alice tomaron los míos como suyos, y eso hizo que me concentrara solo en ella. La levante y la estampe contra la pared. Sus piernas enredadas en mi cadera hacían mi trabajo más fácil. La sentí contraerse, estaba próxima a su clímax. Recordé algo que a ella siempre le había gustado y excitado, así que sin pensarlo, le bese, mordisque y jugué con mi lengua en su lóbulo, lo que era el cuello y los oídos eran el punto débil de Alice.
No tardo mucho en terminar sobre mi, segundo después yo hice lo propio llenándola por completo.
Me quede quieto disfrutando de su calidez. Jadee pesadamente sobre su cuello como ella lo hacia sobre mi cuello. Salí de ella lentamente y la baje despacio. Ambos estábamos hechos un completo desastre. Me arregle la ropa y ella hizo lo mismo, terminando la bese y le dije cuanto la amaba.
—Yo también te amo, Jasper.
Algo andaba mal, acabábamos de hacer el amor y ella se comportaba extraña.
—¿Te sucede algo, Alice?
—No me pasa nada, Jasper —me contesto—, solo me siento algo culpable por lo que acabamos de hacer.
Bese su frente. —No te sientas así, tú no has hecho nada malo.
—Si, si lo he hecho al dejarme llevar —alzo un poco la voz—. ¡Por Dios Jasper! Acabamos de tener sexo en mi oficina, debí de respetarla así como tú debiste respetar a tu esposa.
—No quiero que te sientas mal, Alice. —Acaricie su mejilla— Déjame a mi eso de las culpas.
Ella me miro con unos ojos que podían derretir todo el polo norte.
La bese de nuevo, y aunque me correspondió al final negó un poco.
—Vete Jasper, vete por favor.
—Pero Alice…
—Pero nada, Jasper, —dijo viéndome— déjame sola, yo te llamare, te lo prometo.
—Esta bien, hermosa. —La bese de nuevo. —Espero tu llamada.
Ella asintió y yo salí de su oficina. Llegue a la recepción en la cual me esperaba Emmett pasándome las manos por el cabello.
—¿Y bien? —Me pregunto al verme.
—Dijo que me llamaría.
Caminamos al elevador. —¿Y tu le crees?
—Por supuesto, Alice nunca ha defraudado su palabra.
Emmett no me pregunto nada mas, pero caminando hacia donde habíamos aparcado, nos topamos saliendo de un restaurante a Edward y a… Bella.
—Hola chicos, ¿Cómo están? —Pregunto Emmett inocentemente.
Yo me había puesto nervioso, acababa de salir de la oficina de la mujer que mas amo en el mundo, donde habíamos hecho el amor, y bajando me topaba mi esposa, este no era mi día.
—Muy bien, hermano, ¿y tú? —Contesto Edward, mientras Bella me abrazaba y sonreía.
—¿Qué hacen los dos juntos?
—Caminaba cercas de aquí, cuando me tope a Edward —me dijo Bella— y me invito a comer, —beso mi mejilla— ¿No te molesta verdad?
—No, claro que no. —Ambos, Edward y Bella estaban a la espera de mi respuesta.
—Nosotros apenas íbamos a comer. —Hablo Emmett sin que nadie le preguntara.
—¿Quieres que te lleve a la casa? —Le pregunte a Bella.
Ella iba a responder cuando Edward la interrumpió. —Si quieres, yo puedo llevarla, así puedes quedarte a comer con mi hermano, y no perder la hora de la comida.
La cara que hizo Bella no supe descifrarla muy bien, así que le pregunte si le molestaba la idea.
—No, claro que no, —Edward y Emmett sonrieron— Anda ve a comer.
Le bese los labios en un corto beso, pero ella lo hizo mas profundo, hasta que nos separamos por que Edward tosió un poco.
—Perdón, —se defendió— aun no me acostumbro al cambio de clima, creo que me enfermare.
Emmett palmeo su espalda y Bella se limito a sonreírle. —No te preocupes, es normal.
—Entonces, Bella… ¿Te llevo a tu casa?
—Si, por favor, hay algo por aquí que apesta. —Emmett rió, no se que se le hacia gracia, pero yo solo me limite a sonreír, cabe decir que un tanto nervioso.
—Entonces vámonos.
Bella me beso de nuevo y nos despedimos, yo me fui a comer con Emmett y cuando por fin estaba en la soledad de mi oficina, recordé esa mañana que había estado con Alice.
Todo fue perfecto, metí la mano a mi bolsillo y ahí estaba la tanga de Alice. El recuerdo se hizo más real y mi amigo comenzó a inquietarse. Como si fuera un depravado, me lleve la prenda a la nariz y aspire, olía a Alice, y eso me encanto.
Abrí un cajón con llave de mi escritorio y la guarde ahí, corría el riesgo de que Bella me la descubriese si me la llevaba a casa, y me pareció lo mas seguro dejarla aquí en la oficina. Cerrando el cajón con doble giro mi móvil empezó a sonar, mi corazón se comenzó a agitar cuando leí el nombre en la pantalla: Alice.
—Bueno, ¿Jasper?
—Si, Alice, —sonreí— soy yo—.
—¿Te interrumpí? Perdona, estoy algo… nerviosa.
—No para nada. —Se me hacia algo tierno que estuviera algo nerviosa- Y no tienes por que estarlo.
—Bueno, solo llamaba para decirte que había tomado una decisión sobre nosotros.
Pase saliva. —Te escucho.
—Pues, tome la decisión de… para bien o para mal… estamos juntos. Quiero estar contigo a pesar de todo y todos.
Hola chicas, bueno aquí dejándoles un nuevo capitulo de esta historia. ¿Que les pareció? Se va formando la historia entre Alice y Jasper, pero ustedes díganme ¿Que harían?
Espero sus reviews!
Un beso.
Luna.
